Pesadilla después de Navidad en Innsmouth

Una historia navideña: un detective investiga una desaparición en un pueblo de pescadores mientras es vigilado por una inquietante secta religiosa. Lovecraft podría ser el lado húmedo e irracional de Dickens. Inspirada en su novelita La sombra sobre Innsmouth, Callof Cthulhu: Dark Corners of the Earth (2006, Xbox y PC) sólo ha tenidoque mostrarme el logo de Bethesda para ponerme cachondo y convencerme de queaquí hay chicha. Tras 8 horas de juego, me parece tan bonito como una ortopedia: le faltamovilidad por todos lados pero triunfa transmitiendo una terrible intuición, laamenaza de un mal superior que se nos escapa y que actúa inesperadamente. Locos yfanáticos llevan a él. 

 

Anteel temor de estar ante el enésimo survival horror (en este caso disfrazado deshooter en primera persona) que saquea el mismo pueblecito perdido y misteriosode los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XX (y el mismo mal de dimensiones cósmicas, milenario, desproporcionado y horrendo como un hongo), ver elsello Call of Cthulhu ayuda y mucho a la hora de meterse en el papel detective yenfrentarse a un montón de documentos sobre el caso, repletos de nombrespropios y fechas, y libros viejos de ritos con deidades no reproducibles por lagarganta humana. En su parte de aventura, Dark Corners of the Earth sale airoso gracias a un montón de puzles quecumplen (según la tradición de relojes, cajas fuertes, fotos con mensajes ocultos y otros objetos sacados de cualquier Alone in the dark o Resident Evil), un escenario amplio queno se reduce a interiores claustrofóbicos (el pueblo de Innsmouth yalrededores), algunos secundarios con los que interactuar y, sobre todo, unmontón de buenos detalles dirigidos a ofrecer cierta sensación de realismo.

 

Me refiero a detalles comola manera en que a Jack Walters, el protagonista, se le acelera el pulso ante un susto o se marea levemente ante un momento de tensión. Sus reacciones frente a lo inexplicable varían según su estado mental: ante una visión puede que se ponga a hablar solo, pero si topa con los restos de un asesinato puede sufrir un ataque de pánico que nubla la vista en primerapersona, distorsiona los sonidos cercanos y altera su equilibrio hasta anular la movilidad. El equivalente a aquellos puntos de cordura conel que La llamada de Chtulhu (el juego de rol de mesa) ponía a prueba a losjugadores. 

 

Quizáen parte por esta preocupación de imitar literalmente la realidad, Dark Corners of the Earth fracasa estrepitosamente como shooter. La ausencia barras de energía o contadores de munición esalgo ya asimilado, pero el irritante sistema derecarga (¿alguien ha leído la última columna de Nacho Vigalondo en Xtreme?) y la eliminación de uncualquier punto de referencia o de mira para nuestros disparos no ayudan ahacer de los tiroteos algo gratificante. Las mecánicas de ocultación y sigilo,que ofrecen una alternativa más satisfactoria para resolver los enfrentamientos queun gatillo impreciso, tienen también sus inconvenientes: los enemigos se muevensegún rutas preestablecidas y su IA es de por sí insultantemente baja: confrecuencia no son capaces de reconocer la dirección de su atacante y secomportan como sordos ante los disparos cercanos. Escurioso que, con lopreocupados que estaban los programadores de la extinta HeadfirstProductions por hacer un videojuego realista, los malvadosvecinos de Innsmouth luzcan un aspecto tan cartoon, como un diseño destoryboard a medio acabar, de brazos y mandíbulas exageradas.

 

Ahora tengo un presentimiento. Haceunas semanas, la escritora Elia Barceló hablaba en la Semana Negra deGetafe de Lovecraft y de la cordura en los videojuegos después de suexperiencia a oscuras con EternalDarkness,de GameCube. Y, de nuevo en Xtreme (número de septiembre), me encuentro con que paramuchos, este y no otro es el mejor título de la anterior consola de Nintendo. Sientocomo Lovecraft me hace señas desde algún lugar del averno. Me estoy volviendo loco.No sé si correr a la tienda más cercana, a ver si encuentro una copia de EternalDarkness por menos 30 euros, o, por mi bien, dejar descansar una temporada al escritor de Providence y pasarme a una licencia, hmm, más agradecida. ¿Dónde están los buenos juegos de rol japonés cuando se les necesita?