El imaginario del Doctor Paranassus >>> La posibilidad de elegir: ese invento infernal

Una historia mil veces vista, por todos conocida, desde el tamiz que es la mente de Terry Gilliam, supone una gran historia. A mí al menos me lo parece. Director de películas bastante diferentes entre si en cuanto temática, pero siempre con ese mundo interior propio tan bien plasmado. Admirado por quien aquí escribe desde bien crío por aquella maravilla conocida como Las aventuras del barón Münchausen (que claro, hasta que no me convertí en un cinéfilo autosuficiente, no supe ni de quien era ni nada de nada) poco a poco fui descubriendo a un gran director con obras maravillosas. Es cierto que tiene alguna cosa más bien normalita y otras que rozan la mediocridad, pero desde luego, sus buenas películas son impresionantes. Bastante superiores a la media.

En esta última modorrada de Gilliam tenemos al Terry Gilliam bueno, al que desborda fantasía, y también tenemos al Terry Gilliam desgraciado, ese que se pone a hacer una película y le crecen los enanos. Si alguien tiene interés en ver una pequeña muestra de lo que me refiero con esto, que procure ver un documental sobre el rodaje de una película sobre Don Quijote, llamado Lost in La Mancha. Alucinante. En este caso, la muerte de uno de sus actores principales, Heath Ledger, en pleno rodaje es lo que hizo que los cambios se sucedieran aquí y allá. Por suerte, el bueno de Terry, fue capaz de improvisar y de lograr algo no solo válido, sino algo bello.

En El imaginario del Doctor Parnassus tenemos la historia de una barraca de feria en los tiempos modernos con cuatro habitantes en ella. Su espectáculo cada vez tiene menos seguidores y menos gente interesada, por lo que el dinero escasea. El Doctor Parnassus es alguien muy especial, hasta tal punto que ha tenido la oportunidad de hacer tratos y apuestas con el mismísimo demonio en varias ocasiones, y ahora, justo ahora, ha vuelto para cobrarse la última apuesta de Parnassus hizo con el señor Nick, justo cuando aparece un desmemoriado a quien Parnassus y compañía acogerán como uno más.

Impresionante Tom Waits haciendo de Mr. Nick. Es cierto que es el mismo papel que hace siempre, pero Gilliam tuvo muy buen ojo a la hora de contar con el, con ese bigotillo inconfundible, su sombrero y esa cara de “no tienes ni puta gracia” tan característica. El resto del elenco principal bien también: Un Doctor Parnassus creíble, en sus penas y en sus glorias, interpretado con un Chrisopher Plummer muy creíble a pesar de lo inverosímil de las historias, un Heath Ledger muy potente, en su línea, como benefactor estrafalario, sentido, verosímil, y del que se siente bastante que no pudiese acabar la película porque estaba realmente muy bien enfocado el personaje. Los apaños, esos actores que hacen el papel de Ledger en diferentes puntos de la película, le dan un punto muy original a la película, y mientras que podía haber resultado completamente ridículo, acaba estando muy bien llevado, sin la brusquedad que se le puede presuponer. En este aspecto, Colin Farrell es quién realmente (a mi entender) es capaz de captar la esencia de Tony, el personaje en cuestión. Sin ser un actor especialmente bueno, aquí se introduce muy bien en el camino que estaba llevando Ledger, sin caer en la exageración gratuita en la que cae, por ejemplo, Jude Law. Johnny Deep (Juanito Profundo para los amigos), por su parte hace un papel estándar, de los que el sabe hacer, un poco cayendo hacia la gestualidad exagerada, asemejando un poco este pequeño papel con el de Jack Sparrow, pero con menos maquillaje.

El resto de personajes relevantes, con Valentina a la cabeza están correctos. Quizá destaque Percy, como enano que siempre tiene las palabras adecuadas, que siempre tiene razón, valiente, aguerrido y feliz. Siempre feliz, por dura que se presente la situación. Valentina hace un buen papel como hija de Parnassus, como niña que quiere tener una vida normal fuera de los extravagantes poderes de su padre. Anton, es posible que tenga la más floja de todas las actuaciones, queda un poco inestable esa actuación mediocre en medio, pero bueno, tampoco resta al conjunto.

La historia es bella y barroca: el carromato, los vestidos, los mundos oníricos en los que se introducen los distintos personajes. Todo está lleno de detalles en los que la gran mayoría de nosotros no repararía, pero que Gilliam se toma la molestia de tener pensados. Así el conjunto, aunque exagerado en ocasiones, es tan completo.

Fantástico el uso de las metáforas y otros recursos estilísticos, sencillas y mordaces que hay a lo largo de todo el metraje, culminados en dos seguidos protagonizados por dos monjitas: Sin decir apenas nada, ¡resumen tanto! Esto es algo que ha hecho desde que comenzó a hacer películas más allá de los Monthy Phyton y que realmente sabe hacer bien. Además, esa conjunción de diferentes mitologías religiosas que junta en la película imbuye a todo, un gran aura de misticismo.

Así tenemos una serie de personajes bien llevados en una historia repetida hasta la saciedad, pero narrada de una forma particular más allá de lo que es el más puro imaginario del director, con una parte fantástica muy bella y nada cargante y un desarrollo, tanto de la historia como de los propios personajes ideal. Merece la pena destacar como se solventa la gran problemática que hubo filmando esta película, de una forma original y en absoluto forzada, que sirve para dar más fuerza incluso al relato. Tan solo Law se sale un poco de esta ristra de elogios, que para compensar se llevará un perfecto Waits, que con el cigarro calado se dedicará a tentar con tantas maravillas y tantos prodigios como pueda a los engañadizos mortales.

Impagable la escena de los policías bailando.

Con todo esto, parece que sea todo una postura muy de fan fatal, y aunque sea fan declarado del cine de Terry Gilliam, el día que toque (si llega) explicar mi visión sobre Tideland, no va a salir precisamente muy bien parado, por ejemplo.

Mr. Nick: ¡Mierda! ¡He ganado!
 
P.D.: Mis disculpas por los fotogramas. Son un poco pobres, pero elegir algo en condiciones con lo poco que ronda por la web ha sido dificil. 

