Poesía en movimiento – El proyecto de la Bruja de Blair

 

 

Una películasorprendentemente infravalorada, víctima de nuestros propiosprejuicios. El film divide a las personas: aquellos que laconsideran una imprescindible obra de culto y aquellos que creen que es un cutrerío de serie B. Yo, como podréis comprobar, afirmo que es una obramaestra, y me atrevo a considerarla como la mejor película deterror de todos los tiempos.

El argumento es untópico en este género: unos jovenes se pierden en unbosque en el que, según dice la leyenda, habita la Bruja de Blair. Una vez están allí, empiezan a ocurrir cosashorribles sin explicación aparente. Evidentemente, y eso se vea primera vista, no nos encontramos ante un alarde de originalidad eneste aspecto; sin embargo, hasta aquí llega lo común.Lo que realmente la identifica y distingue como única es laforma de narrar la historia; ya que los jóvenes no entran enel bosque por casualidad, sino que pretenden rodar un reportaje enél. Así pues, toda la película se desarrollacámara (doméstica) en mano, como si fuese la grabaciónde un videoaficionado.

 

 

Esta nueva formade enfocar, nunca mejor dicho, la película, genera el mayorlogro del film y lo que la convierte en una obra que puede llegar ainfundir verdadero pavor: la agobiante ambientación, que temantiene en tensión durante los casi noventa minutos que dura.Los bruscos giros de cámara, la luz o los gritos son la viva imagen de hasta dónde puedellegar el poder de la sugestión mental. Sin que ocurra,realmente, nada relevante, y siendo lo poco que ocurre perfectamenteatribuible a ilusiones provocadas por un estado de tensión,sonidos naturales o puras casualidades; seremos testigos, y a la vezpartícipes, de la degradación de la estabilidad mentalque sufrirán, poco a poco, los protagonistas y, si estamos atentos, dela nuestra propia, pues llegaremos a estremecernos con cualquierpequeño ruido o destello de luz. Sí,señores y señoras, terror psicológico en estadopuro, sin filtros, sin concesiones. Todo ello llevado con mano firme y un ritmo tan cambiante como preciso, una duración ajustada (alargarla hubiesesido un tremendo error), y un final para enmarcar, apoteósico,que cierra el círculo del mito de Blair.

Una vez vista, yanunca querréis volver a hacer una acampada en el bosque, puessabréis que cualquier pequeño acontecimiento puedellegar a convertirse en un terrorífico viaje a las puertas delinfierno. La pesadilla de tus propios miedos.