Ladrones

En la próxima gala de los Óscar la emotiva sección que recuerda a las personalidades fallecidas tendrá que ser algo más larga…El último en dejarnos ha sido Irvin Kershner, director de El Imperio Contraaaca, y mañana le dedicaré la entrada que se merece. Hoy vuelvo a la cartelera, para hablar de una nueva peli sobre ladrones y atracadores, que me recuerda a un fenómeno recurrente en Hollywood en las últimas décadas…

Que yo recuerde, todo empezó a finales de los 80. El panorama cinematográfico nos ofreció dos versiones de una misma obra clásica, Las Amistades Peligrosas, estrenadas casi al mismo tiempo, y dirigidas por Stephen Frears y Milos Forman. Más tarde casi coinciden en los cines el Robin Hood de Kevin Costner con otro menos ambicioso titulado Robin Hood El Magnífico, protagonizado por Patrick Bergin y Uma Thurman. Seguimos con HormigaZ y Bichos, dos propuestas animadas muy parecidas a cargo de Dreamworks y Pixar, que también llegaron de la mano. Por no hablar de Deep Impact y Armaggeddon, casi idénticas y coetáneas. Y puede que me olvide de algún caso, que, no obstante, estará seguramente recogido en uno de los primeros artículos que publiqué en mi blog de la web de la revista Acción (buscadlo y confirmad si falta alguno…). Este argumento viene a cuento porque tenemos en cartelera Ladrones, cuando hace poco más de un mes teníamos The Town, Ciudad de Ladrones, la estupenda película de Ben Affleck.

Y éste es el principal problema de una película que podría haber tenido mejor acogida de no haber coincidido en el tiempo con la otra. Estamos ante el típico producto de intenciones inequívocamente comerciales que trata de no dejar ningún cabo suelto para justificar una buena taquilla. Pero, claro, cuando tienes en la retina otra película de temática parecida mucho más elaborada y solvente, las carencias quedan al descubierto. Si Affleck en su película se preocupó por los personajes y el guión, Ladrones se ocupa básicamente de ofrecer una historia convencional, procurando no caer en errores garrafales, sin importarle la previsibilidad ni el poco desarrollo de unos personajes de los que puede que nos interesase saber más.

No debemos de olvidar que estamos ante una producción de Sony Pictures, por lo que predominarán otras cosas. Se trata de buscar la complicidad con el espectador a través de la acción, el montaje frenético y los clichés. The Town no era absolutamente rompedora en cuestiones formales, pero sí lograba trascender mucho más. Ladrones se queda en un correcto thriller, de evidentes virtudes y defectos.

Puede que lo mejor sea el interesante grupo de delincuentes, con un Paul Walker algo tapado por sus dos colegas Idris Elba y, sobre todo, un Hayden Christensen que hubiese podido dar mucho más teniendo en cuenta el atractivo perfil de su personaje. Por su parte, Matt Dillon parece haberse quedado con los tics de su excelente papel en Crash. Todos ellos conforman un competente reparto que trata de llevar a la película a un escalón inalcanzable, dejándola en un mero entretenimiento palomitero, que no es poco.

Supongo que no habrá errores evidentes de guión, ni aspectos chirriantes que la descalifiquen de inmediato. El género de robos y atracos, como tantos otros, lleva mucho tiempo encaminado hacia lugares comunes que sólo puntuales cosas como The Town logran sortear. Y si Ladrones se hubiese estrenado hace un par de años hubiese salido perjudicada a su vez por el magnífico Plan Oculto de Spike Lee. Es el problema de hacer una película simplemente correcta.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1135084/

 

Leslie Nielsen (1926-2010)

Ya no habrá tantas risas en el mundo a partir de hoy, básicamente porque uno de los principales creadores de carcajadas y placenteros estados de alegría acaba de fallecer. Fueron más de sesenta años de cine, y casi treinta de películas que arrancaron sonrisas entre los espectadores. Leslie Nielsen, uno de los mejores cómicos de las últimas décadas, uno de esos rostros que nos hacen reír con sólo verlo, se ha muerto. Nos ha dejado, además, el comandante del Crucero de los Planetas Unidos C-57D, al que conocimos en esa maravilla del cine de ciencia ficción que es Planeta Prohibido.

