Mirror’s Edge: elogio de las plataformas

La propuesta esencial de Mirror’s Edge, a pesar deese sofisticado panorama urbano tan hiperdesarrollado que se erige amenazante portodos lados, no es otra cosa que un radical backto basics a la mecánica plataformera. Su objetivo inmediato siempre es avanzarhasta la siguiente superficie estable y su reto consiste en calcular almilímetro cada salto, a riesgo de caernos allí donde la cámara y losprogramadores no llegan. Su mecánica es un espejo del endiablado sistema deprueba y error que ha reinado en los videojuegos desde sus orígenes: si fallasuna vez, inténtalo de otra manera hasta que lo consigas. Y la recompensa, lo demenos porque lo importante es el propio recorrido por el escenario, completar uncircuito donde todos los objetos son obstáculos o no son nada (es tan radicalque ni siquiera introduce agentes externos con los que interactuar, más allá delos inofensivos maletines).

El resto de sus elementos (entre otros, su arquitectura minimalista,su física levemente alterada a lo Matrix,su código de colores planos y hasta su vocación pacifista) van encaminados aconsolidar y profundizar de una manera novedosa esta filosofía dellegar-a-salvo-hasta-el-siguiente-salto-y-luego-ya-veremos, la mayoría de lasveces en plan suicida. Novedosa al menos de la misma manera que en su día TombRaider o Prince of Persia pusieron el contador a cero de las plataformasy nos hicieron ver lo anterior como algo caduco. ¿Cómo es posible que nadiehasta ahora haya trasladado de forma plena a la vista en primera persona la experiencia de lossaltos y plataformas ? Balancearse, correr por lasparedes, agarrarse, deslizarse, trepar, rodar… el FPS tiene todavía extensoscampos por explorar y Mirror’s Edge triunfa allí dondenadie ha pisado todavía.

Pero no estamos ante un shooteren primera persona, al margen de alguna licencia (y más de un tiroteo, quesiempre hay que resolver con estrategia): no hay cajas de municiones escondidas,ni una docena de tipo de armas con disparo secundario ni enemigos finales antelos que emplearse a fondo. No hay barras de energía, marcadores o contadores nihabilidades para ir aumentando con la experiencia. Mirror’s Edge es puro ysimple movimiento, una huida constante y fluida, pese a que invite a serrecorrido a base de alcanzar checkpointsen un mar de carteles publicitarios.

Puestos a llevar este elogio hasta el final, ¿es Faithesa protagonista con carisma que se le presupone a un buen plataformas? Tiene toda la pinta (tatuajes, rasgos orientales) y la actitud (un trabajo útil para el bienestar del mundo, los valores contraculturales dequien ha crecido en la calle). En un futuro cercano de barritas digestivas, ellase enfrenta a las megacoporaciones y se pasea por azoteas, túneles de metro ycentros comerciales burlándose de la policía. Una gabardina roja le hubiese quedado cojonuda, en planJubilation Lee. Sin ella, lo tendrá difícil para ganarle a Travis Touchdown de NoMore Heroes el título de personaje más cool del año. Y un mayor desarrollo en vertical, como el deldivertido Crackdown, hubiese ayudado a hacer algo más variado a Mirror’sEdge, un título sobresaliente, armónico y limpio como un catálogo deIkea.