Declaradme culpable

Cuando hay un buen director, se nota. Ésa es la principal conclusión que se deriva tras ver una película como Declaradme culpable, no especialmente maravillosa, sin un guión mayúsculo y con interpretaciones solventes y correctas. Con pocos mimbres, fiándolo todo a la experiencia de un cineasta competente como pocos, tenemos una película que pronto se aparta de tantas y tantas producciones engendradas en despachos, carentes de alma y espíritu cinéfilos, eso que sólo saben imprimir tipos como Sidney Lumet. Y es que llega un momento en el que ciertos resortes se activan y se bastan para hacer cine, buen cine. Es lo que les pasa a los directores buenos y veteranos.

La película está basada en hechos reales, que son tratados, quizás, con demasiada condescendencia, aspecto éste que quizás sí podría ser criticable. Se nos cuenta la historia del juício más largo de la historia de los Estados Unidos, en que sentó en los banquillos a toda una familia de mafiosos, los Lucchese, que salieron absueltos a pesar de los desesperados (y no siempre lícitos) intentos del fiscal. Lo relevante del caso, además del amplio abanico de sujetos juzgados, fue la autodefensa que hizo uno de los imputados, Jackie DiNorscio, un maleante que tras muchos juícios decidió defenderse él mismo prescindiendo de su abogado. El personaje, interpretado por un sorprendente Vin Diesel, carga con todo el peso de una película divertida, en la que se nota la mano de Lumet, como cineasta capaz de imponer un ritmo ágil y dotar a la historia de interés. Eso sí, como decía antes, molesta un poco el gentil tratamiento hacia tipos que no eran otra cosa que delincuentes, por mucho que se muestren en la cinta como preocupados padres de familia. Incluso el happy end llega a ser incómodamente feliz para toda la pandilla de gángsters.

Lo mejor, es, sin duda, la capacidad del director para imponerse. Lumet, ya octogenario, parece no necesitar mucho para dominar las claves del oficio. Saca lo mejor de un Vin Diesel que probablemente no interprete nunca un papel así, conteniendo las ganas del actor por copiar a los grandes del género, un DeNiro o un Joe Pesci, por ejemplo. Y dota a la película de un aroma de clasicismo poco frecuente en estos días, como si quisiese demostrar que puede llevar a otro nivel el proyecto más inofensivo. La película demuestra, ante todo, que estamos tan acostumbrados al cine actual, que nos olvidamos de que hace unas décadas el séptimo arte transitaba por los designios marcados por los directores, y no por los ejecutivos. Es como si Sidney Lumet afirmase: "dadme una historia y dejadme dirigirla. Y apartaos…".

No es, claro, la mejor de sus películas. Porque estamos hablando del responsable de maravillas como Doce Hombres sin Piedad (con la que declaradme culpable está significativamente emparentada), Veredicto Final o La Trampa de la Muerte. Pero es una buena película de alguien que lleva muchísimos años haciendo precisamente eso, buenas películas.

Mi puntuación en IMDB:7.

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