Nacido en Canadá, Leslie Nielsen coincidió en el Actor´s Studio con Marlo Brando, quien siempre le recomendó actuar en todo tipo de películas, argumentando que no es actor quien no actúa. Nielsen tomó buena nota, y no le importó redundar en sus papeles cómicos que tanto éxito le acarrearon, tras el cosechado en Aterriza como Puedas. Precisamente ahí le conoció el gran público contemporáneo, al que maravilló con su papel del Dr. Rumack. Era éste un papel hilarantemente serio, hasta el punto de que el actor lo interpretó olvidándose del tipo de película que estaba rodando, lo que provocó el inolvidable registro que todos recordamos. Antes de subirse a aquel inolvidable avión, Nielsen embarcó en una de las más recordadas películas de catástrofes, y para algunos precursora del género, La Aventura del Poseidón.

Tras algún otro papel menos celebrado, se alió con los hermanos Zucker para parir ese género explotado hasta la saciedad. Con ellos participó en Aterriza como Puedas, y posteriormente en Agárralo como Puedas, en donde compuso otro de sus papeles memorables, el del inspector de policía Frank Debrin. El personaje había nacido en la televisión, en una serie creada por David Zucker y protagonizada precisamente por Nielsen, que sólo constó de seis capítulos debido a las bajas audiencias. Y volvimos a disfrutarle en tres películas locas, absurdas y con momentos geniales.

Su rostro estaba ya inequívocamente ligado al humor, y Mel Brooks contó con él para su parodia Drácula, un muerto muy contento y feliz. Los guiones de este tipo le llegaban sin cesar, y volvió a hacernos reír con su parodia de El Exorcista, convenientemente titulada Reposeída, en la que pudimos ver a Linda Blair riéndose del papel que la encumbró.

Y el resto de la historia es por todos conocida. Secuelas de Agárralo…y multitud de pelis con el latiguillo en el título de …como puedas, una nueva saga que parodiaba los éxitos recientes del cine titulada Scary Movie, hasta llegar a la versión española del cine que él popularizó, Spanish Movie.

Será difícil que surja alguien con su vis cómica. Uno ve a tipos como Jim Carrey, Adam Sandler o Will Ferrell y piensa en lo alejados que están de ese creador del humor que era Leslie Nielsen. Y es que estamos hablando de alguien que arrancaba carcajadas sin el apoyo de un guión mínimamente sólido. Sólo necesitaba una mueca, un levantamiento de cejas o un diálogo absurdo para provocar sonrisas. No vamos a negar que el género que engendró estaba ya bajo mínimos, pero siempre, por muy floja que fuese la película, teníamos un gag memorable protagonizado por él.

En el cielo están ya partiéndose de la risa. Allí está Leslie Nielsen. Descanse en paz. 

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Un sueño del que nunca despertaremos…

Tenía pensado titular esta entrada El sueño eterno, pero ése es el título de una maravillosa película de Howard Hawks. Hoy me apetece hablar sobre cine, pero no sobre ninguna película en concreto. En ocasiones merece la pena olvidarse un poco de la cartelera (aunque sea viernes y haya estrenos) o de los clásicos, y reflexionar acerca del estado actual de una forma de contar historias que nos permite soñar. Pueden parecer palabras ñoñas, pero yo, que he pasado buena parte de mi vida en las salas de cine, he temido más de una vez por el final, como el niño al que le quitan el caramelo. Y, aún asumiendo el riesgo de que la realidad tumbe mis predicciones algún día, cada vez estoy más seguro de que nunca despertaré del sueño. Podré seguir yendo al cine…

Los tiempos que vivimos hacen que sea inevitable plantearnos la pregunta. Pero no deja de ser, al fin y al cabo, la misma pregunta que nos hacíamos hace décadas. Quienes estamos en la treintena podemos recordar aquellos 90, en los que el auge del cine en casa, con en VHS haciendo estragos, amenazaba a acomodadores, taquilleros y salas oscuras. Fue, quizás, la primera vez que el acto tan usual y placentero de comprar una entrada de cine se puso en cuestión. La razón por la que esos temores vuelven a surgir ahora la encontramos, lógicamente, en la tecnología. La vieja cinta de vídeo no fue rival, y terminó asociándose con un enemigo rocoso al que prefirió unir sus fuerzas antes que claudicar pagando un más alto precio. El cine en casa y el cine en las salas se complementaron, convivieron. Hoy tenemos internet, blu-ray, reproductores de vídeo portátiles…y también asumirán su derrota. Y me da que el 3D no será ese aliado decisivo para el cine que muchos aventuran…

Si hacemos memoria, podremos recordar sin excesivos esfuerzos cuál ha sido la historia de nuestros temores. A mediados de los 80 descubrimos la gozada que suponía ver una película en casa, y yo encontré en los videoclubs el apéndice perfecto de los cines, otra manera de descubir películas, de recordar otras y de empaparme de cine. Fueron muchas las veces en las que entraba a un videoclub justo después de salir del cine, como si quisiese que la fiesta continuase. Entrabas, mirabas las novedades, buceabas en los clásicos, leías las sinopsis, contemplabas las carátulas y te llevabas unas cuantas pelis a casa…Y nunca jamás dejé de ir al cine. Pero claro, no todo el mundo está conectado a los cines por esa simbiosis, y empezaron a aparecer los agoreros: ¿quién querrá ir al cine pudiendo ver la película en casa?