El decálogo más cutre de toda la costa oeste: Declaración de intenciones

Resumiéndolo mucho, esta entrada es ese lugar donde poco a poco (es una entrada que irá aumentando en tamaño con el tiempo) va a quedar plasmado lo que pretendo de este blog y que en un momento dado puede suponer alguna desavenencia en cuanto a la forma de mis textos. Está claro que lo que escribo no pretendo que sea una realidad tajante. Es más, admito, asumo y deseo que sea así, que cada cosa aquí escrita es una opinión. Por eso, aquí va a quedar plasmado, a modo de Preguntas Frecuentes, algunas situaciones que pueden darse y lo que con ello pretendo. Así, tan solo con remitir aquí, será más que suficiente. Confío en que nadie se de por aludido porque esto no va por nadie: son cuestiones que van surgiendo o que creo que pueden surgir, y prefiero que desde el principio no haya malentendidos.


Situación primera:
HOYGAN, es que eso que dices ahí yo lo entiendo de otra forma y la mía es más mejor.

Me parece cojonudo que lo entiendas de otra forma, zagal. Yo expongo en este blog mis impresiones sobre lo que quiero. No son más o menos ciertas (normalmente) que cualquier otra visión factible. ¿Quieres un cacahuete por tener otra visión? Tío, relax, que la tuya, muy probablemente sea la correcta, pero seguramente no es la única aunque para ti tenga todo el sentido del mundo. Además, si no hay algún argumento aceptable, pasaré de ti, y si lo argumentas, si es necesario, discutiremos el asunto a ver si llegamos a alguna conclusión.


Situación segunda:
HOYGAN, en tu crónica veo que no te has leído los treinta y cinco libros de la saga, ni has visto las precuelas ni la versión vietnamita previa de la película, además de desconocer por completo toda la situación personal en la infancia del autor.

Si tú has visto las treinta películas, treinta veces cada una, has leído los libros, tienes de fondo en el móvil a la protagonista y tienes los calzoncillos del merchandising original me parece fabuloso. Si además has fundado el club de fans y la web lasagamásmolonadeluniverso.com me parece genial, pero si yo hablo sobre las impresiones que me ha causado comerme una puñetera hamburguesa en la hamburguesería de debajo de mi casa, me da completamente igual la historia del nacimiento del Burguer King. Si algún día, por alguna de aquellas, me apetece conocer esa historia y además, contarlo en el blog, entonces, y solo entonces, ven, y dime donde fallo, que en serio, eso no me molestaría.

 

Situación tercera:

HOYGAN. No has entendido nada de lo explicas porque tal como lo cuentas es completamente banal. No has sido capaz de captar la propuesta existencialista del autor en esta película (libro, disco, mueble, impresora, papel higiénico… es igual) que te hace capaz de retroceder en el tiempo y entender el período de la posguerra en el mundo con un aire a veces caótico y a veces de conformismo. Bla, bla… (Palabras vacías de contenido)

Coño. ¿Qué no lo he comprendido? Eso lo dices tú, colega. Vamos, que quizá no, pero es chungo juzgar una entrada de estas características simplemente porque no entro en ello o porque apenas es nombrado, y menos si hay varias interpretaciones no muy descabelladas. Si no entro en un análisis reflexivo de las cosas es porque considero que ese no es su sitio. Los análisis, que hasta ahora han sido de películas, se centran en impresiones bastante generales: una sinopsis, la dirección, los actores y personajes… cositas así y en que grado me han parecido correctos o no, pero que puede ser aplicado a cualquier ámbito. Para reflexiones más profundas, concretas y filosóficas, si creo que lo merece, lo haré en una entrada propia. Vamos, que si quiero escribir sobre sartenes en una entrada lo haré, y si luego quiero hacer una reflexión sobre la sartén como método opresor desde la yuxtaposición marxista posmoderna, lo haré en otra entrada bien diferenciada. Resumiéndolo mucho, si que sé, pero no me sale de los huevos.


Situación cuarta:

HOYGAN, que tus opiniones sobre según que cosas no se parecen en nada a las mías, así que no intentes convertirlo en algo real.

No lo hago. Mis cosas son mías y de nadie más. Incluso aunque compartamos opinión, los matices nos van a diferenciar. Y siempre hay matices. Así que si explico cuales son a mi parecer las mejores versiones que se han hecho de, por ejemplo, las canciones de Raphael, será siempre desde mi visión. Seguro que existen muchas más canciones que versionen a Raphael de las que conozco, y seguro que hay algo parecido a una lista oficial con las mejores versiones que se han hecho sobre Raphael, pero esta la he hecho yo con mimo, con la limitación que me pone no conocerlas todas y joder, con el uso de mi gusto personal, que no tiene que coincidir con el de nadie concreto, sin por ello ser, ni mejor ni peor. Pensaba que esto estaba claro y que estaba patente a lo largo de las entradas y en un bonito recuadro lateral con letras en negrita, pero vamos, que otra advertencia, más oficial incluso nunca está de más.


Alemania, año cero >>> Ser niño en el peor lugar, en el peor momento

Llevaba haciendo películas sobre la segunda guerra mundial desde que todavía estaba en activo la segunda guerra mundial. Rosellini, con la huevada bien puesta se pone a observar a su alrededor, y se decide a plasmar con tanta dureza como pueda lo que para el es el día a día y los terribles acontecimientos que acaban de acaecer, de la forma tan objetiva (dentro de los límites que la misma palabra plantea) como es posible, pero haciendo de ciertos individuos, la personalización de todo un colectivo, de toda una ciudad… de toda una nación. Con este planteamiento, al fin, en el mismo año 1945, año del fin de la contienda, filma Roma, ciudad abierta, donde narra la vida de los italianos desde la visión de la gente que vive en un barrio destruido y pobre que tiene a la Gestapo pisándole los talones porque entre ellos, hay un traidor. En esta ocasión, en Alemania, año cero, lo que tenemos es una situación en la que la guerra ya ha acabado y toda Europa necesita volver a ponerse en pie porque está en completas ruinas.

En medio de este percal tenemos a Edmund, un niño de 12 años que no tiene edad para trabajar y que vive con su hermana mayor, su padre enfermo y su hermano, no registrado en el censo por miedo a represalias por haber estado en el ejército cuando la guerra y haber perdido. Edmund se convierte de forma automática en cabeza de familia. Mientras malviven en una de las pocas casas que quedan en pie por obligación gubernamental (a los propietarios a acoger gente concreta y a los inquilinos a vivir en aquellos lugares), tienen que sobrevivir todos como mejor viven, y en el departamento de la familia de Edmund es él, el único que puede y quiere hacer algo para sobrevivir y hacer que sobrevivan los suyos. Todo con la inocencia de un niño y la madurez del que sabe que tiene que levantar un continente sobre sus espaldas.

