Entrelobos

La historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño que vivió varios años al amparo de lobos y demás criaturas del bosque en las décadas de los 40 y 50, era un material perfecto para hacer una película. Y eso sirve para cumplir dos objetivos ineludibles para nuestra pequeña industria: ofrecer buenas e interesantes historias, y además servir de novedad indiscutible desde el punto de vista argumental y estilístico teniendo en cuenta la idiosincrasia de nuestro cine. Es lógica la buena aceptación que está teniendo una película difícil, distinta, tan apartada de los clichés y estereotipos habituales en nuestro cine. Le falta algo, un pequeño toque de épica producto, quizás, de la falta de costumbre, pero estamos ante una película bien rodada y bien interpretada.

Estoy convencido de qué hubiesen hecho los americanos con semejante historia. Truffaut, en El niño salvaje, centró sus esfuerzos en llamar la atención sobre la necesidad de socializar para que el individuo se realice plenamente, y utilizó la historia para rodar casi un documental. En Hollywood hubiesen tirado de épica, de heroísmo, para crear un producto llamativo, probablemente con algunas licencias argumentales respecto a la verdadera historia, pero siempre logrando la aceptación del público, y, por supuesto una jugosa taquilla.

Gerardo Olivares buscar recrear fielmente esa historia del niño que crece con la única compañía de los animales cuando el pastor que le había acogido fallece. Su compromiso con los hechos reales impide que la película fluya mejor, con más agilidad, y hasta se echan de menos más escenas con los magníficos secundarios, Carlos Bardem, Antonio Dechent, Dafne Fernández, Sancho Gracia y el sorprendente Carlos Cano.

No hay ningún reproche que se le pueda hacer. La película presenta una factura impecable, y los dos jóvenes encargados de poner rostro al personaje, Manuel Camacho y el genial Juanjo Ballesta, están soberbios. Lo mejor, como sostenía al principio, es esa sensación de aire fresco en nuesto cine, de demostrar, una vez más, que no es tan difícil salirse de los cánones establecidos y ofrecer cosas nuevas. Entrelobos, concretamente, tiene la virtud de satisfacer a un amplísimo espectro de potenciales espectadores, y quien esto escribe compartió butacas con gente de edades muy diversas, lo que pone de manifiesto el acierto que sin duda ha supuesto apostar por esta historia.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1417582/

Skyline

Me encantan las películas sobre alienígenas invasores, los que vienen aquí con intenciones radicalmente opuestas a las de mi querido E.T. Todos guardamos en la memoria imágenes impactantes de invasiones, desde la versión clásica de La Guerra de los Mundos, de Byron Haskin, hasta Independence Day, pasando por aquel icono televisivo que fue V en los 80. Las naves enormes, imperiales, agrupándose en nuestros cielos con intenciones hostiles, componen imágenes inolvidables, sobrecogedoras, aunque en muchas ocasiones lo que viene después es menos estimulante. Skyline insiste en todo eso, en la aterradora invasión y en los efectos sobre un determinado grupo de personas, siendo éste, precisamente, el aspecto en el que más se aleja de aquellas producciones. Nadie espera ver en estas pelis personajes profundos y de múltiples e interesantes aristas, pero tampoco perfiles tan absurdos y planos como los que aquí tenemos.

La principal razón de semejante carencia es, supongo, la intención de los hermanos Strause, directores de la película, de mostrar claramente sus intenciones. Quieren ofrecer serie B pura y dura, aunque su obra cuente con varios planos digitales ciertamente meritorios, y muy alejados del cartón piedra más habitual en esas producciones. En ese sentido, Skyline se disfruta plenamente, pero se ve perjudicada por la importante porción de metraje que los protagonistas acaparan. Todos ellos son meros cachos de carne, un puñado de rostros atractivos que componen un plantel de personalidades vacías y carentes del mínimo empaque, y que hacen que, por ejemplo, los perfiles de Independence Day sean recordados. Aquel presidente americano piloto de caza, aquel borracho que se carga a los aliens con su maniobra, aquel científico escéptico, aquella stripper…

En cambio, aquí nada de nada. Y la inoperancia de esos personajes perjudica demasiado a una cinta que, por otra parte, cumple más que de sobra en el aspecto meramente freak. Sus efectos visuales son más que correctos y los bichejos resultan imponentes. Y cuenta además Skyline con una de esas imágenes que se te quedan en la retina, como es la de todos esos seres humanos que son absorbidos por la nave, y que hábilmente los responsables de la cinta han escogido como elemento promocional.

