Buried (Enterrado)

Dos años y medio de blog son más que suficientes para detectar con fiabilidad las debilidades cinematográficas de quien esto escribe. La soga, Náufragos o La ventana indiscreta, de Hitchcock; La trampa de la muerte, de Lumet; La Huella, de Mankiewicz o, incluso, Lost, tienen en común esa condición que a mi me atrapa sin remisión, y que tanto he alabado en multitud de entradas blogueras en estos casi treinta meses: grandes historias en envoltorios pequeños, pocos personajes, pocas localizaciones, pero todo narrado con un talento descomunal para sorprender, conmover, inquietar y sentir emociones inequívocamente cinematográficas. De todo ello se deduce, por tanto, la valoración que un cinéfilo como yo puede hacer de Enterrado…

El trabajo de Rodrigo Cortés, paisano mío por cierto, puede equipararse, sin ánimo de exagerar o caer en el elogio fácil, al de los maestros citados anteriormente. Se mueve en esas condiciones minimalistas como los más grandes, a pesar de contar con un bagaje mucho menor. Y, lo que es mejor, se muestra como agradecido deudor de las películas citadas, sin importarle que su obra destile referencias a ese cine tan estimulante, desde la música que nos remite al gran Bernard Herrmann hasta la atmósfera asfixiante (como no podía ser de otro modo tratándose de un hombre enterrado en un mínimo recipiente). Sin olvidarnos, por supuesto, de los excelentes títulos de crédito. Hasta alguno de los pósters, concretamente uno que recoje alguna de las buenas críticas recibidas por la película, remite a ese cine inolvidable.

El mérito de Cortés aumenta, en mi opinión, por el hecho de que se trata de un proyecto ajeno, que el cineasta español accedió a dirigir cuando le fue ofrecido. No estamos, por tanto, ante un desafío personal, de un cineasta que saca adelante un proyecto por el que había peleado durante buena parte de su carrera. Ha logrado entrar en el sistema a través de un encargo, que ha resuelto con una solvencia y un talento inmensos. Se ha encontrado con un guión en el que Ryan Reynolds se pasaba noventa minutos en un ataúd, y lo ha rodado como lo hubiese hecho uno de los más grandes, aprovechando al máximo los pocos elementos con los que contaba. Sin duda, el libreto de Chris Sparling buscaba transmitir esa sensación de desesperación, agobio y asfixia inherentes al desgraciado destino del protagonista, quien, por otra parte, está sensacional.

Sólo puedo achacarle esa manía por mostrar planos elevados verticalmente, perdiendo así por momentos la sensación de claustrofobia por la necesidad de ignorar la tapa superior de la caja, aunque el recurso logre lo que pretenda, que es, básicamente, ralentizar y llamar la atención acerca de la situación límite. Y, ya puestos, podrían haberse ahorrado los comentarios con ese matiz jocoso que Reynolds pronuncia en alguna de sus conversaciones telefónicas, incompatibles con la situación desesperada que está viviendo.

Pero lo cierto es que con un único actor, una caja de madera y unos cuantos elementos de atrezzo, Rodrigo Cortés nos cuenta una historia de suspense que además trata sobre temas como el egoísmo de las corporaciones y su indiferencia ante el sufrimiento individual, o la necesidad humana de transmitir emociones cuando realmente es posible hacerlo. Y, además, con un desenlace ejemplar, que huye de todo convencionalismo.

Como no podía ser de otra manera, me lo he pasado realmente bien. No es fácil disfrutar en las salas de películas como Enterrado, por la sencilla razón de que no es fácil hacerlas. Se necesitan pocas cosas materiales, pero un talento y una determinación infinitos.

Mi puntuación en IMDB:8.

//www.imdb.com/title/tt1462758/