Pero todo el mundo se mira el ombligo y nadie quiere colaborar con los demás, de forma que nadie es consciente que en conjunto podrían llegar, quizá no al principio, pero si, sin demasiados esfuerzos a mantenerse los unos a los otros. Prefieren tener dos migas que llevarse a la boca que acabar haciéndose su propio pan. Edmund lo ve y lo sufre. Desconozco hasta que punto lo entiende realmente, pero desde luego lo siente. Y así vemos a personajes como el del profesor, de convicciones nazis, que debe esconderlas por puro afán superviviente, y del que insinúan (igual que del resto de nazis declarados en la película) que tiene unas apetencias un tanto depravadas e ilegales.

Maravilloso ese retrato de la gente que busca solo su propio bien sin conseguirlo normalmente, y como los funcionarios, los pocos que pueden vivir bien en ese tiempo se esfuerzan en ayudar aunque sea con minucias a todos los desamparados en una ciudad (¡una puñetera capital de nación!) sin apenas edificios habitables en pie, y con la gente más preocupada en comer más que en reconstruir. Nada achacable por otra parte porque lo primero es tener el buche lleno. El resto solo puede llegar si se cumple esta condición.

Y como tercer gran grupo en la ciudad están las fuerzas de pacificación internacionales, que pacifican poco y se aprovechan, en el mejor de los casos de que a las jovenzanas del lugar no les falte de nada, ni una cama en la cobijarse. Muy honorables las fuerzas norteamericanas y francesas allí en los locales de copas que todavía están en pie. Para pimplar si, para reconstruir, mejor mañana.

A la hora de filmar esta película se nota el tiempo que tiene (es del año 1948) y los medios utilizados, además de que los actores profesionales no son, y aún así, Roberto Rosellini es capaz de transmitir muchísimo con cada plano. Sabes que piensan los personajes, con una cierta independencia a como lo expresan, y ahí, por ejemplo, está la magia del cine. Y con magia y todo, su gran fallo es ese puntito que les falta a los actores sobretodo para hacer algo redondo. Está claro que de donde no hay, pues es difícil sacar, y aunque Rosellini saca de sus actores un rendimiento excepcional, desgraciadamente no es suficiente. Además, en este caso si que veo la obra maestra aunque no pueda compartirlo. Para mí esto es algo que pesa demasiado en el cómputo general del film. Eso si, lo escueto de la propia película es más que necesario para expresar todo eso y más, sin abusar de planos abiertamente grotescos o imágenes de tan solo la ciudad destruida hasta los cimientos.

El final tiene mucho de desalentador, no porque en general las cosas no sufran un cambio más o menos amplio hacia lo que en un caso así podría denominarse, pero para Edmund, que las cosas vayan a mejor no es lo más importante y que aquellos a quien quiere no sean capaces de verlo, afecta, y más, con miedo a repetirme, a un joven individuo de doce años. Puede ser que no comprenda en toda su extensión lo que ocurre en el mundo ni lo que ocurre a su alrededor, pero entiende perfectamente cuales son sus sentimientos. La hermana, el hermano, el padre, el casero… los otros niños, quien fue su profesor, los ladrones: si todo el mundo se empeña en que las cosas deberían ser de una determinada manera, ¿Por qué nadie hace nada?, se pregunta el bueno de Edmund.

Así tenemos una película dura, pero realista, que expresa en forma de ficción algo que toda Europa esta sufriendo en sus propias carnes en esos precisos instantes. Edmund personifica los deseos, los anhelos, las ganas y la fuerza de esta parte del mundo y como las cosas, a pesar del esfuerzo, inevitablemente se vuelven en su contra. Bonita y desgarradora, Roberto Rosellini hace de Alemania, año cero, todo un alegato a muchas cosas que no incluye en ningún caso ninguna defensa a las guerras recién pasadas.

Karl: Un soldado puede perder todo, menos el valor.

Arma letal 4 >>> La buddy movie que es capaz de sacar algo desde la nada

Sin pretender que sea una verdad universal, si es cierto que el dicho aquel que reza que las segundas partes nunca fueron buenas tiene un trecho largo de verdad de la buena. Cuando las sagas, con sus secuelas (eso que ahora llaman franquicias como si Star Wars fuera filial de Telepizza) empiezan a acumular números detrás, normalmente, a mayor número, menor calidad. Es algo habitual. Una pena que así sea, pero es lo normal. También es verdad que no es tampoco algo cierto todas las veces: hay sagas que tienen altibajos, loopings y pichorradas varias, como el Dragón Kahn. En Arma letal, lo que pasa es poco más o menos esto; empiezas muy arriba, vas bajando, te hundes en un abismo brutal y de pronto resurges. La gran ventaja de esto es que después de la gran decepción (el batacazo de la tercera), dejas que todo termine con un buen sabor de boca.

En esta entrega tenemos de nuevo a Martin Riggs y Roger Murtaugh (Mel Gibson y Danny Glover) como compañeros de policía. Un día, relajados, pescando, un barco enorme procedente de china casi arroya la barcaza nueva de Roger justo en el momento en que se oyen disparos. Esto pone en alerta a los dos policías que acaban encontrándose con un barco repletito de chinos ilegales que pretenden utilizar unos mafiosos como esclavos. Y eso está muy feo.

Cosas que pasan. Resulta que una familia de esos inmigrantes, acaba viviendo en la casa particular del sargento Murtaugh, y cuando ya hay cariñitos entre los nuevos y los viejos habitantes, resulta que la mafia decide que los quiere recuperar, y no precisamente por las buenas. La mafia, con Jet Li a la cabeza (dura) son los enemigos a batir. Esto supone que, aunque en principio todo iba a ser tarea del departamento gubernamental (o local, que de funcionariado americano, nada de nada) y ahora parte del departamento de homicidios, con los protagonistas a la cabeza, se ha mosqueado.

