The Walking Dead (1ª temporada)

Habrá que empezar diciendo que no he leído el cómic de Robert Kirkman, algo que espero solventar en las próximas fechas teniendo en cuenta las excelentes críticas que está recibiendo. Me entregué, por tanto, a The Walking Dead, simplemente con la expectación lógica de quien espera encontrarse una buena serie de terror, género que no abunda en el ámbito de la ficción televisiva, a lo que había que añadir la presencia de Frank Darabont como director y guionista. Ha triunfado, ha tenido éxito y, afortunadamente, ha sido renovada. A mi estos séis capítulos me han dejado un sabor agridulce. Vamos a ello…

AMC es esa cadena estadounidense que quiere pugnar con HBO por hacerse con un trozo del pastel de las audiencias de los canales de pago. No ofrece, por tanto, series convencionales, como tampoco lo hace la responsable de Los Soprano o Boardwalk Empire. Se trata de ganarse al espectador a través de productos de calidad, repletos de nombres ilustres en la plantilla de responsables. Frank Darabont es el director de Cadena Perpetua, La Milla Verde y La Niebla, y Robert Kirkman es el responsable del cómic en el que se basa la serie, alabado por todos los sectores del noveno arte. La adaptación de su obra era muy esperada y parece que ha cumplido con las expectativas. Mi anterior acercamiento a series de AMC fue bastante desalentador, ya que el remake de la mítica serie El Prisionero (cuya crítica colgué en su día en mi blog de la web de la revista Acción), protagonizada por Ian McKellen y Jim Caveziel, y la historia de espionaje Rubicon no me dejaron precisamente satisfecho. The Walking Dead me ha gustado, pero he tenido la sensación de asistir a una terrible oportunidad perdida, aunque supongo que se habrán guardado lo mejor para las temporadas venideras. Pero ha habido problemas que yo, al menos, no esperaba encontrar.

El género de los zombies está tremendamente acotado por las bases impuestas en su día por George A. Romero, hasta el punto de que ninguna producción posterior que se precie, cinematográfica o televisiva, parece atreverse a saltarse esos preceptos. Romero estaba presente en los 28 Días Después de Danny Boyle y en el Amanecer de los Muertos de Zack Snyder, dos de los películas más unánimemente consideradas. Como ellas, The Walking Dead toma la idea del grupo de humanos que sobreviven al apocalipsis, tejiendo esas relaciones que en su día los que asistieron al estreno de La Noche de los Muertos Vivientes asumieron como un estudio perfecto de la conducta humana bajo determinadas situaciones. En ese sentido, Romero apuró más la idea en la segunda de sus películas, Dawn of the Dead, con aquellos personajes recluídos en el centro comercial. Darabont, como adaptador del tebeo de Kirkman, aprovecha la supuesta necesidad de ajustarse a la premisa para ajustar también el presupuesto, y como no podía ser de otro modo ya abundan los defensores de la serie, acérrimos, que sostienen que The Walking Dead, versión televisiva, no presenta más acción porque es una historia sobre personajes humanos, y no sobre zombies. Yo, asumiendo el principio, echo en falta más acción, sobre todo teniendo en cuenta que desde el punto de vista de sus personajes, la serie está más que coja.

En efecto, sostengo que no abundan los personajes interesantes. De un reparto numeroso sólo puedo quedarme con los dos policías, y ni siquiera la guapa Sarah Wayne Callies, protagonista de Prison Break y pugna sentimental de los dos tíos, termina de convencerme. Los demás me parecen meros acompañantes carentes de carisma e interés, y de ahí surge mi petición de más caña, más acción y más zombies. Y, por cierto, ¿dónde está Michael Rooker?

Porque, como decía antes, tratándose de un producto de AMC, la serie presenta una factura impecable, y esos dos primeros episodios, repletos de muertos vivientes, resultan ciertamente sobresalientes. Como Darabont sabía que tenía que ganarse a la audiencia, nos brindó un desparrame de putrefactos seres y escenas espectaculares, con esa del tanque por encima de todas ellas. Hasta la historia de la familia cuya madre había sido infectada, y que visita cada día su antigua casa para desesperación de padre e hijo, resultó brillante.

A partir de ahí, la serie, en mi opinión, empeoró bastante. Ninguno de los restantes episodios resultó aburrido ni plúmbeo, pero me quedé con la sensación de que el dinero escaseaba, de que estaban con el freno de mano. Los zombies empezaron a ausentarse, aunque cuando aparecían resultaban todo lo repugnantes y creíbles que nos podíamos imaginar. Y el último episodio, el sexto, fue la decepción definitiva, con esa historia del centro de investigación habitado por el buen actor que es Noah Emmerich, metida con calzador, que nos deja con ganas de que todo se solvente en la segunda temporada. Y ya puestos, justo es decir también que no parece lógico hacernos esperar un año, ya que esa segunda entrega llegará en octubre de 2011. Lamentable.

Me quedo, de todas formas, con lo bueno. The Walking Dead es una buena serie sobre zombies, aunque sea la única (creo) que hay. Y me quedo con esos dos primeros episodios, que me hicieron pensar que estaba ante una serie apasionante, que reuniría lo mejor del cine de muertos vivientes, con Romero y Snyder a la cabeza, con los ingentes medios de una producción de primer orden, todo bajo la batuta de ese cineasta de culto que es Frank Darabont.

Toca esperar, y mucho…