Poco después la televisión creció, llegaron las autonómicas y las privadas, y la consiguiente nueva oferta de películas emitidas. Y llegó el dvd, y la tele digital, el pay per view, internet, el blu-ray…Y, por supuesto, la piratería, que iba a ser el azote de los grandes estudios, el fin…

En lo que pocos cayeron es en el hecho ineludible de que el cine, o, mejor, los cines, como recintos de exhibición cinematográfica, son los auténticos primos de zumosol de todos los demás formatos, por muy numerosos y variados que sean. Me explico. A principios de los 90 proliferaban los videoclubs, que se nutrían, mayormente, de los éxitos más recientes de la cartelera, aunque es cierto que en poco tiempo cualquiera de ellos contaba con una importante oferta de cine clásico. Pero los regentes de aquellos negocios hoy casi extintos basaban su facturación en los beneficios derivados del alquiler y venta de las películas más taquilleras, es decir, de aquellas que habían llevado a mucha gente a las salas de cine. Dicho de otro modo, el videoclub era un negocio rentable por culpa de las salas de cine. El reclamo para que alguien comprase o alquilase una cinta de vídeo era el éxito que el contenido de esa cinta había tenido en su exhibición en otro formato. Es imposible que pelis como el Batman de Tim Burton, o Pretty Woman, o Ghost, o Terminator 2 triunfasen en el formato doméstico si antes no hubiesen sido los fenómenos cinematográficos que fueron cuando se estrenaron en salas.

Es exactamente lo mismo que sucede en la actualidad. Ahora que está a punto de editarse en nuestro país la edición en blue-ray 3D de Avatar, en una maniobra lamentable que obliga al usuario a adquirir un reproductor y una tele de una marca en concreto, podemos preguntarnos si ese lanzamiento casero sería un éxito si la peli de James Cameron no se hubiese estrenado en las salas de cine, o, dicho de otro modo, si no se hubiese convertido en la película más taquillera de todos los tiempos…

Otro ejemplo. Internet ha propiciado la visión de cine on line, a través de emisiones piratas o legales. Pero, en cualquiera de los dos ámbitos, una película será más demandada cuanto mayor haya sido su repercusión en las salas. Igualmente, los abonados a una plataforma de televisión digital pagarán por ver una película dependiendo de su trascendencia obtenida meses atrás en los Kinépolis, Cinebox, Yelmo y demás recintos de exhibición.

Evidentemente habrá momentos buenos y malos, mejores y peores, pero hoy, en este final de 2010, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que siempre podremos ir al cine. Y no porque nos brinden la posibilidad de ver películas en 3D (de hecho apuesto por la progresiva finalización de ese boom que a mi empieza a hartarme), sino por la necesidad de que papá siga alimentando a sus hijitos.

Seguiremos soñando, seguiremos yendo al cine…

La conversación

Que los árboles nos permitan ver el bosque, que no nos quedemos con lo último, por muy horrendo que sea, que recordemos lo anterior, mucho más cerca de la excelencia que lo malo de la maldad más absoluta. Coppola es uno de los grandes, aunque últimamente él mismo se empeñe en demostrar lo contrario. Algún día, por supuesto, me dará por hablar de El Padrino, la inolvidable saga de la que sus dos primeras entregas justificarían por si solas la incursión de su responsable en un selecto grupo de escogidos. El Coppola de aquellos 70 y 80 era un cineasta con mayúsculas, creador de historias emocionantes y cautivadoras, y poseedor de una técnica depurada. En 1974 estrenó La conversación, pequeña película repleta de detalles llamativos en la actualidad, que, a pesar de los muchos cambios producidos en el ámbito que recoge (los utensilios tecnológicos que usa el protagonista para espiar), se ve hoy en día como un divertido thriller perfectamente adaptado a aquella época. Fue la película que nos presentó justo después de mostrarnos a los Corleone, y, aunque no es tan buena como El Padrino, es otra muestra de talento…

Precisamente ésa puede ser la razón por la que no logró el reconocimiento merecido, teniendo en cuenta lo alto que el cineasta había dejado el listón. Aquella década de los 70, y los primeros 80, fue una etapa pródiga en este tipo de cine, cintas de un suspense contenido y personajes solitarios, envueltos en tramas de espionaje y crímenes por resolver. Gene Hackman, como el John Travolta de Impacto, la peli de De Palma tan vinculada a ésta por estilo y referencias, es un tipo inmerso en una historia de la que tendrá que salir indemne buscando pistas y resolviendo enigmas. Y, como en aquella película, usará sus conocimientos acerca de los métodos de captura de sonido e imágenes para salvar su trasero.

