Caza a la espía

Los tráilers han de incitar al pago de la entrada, aún a costa de mostrar o insinuar algo que no hay. Así ha ocurrido con esta película. En una maniobra publicitaria especialmente hábil, se nos vendió Caza a la espía como un thriller con tintes políticos, de narración mucho más fluída que lo que finalmente hemos visto. Y los nombres no eran menos interesantes: Naomi Watts, Sean Penn y el director del primer Bourne, Doug Liman. Con eso, y el reciente buen sabor de boca que me dejó Salt, pensé que iba a disfrutar de uno de esos blockbusters de calidad, con intrigas, tensiones y espías. Y ha sido otra cosa…

Algo chirría desde el primer minuto de metraje. La película desprende un aroma a cine menor, a cinta independiente, lo que pone de manifiesto la ausencia de un logo de una major. Efectivamente, comprobamos que varias pequeñas productoras se han asociado para levantar el proyecto, lo que entendemos como lógico, teniendo en cuenta la clara posición ideológica. Y, claro, está un Sean Penn siempre alineado en una dirección, y que parece haber influído en la puesta a punto de una película muy acorde con su pensamiento. Ya situados, ya conscientes de que nos la han metido doblada (si hubiese premios a los mejores tráilers, el de esta peli tendría muchas papeletas para llevarse uno), asistimos a una de esas películas comprometidas con algo, con un hecho, con un suceso, con una idea…

La primera parte es, sin duda, lo más interesante. Naomi Watts centra toda la atención con su personaje de agente de la CIA, con la típica identidad anónima, los contactos en zonas hostiles y los problemas para conciliar la vida laboral y familiar. Resulta interesante, además, toda la trama acerca de la supuesta existencia de armas de destrucción masiva en Irak, con los deseos de la Administración norteamericana del momento de que efectivamente las haya para poder justificar una invasión golosa por otros intereses menos legítimos. Durante esa parte del metraje Caza a la espía funciona, y compensa la decepción sufrida al comprobar que no era lo que esperábamos.

Pero todo se derrumba como un castillo de naipes cuando la protagonista es víctima de la conspiración. Ahí la película es otra, mucho peor, y los movimientos de Watts y su marido Penn por demostrar su inocencia se convierten en una sucesión de escenas torpemente rodadas y montadas. Sean Penn parece, por momentos, una caricatura de si mismo, ofreciendo la peor interpretación que nunca le hemos visto a este enorme actor. Y además toda su posición ideológica parece estar forzadamente presente.

Caza a la espía no es panfletaria, pero es demasiado partidista. Bush está ya más que amortizado, y sus fechorías han sido suficientemente demostradas. La película se refugia en esa historia real de la protagonista para atizar al expresidente, algo que resulta ciertamente incomprensible teniendo en cuenta que había material suficiente como para que las críticas no fueran tan ostensibles, tan manifiestas. Ha faltado, quizas, talento para sacudir sin hacer apología tan descarnada de una posición ideológica.

A mi me ha faltado algo de Bourne, y me ha sobrado algo de Syriana. Se queda en tierra de nadie, aunque su primera parte de metraje sí resulta interesante. Lo demás, precisamente lo que no conocíamos, no resulta tan digerible.

Mi puntuación en IMDB:6.

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