Estoy…vivo

 

Hay quien dice que la guerra es el lugar donde los hombres olvidan todo su pasado mirando hacia un futuro, dependiendo de como seas ese futuro será tranquilo y en calma…pero yo no soy ese tipo de hombre. Mi espada ha matado a muchas personas, no era necesario que estuvieran armadas, simplemente estar delante de mi espada era suficiente para que sintieran como mi acero frío les cortarse la piel atravesando sus músculos y sus órganos. Parecía que el mismo Tyr se reencarnase en mí en una furia que no era capaz de controlar, dejándome llevar por la vorágine de sangre y llantos de clemencia.

 

Yo era distinto a los demás muchachos que me acompañaban, incluso de mis superiores. Mientras ellos se conformaban con saquear monasterios como pasó en Lindisfarne o en Iona, yo tenía que matar a las personas que se encontrasen allí, lo necesitaba. Jamás comprendí el por qué de mi sed de sangre, pero no parecía molestar a mis compañeros de batalla, es más, se sorprendían al verme luchar así. Por Wotan, si mientras yo masacraba a inocentes infantes ellos se quedaban observando con una mezcla de entusiasmo y repugnancia como las pequeñas voces de los niños se apagaban cada vez que mi mirada se cruzaba con la suya.

 

Pero un día todo cambió. Volvimos a Norvegr, mi amada tierra, que me vío nacer, la tierra donde el mar era tranquilo, donde la nieve era blanca en los días de invierno, y donde descansabamos después de cada saqueo. Regresé a mi pueblo natal, y busqué la piedra en donde jugaba inocentemente como el niño que era en ese entonces, en un bosque escondido. Todavía guardaba la inscripción que escribí en su momento:

 

 

 

SiempreJugare contigo

 

 

 

No recordaba a quien se lo escribí, hasta que la ví. Una joven muchacha de cabello rubio con la cara limpia y angelical, como si fuese la mismísima Sjofn hecha carne. Y de repente toda mi sed de sangre se convirtió en algo distinto, en una sensación que me recordaba al devenir del mar en el drakkar, suave pero fuerte, aterrador pero hermoso. No sé que me pasó, pero necesitaba hablar con ella. Me acerqué con la misma decisión con la que asesino a mis víctimas, pero esta vez la necesitaba viva. Necesitaba su cuerpo en movimiento. Las palabras se cruzaban entra cada uno, recordando cuando yo era un niño sin dominio de la espada ni del escudo, cuando nada iba a sospechar de mi sed de sangre y muerte que se despertaría después. Menos mal que con las espadas no se matan las palabras, pensé. 

 

Justo en el momento más oportuno apareció uno de mis compañeros de saqueos pidiendo que volviese al drakkar, que ibamos a volver a saquear un pequeño pueblo de Bretaña. Los ojos de ella se entristecieron al verme mi cara de felicidad al saber que podría volver a matar, y se escapó corriendo hacia el pueblo. Pensando en ella me monté en el drakkar listo para la batalla, o eso pensaba.

 

Todo era igual que antes: los arqueros eliminaron a los pocos guardias que vigilaban el puerto, y pudimos anclar en él desenvainando nuestras espadas y hachas listas para destrozar y saquear. Yo volví a mi ser guerrero, parecía que Wotan había vuelto a bendecirme, pero esta vez fue Loki el que me engañó. Cuando practicamente estaba a punto de volver a mi estado de extasis sangrienta me vino a mi mente los ojos de ella entristecidos…y no pude seguir luchando. Al bajar la guardia, un soldado enemigo fue capaz de cortar mi piel con su espada. Reaccioné y pude cortarle el cuello con mi espada, pero el corte era doloroso. Parecía que los Aesir y los Vanir se peleaban en mi herida como campo de batalla, no pude seguir de pie y caí al suelo. Mis compañeros fueron capaces de llevarme al drakkar al ver que no estaba del todo muerto, pero salía tanta sangre…Las vendas que me pusieron consiguieron que aguantase el viaje de vuelta a casa.

 

En mi pueblo los druidas pudieron curarme de mis heridas, pero me dijeron que necesitaría mucho tiempo de reposo para la correcta sanación de mis heridas. Al oir eso, apareció ella, diciendo que se quedaría conmigo a cuidarme. Cuando ví su cara supe que no mentía, y me sentí vivo. Estaba vivo. Estoy vivo.

 

Pero algo dentro de mí reapareció: la sed de sangre empezó a aparecer cada vez que ella se me acercaba, y tenía que controlarme muchas veces para no dejar que me llevase llevar como hacía en mis batallas. Sólo se oía una voz en mi interior que decía lo mismo siempre: mata, destruye, aniquila. En mi tiempo de reposo descubrí que era en realidad, una máquina de matar sanguinaria que sólo se calmaba con el olor de la sangre de otro ser humano mutilado. Por primera vez en mi vida, tengo miedo de mí mismo.