Como en tantas películas memorables, un trabajo rutinario desencadena el problema. Hackman se dedica a espiar, trabajando para todo aquel que quiera contar con sus servicios. La primera secuencia nos sirve para conocer ese trabajo, con esa pareja que entabla en una plaza una conversación, la conversación que da título a la película y que provocará los quebraderos de cabeza de nuestro protagonista. Coppola consigue que nos metamos de lleno en el diálogo a pesar de la imposibilidad de que el sonido, como al equipo de Hackman, no nos llega con la nitidez deseada. El director aprovecha ese apasionante comienzo de la película (a pesar de ser filmado con una parsimonia y tranquilidad destacables, resulta realmente emocionante), para demostrar su capacidad para mostrar e insinuar, para trabajar con planos cortos como si fuésemos nosotros, los espectadores, los encargados de espiar a la pareja. A lo largo del metraje vamos conociendo más detalles de la conversación, gracias a los trabajos del protagonista y a la necesidad de conocer datos que le permitan esclarecer el asunto.

Aquellas películas resultan ahora tremendamente entrañables, teniendo en cuenta lo mucho que el género ha cambiado. Hoy los thrillers son más directos y, sobre todo, ruidosos, y no sólo por que les incluyan las inevitables escenas de acción. Coppola se sirve de pocos personajes, a los que desmenuza en su personalidad para regocijo del espectador, y les sitúa en un estado de ansiedad propio de la época, con el caso Watergate en boca de todos, como desencadenante de aquella obsesión por la privacidad y la seguridad.

Gene Hackman es el motor de la película, solventando su papel con una maestría impresionante. Hackman es otro hijo inequívoco de los 70, década en la que encadenó registros excelentes como los de La aventura del Poseidón, French Connection, Un Puente Lejano o Superman. El resto del reparto está formado por intérpretes excelentes, con un primerizo pero solvente Harrison Ford, la estupenta Teri Garr y el inolvidable John Cazale, cuya breve filmografía (falleció prematuramente en 1978) está formada por El Padrino, La conversación, El Padrino II Tarde de Perros. Casi nada…

Puede que, vista hoy, a las nuevas generaciones les cueste entrar en una película como La conversación, y más si pensamos en los artilugios tan desfasados que se ven. Pero también puede ser que, ahora, en este tiempo de iPods, consolas y nuevas tecnologías, apreciemos de forma más justa los méritos de una película que mostraba el camino para quienes pretendiesen hacer cine con pocos medios pero importantes dosis de talento e imaginación. Era lo que hacía Francis Ford Coppola en los 70, a través de su mítica American Zoetrope, mucho antes de que se empeñase en rodar películas infumables.

Escuchad la conversación…

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Los otros dos

Antes de hablar de Los otros dos, es justo y necesario que quien esto escribe sea agradecido con el compañero tidus7, quien ha tenido el detalle de mencionarme en una clasificación de blogs de Gamefilia, como principal creador de entradas sobre cine. Teniendo en cuenta que este blog se mudará de alojamiento en poco tiempo, no está de más ir reconociendo a todos esos amigos y compañeros que se han pasado por aquí en estos dos años y nueve meses. Y, con la esperanza de que sigan haciéndolo, gracias…

Los otros dos pretende ser una alocada comedia y, como consecuencia, arrancar carcajadas, pero no lo consigue. Pretende, además, retomar ese género tan popular en los 80, el de las buddy-movies, alzado hasta cotas infinitas de popularidad con Arma Letal, pero tampoco lo consigue. Busca, indudablemente, ganarse al espectador a través del mecanismo que instauraron los hermanos Zucker y Jim Abrahams, es decir, olvidarse de la trama para centrarse en continuos gags hilarantes y casi surrealistas (aunque aquí no alcancen el nivel de locura presente en aquellas comedias protagonizadas por Leslie Nielsen). Tampoco lo consigue. Finalmente, es un nuevo intento de que una de las máximas figuras de la comedia norteamericana de los últimos tiempos, más asiduo a la televisión que al cine, Will Ferrell, se haga un hueco en las preferencias del público europeo. Y nada…

