Piedra de Luna (Capítulo IX)

Podéis encontrar el capítulo anterior en el blog de Shaiyia


Incontables días habían transcurrido tras nuestra batalla en la torre de Nozghur. Aún podía sentir mis brazos entumecidos por culpa del martillo que me ayudó a derrotar a las serpientes pétreas. Aún podía recordar al primer compañero caído en esta odisea, y algo muy dentro de mí presagiaba que no sería el único. Aún podía recordar las palabras que Lira me dijo.

Habíamos ya abandonado los helados páramos nozghurianos, dirigiéndonos a paso lento pero seguro hacia el sur, en donde nos esperaba el segundo fragmento lunar, y peligros mucho mayores de los que habíamos ya superado. En frente nuestro, y tras las montañas que parecían observarnos de forma amenazante, podíamos vislumbrar pequeños atisbos de lo que parecía un bosque. Tanthor tenía razón, teníamos que atravesar el conocido como Bosque Turquesa para llegar a nuestro objetivo.

A medida que nos íbamos acercando, lo que parecía un bosque normal y corriente, empezó a tener un aspecto mucho más lúgubre de lo que esperaba. Y no era por cómo lucía, pues su frondosa vegetación, la belleza de sus árboles y el perfecto emplazamiento (situado justo en medio de un valle, sitiado por enormes montañas) eran incomparables. Era porque no podía distinguir ningún sonido proveniente de él, más que el viento que lo recorría de lado lado. Ni el trinar de las aves, ni el murmullo de riachuelos. Nada. Parecía como si el tiempo se detuviera dentro de ese bosque, y eso me inquietaba, más incluso que las serpientes que nos atacaron en la tercera habitación de la torre. Una irrefrenable sensación de desasosiego recorría todos y cada uno de los recovecos de mi cuerpo, nublando mis sentidos y entorpeciendo mis movimientos. Tanto incluso, que Tanthor, habitualmente inmerso en sus cábalas, pudo percatarse…

-Esperanza, ¿sucede algo? -preguntó, ladeando la cabeza y mirándome con el rabillo del ojo.

– No, no… es sólo que… – no me atrevía a contarle lo último que Lira me dijo, aunque por ello incumpliera lo que me advirtió: "la desconfianza, la venganza o el odio no pueden aparecer en tu corazón". No es que desconfiara de mi compañero, en absoluto. En lo que realmente desconfiaba era en el lúgubre escenario que estábamos a punto de recorrer. Sólo el destino sabía qué nos íbamos a encontrar en este entorno tan idílico como mortal.

– No te preocupes. Si estás cansada no tienes más que decírmelo, y paramos. Lo importante llegados a este punto, es que lleguemos con todas nuestr…

– ¡NO! -grité, interrupiéndole de forma brusca y poco educada- Debemos seguir, no importa cómo. Quiero acabar con esto de una vez. -el miedo y la desesperación hacían mella en mí. Ya no podía disimularlo más, y Tanthor lo sabía.

– Bien, en ese caso, sigamos. Pero antes de llegar al bosque pararemos en una pequeña posada, situada en las lindes del bosque. Su dueña es una vieja amiga mía y nos atenderá gustosa. Además. de aquí a que lleguemos se habrá hecho de noche, y, ¡por Jin! no le recomendaría ni a mi peor enemigo el adentrarse en esas tierras de noche. -las firmes palabras del ahora mi amigo me reconfortaron momentáneamente. Sin embargo…

– Tanthor – le dije. – Sí -respondió él. – Según tengo entendido, los enanos fuísteis confinados a las profundidades de la Tierra por el resto de vuestros días. ¿Cómo se supone que conoces tanto de esta zona, y lo que es más extraño, cómo esque según tú, conoces a la dueña de la presunta posada en la que nos alojaremos?

A Tanthor se le cambió el semblante de forma casi instantánea. Su hasta ahora penetrante mirada rehuyó cualquier contacto con la mía y fue directa a sus pies. Bajó su cabeza y empezó a ruborizarse de tal manera que creía que iba a explotar. Se llevó la mano a la nuca, y mientras se la frotaba nerviosamente dijo: – Bueno… todos hemos sido jóvenes e imprudentes alguna vez -dijo esbozando una débil sonrisa.

‘¡Ja! Joven dice’ -dije para mis adentros- ‘Cómo puede decir eso si aún somos unos zagales’.- No esque supiera mucho sobre genética enana ni nada parecido, pero estaba segura que el que me acompañaba no llegaba a la edad adulta. Sin embargo, me alegraba ver una nueva faceta de él. Entonces, ambos explotamos en sonoras carcajadas de complicidad. ‘Soy afortunada por tener un compañero de viajes tan maravilloso’ –volví a pensar, mientras seguíamos nuestro camino, ahora sin miedo, con esperanza.

