Rez HD: en trance

Pocos videojuegos funcionan tan bien como homenaje a lacultura de club como Rez (2001). Su creador, TetsuyaMizuguchi, dijo inspirarse en la música rave y el arte abstracto deKandinsky para concebir un psicodélico shooter musical que tontea con palabras comoéxtasis y sinestesia (toma viaje). Artistas como Oval, Ken Ishii yColdcut compusieron los temas de una banda sonora pensada para ser jugada, mientras Underworld ejercieron de padrinos involuntarios como autores del hipnótico himno de 10 minutos Rez, que Mizuguchi tomó prestado como título. Rez HD, su remake descargable paraXbox 360, debería estar en las listas de los mejores discos del año, categoría de reediciones: además del clásico, con su encanto intacto,incluye una nueva versión con sonido 5.1 y alta definición, y algunos extras. Le han faltado un par de remezclas nuevas en forma de niveles adicionalesy un packaging para la ocasión.

 

Aunque sólo sea por el placer de hacer listas, 2008 ha dado para tocarotros palos más allá del trance. Pixel Junk, por ejemplo, se beneficiado del autismo del minimal technopara su cerebral propuesta, que invita a ver crecer semillas en el salvapantallas.WipeOut HD, también extended version, podría funcionar como equivalente jugabledel drum’n’bass: subidón extenuante a base de beats atropellados y velocidad (en PlaystationStore también está disponible el Wipe Out original de PS, cuya bandasonora es un clásico de su época: Prodigy, Chemical Brothers, Leftfield,Orbital y New Order). Más parejas: los acuáticos Zenses y Electroplankton(vale, este no es de 2008) serían new age: mucho aburrimiento detrás de nombrespresuntuosos. Con intención de llevarte a la pista, Dancing Stage Universe 2 cuentacon temas de Klaxons, M.I.A. y Justice y un modo DJ para remezclascaseras. Y para viciosos del vintage, Nintendo ha puesto a la venta un emuladordel sintetizador Korg MS-10 para laDS, que soporta sesiones colectivas improvisadas pero noexportar a otro dispositivo tus homenajes domésticos a Vangelis y Brian Eno.

 

En realidad, la cultura a la que más homenajea Rezno es otra que la del videojuego, incluida la que nunca fue: cuando vemos unos enemigosque entran en pantalla y atacan por oleadas (que a su vez desprenden power-upsal ser derribados haciendo escalas musicales), la acción dosificada en áreasy subáreas bien diferencias, los final bosses y la obsesión por la puntuación siempreen la mente del jugador, estamos viendo en realidad el matamarcianos 3D con el soñaban en los años 80 que jugaríamos en el siglo XXI. Rez es un viaje por elvideojuego en su sentido más espiritual, un recorrido por el hacking, los gráficos vectoriales, la ciencia ficción, lasautorreferencias (la más obvia, Tron: un videojuego que se parece auna película que se parece a un videojuego) y la música generada por máquinas.Las redes, la representación de información y la realidad virtual. Lasimulación, que al final es de lo que trata todo esto. Su completa rendición a una tradición de ocio electrónico y periféricos absurdos llegó con elTrance Vibrator, que respondía vibrando al ritmo de la música.

 

Mizuguchi ha seguido jugando con la música dance en títulosposteriores como Lumines y Every Extend Extra, aunque su granéxito es el clásico Space Channel 5 (1999), que en su día le costó a Sega unademanda de la supersónica cantante de Deee-Lite por apropiación de imagen (nadaoriginal: una chica de videojuego que se parece a una cantante que se parece aun dibujo de HannaBarbera), que finalmente perdió ella. Nosé si Underworld tienen una copia en casa de Rez, el videojuego, aunque me pega que están algo mayores para estascosas. Ahora que vuelvo a escucharla, su Rez mesigue pareciendo la mejor cara B imaginable para Trainspotting,el bajón ideal después de Born Slippy.