Tenemos, por tanto, una estimable película de extraterrestres invasores que nada ofrece desde el punto de vista de historia y, sobre todo, personajes. La capacidad de goce dependerá, entonces, de la importancia que cada uno otorgue a esa cuestión. Los hermanos Strause patinaron, siendo benévolos, con la segunda parte de Alien vs. Predator, y se muestran aquí mucho más solventes en una película que recupera el aspecto meramente evasivo de la ciencia ficción. Cuando los bichos atacan, volvemos a los 50, a la sci fi entrañable que nos situaba en pequeños pueblos de la América profunda, a Los Invasores de Marte, a Cuando los Mundos Chocan o a La Tierra contra los Platillos Volantes…Y por el aspecto formal de los seres, uno se sitúa justo después del final de La niebla, la estupenda película que Frank Darabont nos regaló hace un par de años.

Lástima de personajes, pero yo me lo he pasado bien.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1564585/

Planta 4ª / Farmacia de guardia; La última guardia

Por primera vez en el blog, y como preámbulo de los inmediatos nuevos tiempos, dedico una entrada a dos películas, lo que además me permite dedicar un pequeño homenaje a Antonio Mercero, un cineasta entrañable al que merecidamente se le entregó un Goya honorífico en la última edición. Mercero, aquejado por una dura enfermedad, no volverá a rodar nunca más, pero siempre será recordado por una inusual habilidad para empatizar con el espectador, en el cine o en la tele, gracias a sus producciones que ofrecían exactamente lo que el público anhelaba. Planta 4ª fue su penúltima película, antes de despedirse con ¿Y tú quién eres?, una emotiva reflexión sobre el alzheimer que tristemente se convirtió en un legado ajustado a su estado de salud actual.

Antonio Mercero es un director reconocido, pero curiosamente no lo suficiente teniendo en cuenta que se trata del creador de algunos de los iconos televisivos más importantes de nuestra historia. Todo el mundo conoce Verano Azul o Farmacia de Guardia, pero no todos saben el nombre de su responsable. En las dos producciones televisivas Mercero mostró dos de sus grandes virtudes: la transmisión de emociones mediante historias tiernas y entrañables y su destreza como director de niños o jóvenes intérpretes.

Planta 4ª recoge fielmente esos aspectos, y los traslada con solvencia a una película, ámbito muy distinto al de aquellas dos longevas series de televisión. Se nos cuenta la historia de unos chicos aquejados de cáncer, que desarrollan sus vidas en la planta de oncología de un hospital. Alguien puede pensar que se trata, a priori, de un contexto propicio para parir una de esas historias conmovedoras, trágicas y lacrimógenas que, ciertamente, tienen su público. Pero lo mejor del trabajo de Mercero, como guionista y director, es su capacidad para impregnar a la película de un tono adecuado, sin caer en el buenismo ni lo empalagoso, ni, por supuesto, en la lágrima fácil. Con ese grupo de chicos disfrutamos, y quien nos cuenta su historia se encarga de recordarnos, con maestría, el verdadero drama que viven. Nos habla de ese drama, pero de la esperanza por salir adelante, con un tono cómico al que contribuyen sus protagonistas, encabezados por uno de los mayores talentos innatos que nuestro cine ha recogido en los últimos tiempos.

Juanjo Ballesta demuestra que para actuar bien no son necesarios los métodos ni las trascendentales preparaciones del papel. Uno se lo imagina en el set, esperando a que Antonio Mercero gritase "acción!", para meterse en la piel de un chico aquejado de una terrible enfermedad que afronta con valentía y entereza, justo después de haber aparcado el bocata o la consola. Talento e intuición se llama eso.

Y, con él, aunque inevitablemente a su sombra, Luís Ángel Priego y Gorka Moreno, compañeros fatigas y enfermedad, también estupendos en sus registros.

Y, por supuesto, Antonio Mercero en la dirección, capaz de conmover sin pasarse, de resultar tierno pero no merengón, y, ante todo, de entretener al personal, algo que no muchos saben hacer.

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt0319917/

Peor consideración merece Farmacia de guardia; La última guardia, un epílogo de aquella serie televisiva que triunfó a principios de los 90, y que Antena 3 emitió en formato de tv-movie hace unos meses. La inevitable ausencia de Antonio Mercero en la dirección y el guión se nota, y mucho, a la hora de volver a presentar a unos personajes que muchos no habían olvidado.