Y así tenemos una película dividida entre la acción y la comedia, con los dos policías como protagonistas principales, y con un pequeño grupo de secundarios detrás cerrando el asunto. Con esto tenemos a un Mel Gibson haciendo el papel que domina tan bien como Martin Riggs, sargento de policía que está un poco loco (memorables sus escenas en películas anteriores comiendo las galletitas del perro) y a quien ya desde el principio cogió el tino, y aunque más mayor, sigue con ese punto a su favor de haber hecho suyo el papel y saber desarrollarlo como debe. Tenemos como segundo a bordo a Danny Glover, interpretando a Roger Murtaugh, el otro sargento a punto (desde el comienzo de la saga está a punto…) de jubilarse, temeroso de que ocurra algo malo, pero valiente siempre en el momento decisivo. Son dos personalidades muy diferentes, que saben ser complementarias. Vamos, la esencia de películas de colegas se cumple de sobra en todas las películas de Arma letal, con independencia de la propia calidad de las películas.

Para los secundarios hay un poco de todo: por una parte Joe Pesci, que lleva en Arma letal desde la segunda parte ya empieza a cansar su papel como tipo frenético al que nadie quiere pero con muy buena disposición y una boca muy grande. Rene Russo, como novia de Riggs, que pasa completamente desapercibida y Chris Rock, que hace de Buttler, un detective bastante novato de policía. Rock es, en buena parte (y aunque haya quien no pueda creerlo), el artífice de que el resultado final sea más que aceptable. Toda su vena cómica sale aquí, sin usar ese histrionismo al que está acostumbrado. Saca solo la buena artillería. Y bueno, el gran malo de esta entrega, Jet Li (con un nombre que no me atrevo a transcribir), que se dedica a poner cara de malo y dar patadas a mansalva, pero que en último término, es lo que tenía que hacer. Su momento más reseñable es una lucha final muy trabajada, contra los señores Gibson y Glover. El peor parado es sin duda, Pesci, que con una par de escenas completamente prescindibles (como la del teléfono móvil, junto a Rock) es un personaje muy sobado ya en la segunda y tercera entregas.

En general, la película es entretenida. El director, Richard Donner (Kebab) hace de todas sus películas un producto de puro entretenimiento, y en ello es un maestro. Como tantos otros, tiene sus altibajos, pero tiene tendencia a hacer cine de entretenimiento que tiende a cumplir. Que cuando no ha hecho este tipo de films, ha sido porque ha hecho películas ya míticas para según que generaciones, y tan variopintas como Los goonies o La profecía. En Arma letal 4 (que confiemos en que es la última) hace películas del primer tipo sin ningún problema. Jugando sobre seguro, sin complicarse y sin despeinarse demasiado. Ha sabido captar del guión todo el jugo que ha podido y volver a darle a esta cuarta oportunidad a sus sargentos preferidos, entre gracietas bastante buenas en general y alguna escena de acción intensa, empezando con la propia escena inicial en la que los protagonistas de vuelven a presentar. Escena que por cierto, parece que va a tener algún tipo de repercusión en la película y cae directamente en agua de borrajas; la trama real es algo completamente distinto.

Así tenemos una pequeña sorpresa. Cuando parecía que todo iba a peor, Arma letal 4 hace que toda la saga tenga un cierre muy digno. Con un punto muy importante de comedia al mejor nivel de las primeras y una acción interesante, Mel Gibson y Danny Glover, a las órdenes de Richard Donner sacan partido a algo que estaba muy acabado años después de que pareciese que realmente se acabó y dan, con su trabajo, una película entretenida, poco pretenciosa y muy simpática, que incluso pudo haber sido algo más, si no se hubiesen empeñado en meter con calzador cada personaje que salió en secuelas anteriores.

¿Secuela anterior no suena a contradicción?

Buttler: Tienes derecho a un abogado. Si no puedes costearte ningún abogado, te proporcionaremos el puto abogado más tonto de la tierra.

Ciudad portuaria >>> El amor en la Suecia profunda en unos tiempos bastante difíciles

A finales de los años cuarenta Europa intenta recomponerse, y aunque Suecia no es ni de lejos parte del grupo de naciones europeas que salieron malparadas (más allá de su mucha o poca intervención en el conflicto), está metida en la recesión mundial que aquello supuso. Son tiempos difíciles y todos tenían que apechugar para ganarse el pan. Los ciudadanos, que aprendieron a ser felices con lo que tenían, luchaban contra corriente para levantarse (como conjunto) para volver a ser lo que eran: un puñado de países gustosos de mirarse el ombliguillo. Entre que eso pasa y no, pues a pelear por vivir tan bien como sea posible, tan rápido como sea posible.

Ciudad portuaria es una de las primeras películas de Ingmar Bergman, un señor sueco que se dedicó a hacer cine y teatro muchos años de su vida hasta convertirse para muchos en todo un referente en el cine mundial en la segunda mitad del siglo XX. También para mí lo está siendo: Me enfrenté en su día a Persona (bajo amenaza de muerte del alcalde Emperador cósmico de La ciudad olvidada) y quedé prendado. Con el tiempo me enfrenté a otras, y la sensación de estar viendo joyas del cine iba aumentando, y llegados a un punto, decidí ver tantas películas de Bergman como fuese posible, y para seguir un mínimo orden y no dejar películas en el tintero, me propuse empezar desde sus principios cinéfilos. En ello estoy, y este es el quinto film suyo que tengo el placer de ver desde que empecé con este… ¿ciclo? Bergman, pero claro, son más las que llevo si cuento las de fuera del ciclo. Si hoy colgase un top 10 de cine sueco, veríais que siete de las diez son suyas. Cosas de fanboy. Eso si, tengo en alta estima el cine sueco: el poco que he visto que no es de Bergman me resulta tremendamente atractivo.

En todas estas primeras películas, y también en Ciudad portuaria, se empiezan a ver lo que serán algunas obsesiones del director, y poco a poco se van viendo las formas que tiene de maestro del cine. En esta ocasión, también habla sobre una historia de amor difícil. No es imposible, porque siempre está esa esperanza en las películas de Bergman, pero si es complicado, por una o por ambas partes. En este caso tenemos la relación amorosa entre Berit y Gösta, donde ella, Berit, es una joven maltratada por esa bellísima persona que es su madre desde que es joven por culpa de sus propias obsesiones y miedos, lo que hace que Berit crezca un tanto trastornada y Gösta, un joven marinero que lleva una vida en la mar salada y decide hacer un parón en esa vida que lleva y quedarse en tierra firme al menos una temporada.