Tras un par de horas, conseguimos llegar a la posada que Tanthor nombró. Una cabaña de madera, situada en el punto medio de una encrucijada cuyas bifurcaciones conducían, una hacia las playas orientales de Gwern, la otra hacia el Bosque Turquesa, nuestro próximo peligro a superar. Se respiraba un aire lúgubre, debido a que comenzaba a anochecer, y la niebla empezaba a acumularse entre las montañas que delimitaban la región.

Al llegar a la puerta, mi compañero esbozó una mueca en su rostro. – ¿Qué sucede? -le pregunté. – Esta posada… la siento distinta a la última vez que vine. -dijo con un tono preocupantemente serio- Ya tendríamos que estar oyendo el alegre alboroto de los clientes embobados por el licor de lúpulo.

Tenía razón. No se podía oir un alma. Lo único que podíamos percibir era la tenue luz que emanaba del interior, seguramente proveniente de alguna vela a medio consumir. Tanthor inspiró profundamente y abrió la puerta de forma decidida.

Al entrar, mi pequeño amigo quedó petrificado. -¿Qué sucede? ¿Qué sucede? – Le pregunté de forma insistente, ya que el miedo volvió a apoderarse de mí. Nunca le había visto en tal situación, ni tan siquiera cuando estaba a punto de ser incinerado por las guardianas del fragmento lunar. -…o m…es – murmuraba completamente pálido, sin apartar la vista de lo que le había transtornado. -N… …ir… – seguía musitando entre dientes.

Mi curiosidad no pudo más, y me incliné hacia delante, más allá de la puerta, para ver qué pasaba.

¡¡NO MIRES!! – gritó Tanthor, completamente perturbado. Era demasiado tarde, la curiosidad me había jugado una mala pasada, y pude contemplar horrorizada qué había en el interior de la posada. Montones de cadáveres. Montones de cadáveres, pero no de humanos. Eran más bajos que un adulto, pero demasiado corpulentos para ser niños. Tenían la cara arrancada, la mayoría tenían los miembros mutilados, los cuales adornaban las paredes de la estancia. No sólo eso, sino que con la mirada atónita, saturada de horror y miedo, seguía el rastro de cadáveres y los ríos de sangre, ya casi seca. Podía ver cómo seguían amontonándose en las escaleras, y en el segundo piso, hasta incluso el interior de las habitaciones que podía ver desde aquí.

Algo salpicó mi mejilla. Cálido, a la vez que gélido, con un olor familiar. Levanté la mirada poco a poco. Justo encima mío pude ver de dónde provenía lo que me había salpicado. Era la piel arrancada de una cara que había visto hace no mucho. Era la de Tandhir.

Mis ojos se abrieron como platos, volví a recobrar el sentido, pero no pude esbozar más que un agudo grito de terror. Tanthor se giró violentamente hacia mí. Sus ojos, inyectados en sangre, parecían querer saltarse de sus órbitas.

– Jajajaja… – se oía al fondo de la habitación – …jajajaja… – cada vez más fuerte – ¡JAJAJAJAJAJA!

De entre las penumbras apareció una anciana mujer, llena de cortes y ensangrentada, señalándonos con una mano mientras se relamía el dedo amputado de la otra.

– ¡Mirianor! ¡¿Porqué?! – le gritó Tanthor, el cual empezaba a soltar baba blanca, alimentada de odio puro.

– ¡Jajaja! Se lo merecían…habían abandonado a su Dios al confiar en una humana, y así se lo ha pagado él. ¡Jajaja! – la anciana se iba acercando más y más – Tú mismo desobedeciste a tu Dios y te aventuraste fuera de tu sucio escondite. Tú mismo me contaste todo sobre tí. ¡Tú mismo me dijiste dónde se escondía tu infecta estirpe!

A Tanthor no le hizo falta escuchar más. Sacó su hacha y la clavó horizontalmente en la anciana. Me agarró de la mano y salió corriendo hacia el bosque gritando como un salvaje. – ¡Detente! – ¡Espera!… Era inútil, estaba fuera de sus cabales, y me estaba arrastrando con su locura. El hedor a sangre seguía en mi paladar mientras era arrastrada hacia el bosque.