Nunca fui yo un fan acérrimo de Farmacia de Guardia. Como serie larga, que se mantuvo en emisión tantos años, contaba con capítulos divertidos, y con muchos realmente ñoños y aburridos. Pero sí es cierto que volvía a contar con las virtudes que habían mostrado muchos de los anteriores trabajos de su responsable, y, además, nos devolvía al barrio, a la pequeña localización en donde varios personajes vivía, y sentían. Era una serie costumbrista, aspecto éste en el que Mercero (junto con Vicente Escrivá) era un auténtico maestro. Los personajes estaban bien definidos y resultaban casi de la familia, a pesar de que los guiones no siempre estaban a la altura.

La última guardia es un sentido homenaje a aquella serie que triunfó y logró audiencias legandarias, pero carece de la chispa y el toque mágico de su creador. De hecho, por momentos, parece un compendio de lo peor de su predecesora, con situaciones grotescas y escenas demasiado blandas.

Aunque, lo peor, quizás sea la rotundidad con la que el paso del tiempo ha hecho mella. Concha Cuetos resultaba mucho más natural antes, cuando ese lastre llamado cirugía estética no había aparecido. Carlos Larrañaga, enorme actor, parece huérfano de Mercero, exagerando los tics de su personaje hasta la extenuación. Esas imágenes al principio, en las que se nos cuentan las andanzas de los personajes tras el último episodio emitido hace años, permiten la triste comparación. Sin embargo, el genial Álvaro de Luna sigue siendo grande.

Mi puntuación en IMDB:4.

//www.imdb.com/title/tt1594507/

Sirva esta entrada como sentido homenaje a Antonio Mercero. Sólo por La cabina, merece ser recordado. Que lo lleves lo mejor que puedas, maestro…

Centurión

La historia es sobradamente conocida: durante los primeros años de la primera década del nuevo siglo triunfó la épica, aderezada con la fantasía y con abundancia de batallas entre ejércitos mastondónticos. El Gladiator de Ridley Scott abrió la veda, y la trilogía de El Señor de los Anillos puso el listón en un nivel inalcanzable. Poco importó a un mercado acostumbrado a aprovechar el éxito de una tendencia, y tuvimos cine épico para dar y tomar. Ahora, ya pasada la fiebre, llegan algunos productos que se enganchan a un cine siempre atractivo. Centurión nos llega de la mano de Neil Marshall, a quien todo el mundo alabó por The Descent, aunque yo siempre preferí Dog Soldiers, aquella curiosa peli de hombres lobo. Pero las dos se quedan por detrás de esta estupenda película, un refrito de cosas mil veces vistas que funciona por su falta de pretensiones y por la audacia de su director a la hora de filmar las escenas de acción. Me ha gustado mucho Centurión.

Marshall no engaña a nadie. Es director de cine de género, y se adentra en los terrenos de la épica y el peplum ofreciendo lo que de él se esperaba: leña al mono. La historia de la conquista del ejército romano de todo lo que podía, la idiosincrasia de unos soldados nacidos para la lucha, son la excusa perfecta para asistir, de la mano de un director competente, a un recital de acción, sangre y espadazos. Como si los 300 de Zack Snyder se fusionasen con aquel Máximo encarnado por Russel Crowe, Centurión no da tregua, abandonando toda pretensión histórica e incluso sacrificando cualquier virtud argumental para dar prioridad a lo que el espectador menos exigente quiere. Se incluyen unos personajes excesivos y un par de giros en la trama, con estereotipos que sorprenden pero que terminamos por identificar, y tenemos una peli de acción protagonizada por unos cuantos centuriones. Y a disfrutar.

El reparto se ajusta a la perfección a esos deseos del cineasta. Son rostros y cuerpos nacidos para lo que aquí hacen. Michael Fassbender y Dominic West se mueven como pez en el agua entre la nieve y los terrenos abruptos de la confrontación física. Y Olga Kurylenko ofrece un papel mucho más interesante que aquella participación en la bobada de Quantum of Solace, aunque aquí no hable. Y, para el fandom más perspicaz, contamos con Paul Freeman, el magnífico Belloq de En busca del arca perdida.

Que nadie espere, pues, lecciones de historia. Si el cine en la actualidad da prioridad a lo visual, a lo contundente, mejor que tipos como Neil Marshall se encarguen de ello. No digo yo que sea conveniente abandonar lo otro, pero en ocasiones, una buena sesión de sangre y crueldad a cargo de estos soldadetes romanos no está de más. Y, de propina, una ambientación y un cásting de lo más interesante. Estamos ante la mejor película sin discusión de un director que cada vez parece mejor, y que desde luego supera a muchos compañeros de generación, como los sobrevalorados Alexandre Aja, Eli Roth o Rob Zombie.