Nada más tocar chufa y pisar tierra, aparece Berit en el puerto, y para sorpresa de los que están ahí, se tira al agua en un intento un poco extraño de quitarse la vida. Gösta será quien la rescate y la ponga a salvo, y tras este momento, no vuelven a verse hasta que de manera fortuita se encuentran en una sala de baile. Allí se forja la relación y los problemas, y el resto… para el que la vea.

Así tenemos a dos personalidades muy marcadas, una, Gösta, que busca estabilizarse y dar tanto como pueda de si mismo hasta las últimas consecuencias y otra, Berit, miedosa y recelosa de que realmente algo tan bueno pueda darse y por ello, dificultando el asunto mucho. Así tenemos a alguien que oculta su pasado y parte de su presente y a otro, cristalino como un vaso de agua (limpia, claro). A Berit, con una moral bastante relajada (una pelandrusca de cuidado, para que nos entendamos) y a Gösta, persona entera, coherente, consecuente, sin traumas y rubiales. La sociedad sueca, casi como tercera gran protagonista es la que la gran mayoría del tiempo lleva las riendas de los acaeceres de los protagonistas principales. El pasado tormentoso (que en cierto modo eligió ella) les perseguirá más allá de donde pensó que podía ocurrir, todo potenciado por una madre de Berit, posesiva, obsesionada con muchas cosas y con ganas de mantener su estatus y las formas de puertas para afuera, aunque salgan todos perjudicados menos ella. Lo que decía antes: una gran mujer.

La evolución que muestran los personajes es impresionante, y por encima de todo, coherente. Bergman suelta todo su arte para que las cosas no parezca que ocurren sin razón alguna. Incluso si algo se escapa, muy probablemente no es porque no está hilado, sino porque un despiste, en según que pasajes de sus películas, puede resultar fatal. Tanto Berit, esa sueca que se sale del tópico de las películas de Alfredo Landa y Juanjo Menéndez como Gösta, el sueco de ninguna parte, están perfectamente definidos.

Como se aprecia hasta el momento, creo, aunque no se haya comentado abiertamente, el guión es el mejor que ha hecho hasta el momento, y aunque no es tan rebuscado (por decir algo bastante exagerado) como el de Música en la oscuridad, los puntos obvios que tienen en común llevan a la normal comparación, y esta (Ciudad portuaria) sale mejor parada.

La fotografía va mejorando. Toda esa labor que aúna fotografía y dirección en las películas de Ingmar Bergman, cada vez se nota más. El estilo y el buen hacer se va plasmando película a película hasta llegar a su etapa de éxitos internacionales.

Por todo esto, Ciudad portuaria, lo que supone es otra película dentro del aprendizaje de Bergman, donde ya se ven las primeras pinceladas de lo que acabará siendo su filmografía con títulos mayores, con otra historia sobre amores difíciles por las diferencias que separan a ambas partes de la pareja. Aquí tenemos a una mujer insegura por todo su tenebroso pasado y a un hombre deseoso de darlo todo de si, y contado de una forma sencilla pero muy clara, con una progresión muy bonita de los personajes. Intensa en la historia y en el desarrollo, siempre con la coherencia que desprende Bergman, la película resulta un punto más alto en la por entonces, escasa carrera del director.

Algún día haré una entrada hablando de lo fascinantes que me resultan los suecos… Cosas de fanboy.

Gösta a Berit: La vida no es tan difícil como la gente piensa. Ya verás. Un día, la suerte estará de nuestro lado y te enseñaré a decir que me amas.

Ghost in the shell >>> Aquellos cyborgs que bebían San Miguel

No soy demasiado amigo del cine de animación en general. Vamos, que ni me gusta ni me disgusta. Si por alguna de aquellas se cruzan nuestros caminos pues bien, pero si no, pues también bien. Y la animación japonesa pues como que me da un poco igual. No me parece técnicamente mejor ni nada por el estilo. Aún así, no voy a poner en duda que hay maravillas dentro del cine de animación en general, y del anime japonés en particular, hasta tal punto que la mayoría de aquellas a las que podría llamar mis películas favoritas de animación, son en su mayoría japonesas, aunque también debo decir que la culpa de eso la tiene ese maestro de la animación que es Hayao Miyazaki y esos geniales cierres que tiene la serie de anime Evangelion.

A partir de ahí, y con el poco camino que llevo andado por los andurriales de la animación japonesa, que como digo, ni levanta mis odios ni tampoco mis simpatías, entra, sin esperármelo en absoluto, una película como Ghost in the shell, de Mamoru Oshii, allá por mediados de los años noventa, con un cierto mito detrás de los amantes de este tipo de películas, comparándola a películas como Akira, que aunque anterior también supuso un antes y un después tanto en la historia como en la técnica (hablo de oídas y de recuerdos, así que me lo puedo estar inventando muy fácilmente).

Ghost in the shell es la historia de la Mayor Motoko Kusanagi, una cyborg a la que le han insuflado un espíritu de forma artificial y un cerebro humano, que resulta ser quien está a cargo de una sección gubernamental dedicada al espionaje, conocida como sección 9. Allí, llegado un momento, deben localizar y eliminar, Kusanagi y sus compañeros, al Titiritero (por lo visto es una mala traducción, y debería haber sido el Maestro de marionetas o algo así). Como complemento, o al menos como agencia de información, está la sección 6, encargada de investigaciones y cuestiones similares, también dependiente del gobierno, y aunque en teoría deben estar ligadas, la sección 9 tiene una mayor autoridad, cuestión que les llevará a estar en continuo conflicto, como una guerra fría: se ayudan cuando es necesario, pero con reticencias.

Con ello tenemos a tres individuos, Kusanagi, Batou, un humano con gran cantidad de modificaciones mecánicas en su cuerpo, hasta tal punto que tiene más de robot que de humano y a Togusa, un hombre casi completamente humano, tan solo modificado en algo que llaman, ampliación de memoria.

Así, en el mundo conviven esos cyborgs, los humanos y los que están mezclados en mayor o menor medida sin ser fácil reconocer a unos de otros: Todos tienen un aspecto lo suficientemente similar como para parecer iguales y las características mínimas diferentes, para identificarse unos a otros. La única forma de saber quien es qué, es abriéndolo y comprobando si se desangra o llena el suelo de aceite. Como un grupo normal cualquiera de individuos humanos.