Tantos objetivos y todos infructuosos…Efectivamente, nada nos queda de una comedia que destila carencias evidentes hasta por quienes no hayan visto una comedia en su vida. Porque no hace falta ser un erudito en el género, ni haber disfrutado de gloriosas épocas pasadas con Chaplin, Wilder o Woody Allen para detectar el tipo de bodrio que se nos presenta. Y no será por ausencia de nombres importantes…

Pocas veces un reparto tan interesante se une para engendrar un cosa como ésta. Hay ejemplos de cástings de prestigio que han defraudado con su película, pero, no nos engañemos, tampoco muchos, o, al menos, muy pocas veces esos nombres han estado presentes en una película tan horrenda como ésta. Más allá de Ferrell, tenemos a Mark Wahlberg, Michael Keaton, Eva Mendes, Steve Coogan, Anne Heche, Ray Stevenson y los pequeños papeles de Samuel L. Jackson y Dwayne Johnson. Uno, que descubrió y se rindió ante el Batman que protagonizó Keaton en 1989, siente una enorme pena por ver a un gran actor en cosas tan indecentes.

El caso de Will Ferrell no tiene remedio. Al menos por aquí. Y teniendo en cuenta que he podido ver bastantes de sus participaciones en el mítico Saturday Night Live, el programa televisivo que le encumbró, me cuesta entender las razones de ese triunfo en su país. Es Ferrell un cómico excesivo, cargante en muchos momentos, y, al igual que Adam Sandler, poseedor de una vis cómica que por nuestros lares no termina de cuajar, a lo que tampoco ayuda el hecho de que no sean capaces, ninguno, de escoger proyectos mínimamente interesantes (sobre todo en el caso de Will Ferrell, de cuya filmografía yo sólo salvo Hermanos por pelotas, que coprotagonizaba con John C. Reilly).

Los otros dos está repleta de gags, chistes, escenas supuestamente desternillantes y de un humor hilarante, ácido y por momentos corrosivo. Como decía antes, su argumento no importa, no ya al espectador, sino a los propios responsables de la película. Tampoco importaba en Top Secret, ni en las sagas de Hot ShotsAterriza como puedas o Agárralo como puedas, pero bien que nos reíamos…

Aquí no.

Mi puntuación en IMDB:1.

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Imparable

Lo quiso, pero nunca lo logró. Tony Scott lleva años e incluso décadas intentando dejar de ser el hermano de Ridley. Pero, más allá de importantes y puntuales éxitos de taquilla y crítica, el otro Scott es mejor, más talentoso. Ni siquiera los años oscuros de Ridley (con Los Impostores, El Reino de los Cielos o Un Buen Año) fueron aprovechados por Tony para imponerse, a pesar de esa maravillosa película que resultó ser El Fuego de la Venganza. Ya veterano, ya asociado con su hermano en la producción de películas y series de televisión (Los Pilares de la Tierra), parece haber tirado la toalla. Imparable es el mejor ejemplo, cine hecho con el piloto automático, casi como un collage de escenas descartadas de su anterior obra, Asalto al Tren Pelham 123, aquel remake ciertamente soporífero. Los mejores momentos de Tony Scott, que los tuvo, parecen haber quedado atrás.

Y puede que el peor parado de semejante declive sea un Denzel Washington que debería de olvidar esa adhesión inquebrantable por un tiempo hacia un cineasta que últimamente sólo le brinda malos papeles en flojas películas. Imparable le pone en la piel de un experto ferroviario que debe de detener un tren descontrolado, que amenaza con destruír todo lo que se le ponga por delante. Con él, un Chris Pine que debería, cuanto antes, de subirse de nuevo al Enterprise, ya que desde que se bajó no ha hecho nada destacable. Poca historia, poca chicha, nulo interés de los personajes (aunque Rosario Dawson lo intente)…

Imparable es cine hecho sin pasión, sin sustancia…Tony Scott  pone su experiencia y estilo, basados en el mundo de la publicidad, al servicio de una película carente de todo aquello que hace interesante al cine. Planos brevísimos, montaje explosivo, estruendosa edición de sonido para rodar las andanzas de un tren descarriado. El Asalto al tren, su película anterior, era ya floja, pero tenía algunos motivos para mantener un relativo interés. Aquí, desgraciadamente, ni siquiera hay unos terroristas que animen la función, con todo el jaleo de las negociaciones, las indagaciones y demás…Imparable es la nada absoluta. Sólo un tren, sólo un par de tipos que estaban por allí y se disponen a resolverlo todo. Bostezos.