Quien no se divierta con Centurión, tiene un problema…

Dedicaré este largo puente a ver pelis, y a pensar en la nueva andadura que tendrá el blog en las próximas fechas. El jueves volveré por aquí. Pasémoslo bien, seamos felices y vayamos al cine…

Mi puntuación en IMDB:7.

//www.imdb.com/title/tt1020558/

Mario Monicelli (1915-2010)

Menuda racha infame…Del planeta helado de Dagobath al neorrealismo italiano, de las aventuras interestelares a la comedia italiana… Tras Irvin Kershner, nos ha dejado Mario Monicelli, uno de los grandes del cine italiano, precursor de un género inequívocamente latino, que instauró y formalizó en su país, junto a otros no menos grandes de su misma o próxima generación.

Monicelli se tiró por la ventana de la habitación del hospital en el que estaba ingresado para tratarse de un cáncer que llevaba sufriendo desde hacía un tiempo. Quiso poner fin a su vida antes que vivir lo que le quedaba sin la posibilidad de mantener la sonrisa permanente que su cine provocaba. Un cine que le llevó a trabajar con sus más grandes compatriotas: Mastroianni, Vittorio Gassman, Claudia Cardinale, Alberto Sordi…

Comenzó a dirigir en 1953, tras haber participado en un importante número de películas como ayudante de dirección, y terminó dirigiendo 65 películas. Fue nominado al Óscar al mejor guión por Camaradas y Casanova 70, y obtuvo además nominaciones como responsable de cintas candidatas al premio a la mejor película en habla no inglesa, concretamente por Rufufú, La gran guerra y La ragazza con la pistola.

A ver si la guadaña nos da una tregua por un tiempo. Descanse en paz, Mario Monicelli…

//www.imdb.com/name/nm0598102/

 

Irvin Kershner (1923-2010)

En el mundo de la música son frecuentes los éxitos puntuales, obtenidos por grupos o intérpretes que adquieren relevancia con un único trabajo, un único álbum o, incluso, una única canción. Generalmente se trata de astutas operaciones de márketing encaminadas a la rentabilidad jugosa e inmediata, para caer en el absoluto olvido después. Y, no lo neguemos, todos solemos referirnos a esos éxitos con cierta condescendencia cuando no con desprecio. En el mundo del cine también existen creadores de un sólo éxito, aunque, en el caso del que hoy tristemente me toca hablar, el exitoso producto se convirtió en una de las mejores películas de la historia del cine. Se ha muerto Irvin Kershner, director de El Imperio Contraataca.

Doy por hecho que semejante afirmación puede parecer exagerada. Pero lo sostengo con contundencia. Y creo que en la consideración hacia esta maravillosa película por parte de la crítica han influído tres aspectos fundamentales. En primer lugar su condición de secuela, ya que todos sabemos lo mucho que detesta la crítica semejante etiqueta, salvo la perpetua excepción de El Padrino II. En segundo lugar el hecho de que se trate de una película perteneciente a una saga mítica e icónica, lo que provoca que casi siempre se contemple el todo en lugar de las partes. Y, finalmente, su director, ese Irvin Kershner carente de una filmografía repleta de películas destacables. Pero la película ahí está, y el desarrollo en los 80 del cine en casa ha permitido que las nuevas generaciones la sitúen en el lugar que se merece. Antes, en 1977, Star Wars obtuvo algunas críticas negativas, aunque poco después casi todos la reconocieron como una obra maestra del cine de ciencia ficción en particular y del séptimo arte en general. Pero, lo que parecía imposible, mejorar aquella primera película, lo logró Kershner con la competencia de quien conocía sobradamente el oficio.

Su mayor virtud fue combinar el hecho de que estaba rodando una película de Star Wars, con todo lo que ello implicaba, con su pericia como cineasta, a pesar de que no había rodado anteriormente más que unas pocas películas olvidables y muchos episodios televisivos. Justo antes de El Imperio... había obtenido un moderado éxito con Ojos, un thriller protagonizado por Tommy Lee Jones y Faye Dunaway, y cuando Lucas le contrató fue como si el veterano cineasta tomase el relevo del joven emprendedor, algo así como "tienes algo bueno entre manos chaval, déjame hacerlo a mi…".

Y vaya si lo hizo. Creó una maravillosa película de aventuras, contando además con las ventajas de contar con el mejor guión de la saga y con un grupo de actores ya perfectamente embutidos en sus personajes. Y él, como buen director de orquesta, dejó que los excelentes elementos que Lucas había puesto a sus disposición se combinasen para engendrar una película perfecta, emocionante, apasionante y trepidante.

