Entrelobos

La historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño que vivió varios años al amparo de lobos y demás criaturas del bosque en las décadas de los 40 y 50, era un material perfecto para hacer una película. Y eso sirve para cumplir dos objetivos ineludibles para nuestra pequeña industria: ofrecer buenas e interesantes historias, y además servir de novedad indiscutible desde el punto de vista argumental y estilístico teniendo en cuenta la idiosincrasia de nuestro cine. Es lógica la buena aceptación que está teniendo una película difícil, distinta, tan apartada de los clichés y estereotipos habituales en nuestro cine. Le falta algo, un pequeño toque de épica producto, quizás, de la falta de costumbre, pero estamos ante una película bien rodada y bien interpretada.

Estoy convencido de qué hubiesen hecho los americanos con semejante historia. Truffaut, en El niño salvaje, centró sus esfuerzos en llamar la atención sobre la necesidad de socializar para que el individuo se realice plenamente, y utilizó la historia para rodar casi un documental. En Hollywood hubiesen tirado de épica, de heroísmo, para crear un producto llamativo, probablemente con algunas licencias argumentales respecto a la verdadera historia, pero siempre logrando la aceptación del público, y, por supuesto una jugosa taquilla.

Gerardo Olivares buscar recrear fielmente esa historia del niño que crece con la única compañía de los animales cuando el pastor que le había acogido fallece. Su compromiso con los hechos reales impide que la película fluya mejor, con más agilidad, y hasta se echan de menos más escenas con los magníficos secundarios, Carlos Bardem, Antonio Dechent, Dafne Fernández, Sancho Gracia y el sorprendente Carlos Cano.

No hay ningún reproche que se le pueda hacer. La película presenta una factura impecable, y los dos jóvenes encargados de poner rostro al personaje, Manuel Camacho y el genial Juanjo Ballesta, están soberbios. Lo mejor, como sostenía al principio, es esa sensación de aire fresco en nuesto cine, de demostrar, una vez más, que no es tan difícil salirse de los cánones establecidos y ofrecer cosas nuevas. Entrelobos, concretamente, tiene la virtud de satisfacer a un amplísimo espectro de potenciales espectadores, y quien esto escribe compartió butacas con gente de edades muy diversas, lo que pone de manifiesto el acierto que sin duda ha supuesto apostar por esta historia.

Mi puntuación en IMDB:6.

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