Y para que no falte nada malo, tenemos un happy end absolutamente baboso, con esas dos hijas del personaje de Denzel Washington apuntando sútilmente a un posible rollete de su papi viúdo con la siempre actrativa Rosario Dawson.

No es malo Tony Scott. No es tan bueno como su hermano, pero si hacemos memoria, podremos recordar un puñado de pelis más que decentes. Imparable no está entre ellas.

Mi puntuación en IMDB:5.

//www.imdb.com/title/tt0477080/

Caza a la espía

Los tráilers han de incitar al pago de la entrada, aún a costa de mostrar o insinuar algo que no hay. Así ha ocurrido con esta película. En una maniobra publicitaria especialmente hábil, se nos vendió Caza a la espía como un thriller con tintes políticos, de narración mucho más fluída que lo que finalmente hemos visto. Y los nombres no eran menos interesantes: Naomi Watts, Sean Penn y el director del primer Bourne, Doug Liman. Con eso, y el reciente buen sabor de boca que me dejó Salt, pensé que iba a disfrutar de uno de esos blockbusters de calidad, con intrigas, tensiones y espías. Y ha sido otra cosa…

Algo chirría desde el primer minuto de metraje. La película desprende un aroma a cine menor, a cinta independiente, lo que pone de manifiesto la ausencia de un logo de una major. Efectivamente, comprobamos que varias pequeñas productoras se han asociado para levantar el proyecto, lo que entendemos como lógico, teniendo en cuenta la clara posición ideológica. Y, claro, está un Sean Penn siempre alineado en una dirección, y que parece haber influído en la puesta a punto de una película muy acorde con su pensamiento. Ya situados, ya conscientes de que nos la han metido doblada (si hubiese premios a los mejores tráilers, el de esta peli tendría muchas papeletas para llevarse uno), asistimos a una de esas películas comprometidas con algo, con un hecho, con un suceso, con una idea…

La primera parte es, sin duda, lo más interesante. Naomi Watts centra toda la atención con su personaje de agente de la CIA, con la típica identidad anónima, los contactos en zonas hostiles y los problemas para conciliar la vida laboral y familiar. Resulta interesante, además, toda la trama acerca de la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, con los deseos de la Administración norteamericana del momento de que efectivamente las haya para poder justificar una invasión golosa por otros intereses menos legítimos. Durante esa parte del metraje Caza a la espía funciona, y compensa la decepción sufrida al comprobar que no era lo que esperábamos.

Pero todo se derrumba como un castillo de naipes cuando la protagonista es víctima de la conspiración. Ahí la película es otra, mucho peor, y los movimientos de Watts y su marido Penn por demostrar su inocencia se convierten en una sucesión de escenas torpemente rodadas y montadas. Sean Penn parece, por momentos, una caricatura de si mismo, ofreciendo la peor interpretación que nunca le hemos visto a este enorme actor. Y además toda su posición ideológica parece estar forzadamente presente.

Caza a la espía no es panfletaria, pero es demasiado partidista. Bush está ya más que amortizado, y sus fechorías han sido suficientemente demostradas. La película se refugia en esa historia real de la protagonista para atizar al expresidente, algo que resulta ciertamente incomprensible teniendo en cuenta que había material suficiente como para que las críticas no fueran tan ostensibles, tan manifiestas. Ha faltado, quizas, talento para sacudir sin hacer apología tan descarnada de una posición ideológica.

A mi me ha faltado algo de Bourne, y me ha sobrado algo de Syriana. Se queda en tierra de nadie, aunque su primera parte de metraje sí resulta interesante. Lo demás, precisamente lo que no conocíamos, no resulta tan digerible.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt0977855/

Luís García Berlanga (1921-2010)

Imaginemos que en nuestro país contamos con un director de cine capaz de rodar comedias redondas aún considerando la dificultad del género, capaz de entretener mostrando en cada película un compendio de las principales características de nuestra indiosincrasia, capaz de criticar a un régimen dictatorial disfrazando esas críticas con ropajes en forma de sátira y ácidos guiones, capaz de reflejar los grises presentes en esa etapa oscura de nuestra historia, capaz de hacer reír y de que una sociedad se ría de ella misma, capaz de convertirse en la voz de un pueblo y de un país, capaz de situar en todas y cada una de sus películas la palabra austrohúngaro, capaz, en fin, de ser uno de los mejores, o quizás el mejor director de cine de la historia de España. Fue una realidad, que disfrutamos hasta que el pasado sábado nos dejó. Se nos ha muerto Luís García Berlanga.