Quizás enganchado a las sagas más comerciales y exitosas, su siguiente película fue Nunca digas nunca jamás, el proyecto bastardo sobre James Bond que sólo pudo rodarse cuando concluyeron las disputas acerca de los derechos del personaje. Sean Connery aceptó ponerse de nuevo en la piel de 007 a cambio de un jugoso cheque, y Kim Basinger y Barbara Carrera fueron sus compañeras de reparto. Resultó ser una floja película perjudicada por la competencia de la peli "oficial" de Bond, Octopussy, estrenada en aquel mismo 1983, año además en el que se estrenó también la tercera de Star Wars, El Retorno del Jedi (si Lucas hubiese mantenido a Kershner en lugar de contratar a Richard Marquand…)

Pero peor fue Robocop 2, su siguiente película, que contó con un horrendo guión de Frank Miller. Kershner se despidió como director con un capítulo de Sea Quest, como si quisiese seguir formando parte del fenómeno fandom al que se había ganado con la película por la que siempre se le recordará.

Descanse en paz, Irvin Kershner, y que la fuerza te acompañe…

//www.imdb.com/name/nm0449984/

Ladrones

En la próxima gala de los Óscar la emotiva sección que recuerda a las personalidades fallecidas tendrá que ser algo más larga…El último en dejarnos ha sido Irvin Kershner, director de El Imperio Contraaaca, y mañana le dedicaré la entrada que se merece. Hoy vuelvo a la cartelera, para hablar de una nueva peli sobre ladrones y atracadores, que me recuerda a un fenómeno recurrente en Hollywood en las últimas décadas…

Que yo recuerde, todo empezó a finales de los 80. El panorama cinematográfico nos ofreció dos versiones de una misma obra clásica, Las Amistades Peligrosas, estrenadas casi al mismo tiempo, y dirigidas por Stephen Frears y Milos Forman. Más tarde casi coinciden en los cines el Robin Hood de Kevin Costner con otro menos ambicioso titulado Robin Hood El Magnífico, protagonizado por Patrick Bergin y Uma Thurman. Seguimos con HormigaZ y Bichos, dos propuestas animadas muy parecidas a cargo de Dreamworks y Pixar, que también llegaron de la mano. Por no hablar de Deep Impact y Armaggeddon, casi idénticas y coetáneas. Y puede que me olvide de algún caso, que, no obstante, estará seguramente recogido en uno de los primeros artículos que publiqué en mi blog de la web de la revista Acción (buscadlo y confirmad si falta alguno…). Este argumento viene a cuento porque tenemos en cartelera Ladrones, cuando hace poco más de un mes teníamos The Town, Ciudad de Ladrones, la estupenda película de Ben Affleck.

Y éste es el principal problema de una película que podría haber tenido mejor acogida de no haber coincidido en el tiempo con la otra. Estamos ante el típico producto de intenciones inequívocamente comerciales que trata de no dejar ningún cabo suelto para justificar una buena taquilla. Pero, claro, cuando tienes en la retina otra película de temática parecida mucho más elaborada y solvente, las carencias quedan al descubierto. Si Affleck en su película se preocupó por los personajes y el guión, Ladrones se ocupa básicamente de ofrecer una historia convencional, procurando no caer en errores garrafales, sin importarle la previsibilidad ni el poco desarrollo de unos personajes de los que puede que nos interesase saber más.

No debemos de olvidar que estamos ante una producción de Sony Pictures, por lo que predominarán otras cosas. Se trata de buscar la complicidad con el espectador a través de la acción, el montaje frenético y los clichés. The Town no era absolutamente rompedora en cuestiones formales, pero sí lograba trascender mucho más. Ladrones se queda en un correcto thriller, de evidentes virtudes y defectos.

Puede que lo mejor sea el interesante grupo de delincuentes, con un Paul Walker algo tapado por sus dos colegas Idris Elba y, sobre todo, un Hayden Christensen que hubiese podido dar mucho más teniendo en cuenta el atractivo perfil de su personaje. Por su parte, Matt Dillon parece haberse quedado con los tics de su excelente papel en Crash. Todos ellos conforman un competente reparto que trata de llevar a la película a un escalón inalcanzable, dejándola en un mero entretenimiento palomitero, que no es poco.

Supongo que no habrá errores evidentes de guión, ni aspectos chirriantes que la descalifiquen de inmediato. El género de robos y atracos, como tantos otros, lleva mucho tiempo encaminado hacia lugares comunes que sólo puntuales cosas como The Town logran sortear. Y si Ladrones se hubiese estrenado hace un par de años hubiese salido perjudicada a su vez por el magnífico Plan Oculto de Spike Lee. Es el problema de hacer una película simplemente correcta.

