Deadly Creatures: mi vida como un artrópodo

Hay algo fascinante en el hecho de despertarse invertebrado,boca arriba en la cama con seis patas segmentadas y bien articuladas y con laantigua piel sobre el cuerpo como un abrigo, como diría Joe Hill, uno de loshijos escritores de Stephen King. Hill ha publicado en español su colección derelatos Fantasmas, en uno de loscuales retoma el mito kafkiano del hombre-insecto y se lo lleva al siglo XXI, hastaun chico que una buena mañana entiende que nunca volverá al instituto. Nadie con un par de antenas nuevas lo haría. DeadlyCreatures, el último videojuego de THQ para Wii, no tiene mucho decuento filosófico que reflexione sobre la naturaleza humana pero sí algo desuspense y mucho de asco: el que produce vernos reencarnados, no en el diosgriego de la guerra, sino en una peluda tarántula y en un escorpión biencrujiente, nerviosos como una mano sobre una mesa, tap, tap, tap,mientras masticamos larvas a mandíbula batiente, chaf, slurp, ahh. 

Lo que le falta a Deadly Creatures para hacer de su experienciaalgo digamos trascendental (además de un nombre que le haga justicia: este parecedirigido a hipnotizar a niños sabihondos) es representar lo cotidiano como algotan monstruoso que asuste. Ya saben: el ajetreo humano diario representado aescala XXL a vista de artrópodo, a modo de Elincreíble hombre menguante, donde las distancias entre los escalones soninsalvables y una librería, el mejor escondite ante las ratas y las hormigas.

Es una pena que toda su acción se desarrolle en entornos abandonadosde la mano del hombre, en cuevas y desiertos de la América profunda, y que hagatan pocas y tímidas visitas al entorno civilizado (una furgoneta, unagasolinera perdida en medio de la nada). Le habríamos dado el premio al Mejor DramaUrbano Protagonizado Por Un Ser No Humano.  

Aun así, estamos ante toda una revelación, vista como está latemporada de tiros (acabaré probando el AquaPanic de DS) e incluso puedefuncionar como un beat’em up naturalista en el que las peleas callejeras y lacoartada vengativa se han sustituido por ataques depredadores y puro espíritude supervivencia. Deadly Creatures es el largo y solitario viaje bajo el sol deuna tarántula y un escorpión hasta un final boss (que representa lo más alto dela cadena alimenticia), en el que las oleadas de enemigos se van sucediendo yendureciendo con cada nivel superado.

Se empieza con grillos, escarabajos y pequeñosbichos, pero la cosa va poniendo cada vez más chunga: avispas, otrosescorpiones, lagartos, ratas, serpientes, además de distintos tipos de arañas. A nuestro favor: una amplia variedad de combos y movimientos deataque y defensa (pocos al principio, pero hay que ir subiendo nuestrashabilidades con experiencia), que habrá que ir combinando para acabar con losdistintos rivales. En nuestra contra: suelen atacar en grupo.

 

La buena noticia es que el control, en general, es delo más acertado. No abusa del sensor de movimiento de la Wii y tira más bien a lo clásico,creíble y coherente en todo momento, lo que ayuda a enfundarse unas patasarácnidas nada ridículas. Cuando el rival está suficientemente débil, se puedenejecutar movimientos especiales con el Wiimote que se traducen en secuenciasalgo más espectaculares y levemente gore (a su manera: chillidos, sangre yfluidos verdosos), algunas quizá demasiado humanizadas(¿una araña haciendo la zancadilla a una rata?). 

 

Un par de pegas. Se supone que la posibilidad de volver a recorrer losniveles desde el punto de vista de la araña y el escorpión, cada unoespecializado en una mecánica (la primera en la ocultación y el sigilo, elsegundo en el ataque directo, envenado y acorazado), debería dar una mayorvariedad al desarrollo de Deadly Creatures. Pero en el fondono hay mucha diferencia entre una y otro, más allá de poder probar rutasalternativas y contemplar el desarrollo de la historia desde ánguloscomplementarios. Por suerte el juego recompensa la exploración minuciosa de losescenarios.

Precisamente le faltan “personajes desbloqueables”, otrosbichos con los que entretenernos una vez los hemos aniquilado, como recompensa.Habría estado bien que su historia implicase manejar a los distintos eslabonesde la cadena por la supervivencia, ir pasando de viuda negra a un pequeñoroedor, y de este a la serpiente de cascabel, por ejemplo, y que cada unoinvitase a aprender distintas técnicas.

Deadly Creatures tiene detalles realmente buenos (la mismapantalla de título: imposible no sentir miedo y repugnancia al ver una mantis lucirun increíble abdomen y sacudir la cabeza, como si esperase salir del televisor,todo bajo un verde amenazante) y unas animaciones ambiciosas y realistas, igualque los modelos de los distintos animales, con sus texturas duras, escamosas o biencubiertas de pelo. El sistema de cámara no es demasiado sofisticado y cumple sufunción sin derroches (aunque sí que hay disponible una vista en primerapersona), y vaya si funciona: nadie te libra de sentir cierto mareo al andar sobreuna pared o boca abajo en el techo.

También tiene pequeños errores (lagartos que parecen nadaren la tierra, caídas inexplicables al cambiar de superficie, animacionestartamudas) y no resulta demasiado variado ni en escenarios ni enemigos,  pero nada de esto empaña un apartado técnico yun espíritu valiente al que deberían aspirar más juegos de la Wii. DeadlyCreatures tiene cierta tendencia salvaje que lo aleja de la correcciónpolítica imperante en el catálogo de la consola, pero que lo hace igualmenteatractivo para cualquier tipo de jugador.

 

Su historia se desarrolla en capítulos e implica también,primero solo de manera indirecta, a dos rednecks (estos sí lo son, que meperdonen los cazadores de Big Game Hunter), a los que dan vozBilly Bob Thornton (acordaos lo inquietante que era su interpretación de paleto en Giro al infierno) y Dennis Hopper, másmal rollo imposible. Subtítulos en castellano justificados y alguna que otravuelta de guión para darle emoción y suspense. Lo mejor que se puede decir de éles que se hace corto: diez niveles, una hora como mucho por nivel.

Deadly Creatures no tiene las ínfulas darwinistas de Sporeni la reflexión microscópica de flOw. Nada de líos, más allá de lasupervivencia en entornos extremos y del comer o ser comido. Está mucho máscerca del clásico concepto arcade que del de simulador de nada, directo yasequible. A todos: es hora de sacar el instinto, no el animal, si no ese quees responsable de que apretemos los botones en orden correcto un segundo antesde que ya sea demasiado tarde.