Uno se siente algo pesado y repetitivo cuando se acumulan las necrológicas. El mero hecho de ser recogidas en el blog indica la relevancia de las personas cuyo fallecimiento es noticia, y de ahí se derivan los tópicos, los elogios y los adjetivos de admiración. Lo que ocurre con Berlanga es que, aún asumiendo que se utilizan, al referirse a su persona, palabras manidas, también es cierto que alguno de los calificativos sólo pueden ser aplicados a él. Lo decía Alex De La Iglesia: "sólo Búñuel podría mirarle a los ojos de tú a tú". Porque, si hablamos de Luís García Berlanga, lo hacemos de uno de nuestros más grandes cineastas, para muchos el mejor. Si le elogiamos, si hacemos uso de tantos y tantos elogios, es porque nadie como él hizo cine, con tanto talento, con tanta grandeza. Se morirán otros,  pero no podremos decir lo mismo. Diré, diremos, cosas buenas, pero no exactamente como éstas…

Fue tan grande que se enfrentó al género más complicado con maestría absoluta. Concebía el cine como una manera, ante todo, de hacer reír. Asociaba esta manera de contar historias con una obligada intención satírica y crítica hacia el poder establecido. Pero con la suficiente sutileza como para que aquel señor bajito que gobernó por la gracia de Dios no fuese capaz de enterarse. Es la suerte que tienen los genios, poder poner a caldo a los que se lo merecen sin que les salga caro, gracias a su capacidad para cubrirse tras el manto de la parodia, la sutileza y…los puntillosos libretos de otro genio, su guionista Rafael Azcona.

De ese talento surgieron documentos impagables, radiografías de una sociedad salpicadas por personajes reconocibles y trazos típicamente hispanos. Berlanga "sólo" añadía su toque maestro a escenas de nuestra realidad, ya fuera por la llegada del dinero americano para paliar los efectos de una contienda, para narrar la vida de una gran familia o para contarnos la penitencia de quien tiene como oficio el garrote vil. Es tiempo de acordarse de El verdugo, de Calabuch, de Plácido y de Bienvenido Mister Marshall… 

Y de Moros y cristianos, que fue la película con la que le descubrí. Yo, como siempre en mi blog, llevo el ascua a mi sardina y me acuerdo de cuando tuve la oportunidad de verle en una conferencia que pronunció en mi ciudad, durante uno de esos festivales de cine que nos sacan los cuartos a los contribuyentes. Pero aquel año 2005 tuvieron el acierto de destinar parte de ese presupuesto a traer a Berlanga, a Concha Velasco y a Alex De La Iglesia a conversar sobre cine con unos cuantos aficionados y admiradores. Y él se mostró como lo que siempre fue: un entrañable sabio, con su inevitable toque de viejo verde capaz de hipnotizarte hablando sobre cine, y con la complicidad de una de sus actrices fectiche y del mejor representante de una nueva generación de cineastas.

Se ha ido el más grande de los nuestros. Descanse en paz, Luís García Berlanga…

//www.imdb.com/name/nm0305557/

La sombra del testigo

Estamos a finales de los 80, y Ridley Scott ya ha logrado un importante status con sus elogiadas Alien y Blade Runner. Había debutado en el 77 con Los Duelistas, y, justo antes de dirigir la película que nos ocupa, había sufrido un tropiezo con Legend, la cinta de fantasía protagonizada por Tom Cruise. En 1987, y dando muestras de querer mostrar ya la capacidad camaleónica y versátil que siempre ha mostrado como cineasta, dirigió La sombra del testigo, thriller en el que de alguna manera comenzó a establecer las claves del género, especialmente desarrolladas en la década posterior. No maravilla, no seduce, pero permite conocer a un Scott distinto por entonces, aunque sobradamente visto en los últimos tiempos.

Se trata de una de esas películas que, como alguna otra dentro de la filmografía de su director, despista al espectador más conocedos de las dotes del cineasta. Se sitúa muy lejos de las mejores, y algo menos de las peores, formando parte de un puñado de obras que causan absoluta indiferencia, a pesar de ofrecer momentos concretos en los que sí se nota la mano de alguien que sabe rodar como pocos. Claro que, la prueba definitiva, la que permite saber si una película trascenderá y perdurará, no la supera. La sombra del testigo se queda lejos de superar el paso del tiempo, y, vista hoy, aparece como una película de suspense aburrida por momentos y, lo que es peor, con cierto aire de telefilm. La fuerza de Scott se demuestra en escenas importantes, y, sobre todo, en la dirección de actores, aunque el resultado final no satisfaga en absoluto a quienes se acerquen hoy  a una película que se ha visto pisoteada por varias destacables películas posteriores, en especial con la estupenda Instinto Básico.