Mi puntuación en IMDB:6.

//www.imdb.com/title/tt1135084/

 

Leslie Nielsen (1926-2010)

Ya no habrá tantas risas en el mundo a partir de hoy, básicamente porque uno de los principales creadores de carcajadas y placenteros estados de alegría acaba de fallecer. Fueron más de sesenta años de cine, y casi treinta de películas que arrancaron sonrisas entre los espectadores. Leslie Nielsen, uno de los mejores cómicos de las últimas décadas, uno de esos rostros que nos hacen reír con sólo verlo, se ha muerto. Nos ha dejado, además, el comandante del Crucero de los Planetas Unidos C-57D, al que conocimos en esa maravilla del cine de ciencia ficción que es Planeta Prohibido.

Nacido en Canadá, Leslie Nielsen coincidió en el Actor´s Studio con Marlo Brando, quien siempre le recomendó actuar en todo tipo de películas, argumentando que no es actor quien no actúa. Nielsen tomó buena nota, y no le importó redundar en sus papeles cómicos que tanto éxito le acarrearon, tras el cosechado en Aterriza como Puedas. Precisamente ahí le conoció el gran público contemporáneo, al que maravilló con su papel del Dr. Rumack. Era éste un papel hilarantemente serio, hasta el punto de que el actor lo interpretó olvidándose del tipo de película que estaba rodando, lo que provocó el inolvidable registro que todos recordamos. Antes de subirse a aquel inolvidable avión, Nielsen embarcó en una de las más recordadas películas de catástrofes, y para algunos precursora del género, La Aventura del Poseidón.

Tras algún otro papel menos celebrado, se alió con los hermanos Zucker para parir ese género explotado hasta la saciedad. Con ellos participó en Aterriza como Puedas, y posteriormente en Agárralo como Puedas, en donde compuso otro de sus papeles memorables, el del inspector de policía Frank Debrin. El personaje había nacido en la televisión, en una serie creada por David Zucker y protagonizada precisamente por Nielsen, que sólo constó de seis capítulos debido a las bajas audiencias. Y volvimos a disfrutarle en tres películas locas, absurdas y con momentos geniales.

Su rostro estaba ya inequívocamente ligado al humor, y Mel Brooks contó con él para su parodia Drácula, un muerto muy contento y feliz. Los guiones de este tipo le llegaban sin cesar, y volvió a hacernos reír con su parodia de El Exorcista, convenientemente titulada Reposeída, en la que pudimos ver a Linda Blair riéndose del papel que la encumbró.

Y el resto de la historia es por todos conocida. Secuelas de Agárralo…y multitud de pelis con el latiguillo en el título de …como puedas, una nueva saga que parodiaba los éxitos recientes del cine titulada Scary Movie, hasta llegar a la versión española del cine que él popularizó, Spanish Movie.

Será difícil que surja alguien con su vis cómica. Uno ve a tipos como Jim Carrey, Adam Sandler o Will Ferrell y piensa en lo alejados que están de ese creador del humor que era Leslie Nielsen. Y es que estamos hablando de alguien que arrancaba carcajadas sin el apoyo de un guión mínimamente sólido. Sólo necesitaba una mueca, un levantamiento de cejas o un diálogo absurdo para provocar sonrisas. No vamos a negar que el género que engendró estaba ya bajo mínimos, pero siempre, por muy floja que fuese la película, teníamos un gag memorable protagonizado por él.

En el cielo están ya partiéndose de la risa. Allí está Leslie Nielsen. Descanse en paz. 

//www.imdb.com/name/nm0000558/

Un sueño del que nunca despertaremos…

Tenía pensado titular esta entrada El sueño eterno, pero ése es el título de una maravillosa película de Howard Hawks. Hoy me apetece hablar sobre cine, pero no sobre ninguna película en concreto. En ocasiones merece la pena olvidarse un poco de la cartelera (aunque sea viernes y haya estrenos) o de los clásicos, y reflexionar acerca del estado actual de una forma de contar historias que nos permite soñar. Pueden parecer palabras ñoñas, pero yo, que he pasado buena parte de mi vida en las salas de cine, he temido más de una vez por el final, como el niño al que le quitan el caramelo. Y, aún asumiendo el riesgo de que la realidad tumbe mis predicciones algún día, cada vez estoy más seguro de que nunca despertaré del sueño. Podré seguir yendo al cine…

