Videojuegos a los que nunca jugarás #1: Cabela’s Big Game Hunter

¿Un simulador de caza? ¿Estás de coña? No, en serio: Cabela’sBig Game Hunter lo tiene todo para ser el sueño húmedo de un redneck yla pesadilla de PETA, con sus paisajes de western, su fauna salvaje de búfalosy alces pastando en libertad… y nuestro pequeño arsenal de apestosos riflespreparado para cuando arranque la temporada. Para el resto, una absolutarareza. Hay que vestirse de camuflaje, coger algunos cebos y reclamos, rastrearlas pisadas y buscar un sitio resguardado desde el que esperar pacientemente aque se acerque una manada. Entonces, zas. Y cuidado, porque los animales puedenolernos, así que mejor nos rociamos con la esencia de una hembra en celo y nosponemos de cara al viento. Puaj, qué asco. ¿En serio? Te lo juro.

 

En su día me hice con una copia de segunda mano de Cabela’sAlaskan Adventure por pura curiosidad. ¿Hasta que punto en Españapodemos estar interesados en un videojuego que recrea la pesca en hielo, las carrerasde trineos de perros o los concursos locales de tiro al pato? Yo tenía queprobar eso. Juzgado con benevolencia, se trataba de un atípico FPS con acciónnula, cierta profundidad (en lo suyo: tiendas de campaña, raciones de comida,ropas aislantes, miras telescópicas), estricto en todos sus aspectos jugables(no esperábamos menos de una actividad para hombres) y algunos momentosrealmente chungos: es difícil distinguir una liebre ártica macho de una hembracuando ambas no paran de corretear por todos lados. Al final acabé harto denieve.

 

Pero resulta que en Madrid es más fácil hacerse con un Cabela’sBig Game Hunter (cuya distribución intuía erróneamente mínima y que nisiquiera podía imaginar que existía como secuela) que con un Left4 Dead, que a tan poco tiempo de su lanzamiento ya parece un objeto decoleccionista. Por lo menos, me he encontrado con un título que depura y amplíalas buenas ideas de Alaskan Adventure, que las tenía; otra cosa es su manera deplasmarlas. Eso sí, como videojuego oficial de la marca Cabela (multinacional deartículos de pesca, caza y ocio al aire libre), tampoco hay mucho espacio para elencanto: camina en la delgada línea que separa un souvenir hortera con ciertagracia de un producto de merchandising sin alma. Por suerte es algo más queun desfile de artículos para irse de acampada y tampoco hace falta querer serCocodrilo Dundee para encontrar algo disfrutable en Big Game Hunter.

 

A su favor hay que decir que nos saca de los escenarios blancosde Norte América para llevar la acción a otros puntos algo más exóticos, comoArgentina, África o Canadá. La vista ha pasado de primera a tercerapersona, lo que permite apreciar mejor los escenarios (el punto fuerte en unapropuesta tan contemplativa como esta), y su desarrollo ha adquirido ritmo dividiendolos objetivos principales en pequeños retos, algunos secundarios (que suele consistiren caza de animales pequeños, como aves, zorros o ardillas). El juego penalizaque disparemos contra especies protegidas, por lo que hay que cierto códigoético y reglas deportivas propias.

 

Más allá del afán de coleccionar un zoológico de cabezas astadas enel salón, su atractivo sigue estando en la recreación de paisajes naturales yen la libertad para recorrerlos y cumplir los objetivos. Los animales varíansegún la época del año y el país en el que estemos, y no todos huyen al vernos:osos, pumas, leopardos y leones ejercen de jefes finales en escenarios cerradosdonde no podemos escondernos. Otras mejoras van dirigidas precisamente a queestos combates sean algo más variados: existe un modo adrenalina que sirve parapasar a cámara lenta durante un breve periodo de tiempo y se han ampliadonuestros movimientos de defensa: ahora es posible esquivar los ataques de lasbestias pulsando distintos botones en el momento justo.

 

Como videojuego que busca tener personalidad, BigGame Hunter se queda a medio camino de cualquier cosa, especialmente creandoatmósferas, que es de lo que se trata: su recreación de África no resistecomparación en tamaño ni encanto al de otros juegos que ni siquiera se planteanfuncionar como safari (de nuevo Far Cry 2: será lo que quieran, perocreando postales naranjas y polvorientas pocos le ganan). Los entornos de BigGame Hunter dan el pego pero son tan poco naturales como los árboles enun parque temático. Vale, los animales no parecen andar gracias a muletas invisibles y, aunque secomportan de manera tonta con el entorno (no se comen unas a otras, no beben,no duermen), transmiten la sensación de que viven en armonía y libertad entreárboles y charcas y, dependiendo del nivel de dificultad, pueden llegar a sermuy escurridizos. Pero, en general, sus escenarios abiertos no ofrecen casinada más que ser recorridos, sin vehículos, cabañas ni siquiera madrigueras quesirvan para distraer la mirada. ¿Qué tal unos niveles nocturnos con especiesque solo se muestran de noche y una linterna? Habría dado algo de variedad.

 

A pesar de lo que pueda parecer, Big Game Hunter es unGran Juego Ecológico. Guau. Te ofrece entornos vírgenes para recorrerlos deforma poco habitual (mirándolos, principalmente) y da a conocer especies animales delas que ni siquiera habías oído hablar (¿de verdad hay tantas variantes deciervo?). Para los rednecks dispone de una biblioteca de armas donde sacarlesbrillo y compararlas. Para el resto, lo mejor es considerarlo como uno de esos videojuegos a lo que nunca jugarás. Háganme caso, que últimamente tengo torcido elpunto de vista. Con la que le ha caído a Home por no filtrar palabras comogay de su listado de términos censurables, no me atrevo a decir que cada vezque entro en la red social de PlayStation me parece el espacio más gay friendlyde la historia de los videojuegos. ¿Alguien sabe para cuándo Afrika? Preveo que este marcará un antes y un después en la manera de, más guau, mirar documentales denaturaleza en la televisión.