Bandas sonoras imaginarias #2: Flower vs. Fennesz

Dicen sus creadores que Flower es la versión jugable de unpoema y que explota la tensión entre el ajetreo urbano y la serenidad de lanaturaleza permitiéndonos controlar algo tan elevado de espíritu como unacorriente de aire. Tan presuntuoso y extraño como suena: todo lo que tenemosque hacer es dirigir el viento a través de paisajes preciosistas en altadefinición mientras vamos rozando flores como si fueran notas de colores. Oig. Líricohasta el sonrojo y pausado, es cierto que su sutileza parece buscar más unasensación en el paladar que una explosión de sabor. También que su banda sonoraapesta a perfume de rosas. Es demasiado ligera. He aquí mi alternativa sinpétalos, nada hippy: el austríaco Fennesz, otro poeta de lo digital capaz de evocarla goteante melancolía de una estampa de verano a base de distorsión sonora.

Lo más "interactivo" que se puede decir de Floweres que a veces parece un videojuego de carreras de coches. Hay que girar elsixaxis de la PS3como si fuera un volante para tomar las curvas cuando alcanzamos ciertasvelocidades, aunque también podemos quedarnos de manera casi estática en todolo alto y pensarnos el próximo movimiento.

A lo largo de su historia, que nos lleva de viaje volaaandodesde el campo a la gran ciudad, hay pequeños objetivos que cumplir (quefuncionan como puntos de guardado), pero todos se pueden resumir en uno:despertar paisajes apagados aportando luz, colores y dando vida a decenas deflores cerradas. Cada uno necesitará el uso de una habilidad distinta solodisponible en ese nivel, que podemos repetir una vez terminado para completar tareas.  

Endless summer, elálbum de Fennesz que me ha venido a la cabeza tras la (corta) experiencia de Flower,fue lanzado en 2001 por Mego, sello vienés especializado en electrónica más omenos ruidista. Aunque hay opiniones para todo (muchos encuentran sobrevaloradasu presencia obligada en toda lista con los mejores álbumes de esta primera décadadel siglo XXI), otros comparan su tratamiento del sonido al del Loveless de My Bloody Valentine, esdecir: es uno de esos discos que te enseña a escuchar de otra manera.

Fennesz somete a su guitarra a todo tipo de filtros yefectos y su intención es llevar el instrumento al límite para sacar de él lo quenadie hasta ahora ha sacado, sin perder de vista que la música es un vehículopara transmitir ideas más o menos concretas. En su caso, para vestir de unamanera nunca vista una imagen tan recurrente en el ideario poético como unverano que deseamos interminable. 

Creo que en ambos casos es una cuestión de estimulación por evocación.Flowerquiere parecerse a un paisaje impresionista, ese que se ve desde detrás delcristal de una ventana que exagera y acentúa sus luces y colores. Un paisajeidealizado y saturado, llenos de brillos, parte fotografía, parte puramanualidad, algo que vive congelado en su propio tiempo.

Funciona en su conjunto, aunque no tan bien cuando acercamosla cámara y buscamos el detalle: ahí revela un trazado con unos pocos elementospero muy efectivos (sólo hay que dejarse llevar el vaivén de la hierba). Yporque en Flower hay que estar suspendido pero en continuo movimiento, hay que sentir cómo pasa el paisaje a nuestro lado y no pararnos aobservarlo. Ahí abajo no pasa nada.

La evocación estival de Endlesssummer también funciona cogiendo el todo por encima de sus partes: de nadasirve despojar a sus composiciones de las capas de manchurrones sonoros porqueno son en absoluto innecesarios y porque debajo no hay ninguna canción desnuda quenecesite ser despojada de nada. Sólo están insinuadas aquellas tardes de veranoen la que todo parecía derretirse con una tristeza anaranjada.

Tampoco permite recrearnos "de cerca" en sus múltiples detalles,muchos de los cuales están ahí por error o como consecuencia de una producciónpoco ortodoxa. No dicen nada de la voluntad del autor más que su intención dedejarlos ahí.

Un juego de palabras de lo más fluido para terminar: flOwy Flower.Noen vano, ambos videojuegos son obra de las mismas manos: las de lagente de ThatGame Company (ambos están disponibles vía descarga en PlayStationStore). Al margen de las similitudes entre manejar una ameba y una ráfaga de viento (¿las hay?), su control a través del sixaxis está justificado como pocasveces y acaba convirtiéndose en algo que ayuda inevitablemente en lainmersión. Flower, decía yo,esconde un logro-homenaje a flOw en uno de sus niveles, que más que un verso de sus creadores es una declaración del principios sobre su propia concepción de los videojuegos: "La vida podría ser tan simple…". Pues eso: que se acabaron las vacaciones.