La conversación

Que los árboles nos permitan ver el bosque, que no nos quedemos con lo último, por muy horrendo que sea, que recordemos lo anterior, mucho más cerca de la excelencia que lo malo de la maldad más absoluta. Coppola es uno de los grandes, aunque últimamente él mismo se empeñe en demostrar lo contrario. Algún día, por supuesto, me dará por hablar de El Padrino, la inolvidable saga de la que sus dos primeras entregas justificarían por si solas la incursión de su responsable en un selecto grupo de escogidos. El Coppola de aquellos 70 y 80 era un cineasta con mayúsculas, creador de historias emocionantes y cautivadoras, y poseedor de una técnica depurada. En 1974 estrenó La conversación, pequeña película repleta de detalles llamativos en la actualidad, que, a pesar de los muchos cambios producidos en el ámbito que recoge (los utensilios tecnológicos que usa el protagonista para espiar), se ve hoy en día como un divertido thriller perfectamente adaptado a aquella época. Fue la película que nos presentó justo después de mostrarnos a los Corleone, y, aunque no es tan buena como El Padrino, es otra muestra de talento…

Precisamente ésa puede ser la razón por la que no logró el reconocimiento merecido, teniendo en cuenta lo alto que el cineasta había dejado el listón. Aquella década de los 70, y los primeros 80, fue una etapa pródiga en este tipo de cine, cintas de un suspense contenido y personajes solitarios, envueltos en tramas de espionaje y crímenes por resolver. Gene Hackman, como el John Travolta de Impacto, la peli de De Palma tan vinculada a ésta por estilo y referencias, es un tipo inmerso en una historia de la que tendrá que salir indemne buscando pistas y resolviendo enigmas. Y, como en aquella película, usará sus conocimientos acerca de los métodos de captura de sonido e imágenes para salvar su trasero.

Como en tantas películas memorables, un trabajo rutinario desencadena el problema. Hackman se dedica a espiar, trabajando para todo aquel que quiera contar con sus servicios. La primera secuencia nos sirve para conocer ese trabajo, con esa pareja que entabla en una plaza una conversación, la conversación que da título a la película y que provocará los quebraderos de cabeza de nuestro protagonista. Coppola consigue que nos metamos de lleno en el diálogo a pesar de la imposibilidad de que el sonido, como al equipo de Hackman, no nos llega con la nitidez deseada. El director aprovecha ese apasionante comienzo de la película (a pesar de ser filmado con una parsimonia y tranquilidad destacables, resulta realmente emocionante), para demostrar su capacidad para mostrar e insinuar, para trabajar con planos cortos como si fuésemos nosotros, los espectadores, los encargados de espiar a la pareja. A lo largo del metraje vamos conociendo más detalles de la conversación, gracias a los trabajos del protagonista y a la necesidad de conocer datos que le permitan esclarecer el asunto.

Aquellas películas resultan ahora tremendamente entrañables, teniendo en cuenta lo mucho que el género ha cambiado. Hoy los thrillers son más directos y, sobre todo, ruidosos, y no sólo por que les incluyan las inevitables escenas de acción. Coppola se sirve de pocos personajes, a los que desmenuza en su personalidad para regocijo del espectador, y les sitúa en un estado de ansiedad propio de la época, con el caso Watergate en boca de todos, como desencadenante de aquella obsesión por la privacidad y la seguridad.

Gene Hackman es el motor de la película, solventando su papel con una maestría impresionante. Hackman es otro hijo inequívoco de los 70, década en la que encadenó registros excelentes como los de La aventura del Poseidón, French Connection, Un Puente Lejano o Superman. El resto del reparto está formado por intérpretes excelentes, con un primerizo pero solvente Harrison Ford, la estupenta Teri Garr y el inolvidable John Cazale, cuya breve filmografía (falleció prematuramente en 1978) está formada por El Padrino, La conversación, El Padrino II Tarde de Perros. Casi nada…

Puede que, vista hoy, a las nuevas generaciones les cueste entrar en una película como La conversación, y más si pensamos en los artilugios tan desfasados que se ven. Pero también puede ser que, ahora, en este tiempo de iPods, consolas y nuevas tecnologías, apreciemos de forma más justa los méritos de una película que mostraba el camino para quienes pretendiesen hacer cine con pocos medios pero importantes dosis de talento e imaginación. Era lo que hacía Francis Ford Coppola en los 70, a través de su mítica American Zoetrope, mucho antes de que se empeñase en rodar películas infumables.

Escuchad la conversación…

//www.imdb.com/title/tt0071360/