La red social

David Fincher, uno de los grandes del cine actual en mi opinión, se ha caracterizado siempre por la originalidad de las historias que cuenta. Es, probablemente, el cineasta con mayor capacidad de sorprender con su cine desde el punto de vista meramente argumental (sobre todo teniendo en cuenta que el pobre M. Night Shyamalan se nos ha desinflado). The Game, El Club de la Lucha, La Habitación del Pánico, Zodiac y Benjamin Button podrán gustar más o menos, pero es indudable que se trata de historias nuevas, originales, que, en mayor o menor medida calaron por ello. Y la historia sobre la formación de facebook era una buena historia, tanto que se merecía ser llevada al cine por un tipo como Fincher…

Y, hay que señalarlo, se merecía ser escrita por alguien como Aaron Sorkin, uno de los talentos más importantes de la actual ficción cinematográfica y televisiva. Sorkin es el guionista insobornable de la actualidad, un genio que sólo sabe escribir diálogos, situaciones y personajes. Él mismo afirmaba en una reciente entrevista que si la productora quería una película sensacionalista y de cierto impacto visual, tenían que haber buscado a otro. La red social no es más que la traslación al cine de un hecho que cambió la vida de mucha gente, la historia de una creación, que ha sido reconstruída, en palabras del propio guionista, sin una fisura en su credibilidad, hasta el punto de que el poderoso equipo de abogados de quienes aparecen (en especial, y como no podía ser de otra manera, los de Mark Zuckerberg) no han encontrado manera de meterle mano.

Semejante rigor no hace otra cosa que beneficiar a una película perfecta en muchos aspectos, y en casi todos los que, para mi al menos, determinan si ha de ser buena o mala. El guión es, como digo, soberbio, y perfectamente ajustado a lo que se supone que en realidad ocurrió. Y David Fincher se encarga de narrarnos la historia de manera ejemplar, manejando al sorprendente reparto hasta lograr interpretaciones geniales, teniendo en cuenta que hablamos de chicos de escasa relevancia en el panorama cinematográfico. Pero además la película cuenta con un ritmo vertiginoso, a lo que sin duda contribuye esa manera de contar los hechos, alternando secuencias del proceso judicial con los hechos reales que allí se juzgan.

Cuando ese avispado chico inventó facebook, hubo una historia tremendamente atractiva para ser plasmada en una película. Y aunque la cosa hubiese sido distinta, sin tanto litigio ni circunstancias peculiares, Hollywood hubiese encontrado la manera de hacerla apetecible, probablemente con un guionista distinto a Sorkin y un director que no fuese Fincher. Hubiese sido la típica historia de bombillita iluminada de repente en la mente de alguien, que genera un invento que le hace multimillonario antes de cumplir los 30. Lo mejor de La red social es su condición de documento, de plasmación en imágenes de un suceso apasionante.

Puede que determinadas situaciones estén exageradas, pero estaríamos hablando de meras hipótesis. Es de dominio público que el meollo de lo que se ve en la cinta es lo que ocurrió, y los créditos finales, que nos revelan parte de lo ocurrido después, encajan a la perfección. El resto es simplemente el buen hacer de unos tipos que forman parte de la élite de sus gremios.

No tengo facebook, pero no puedo asegurar que no lo tendré nunca. Y tampoco soy de los que reniegan de cualquier producto de éxito por el mero hecho de ir a contracorriente. La historia de la creación de esta red social es un ejemplo de lo que tanto ansiamos encontrar en las salas de cine: historias interesantes contadas por directores competentes. De hecho, estoy convencido de que mi madre, que apenas sabe encender un ordenador, disfrutará con esta genial película.

Mi puntuación en IMDB:8.

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