Todos conviven en un mundo muy similar al que ya se mostró en Akira, con un mundo muy industrializado y mecanizado, con megalópolis brutales y todo mecanizado y tecnologizado. A pesar de ello, los suburbios son algo tan habitual como los rascacielos enormes, llenos de suciedad, de vagabundos, como si quien más alto vive, mejor ciudadano es. Terrible. Que en comparación a otros retratos sociales similares, aquí la vida a pie de calle es algo habitual, mostrando incluso signos de esperanza por el cambio, pero no por ello da una menor sensación de vértigo.

Entonces tenemos a la élite de la sección 9 buscando a la desesperada al Titiritero, que es el hacker más prestigioso del mundo, que puede hackear cerebros con capacidades aumentadas en incluso cyborgs completos, tengan la seguridad informática que lleven implementada.

Así fluye la historia, con una animación muy cuidada, con unos fondos repletos de detalles, con bastante acción muy bien llevada, utilizando toda la lógica de las situaciones y la tecnología de la que se dispone exprimiéndola tanto como pueden sin acabar resultando situaciones ridículas o mal forzadas.

Centrándonos en las escenas de acción, tenemos un estilo muy similar al de Akira (o yo lo recuerdo como tal), tanto en el combate cuerpo a cuerpo como en el combate con armas de fuego de diferentes tipos. A lo largo de todo el metraje, las diferentes escenas de acción son siempre inquietantes, pero fáciles de seguir: no son una maraña de dibujos imposibles de comprender sin saber quien pega a quien o quien dispara a quien.

 

Tiene además, como cuestión muy importante, un trasfondo filosófico interesante, que más que la búsqueda de respuestas, busca la instauración de preguntas en el individuo, todas ellas relacionadas, directa o indirectamente con el propio concepto de yo, de la identidad del individuo. Al fin y al cabo, Kusanagi es un espíritu con cuerpo de robot (un ghost in the shell) y se están dedicando a buscar a un individuo que puede ser casi quien quiera, pirateando su espíritu. ¿Dónde estaría entonces el límite entre el humano y el cyborg? Ale. La película lo plantea, ahora cada espectador que reflexione, si cree que es menester, y saque sus propias conclusiones.

Para cerrar un poco todo esto: Historia sobre robots del futuro utilizados en beneficio humano con algo parecido a la capacidad de sentir como un humano es capaz de evolucionar hasta tal punto que lo único que lo diferencia de un humano es que no puede morir ni reproducirse como un humano. Ambas serían posibles de diferentes medios a los de los seres humanos. Y todo con el pretexto de la búsqueda y captura del más famoso y eficiente de los hackers informáticos, conocido a nivel mundial como el Titiritero (o maestro de marionetas). Motoko Kusanagi será la cabeza visible en esta búsqueda, pero parece que indirectamente hay algo más en ella que la hace más importante de lo que ella misma piensa. Intensa, violenta, bonita y muy dada a la reflexión en varios asuntos interesantes.

Los futuros cercanos cada vez están más… cercanos. (¡Mierda de redundancias!)

Batou: Los humanos pirateados son patéticos. Y éste pobre bastardo está bien pirateado.

Un top cualquiera >>> 10 películas musicales para un degenerado cualquiera

Me encantan los musicales. No lo puedo evitar: Eso de que de pronto en medio de una avenida abarrotada de gente, todo el mundo, a la vez, conozca una coreografía que baila alrededor de un completo desconocido que le canta al amor, lo siento si parece una cosa ñoña, pero me puede. Que claro, es algo que se piensa en frío y es estúpido, pero visto dentro del cine, de la magia del cine, es (o suele ser) bello. Tampoco tengo demasiadas razones para alabar un género como éste, pero ya veis; aquí un machote hecho y derecho, tenso porque quiere saber si Totó conseguirá salir de Oz, o si Chayanne o Fred Astaire se llevarán a la chica, o incluso para saber quien es más maligna, si Sharpay o el Dr. Frank-n-Furter. Además, de todos es sabido que cuando las series degenran lo suficiente como para que se conviertan en grandes series, tienen capítulos musicales. Véanse, por ejemplo, Buffy o Xena.

Advierto desde ya que los tops (porque amenazo con que vendrán bastantes más) serán entradas vivas. Si aparece una película que merece desbancar a otras de las listas, así será, y las entradas se verán modificadas. He dicho.

Hay cosas inexplicables, pero maravillosas al mismo tiempo, y el gusto y disfrute por mi parte, de los musicales, tiene mucho de eso.

Puesto Nº 10: Dirty Dancing

Baby, una mojigata adolescente que vive en su burbuja del dinero de papá se va de veraneos familiares y conoce a Johnny (¡Dale Patrick Swayze!), un guapetón y fornido profesor de baile que mueve las caderas ritmo que pa´qué y eso motiva a todo el despertar hormonal de Baby. Diferentes edades, diferentes estratos sociales, ¿qué más se necesita para tener situaciones dramáticas? Pero ya se sabe que la música amansa las fieras, y a ritmo de movimientos pélvicos todo tiene mejor arreglo. El final, precioso; Ese baile final es un cierre maravilloso para esa historia de amor veraniego adolescente con la lagrimilla asomando si es necesario.

Puesto Nº 9: The Rocky Horror Picture Show

El delirio hecho película. Una pareja de novios se pierde en la espesura de un monte una noche lluviosa y encuentran refugio en el castillo del Dr. Frank-n-Furter (Tim Curry), científico loco que viene del planeta Transexual de la galaxia Transilvania. Allí, el Doctor, a ritmo de Glam, les muestra sus maléficos planes creando un efebo llamado Rocky (como Frankenstein, pero en rubio) del que Janet (la moza que se pierde, interpretada por Susan Sarandon) se enamora perdidamente. Es tan exagerada, y a día de hoy tan maravillosamente kitsch, que es normal que algo así sea hoy película de culto.

Puesto Nº 8: Grease (Brillantina)

¿Hay pareja más mítica en el mundo de los musicales que John Travolta y Olivia Newton-John? Quizá, pero no estaban tan bien peinados, seguro. Danny, el macarra más macarra del lugar ha pasado un romance de verano con Sandy, una niña bien. Y deben volver al instituto, donde sin saberlo, coinciden, y donde Danny se vuelve el macarra engreído que no supo ser en verano mientras ella, sin intención de resignarse, decide darle una lección que nunca podrá olvidar, ni Danny, ni yo.

