El horror de Francis Bacon en Silent Hill

Una de las influencias más repetidas al hablar de SilentHill es el trabajo del pintor Francis Bacon, especialmente sus estudiosalrededor del cuerpo humano, su representación y sus límites. No en vano Bacon,que se inspiraba para pintar en cosas tan dispares como libros de enfermedadesbucales, las radiografías y las viejas fotos de deportistas en movimiento, esconocido como el artista del horror por una obra donde abundan las faucescubiertas de dientes, las mutilaciones y la distorsión de la carne. La llegadadel pintor al Museo del Prado con una ambiciosa exposición sin precedentespuede ser una buena oportunidad para comprobar hasta que punto su carnicería,sucia y arenosa, está presente en la cultura popular actual, especialmente enautores como David Lynch, H. R. Giger y Masahiro Ito, creador de los espantos patizambosde SilentHill.

My body is a cage. El cuerpo como jaula: Bacon(1909-1992), ateo y homosexual, le quitó al cuerpo humano cualquier atisbo dedivinidad y lo convirtió en carne que se contrae, se estira y se descompone.Como la de cualquier animal. Curiosamente, hizo de la crucifixión una imagenrecurrente aunque desprovista de religiosidad: lo suyo parece más bien un potrode tortura o algún mal rollo sadomasoquista (Tres estudios para crucifixión, 1962).

Hablando de animales, por sus cuadros cuelgan habitualmentelo que parece ganado abierto en canal y otras criaturas más o menosreconocibles, como perros y monos (Chimpancé,1955), pero también amigos, amantes y personajes célebres como Kafka, porejemplo, cuyo rostro pintado a partir de una fotografía sometió a extrañastorsiones hasta conseguir el retrato de su amigo Lucien Freud.

 

Irracional-nal-nal.Otras de sus criaturas son más difíciles de identificar. Ya sea por que lasintentó captar en pleno movimiento o porque las concibió directamente paraprovocar una primera reacción fuerte en el espectador de su obra, algunos desus cuerpos humanos parecen un sinsentido de nervios y extremidades, que suplensus carencias de órganos con fabulosas mutaciones que recuerdan mucho a lascriaturas de cualquier Silent Hill.

 

Precisamente un vistazo a la galería de Masahiro Ito transmitela misma sensación de aleatoriedad, como si un Dios se dedicara a probar formasimposibles con media docena de maniquíes: torsos con piernas, cuerpos sincabeza y brazos que se funden sin saber dónde empieza uno y acaba el otro.Personalmente, no encuentro nada más horrible que aquello que no puedoentender.

Adelantado. Elgran enemigo de Bacon, su rival, fue la tecnología, especialmente la fotografíay el cine. ¿Qué puede aportar un retrato pintado cuando una fotografía es capazde retratar el instante con hiperrealismo? El pintor debía poner algo de suparte, captar algo que la cámara no puede (como la maldad en sus estudios alretrato de Inocencio X de Velázquez). Fuertemente influido por el cine, porpelículas como Metropolis (FritzLang) y El acorazado Potemkin(Eisenstein), compuso trípticos con la intención de conseguir un efecto similaral de un fotograma en movimiento. E introdujo todo tipo de errores, comomanchas, desequilibrios de color, desenfoque y brillos para incorporar efectostípicos de la fotografía a sus imágenes.

Aunque la exposición no se abre hasta el martes, ayer elmuseo hizo su presentación a la prensa y hay que reconocer que ver a Bacon enel contexto de un museo como el Prado da yuyu, especialmente gracias a detallescomo la iluminación o el tamaño de la salas, más reducido de lo habitual en unamuestra de estas dimensiones. He pasado más miedo, por cierto, que con el nuevoSilentHill Homecoming, cuyo zoológico de brazos y bocas todavía no ha logrado ponerme histérico.