Relatos extraordinarios presentan: El lugar donde sueño y realidad se dieron la mano II

¡Hola de nuevo queridos lectores! Una vez mas estoy aqui para traeros una nueva entrega de esta particular seccion dentro de mi blog llamada "Relatos extraordinarios", en la cual doy a conocer para vuestro disfrute (O sufrimiento) los relatos que voy escribiendo. Y ya que la semana pasada inicie con el prologo de "El lugar donde sueño y realidad se dieron la mano", continuo hoy con su apasionante primer capitulo. (no me mateis cuando despues de dos parrafos comenceis  a bostezar por el aburrimiento XD)

ENLACE AL PROLOGO: Relatos extraordinarios presentan: El lugar donde sueño y realidad se dieron la mano I

 

ENCUENTRO EN EL ACANTILADO

 

       La historia que os quiero relatar trata sobre todo de los sueños. De los sueños que guían en las noches a los niños, y que los adultos en ocasiones solemos olvidar, e incluso quitarles la importancia que tienen dentro del destino y conocimiento de la raza humana. Pues bien, yo era una de esas personas que había olvidado el significado de los sueños, pero un hecho tan trivial como fue conocer a un niño un día en las vacaciones de Semana Santa me calo tan profundamente, que me hizo reflexionar sobre casi todos los aspectos de la vida. Pero el mayor conocimiento que me transmitió fueron las ganas de vivir los sueños, aunque eso a el le llevo a su final ¿O tal vez no? Eso podréis  juzgarlo vosotros mismos al finalizar mi relato.

  
       Y mi historia, comienza en un acantilado cercano a Pedroño, el pueblo que me vio nacer. Era un día soleado y me había levantado temprano para poder realizar una de mis actividades predilectas cuando me encuentro de vacaciones: pasear cerca del mar. ¡Y como me gustaba aquello! Desde luego que en la ciudad no existe una experiencia tan agradable como el sentir la suave brisa marina acariciar el rostro. Como el escuchar el oleaje romper contra las rocas. Como el observar el vuelo de las gaviotas contra el infinito cielo. Iba yo absorto en tales pensamientos cuando repare en el muchacho. O mejor dicho, cuando casi tiro al muchacho acantilado abajo. Y creerme, habría sido una  caída de más de   25 metros contra las afiladas rocas del fondo. ¡Y menos mal que le agarre a tiempo! Porque como comprenderéis, un chico en silla de ruedas no habría podido hacer mucho por frenar antes del borde de la caída.

  
        No sabia como disculparme, casi había matado  despeñado a aquel niño que apenas aparentaba los doce años, y que quien sabe por que giro del destino sufría algún tipo de incapacidad que le obligaba a permanecer en aquella silla de ruedas. – ¡Perdona muchacho, no me había dado cuenta de tu presencia!- Balbucee a duras penas todavía no repuesto del susto que me había dado.

         – No te preocupes señor, suele ocurrir a menudo el que los adultos no reparen en mi presencia- Me dijo con viva voz  y observándome con unos brillantes ojos verdes.
En ese momento repare en un detalle bastante importante… ¿Qué hacia en el acantilado un niño tan pequeño y con una incapacidad física sin ningún acompañante? Decidí indagar sobre el tema, a si que le dije: -Por cierto chaval… ¿Qué haces aquí solo? ¿No sabes que puede ser peligroso que estés aquí en los acantilados?-

      
      -Le vuelvo a repetir que no se preocupe, suelo venir aquí todas las mañanas desde que nos mudamos a este pueblo tan aburrido. No hay ningún chico de mi edad y este es sin lugar a dudas el sitio más divertido, y el único donde me es posible reflexionar.-


        ¿Reflexionar en un lugar solitario al lado del mar? Cada vez me parecía mas extraño el haber encontrado a aquel niño en ese lugar, y me daba cuenta de que no me encontraba ante un niño corriente. – De todas maneras no puedo quedarme tranquilo mientras  sepa que un niño como tu se encuentra solo en un lugar como este. – Le dije intentando ser lo mas convincente posible.

       
       – Esta bien volveré a casa pero antes me tienes que decir tu nombre-  Me dijo con una picara sonrisa en los labios   – No todos los días se conoce a un hombre que te intenta “matar” y que luego te salva la vida.-

  
       Me dejaba petrificado aquel niño, en su rostro aparecía la mascara de ser alguien que no había roto un plato en su vida. Sin embargo en sus palabras se apreciaba una ironía demasiado extraña en un chico de doce años, Estaba ahora realmente seguro: ¡Este chico no era un chico cualquiera! A si que decidí bajarlo yo mismo hasta su casa  para poder indagar mas sobre su persona. – Mi nombre es Alejandro, y si quieres te llevo yo mismo hasta tu casa, no tengo nada que hacer y me gustaría conocerte mejor, ya que parece que has llegado hace muy poco a este pueblo-

  
       – Muchas gracias por bajarme, no sabes lo complicado que me resulta llegar hasta este lugar, y un poco de conversación  no me vendrá mal- En realidad no parecía muy encantado con el que yo le alejara de ese lugar, pero supongo que no le pareció tan mala idea el hablar un rato con una persona.

  
      Por cierto, no me has dicho tu nombre – Dije.

  
      Hizo una pequeña pausa y me miro profundamente a los ojos – Me llamo Mateo -.

 

——————————————-

 

ENLACE AL SIGUIENTE CAPITULO: Relatos extraordinarios presentan: El lugar donde sueño y realidad se dieron la mano III

 

¡Hasta la proxima entrada!