Noby Noby Boy: Katamari como patria

La serie Katamari es como una religiónarrolladora: o te dejas llevar o te quitas de en medio. O crees en el Rey delCosmos y en su infinita aleatoriedad, o bien este tinglado te parecerá elescape mental de un japonés (Keita Takahashi) con caleidoscopios en los ojos, algo difícil de digerir en occidente. Anoche su majestad bajó a verme, víaPlayStation Store: traía Noby Noby Boy, su últimoVideojuego Altamente Adictivo e Imposible de Describir con Palabras. ¿Acasopuede definirse cualquier Katamari como un juego en el que hay que crear bolas deforma obsesiva con objetos cotidianos que vamos atrapando al más puro estilodel escarabajo pelotero? Pues el manual de Noby Noby Boy dice esto: "En estejuego tienes que estirar el cuerpo de Boy e interactuar con diferentespersonajes y objetos". Si no tienes fe, ni sigas leyendo.

Un manual de juego, por otro lado, completamente inútil. Yno sólo porque, como avisa Noby Noby Boy desde su pantalla dearranque, aquí no hay que hacer nada más que estirar y estirar (en estevideojuego no hay que disparar ni hacer bolas, avisa el hada encargada derecibirnos), sino porque podemos acabar mandando al chicloso y tragón de Boy aque se lo coma literalmente. El manual, letra a letra.

Para aclarar un poco: enesencia, Boy es como un gusano de plastilina pero con unas pequeñas patas, al quecontrolamos por sus dos extremos, digamos cabeza y cola (cada uno recibeórdenes de un stick), y cuyo cuerpo podemos alargar indiscriminadamente. Boyes un comilón, así que podemos mandarlo a que devore prácticamente cualquiercosa, incluidos los propios menús del juego. Necesitará comérselo todo parapoder tener chicha que estirar.

Así que con los dos sticks, como si utilizáramos ambas manosde manera directa, podemos modificar la longitud de su cuerpo, hacer nudos conél, delimitar espacios abiertos o montar un tirachinas entre dos árboles marcaACME. No hay una explicación oficial sobre estas habilidades secundarias nisiquiera para qué sirven, pero tenemos completa libertad para probar cualquiercosa que se nos ocurra. Para eso nos movemos libremente por niveles repletos de las mismas cosas que pueblan el universo Katamari, cortadoras decésped, jirafas, alienígenas, chimeneas, molinos de viento. Ese tipo de cosas sinrelación alguna que suelen moverse dando saltitos.

¿Para qué tanto estirar? Al menos, algo parecido a unargumento: en Noby Noby Boy, nuestra "misión" es ayudar a Girl, una chica interplanetariaque sueña con conectar todos los astros de la galaxia "con el objetivo de quetodas las personas sean amigas". La clave radica en que su cuerpo va creciendoconforme lo hace el de Boy, así que cuanto más logremos alargar nuestro rosadoapéndice, más distancia habrá recorrido la bienintencionada Girl. Nada de carasraras: ni que fuera el primer dogma de fe que lleva el cuerpo hasta suslímites.

En realidad, las distancias entre planetas son "recorridas"gracias a los jugadores de todo el mundo, que tienen la posibilidad decontribuir a aumentar el tamaño de Girl estirando sus propios Boys. En todomomento, podemos contabilizar cuánto hemos conseguido alargar al nuestro y "subir" a la red esa distancia en metros para que se haga oficial y quedeconstancia de nuestro trabajo. Gracias a la labor conjunta de todos losjugadores, se van alcanzando nuevos planetas y con ellos, más nivelesdisponibles para poner a prueba a nuestro gusano.

En el momento de escribir este texto, según la web oficial deNobyNoby Boy (//o–o.jp/), el cuerpo deGirl medía, a 11 de marzo, 1.003.178.946 metros. Solo ayer había aumentado34.238.640 metrosgracias a la ayuda de 2.339 Boys. Girl alcanzó la Luna el pasado 24 de febrero(gracias a 26.979 Boys), y esperamos que no tarde demasiado en llegar a Marte. Másrollo trascendental: su disfrute solo es total cuando se participa encomunidad.

Cada vez que arranquemos el juego con conexión se nos avisa de la distancia conseguida (entre todos) en el último día y del tamaño total denuestra oh querida Girl. Y gran parte de su diversión no es entendible sin estacomunidad online. Noby Noby Boy aprovecha la última actualización del software dePlayStation 3 para permitir hacer fotos en cualquier momento. Todas las queilustran este texto están sacadas directamente de este modo. También vídeos,con mención explícita a la posibilidad de subirlos a YouTube. He aquí mi primerengendro elástico, con subida de puntos a la red y scratch final incluidos:

Jugar a Katamari es un poco como ver una películaextranjera en la que hay algo que se te escapa, que no te enteras del todo poruna cuestión cultural y porque unos detalles llevan a otros, pero que cada cualinterpreta como puede. Creo que a Noby Noby Boy le gusta tener estafacilidad para ser interpretado con libertad y tambiénse divierte escondiendo más de lo que muestra. Cuando acabamos de jugarlo yapagamos la consola, nos vamos sabiendo lo mismo del videojuego que el díaanterior. 

No seré yo quien le ponga nota, pero si tuviera quecalificarlo de 1 a10, le pondría 11 para subrayar la imposibilidad de medirlo con cualquierescala y porque no es posible compararlo con otro videojuego más que si mismo ocon los Katamari(atentos al tutorial, un rompecabezas sin pies ni cabeza). Los elementosque utiliza son los mismos, sobre todo estéticos, ahí estánla sobredosis cromática al límite (esto parece aquel anuncio deM&M), la dictadura de lageometría, las coartadas artísticas (que si Miró, que si Alicia), unos personajes ultranaif, el inevitable rollo Playskool, tantos dummies feos por todoslados. Y espirituales: tieneuna personalidad arrebatadora y, a falta de bolas antiestrés, ofrece elinexplicable placer de estirar gominolas hasta el sadismo. También es algo totalmente inexplicable.