Los tiempos que vivimos hacen que sea inevitable plantearnos la pregunta. Pero no deja de ser, al fin y al cabo, la misma pregunta que nos hacíamos hace décadas. Quienes estamos en la treintena podemos recordar aquellos 90, en los que el auge del cine en casa, con en VHS haciendo estragos, amenazaba a acomodadores, taquilleros y salas oscuras. Fue, quizás, la primera vez que el acto tan usual y placentero de comprar una entrada de cine se puso en cuestión. La razón por la que esos temores vuelven a surgir ahora la encontramos, lógicamente, en la tecnología. La vieja cinta de vídeo no fue rival, y terminó asociándose con un enemigo rocoso al que prefirió unir sus fuerzas antes que claudicar pagando un más alto precio. El cine en casa y el cine en las salas se complementaron, convivieron. Hoy tenemos internet, blu-ray, reproductores de vídeo portátiles…y también asumirán su derrota. Y me da que el 3D no será ese aliado decisivo para el cine que muchos aventuran…

Si hacemos memoria, podremos recordar sin excesivos esfuerzos cuál ha sido la historia de nuestros temores. A mediados de los 80 descubrimos la gozada que suponía ver una película en casa, y yo encontré en los videoclubs el apéndice perfecto de los cines, otra manera de descubir películas, de recordar otras y de empaparme de cine. Fueron muchas las veces en las que entraba a un videoclub justo después de salir del cine, como si quisiese que la fiesta continuase. Entrabas, mirabas las novedades, buceabas en los clásicos, leías las sinopsis, contemplabas las carátulas y te llevabas unas cuantas pelis a casa…Y nunca jamás dejé de ir al cine. Pero claro, no todo el mundo está conectado a los cines por esa simbiosis, y empezaron a aparecer los agoreros: ¿quién querrá ir al cine pudiendo ver la película en casa?

Poco después la televisión creció, llegaron las autonómicas y las privadas, y la consiguiente nueva oferta de películas emitidas. Y llegó el dvd, y la tele digital, el pay per view, internet, el blu-ray…Y, por supuesto, la piratería, que iba a ser el azote de los grandes estudios, el fin…

En lo que pocos cayeron es en el hecho ineludible de que el cine, o, mejor, los cines, como recintos de exhibición cinematográfica, son los auténticos primos de zumosol de todos los demás formatos, por muy numerosos y variados que sean. Me explico. A principios de los 90 proliferaban los videoclubs, que se nutrían, mayormente, de los éxitos más recientes de la cartelera, aunque es cierto que en poco tiempo cualquiera de ellos contaba con una importante oferta de cine clásico. Pero los regentes de aquellos negocios hoy casi extintos basaban su facturación en los beneficios derivados del alquiler y venta de las películas más taquilleras, es decir, de aquellas que habían llevado a mucha gente a las salas de cine. Dicho de otro modo, el videoclub era un negocio rentable por culpa de las salas de cine. El reclamo para que alguien comprase o alquilase una cinta de vídeo era el éxito que el contenido de esa cinta había tenido en su exhibición en otro formato. Es imposible que pelis como el Batman de Tim Burton, o Pretty Woman, o Ghost, o Terminator 2 triunfasen en el formato doméstico si antes no hubiesen sido los fenómenos cinematográficos que fueron cuando se estrenaron en salas.

Es exactamente lo mismo que sucede en la actualidad. Ahora que está a punto de editarse en nuestro país la edición en blue-ray 3D de Avatar, en una maniobra lamentable que obliga al usuario a adquirir un reproductor y una tele de una marca en concreto, podemos preguntarnos si ese lanzamiento casero sería un éxito si la peli de James Cameron no se hubiese estrenado en las salas de cine, o, dicho de otro modo, si no se hubiese convertido en la película más taquillera de todos los tiempos…

Otro ejemplo. Internet ha propiciado la visión de cine on line, a través de emisiones piratas o legales. Pero, en cualquiera de los dos ámbitos, una película será más demandada cuanto mayor haya sido su repercusión en las salas. Igualmente, los abonados a una plataforma de televisión digital pagarán por ver una película dependiendo de su trascendencia obtenida meses atrás en los Kinépolis, Cinebox, Yelmo y demás recintos de exhibición.

Evidentemente habrá momentos buenos y malos, mejores y peores, pero hoy, en este final de 2010, puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que siempre podremos ir al cine. Y no porque nos brinden la posibilidad de ver películas en 3D (de hecho apuesto por la progresiva finalización de ese boom que a mi empieza a hartarme), sino por la necesidad de que papá siga alimentando a sus hijitos.

