Experimento Homo Ludens: Cristina Peri Rossi juega a la PlayStation


Basado en hechos reales: una poeta en edad de ser abuela,popular por ganar un premio de literatura erótica, se tira tres meses en camapor culpa de un accidente ("me había atropellado un auto", repite) y mata el tiempo jugando a la Play. De vez en cuando vuelve a laliteratura o la televisión, pero sus imágenes le parecen horribles en comparación.Entonces decide escribir algo alegre. Y se convirte en la primera mujer enganar el premio de poesía Fundación Loewe, gracias a un jurado compuestopor hombres. El poemario se titula Playstation y está editado en Visor, sello español de poesía porexcelencia, y aunque no cuenta sus intimidades con el mando, sí que funciona literalmente como plataforma lúdica a una mujer que se tomasu vida y su trabajo como un juego: "Si no pedí que me trajeran/ ¿por qué meechan?", bromea con que será su epitafio. Es Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), una mujer a quien los sex shop le recuerdan a lasjugueterías de su infancia. Es la poesía frente al consolador.

 

De entrada, Playstation meparece un título perfecto para ilustrar la reafirmación de una mujer que, superados los 60, sigue sin sentirse a gusto en ningún sitio y siendo fiel sólo a sí misma. Suspoemas cuentan historias concretas a partir de sus recuerdos como escritora y como amante, de experienciascotidianas (conversaciones con su estanquero) y también inspirados en cosas más trascendentales,como sueños recurrentes. Desde la cama, con la pierna en alto, PeriRossi evoca sus ciudades, a las mujeres a las que amó y algunos sucesos que han marcadoen mayor o menos medida el último medio siglo, y enumera: de la muerte de Marilyn a la del Che, de la publicación de Rayuelaa la de Cien años de soledad, de la mamada de Clinton a la guerra de Irak, de la Barcelona gaytardofranquista a la revolución queer.

Pero lo más interesante que me plantea Playstation es comprender la relación con la tecnología de alguien que considera que la incomunicación es el gran tema del siglo XX. Alguiena quien le contaron que Google era mejor que la Enciclopedia Británicapero no se lo creyó y que descubrió que en Amazon un tipo vendía camisetas acincuenta dólares con el lema I love CristinaPeri Rossi, junto a otras dedicadas a George Clooney, Madonna y MichaelJackson (y a quien su abogado le dijo que poner una demanda sería inútil porquetienen "una respuesta robot para todos igual"). Que considera que Internet escreación de una sola persona, Bill Gates, y a quien los cielos estreñidos deBarcelona le recuerdan la melancolía tóxica de los de J. G. Ballard.

Peri Rossi y su libro me han hecho pensar que es la tecnología la quese queda obsoleta: la gente se va actualizando, 20, 40, 60 años. En Fidelidad, poema encargado de abrir Playstation como tarjeta de presentación, la autor es muy clara recordándosea sí misma: "A los veinte años, en Montevideo, escuchaba a Mina cantandoMargherita de Cocciante en la pantalla blanca y negra de la Rai junto a la mujer que amabay me emocionaba". A los cuarenta, en Estocolmo, con otra mujer y ante unreproductor de cassettes, la misma canción y la misma emoción. A los sesenta, elritual se repite junto a otra mujer y frente a un youtube. Y la misma emoción. "Luego dicen que nosoy una persona fiel", remata.

Y también me han hecho reflexionar sobre algo tan propio delos videojuegos como es perder. El poema Homo Ludens, dedicado a Johan Huizinga, autor de un estudio con elmismo nombre que vincula el juego al desarrollo cultural del hombre, me ha sorprendido con su conversación sobre hombres, máquinas y algunos sentimientos supuestamente divertidos relacionados con jugar, tan natural como quien habla de lo que ha comprado el día anterior en el supermecado (a pesar de lo snob que resultan los personajes que retrata).

 

HOMO LUDENS (JOHAN HUIZINGA)

 

A mi editora también legusta mucho jugar

­­­­­­–una partidasemanal de póquer

con su ex psicoanalistasu ex marido

un poeta local queorganiza eventos

culturales y otraescritora que la admira­–

 

¿Por qué no vienes? –meinvita

No me gusta jugarcontra personas –le respondo

Además cualquiera deellos me ganaría

es gente con poder

–imagínense el poderde un psicoanalista

o de un organizador de eventosculturales­–

 

quizás sólo le podría ganar a la escritora que la admira

 

pero no, porque es simbiótica

se consustancia con ella

 

además, yo no juego contra personas:

 

la agresividad de uno contra todos

 

me agota

 

Yo sólo juego con las maquinas –le digo a mi editora

Contra ellas, querrás decir –me corrige

 

No, juego con –respondo,

me acompañan

 

jugamos juntas

 

La máquina querrá ganarte –dice, terca

Es un programa –respondo

No hay la menor agresividad personal

Me lo haría a mí o a cualquier otra.

 

Te pierdes una oportunidad –dice mi editora

 

Es la primera vez que pierdo

una oportunidad de perder

pienso.

 

Un curiosidad morbosa después de acabar Playstation. ¿A qué títulos habrájugado la poeta durante su recuperación? Me resisto a pensar en cosas inofensivas tipo Spyro o Crash Bandicoot. Me gustaría creer que probó algún GTA y se divirtió atropellando agente y enviándola tres meses al hospital con la pierna en alto. O mejor todavía: me la imagino frente al inminente The Wheelman, que encima se desarrolla en las calles de Barcelona y parece que se presta a los accidentes aparatosos. Que tiemble Pilar Rahola.

 

Edito: Precisamente el miércoles pasado, el investigador y responsable de ludology.org, Gonzalo Frasca ha estado en Madrid hablando de abuelas y experiencias lúdicas, invitado por ArsGames. Hoy lunes estará en Zemos98, en Sevilla, con un proyecto que analiza videojuegos que intentan "alimentar el espíritu crítico de los jugadores, particularmente en lo referido a temas sociales y políticos".