La sombra del testigo

Estamos a finales de los 80, y Ridley Scott ya ha logrado un importante status con sus elogiadas Alien y Blade Runner. Había debutado en el 77 con Los Duelistas, y, justo antes de dirigir la película que nos ocupa, había sufrido un tropiezo con Legend, la cinta de fantasía protagonizada por Tom Cruise. En 1987, y dando muestras de querer mostrar ya la capacidad camaleónica y versátil que siempre ha mostrado como cineasta, dirigió La sombra del testigo, thriller en el que de alguna manera comenzó a establecer las claves del género, especialmente desarrolladas en la década posterior. No maravilla, no seduce, pero permite conocer a un Scott distinto por entonces, aunque sobradamente visto en los últimos tiempos.

Se trata de una de esas películas que, como alguna otra dentro de la filmografía de su director, despista al espectador más conocedos de las dotes del cineasta. Se sitúa muy lejos de las mejores, y algo menos de las peores, formando parte de un puñado de obras que causan absoluta indiferencia, a pesar de ofrecer momentos concretos en los que sí se nota la mano de alguien que sabe rodar como pocos. Claro que, la prueba definitiva, la que permite saber si una película trascenderá y perdurará, no la supera. La sombra del testigo se queda lejos de superar el paso del tiempo, y, vista hoy, aparece como una película de suspense aburrida por momentos y, lo que es peor, con cierto aire de telefilm. La fuerza de Scott se demuestra en escenas importantes, y, sobre todo, en la dirección de actores, aunque el resultado final no satisfaga en absoluto a quienes se acerquen hoy  a una película que se ha visto pisoteada por varias destacables películas posteriores, en especial con la estupenda Instinto Básico.

Se nos cuenta la historia de un policía que recibe el encargo de vigilar a un testigo de asesinato, una mujer de importante posición económica, con quien acabará teniendo una relación más allá del aspecto meramente laboral. El director británico alterna el conflicto sentimental del protagonista con la evolución del caso, sin lograr calar en ninguna de las dos sub-tramas. Algo parecido le ocurre en alguna de sus obras posteriores como 1492, Tormenta Blanca e, incluso Thelma y Louise, en la que tampoco conseguía rematar la faena de manera convincente.

Encontramos en el reparto lo mejor de la película. Tom Berenger se encontraba en el mejor momento de su carrera, ya que había dado muestras de un talento mayúsculo un año antes en Platoon. Mimi Rogers resulta convincente en su papel de mujer asfixiada por la amenaza de un asesino y por sus sentimientos hacia quien debe de protegerla. Y yo me quedo con Lorraine Bracco, una de mis chicas favoritas de los 80 y 90, la estupenda mujer de Ray Liotta en Uno de los nuestros y que aquí interpreta a la esposa de Berenger. Bracco nos regala un par de escenas sublimes, de una fuerza indescriptible, y compone un personaje descarado, juvenil y por momentos superada ante la posibilidad de perder a su marido. Y no desentona el hijo, encarnado por un niño que alcanzó especial notoriedad a principios de los 90, Harley Cross, premio al mejor actor en la Seminci en 1991  por El niño que gritó puta.

La sombra del testigo se estrenó en los Estados Unidos el 9 de octubre de 1987 logrando una taquilla de más de 10 millones de dólares. Curiosamente su popularidad se ha ido incrementando con el paso de los años, gracias, sobre todo, a los frecuentes pases televisivos y a su consideración de obra de género mayoritario, el thriller, que cuenta con una importante legión de espectadores potenciales. Ridley Scott es sin duda el cineasta más versátil de entre los que gozan de cierto prestigio (sin olvidarnos de Kubrick) y uno siempre espera que vuelva algún día a un género en el que no logró demostrar el talento que se le supone, y que antes y después de La sombra del testigo ha demostrado.

//www.imdb.com/title/tt0094008/