Planta 4ª / Farmacia de guardia; La última guardia

Por primera vez en el blog, y como preámbulo de los inmediatos nuevos tiempos, dedico una entrada a dos películas, lo que además me permite dedicar un pequeño homenaje a Antonio Mercero, un cineasta entrañable al que merecidamente se le entregó un Goya honorífico en la última edición. Mercero, aquejado por una dura enfermedad, no volverá a rodar nunca más, pero siempre será recordado por una inusual habilidad para empatizar con el espectador, en el cine o en la tele, gracias a sus producciones que ofrecían exactamente lo que el público anhelaba. Planta 4ª fue su penúltima película, antes de despedirse con ¿Y tú quién eres?, una emotiva reflexión sobre el alzheimer que tristemente se convirtió en un legado ajustado a su estado de salud actual.

Antonio Mercero es un director reconocido, pero curiosamente no lo suficiente teniendo en cuenta que se trata del creador de algunos de los iconos televisivos más importantes de nuestra historia. Todo el mundo conoce Verano Azul o Farmacia de Guardia, pero no todos saben el nombre de su responsable. En las dos producciones televisivas Mercero mostró dos de sus grandes virtudes: la transmisión de emociones mediante historias tiernas y entrañables y su destreza como director de niños o jóvenes intérpretes.

Planta 4ª recoge fielmente esos aspectos, y los traslada con solvencia a una película, ámbito muy distinto al de aquellas dos longevas series de televisión. Se nos cuenta la historia de unos chicos aquejados de cáncer, que desarrollan sus vidas en la planta de oncología de un hospital. Alguien puede pensar que se trata, a priori, de un contexto propicio para parir una de esas historias conmovedoras, trágicas y lacrimógenas que, ciertamente, tienen su público. Pero lo mejor del trabajo de Mercero, como guionista y director, es su capacidad para impregnar a la película de un tono adecuado, sin caer en el buenismo ni lo empalagoso, ni, por supuesto, en la lágrima fácil. Con ese grupo de chicos disfrutamos, y quien nos cuenta su historia se encarga de recordarnos, con maestría, el verdadero drama que viven. Nos habla de ese drama, pero de la esperanza por salir adelante, con un tono cómico al que contribuyen sus protagonistas, encabezados por uno de los mayores talentos innatos que nuestro cine ha recogido en los últimos tiempos.

Juanjo Ballesta demuestra que para actuar bien no son necesarios los métodos ni las trascendentales preparaciones del papel. Uno se lo imagina en el set, esperando a que Antonio Mercero gritase "acción!", para meterse en la piel de un chico aquejado de una terrible enfermedad que afronta con valentía y entereza, justo después de haber aparcado el bocata o la consola. Talento e intuición se llama eso.

Y, con él, aunque inevitablemente a su sombra, Luís Ángel Priego y Gorka Moreno, compañeros fatigas y enfermedad, también estupendos en sus registros.

Y, por supuesto, Antonio Mercero en la dirección, capaz de conmover sin pasarse, de resultar tierno pero no merengón, y, ante todo, de entretener al personal, algo que no muchos saben hacer.

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt0319917/

Peor consideración merece Farmacia de guardia; La última guardia, un epílogo de aquella serie televisiva que triunfó a principios de los 90, y que Antena 3 emitió en formato de tv-movie hace unos meses. La inevitable ausencia de Antonio Mercero en la dirección y el guión se nota, y mucho, a la hora de volver a presentar a unos personajes que muchos no habían olvidado.

Nunca fui yo un fan acérrimo de Farmacia de Guardia. Como serie larga, que se mantuvo en emisión tantos años, contaba con capítulos divertidos, y con muchos realmente ñoños y aburridos. Pero sí es cierto que volvía a contar con las virtudes que habían mostrado muchos de los anteriores trabajos de su responsable, y, además, nos devolvía al barrio, a la pequeña localización en donde varios personajes vivía, y sentían. Era una serie costumbrista, aspecto éste en el que Mercero (junto con Vicente Escrivá) era un auténtico maestro. Los personajes estaban bien definidos y resultaban casi de la familia, a pesar de que los guiones no siempre estaban a la altura.

La última guardia es un sentido homenaje a aquella serie que triunfó y logró audiencias legandarias, pero carece de la chispa y el toque mágico de su creador. De hecho, por momentos, parece un compendio de lo peor de su predecesora, con situaciones grotescas y escenas demasiado blandas.

Aunque, lo peor, quizás sea la rotundidad con la que el paso del tiempo ha hecho mella. Concha Cuetos resultaba mucho más natural antes, cuando ese lastre llamado cirugía estética no había aparecido. Carlos Larrañaga, enorme actor, parece huérfano de Mercero, exagerando los tics de su personaje hasta la extenuación. Esas imágenes al principio, en las que se nos cuentan las andanzas de los personajes tras el último episodio emitido hace años, permiten la triste comparación. Sin embargo, el genial Álvaro de Luna sigue siendo grande.

Mi puntuación en IMDB:4.

//www.imdb.com/title/tt1594507/

Sirva esta entrada como sentido homenaje a Antonio Mercero. Sólo por La cabina, merece ser recordado. Que lo lleves lo mejor que puedas, maestro…