Entramos. Estaba completamente oscuro y apenas se podía distinguir el camino a seguir. Pero a Tanthor no le importaba. No le importaba nada. Simplemente corría, sin tener en cuenta los peligros que tenía el bosque, de los cuales me había ya advertido. Cualquier roce con las numerosas ramas y espinas de los árboles y flores podrían acabar con nuestra vida. Pero él seguía corriendo. De repente, todo se nubló para mí…

Un semblante conocido apareció ante mí. -Tú eres diferente. Por eso, tengo un regalo que darte… . ¡¡Rouron!!

Me desperté con un tremendo dolor de cabeza. Me llevé la mano al foco del dolor, y al retirarla pude apreciar con la tenue luz de luna que llegaba hasta mí sangre. Mi propia sangre. De fondo escuchaba los gemidos de mi amigo. También podía apreciar sonidos periódicos y repetitivos, como si de gotitas de agua cayendo sobre charcos se tratara. Cuando se me empezó a desnublar la vista pude comprender qué había sucedido. Hacia arriba, podía ver una pared inmensa que acababa en un pequeño agujero por el que entraba la luz de la luna. Nos habíamos caído dentro de una cueva, de una cueva muy profunda. El agua se deslizaba por las estalagmitas y estalactitas provocando los sonidos repetitivos que oía. Volví a escuchar los gemidos de Tanthor.

-¡Tanthor! ¡Tanthor, ¿dónde estás?! – grité casi llorando.

Tanthor no contestaba. Sólo gemía, cada vez con menos frecuencia. Empecé a buscarle con la mirada, y no me costó mucho encontrarlo. Mi amigo y compañero estaba debajo de una pesada roca, de la cual sólo sobresalía su parte superior.

– ¡¡Tanthor!! ¡¡Tanthor, no!! . gritaba, sin reprimir las lágrimas, mientras intentaba infructuosamente retirar la pesada prisión del enano.

– No te preocupes por mí… debes…cumplir tu destino -decía casi sin fuerzas-…mi hora….ha llegado.

– ¡¡No te rindas, Tanthor!! ¡Dame tiempo, y encontraré algo para hacer palanca y quitarte la piedra de encima! – gritaba desesperada.

– Esperanza…es tiempo de lo que precisamente carezco ahora…No es la roca lo que acabará conmigo…no me ha roto más que….un par de huesos – sus débiles palabras son interrumpidas por una inoportuna tos – No podría llamarme…hijo de Tandhir…si esto pudiera conmigo.

– ¡Por supuesto, Tanthor! Saldremos de ésta, ¡ya verás! -decía, mientras le abrazaba desesperadamente.

– Sin embargo…esto sí lo hará… – señalaba a su pierna derecha. En ella se hallaba incrustada una astilla de tamaño considerable – El veneno a…acabará conmigo en cuestión de horas.

– ¡NO TE RINDAS! – grité desconsoladamente – ¡Debe haber alguna flor, hierba o algo, que sirva de antídoto! ¡Siempre lo hay!

Fue entonces cuando recordé una vieja historia de mi abuelo, acerca de un bosque de incomparable belleza, cuyo máximo anhelo era que todo el mundo lo admirara y viviera en él. Sin embargo, los avariciosos humanos quisieron aprovecharse de esta riqueza talándole los árboles y matando los animales que en ellos vivían. El bosque, enfurecido, hizo emanar un potente veneno que acabó con sus enemigos, pero también con todos los seres que en él vivían. Así, el bosque entristeció, y empezó a llorar por dentro. El llanto al cabo de los siglos se convirtió en piedra, que en una ilusa esperanza del bosque por salvarse de su error, contienen la cura al veneno y al mal exterior, el cual ha crecido descontroladamente y se ha adueñado de todo.

– ¡Eso es! -un rayo de esperanza afloró en mi interior- ¡El cuento del abuelo se referiría a este bosque! ¡La cura debe estar dentro de esta cueva! No te muevas, amigo mío -le dije- Te traeré el antídoto y saldremos de aquí! -Tanthor esbozó una pequeña sonrisa.

– Tranquila… no me moveré.

Así que esta era mi situación, atrapada en una lúgubre y húmeda cueva, con mi amigo y compañero a punto de morir, en una carrera contra el tiempo para poder salvarle. Estaba sola…sola en la oscuridad.


El siguiente capítulo se encuentra en el blog de MaQy. Allí también podéis ver el índice de la historia para leerla entera.

 

 

Bueno, espero que haya gustado. No me expreso muy bien por escrito, pero ea, he intentado hacerlo lo mejor posible. He intentado darle un poco de chicha a la historia e intentando enlazarlo con los sucesos anteriores.

 

Saludos!