Seguiremos soñando, seguiremos yendo al cine…

La conversación

Que los árboles nos permitan ver el bosque, que no nos quedemos con lo último, por muy horrendo que sea, que recordemos lo anterior, mucho más cerca de la excelencia que lo malo de la maldad más absoluta. Coppola es uno de los grandes, aunque últimamente él mismo se empeñe en demostrar lo contrario. Algún día, por supuesto, me dará por hablar de El Padrino, la inolvidable saga de la que sus dos primeras entregas justificarían por si solas la incursión de su responsable en un selecto grupo de escogidos. El Coppola de aquellos 70 y 80 era un cineasta con mayúsculas, creador de historias emocionantes y cautivadoras, y poseedor de una técnica depurada. En 1974 estrenó La conversación, pequeña película repleta de detalles llamativos en la actualidad, que, a pesar de los muchos cambios producidos en el ámbito que recoge (los utensilios tecnológicos que usa el protagonista para espiar), se ve hoy en día como un divertido thriller perfectamente adaptado a aquella época. Fue la película que nos presentó justo después de mostrarnos a los Corleone, y, aunque no es tan buena como El Padrino, es otra muestra de talento…

Precisamente ésa puede ser la razón por la que no logró el reconocimiento merecido, teniendo en cuenta lo alto que el cineasta había dejado el listón. Aquella década de los 70, y los primeros 80, fue una etapa pródiga en este tipo de cine, cintas de un suspense contenido y personajes solitarios, envueltos en tramas de espionaje y crímenes por resolver. Gene Hackman, como el John Travolta de Impacto, la peli de De Palma tan vinculada a ésta por estilo y referencias, es un tipo inmerso en una historia de la que tendrá que salir indemne buscando pistas y resolviendo enigmas. Y, como en aquella película, usará sus conocimientos acerca de los métodos de captura de sonido e imágenes para salvar su trasero.

Como en tantas películas memorables, un trabajo rutinario desencadena el problema. Hackman se dedica a espiar, trabajando para todo aquel que quiera contar con sus servicios. La primera secuencia nos sirve para conocer ese trabajo, con esa pareja que entabla en una plaza una conversación, la conversación que da título a la película y que provocará los quebraderos de cabeza de nuestro protagonista. Coppola consigue que nos metamos de lleno en el diálogo a pesar de la imposibilidad de que el sonido, como al equipo de Hackman, no nos llega con la nitidez deseada. El director aprovecha ese apasionante comienzo de la película (a pesar de ser filmado con una parsimonia y tranquilidad destacables, resulta realmente emocionante), para demostrar su capacidad para mostrar e insinuar, para trabajar con planos cortos como si fuésemos nosotros, los espectadores, los encargados de espiar a la pareja. A lo largo del metraje vamos conociendo más detalles de la conversación, gracias a los trabajos del protagonista y a la necesidad de conocer datos que le permitan esclarecer el asunto.

Aquellas películas resultan ahora tremendamente entrañables, teniendo en cuenta lo mucho que el género ha cambiado. Hoy los thrillers son más directos y, sobre todo, ruidosos, y no sólo por que les incluyan las inevitables escenas de acción. Coppola se sirve de pocos personajes, a los que desmenuza en su personalidad para regocijo del espectador, y les sitúa en un estado de ansiedad propio de la época, con el caso Watergate en boca de todos, como desencadenante de aquella obsesión por la privacidad y la seguridad.

Gene Hackman es el motor de la película, solventando su papel con una maestría impresionante. Hackman es otro hijo inequívoco de los 70, década en la que encadenó registros excelentes como los de La aventura del Poseidón, French Connection, Un Puente Lejano o Superman. El resto del reparto está formado por intérpretes excelentes, con un primerizo pero solvente Harrison Ford, la estupenta Teri Garr y el inolvidable John Cazale, cuya breve filmografía (falleció prematuramente en 1978) está formada por El Padrino, La conversación, El Padrino II Tarde de Perros. Casi nada…

Puede que, vista hoy, a las nuevas generaciones les cueste entrar en una película como La conversación, y más si pensamos en los artilugios tan desfasados que se ven. Pero también puede ser que, ahora, en este tiempo de iPods, consolas y nuevas tecnologías, apreciemos de forma más justa los méritos de una película que mostraba el camino para quienes pretendiesen hacer cine con pocos medios pero importantes dosis de talento e imaginación. Era lo que hacía Francis Ford Coppola en los 70, a través de su mítica American Zoetrope, mucho antes de que se empeñase en rodar películas infumables.

Escuchad la conversación…

//www.imdb.com/title/tt0071360/