Y hay tenemos a un Travolta que se pasa el rato dando paquetazos al aire con frenesí a ritmo de rock´n´roll mientras se peina el tupé, y a Newton-John mutando de beata a golfa sin pasar por la casilla de salida. Todo por conquistar al más chungo del instituto, que no tiene más intereses en la vida que ganar carreras de la muerte por canales.

 
Puesto Nº7: Cantando bajo la lluvia

Una historia de cine dentro del cine y sobre el cine. Don Lockwood, estrella de cine mudo en pleno esplendor de su carrera, conoce a Cathy Sheldon, que es una actriz que está comenzando. Lo que viene a ser que Genne Kelly conoce a Debbie Reynolds. Noviazgo, flirteo y equívocos típicos del cine clásico de Hollywood. Las coreografías son magistrales y las músicas ideales. Para muestra, esa canción que nadie se conoce con el mismo título que la película. Imperecedera. La gran ventaja de esta sobre otras películas similares de la época (que fueron muchas) es que la parte cómica es muy destacable.

 

Película francesa sobre una historia de amor de dos jovenes enamorados y que por azares del destino, el debe abandonar la ciudad dos añazos, tiempo en el que no da señales de vida y en el que ella, aunque apenada, decide rehacer su vida. El problema es que acaban volviendo a coincidir muchos años después, y el poso que quedó en ellos queda como imborrable.

Toda una historia de amor de las de estar con el moquillo colgando y el pañuelo en la mano. Triste, muy triste, y dura, muy dura, pero no por ello deja de ser una bonita y atípica historia de amor y desamor en una película que no deja de tener música en un solo momento y donde no hay ni una sola palabra hablada. Todo cantado.

Puesto Nº5: Baila Conmigo

Chayanne es un crack. Me da mucho igual toda su vertiente de cantante, pero en esta película el tío es el puñetero amo. Resulta que es un inmigrante cubano que consigue llegar a Houston, y va en busca de su padre, a quién no conoce, y siguiendo pistas llega a Kris Kristofferson, que tiene una academia de baile. Total, que el tío es un bailongo de cuidado y se arrima a Ruby (Vanessa Williams), una profesional de los bailes latinos, y entre uno y otro se pasan el rato moviéndose a ritmo de salsas y similares. Una película original y muy llevadera que se lleva la palma de no ser capaz de saber por qué puñetas me gusta. Pero me gusta. Y mucho.

 

Tenacious D es un grupo que existe en la vida real, formado por Jack Black y Kyle Gass, y esta película es la historia real de cómo se formó el grupo. Real es poco… es como si hubiesen grabado en directo la historia en cuestión, como un documental, pero sin leonas ni gacelas. Es tan real que hasta han plasmado la vez que hablaron con el demonio o que se colaron en el museo de la historia del rock. Todo para hacer una interesante sátira sobre toda la mitología que circunda a las estrellas del rock. Maravilloso el cameo de Tim Robbins y execrable el tío al que se le ocurrió traducir el título así.

 
 

Música negra americana por un tubo. De lo mejor de su tiempo. Aretha Franklin, Ray Charles, James Brown y otros tantos hitos de la música hacen sus cameos con estos hermanos, que se dedican a armar follón allí por donde pasan. John Belushi y Dan Akroyd se convierten en los hermanos Blues, y con mucho humor, se pasan la película intentando que el orfanato donde fueron criados no sea derruido. Una aventura épica a lomos de un coche comprado en una subasta de la policía con dos hermanos locos de atar.

 

Una de las historias más tristes que se han parido nunca, y a ritmo de concierto. Hedwig es una transexual que va siguiendo a quién ahora triunfa por su culpa, ya que aprendió todo lo que sabe sobre música de ella. Y Tommy Gnosis, abandonó a Hedwig, y ambos, tocando los mismos temas (uno apropiándose de lo que no le corresponde y la otra, pues con sus propios temas) van de gira americana. La música, triste y melancólica pero esperanzada siempre, va contando su historia, sus deseos, sus anhelos… preciosa e intensa. Pensando en Hedwig and the angry inch se me humedecen los ojos…

 
 

Y aquí la joya de la corona. Esa película que veo con una gran sonrisa cada vez que puedo, a ritmo de rock psicodélico. Lo peor que tiene esta, es que sabes como va a acabar… pero más allá de la historia que cuenta y de sus connotaciones obvias y religiosas (con las que me identifico más bien poco, y quien dice más bien poco dice nada), es una buena historia y con buena música, y además, joder, el papel principal en la versión española está interpretada por un grande de la música como es Camilo Sesto. ¡Que torrente de voz! Un auténtico goce de película donde el bajo presupuesto funciona de una forma bestial, haciendo una versión libre de una versión libre de una historia escrita.
 
Hasta aquí, mis películas musicales preferidas. Se han quedado muchas en la recámara, incluso algunas a las que les tengo especial cariño, como High School Musical, Cabaret, Jesucristo cazavampiros, Flashdance o La viuda alegre, pero es lo que hay, y si quiero un top 10, pues me limito a ello. Una pena. De todas formas, no puedo dejar esta entrada sin una de los grandes momentos musicales de mi vida. Con ustedes, Steve Martin en La pequeña tienda de los horrores:

Constantine >>> Un iluminado y su cruz escopeta llavero de hierro de Albacete

Una apreciación inicial: Aunque lo parezca, no me gusta todo el cine que veo. Esto va por rachas, y aunque preferiría que cada cosa que veo fuese una gran película, desgraciadamente no es así. De una manera puramente casual, las películas que han ido apareciendo en Tengo los glúteos más duros de la costa oeste hasta el momento, han sido películas que en mayor o menor medida me han resultado, como mínimo, agradables, pero vamos, que no soy precisamente conformista, citándome a mi mismo (y pecando de pedante por ello), me considero, a grandes rasgos, un tipo 4. Con muchos matices, pero vamos, que me cuesta opinar realmente bien de una película. Eso no quita para que de un tiempo a esta parte (Un tiempo razonablemente amplio), y para regocijo de mi bagaje cinéfilo haya visto muchas y variadas joyas del cine. Por algo soy suficientemente novato en esto como para que me falten por ver muchas de las consideradas obras de imprescindible visionado y muchísimas más de las que no son tenidas en cuenta como tales, pero que para un servidor, quizá acaben siendo obras maestras.

Dicho esto, hablemos sobre Constantine.

