Sin sexo en Yermo Capital

"Esto no es Fable II. Llévate tu frustración sexual aotra parte", leo en el hilo de un foro extranjero dedicado al apabullante Fallout3 titulado muy imperativamente "¿¿¿Habéis tenido sexo conprostitutas???". No sé por qué se indignan: la gente de Bethesda nos lo hapuesto a huevo, dándonos uno de los entornos con más posibilidades de lahistoria del videojuego y unas expectativas que hablaban de que Fallout 3trataría temas como la esclavitud, la prostitución, la adicción a las drogas yel canibalismo. Más hardcore imposible. 

 

Y por fortuna esto no es Fable II. Porque ser malo paraPeter Molyneux tiene más que ver con cosas como pegarle un guantazo a una pobree indefensa viejecita o enseñarle el trasero al tonto del pueblo, las típicas maldades quepodría hacer el villano de un cuento de Navidad. Después de jugar algo más de50 horas con Fallout 3 puedo suscribir la lista de delitos dearriba y algunos ya conocidos, como el hurto y la estafa, pero también que elsexo, esa práctica que viene siendo legal y común entre los mortales (y creoque entre los necrófagos también), sexo, más bien poco. Oh, vaya sorpresa.

 

En este sentido, Fable II, incluso conesa irritante jugabilidad social tipo Los Sims, hace máspor la "normalizacion" de la sexualidad (de los personajes) en losvideojuegos que el impúdico Fallout 3. Aún estoy alucinando conel educadísimo detalle de darnos un condón al comienzo de la aventura. Yapodrían todos imitar los aciertos al respecto del reciente Mass Effect,capaz de lograr que notaras que un personaje que te estaba tirando lostrastos. Te estaba seduciendo. Pero Fallout  3 tiene a sulado la rigidez de una tabla de planchar. Un suspenso en educación sexual paralos chicos de Bethesda, que por lo demás nos han entregado el mejor videojuegodel año.