Se nos cuenta la historia de un policía que recibe el encargo de vigilar a un testigo de asesinato, una mujer de importante posición económica, con quien acabará teniendo una relación más allá del aspecto meramente laboral. El director británico alterna el conflicto sentimental del protagonista con la evolución del caso, sin lograr calar en ninguna de las dos sub-tramas. Algo parecido le ocurre en alguna de sus obras posteriores como 1492, Tormenta Blanca e, incluso Thelma y Louise, en la que tampoco conseguía rematar la faena de manera convincente.

Encontramos en el reparto lo mejor de la película. Tom Berenger se encontraba en el mejor momento de su carrera, ya que había dado muestras de un talento mayúsculo un año antes en Platoon. Mimi Rogers resulta convincente en su papel de mujer asfixiada por la amenaza de un asesino y por sus sentimientos hacia quien debe de protegerla. Y yo me quedo con Lorraine Bracco, una de mis chicas favoritas de los 80 y 90, la estupenda mujer de Ray Liotta en Uno de los nuestros y que aquí interpreta a la esposa de Berenger. Bracco nos regala un par de escenas sublimes, de una fuerza indescriptible, y compone un personaje descarado, juvenil y por momentos superada ante la posibilidad de perder a su marido. Y no desentona el hijo, encarnado por un niño que alcanzó especial notoriedad a principios de los 90, Harley Cross, premio al mejor actor en la Seminci en 1991  por El niño que gritó puta.

La sombra del testigo se estrenó en los Estados Unidos el 9 de octubre de 1987 logrando una taquilla de más de 10 millones de dólares. Curiosamente su popularidad se ha ido incrementando con el paso de los años, gracias, sobre todo, a los frecuentes pases televisivos y a su consideración de obra de género mayoritario, el thriller, que cuenta con una importante legión de espectadores potenciales. Ridley Scott es sin duda el cineasta más versátil de entre los que gozan de cierto prestigio (sin olvidarnos de Kubrick) y uno siempre espera que vuelva algún día a un género en el que no logró demostrar el talento que se le supone, y que antes y después de La sombra del testigo ha demostrado.

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Dino De Laurentiis (1919-2010)

Toca tirar de tópicos, de frases manidas y de elogios hiperbólicos. Toca decir que se ha muerto una leyenda, una parte de la historia del cine…Toca rendir homenaje a uno de los más grandes productores con el que el cine tuvo el priviliegio de contar. Fue grande porque se ganó cada lira, cada dólar, cada euro…porque no escatimó en invertir una y otra vez en un negocio que le entusiasmaba. Ganó dinero con muchísimas películas, perdió con otras muchas, descubrió talentos y destrozó antiguas maravillas produciendo remakes. Pero, ante todo, fue un hombre de cine. Se ha muerto Dino De Laurentiis.

Comenzó, muy joven, y como no podía ser de otra manera, en su Italia natal. En los años 40 produjo sus primeras películas, y el los 50 era ya una figura reconocida en los ámbitos culturales de su país. Trabajó con alguno de los más grandes del cine italiano del momento, como Fellini, de Santis, Rosselini o Monicelli. Pronto su actividad se hizo internacional, lo que le permitió producir a Ingmar Bergman en 1977, con El huevo de la serpiente. Pero antes, ya en los Estados Unidos, fue productor de inolvidables películas como Los tres días del cóndor, de Sidney Lumet, y después, de Estirpe Indomable, Ragtime, Flash Gordon, Conan el Barbaro, La zona muerta, Conan el destructor, Motín a Bordo, Dune, Manhattan Sur, Hunter, Tai-Pan, 37 horas desesperadas, Sólo falta el asesino, El ejército de las tinieblas, Asesinos, U-571, Hannibal, El Dragón Rojo, Hannibel el origen del mal, La última legión y Aprendiz de caballero. 

Se nos ha ido con una filmografía repleta de cine de género, de cine entretenido, de productos astutamente comerciales y que hoy se recuerdan con cariño, como esa versión de Flash Gordon, o, siguiendo la estela del Tiburón de Spielberg, Orca, la ballena asesina. Buscó siempre la complicidad del público, acudiendo a mitos del pasado, lo que le llevó a producir aquella infecta versión de King Kong, de la que, además, también produjo una secuela.

Recogió un Óscar como productor de la mejor película de habla no inglesa en 1957, por La strada, y en 2001 recibió otra estatuílla, esta vez con carácter honorífico.

Se ha ido un productor de cine. Se ha ido Dino De Laurentiis…

//www.imdb.com/name/nm0209569/