Oh, no! More Larry

Oh, no: ¿Alguien pidió nuevo juego de Larry? Yo no. La vueltade Sam & Max, a pesar de que parezca hecha en Flash, tiene gracia a costade lo inamovible que resulta y sospechoque nadie se hubiera acercado a su primera temporada si no fuese una aventuragráfica a la vieja usanza, tal y como se esperaba. La de Larry es confusa: BoxOffice Bust, su última entrega, lleva al héroe del porno blando alterreno de las aventuras en 3D pero al final resulta estar mucho más cerca de losdos últimos videojuegos de los Simpson que de un GTA. Pobre Larry: quiere sertan digno e irreverente como un dibujo animado para adultos con serie propia peroen realidad no deja de recordar a uno de esos muñecos de plástico que dan de regalocon un Happy Meal. Me pareció ver un tobogán…

Su propia mecánica de mundo abierto es la condena de LeisureSuit Larry: Box Office Bust. Con Larry Laffer, el salido cuarentón creado porAl Lowe en los 80, disfrutando de una merecida jubilación, es su sobrino Larry Lovage el encargado deadaptar la franquicia a los nuevos tiempos, que ya se estrenó, intuyo que con algún éxito comercial, en Magna Cum Laude (2004).Es en esencia, lo dicho, una aventura en 3D a la que el traje le vienegrande.

Lo intenta pero no llega aunque haga alarde de un entorno abierto que enrealidad no es otra cosa que un parque temático, con su zona de western, depelícula de terror (picante) y de parodia de Titanic. Sus misiones están pensadas a partir de las situacionespropias de quien se viste marcando paquete. Podemos y debemos recorrerlo todocon libertad, a pie o en coches que parecen carritos de golf, aunque en conjunto es frustrante einfantil en el peor sentido de la palabra.

Imagino que su salto a las consolas incluye peaje. El másobvio es una rebaja en la dificultad, consecuencia posiblemente de quererllegar a un público más amplio que estrictamente adulto. Parece inevitable unaconcesión a la acción. En determinados momentos, debemos pelear con enemigos,para lo cual tenemos dos movimientos disponibles: ataque y defensa. Ya. También hayalgún que otro tiroteo.

Sus misiones suelen consistir, en su mayor parte, comoen un GTA, en ir a un determinado objetivo y no hay puzles más alláde la búsqueda de trofeos escondidos en los escenarios pensados para un juegode plataformas. ¿Este Larry lo es todo a la vez? Más le gustaría, lo importante sigue siendo desplazarse, ir de unsitio para otro. En eso debe de consistir toda la libertad de juego de la que presume.

Pero es que como aventura abierta en 3D solo funciona amedias. Por ejemplo: Larry puede tomar prestados los coches pero nunca seráperseguido por la policía, acusado de robo con violencia o por conducir conexceso de velocidad. Y sólo puede interactuar con unos pocos personajes. Lamayoría está tan de relleno que no reaccionan de ninguna manera ante nuestrapresencia, ni siquiera se permiten el lujo de morir si los atropellamos, si es que decidimos ponernos salvajes. Paraqué: está claro que hacen el trabajo de extras y que son los primeros que no creendemasiado en su papel. Nuestros actos no suelen tener consecuencias, más alláde lo establecido en su historia.

No ayuda precisamente el que apenas podamos influir en elcomportamiento de los secundarios, más allá de las chicas con las hay queligar, a las que hay que convencer y engatusar a base de palabra. A pesar de loque puedan parecer, estos minijuegos de seducción siguen siendo la sal de todoLarry, aunque en Box Office Bust no suponen ningún riesgo en nuestro avance nipara la salud del ligón cabezón.

Son, posiblemente, la única herencia jugablede la serie original aunque reinterpretados aquí como desafíos inofensivos.Basados en elegir la frase correcta en una conversación, si nos equivocamos ala hora de responder, siempre podemos rectificar sin coste hasta conseguirllevarnos a la cama la chica que tenemos delante. Nada de imágenes explícitas,como es tradicional en la serie, más allá de las tetazas exageradas dignas de un dibujoanimado.

Todo lo que no enseña, Larry lo suelta por su bocaza. Su guiónes lo suficientemente agudo como para no aburrirnos con los juegos de palabrassexuales que busca hacer constantemente. Los encargados de traducirlosmerecerían el premio gordo. Muchas frases de diálogo harán a veces frenar enseco y agitar la cabeza: ¿he oído lo que creo? Lo de El bueno, el feo y elfalo es imposible que se me vaya de la cabeza cada vez que oiga el títulooriginal.

Entiendo que la presencia de actores como Jay Mohr (Jerry Maguire) y Carmen Electra debefuncionar como garantía de que esta gente de Funsta (según leo, pertenecen alimperio Codemasters) se han preocupado algo por que esto no parezca demasiado aun título "a precio reducido".

El gran problema, por jugar un poco con los espejos, es que me resulta difícildistinguir cuándo Box Office Bust funciona como una parodia y cuando resulta serde manera involuntaria la parodia de una parodia. Los edificios parecen degalleta y termina influyendo el hecho de que nos movamos por los escenarios deunos estudios de cine (porno), repleto de cámaras, paredes falsas y tipossobreactuados. Todo aumenta la sensación de estar ante una imitación, un fake. Notermino de entender la imagen de Larry que quieren ofrecerme: si la de unlistillo con mucha cara o la de un tontorrón con mucha suerte.

Creo que Box Office Bust es un juego forzadoa ser y comportarse como no quiere ser. O al menos, como no sabe ser. Lasexperiencias sandbox son geniales, pero esto no deja de ser una sucesión de retosfacilones. Lo que hay de relleno produce empacho porque obliga a visitar cadapunta de un escenario abierto haciendo recados aburridos.

Cuidado, porque vieneun tópico: este Larry es el ejemplo de cómo un personaje de primera se va algarete por culpa de un producto de segunda. Me produce el mismo rechazo que enfrentarme al relanzamiento de una vieja serie de televisión con actores nuevos. O eso, o bien es que Larry nunca fue unpersonaje de primera, lo que es una sospecha como muy de pureta. Una ruina, encualquier caso. Hala, al final lo solté.