John Constantine, que viene a ser Keanu Reeves en shock post-Neo, es un tipo con la maldición de poder ver a los demonios y a los ángeles que viven entre el común de los mortales desde niño. Conoce de primera mano la lucha entre el bien y el mal, y sabe que en el mundo de los humanos debe permanecer el equilibrio, donde ni unos ni otros pueden manifestarse directamente. En todo, caso, todo el contacto que pueden tener influenciando a los mortales, es a base de susurros. Pero parece que este equilibrio se está rompiendo, y Keanu Reeves, junto a Rachel Weisz están en medio de este follón.

Ángela Dobson (la Weisz), oficial de policía, investiga el suicidio de Isabel, su propia hermana gemela y por cuestiones sobrenaturales acaba buscando la ayuda del amigo Constantine, el solitario cazador de demonios que sobrepasan los límites, que por conveniencia, se decide a echarle un cable.

Con este trasfondo, en medio de Los Ángeles, tenemos a una película de corte fantástico con abundante acción, con una gran virtud como es tener unos efectos especiales de gran calidad y un gran defecto como es ser una película vacía. La película se deja mil y una preguntas en el tintero, muchas de ellas, incluso de tiempo anterior a la propia película, que son mostradas de alguna forma, y quedan durante todo el metraje sin contestar, siendo absurdo que se planteen o que parezca que tienen algún tipo de importancia. ¿Qué había que conocer el comic antes de ver la película? Es probable, pero los responsables de la misma deberían saber que no todo el mundo que se enfrenta a estas cosas conoce el mundo del que surgen, y por lo tanto deberían adaptarse a ello. Gran fallo por su parte.

Los efectos especiales, bajo mi parecer son el gran punto fuerte. Muy bien integrados en la acción, hace que a pesar de lo ridículo que podría llegar a ser ver la hueste de seres de la oscuridad, todo sea razonablemente natural. ¡Bravo por los artífices!

Las actuaciones son un punto bastante favorable. Además de tener a un Reeves y a una Weisz creíbles, dentro de lo que puede ser una historia así, los actores que los circundan, con personajes que, en general, tienen bastante poca aparición directa, como Gabriel, Chas, Medianoche (Malditos traductores. O se pasan o no llegan. Ya podrían haberlo dejado quieto esta vez.), Balthazar o Hennessy, gracias a una gran caracterización, tienen una fuerza importante en la narración. Mención especial para la aparición estelar de Satanás, interpretado de una forma sublime por Peter Stormare.

Para compensar tenemos lo mediocre de los diálogos; Son bastante cutres. Los puntos donde deberían caer las frases lapidarias (momentos que me encantan) caen en una estupidez desustanciada que no emociona como debería, las partes más cómicas no terminan de cuajar por inocentes y el resto en general, pues flojillo. Algún momento de lucidez, pero vamos, nada destacable, y si lo hubiese, gracias a las actuaciones y no al propio guión. Lo que no le ayuda nada en absoluto es esa historia tan cristiano-apocalíptica de luchas de bienes contra males planteada de forma tan fantasiosa, como si quisieran darle la credibilidad que casi por definición ya no tiene un comic. Tampoco esa oscuridad Hello-Kitty que tiene, que realmente es más oscura en intención que en la realidad del efecto final; no está para nada bien plasmada. No es como, por ejemplo la oscuridad que se ve en otras películas como El cuervo, donde la oscuridad parece otro personaje con entidad propia más.

Está por otra parte ese rollo, que no he tenido demasiado en cuenta a la hora de valorarla, porque solo con la sinopsis, se güele a la legua, es el trasfondo religioso disfrazado de neutralidad. Te intentan vender un equilibrio de fuerzas donde un bando no es mejor que el otro, mientras que lo que te están enseñando es que hay un tipo de personajes mejores que otros, incluso te enseñan directamente, con un personaje como Medianoche (Djimon Huonsou), que es tan pernicioso alguien que es abiertamente neutral, que aquel que es abiertamente maligno. Es una contradicción que no afecta directamente a lo que es disfrute y entretenimiento, pero que destroza a la película si realmente le das un tiempo de reflexión. Si realmente no se quisiera vender una postura como esta (pero valdría cualquier otra), no es tan complicado. Pero bueno, es lo que hay si se aceptan las reglas del cine estándar norteamericano.

Reseñable por otra parte la no historia de amor entre los protagonistas, donde la tensión sexual está muy bien llevada tan solo a base de momentos de humor tenso, en los que se usa esa tensión y esas gracietas para hacer de la situación algo más llevadero. Por supuesto, para los protagonistas. Para el espectador puede ser otro cantar muy distinto. De esta forma, no queda algo moñas, ni estúpido, ni tan siquiera metido con calzador; es justo como debe ser, suave, sin forzar, como debería ocurrir en otras tantísimas películas, donde el factor amoroso o sexual está metido para intentar gustar a más personas, pero lo que consiguen es un puñado de escenas pastelosas sin sentido que no vienen al caso.

Y bueno, tiene el segundo pistolón más cojonudo que he conocido. Después del lanzador de estacas con Lanzagranadas de Painkiller, la escopeta de cartuchos rellenos de agua bendita con lanzallamas (perdón, lanza aliento de dragón) en forma de cruz es maravilloso. Así yo también me enfrento a las fuerzas del mal, a las del bien, ya las del medio bien. ¡Pero si tiene hasta linterna!

En pocas palabras, que lo que ganamos con las interpretaciones y unos efectos especiales de altura, lo perdemos por el guión y esa pretenciosidad de parecer real. Con un Constantine muy adecuado, una Dobson que entra en su papel muy bien y una caterva de secundarios muy bien plantados, la película hace aguas por las líneas de diálogo, que en ocasiones se acercan a lo ridículo, pero que si nos ceñimos al puro entretenimiento, es una película que cumple de sobra.

Clérigos en Equilibrium, predicadores en La noche del cazador, ángeles, demonios, espíritus, satanases del infierno y otras criaturas bíblicas en Constantine… ¿Ya vale, no? Parece que estoy obsesionado, pero son ellos, que me persiguen. Lo juro. Por Snoopy. (¿No está esto muy desfasado ya?)

John Constantine: Dios es un chiquillo, y nosotros sus mascotas.

La ola >>> Grabé tu nombre en mi barca, me hice por ti marinero…

Cada vez me gusta más el cine alemán. Es más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo. Incluso añadiría algo más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo basado en hechos reales. A mi entender son unos maestros en coger historias razonablemente pasadas y que ocurrieron más o menos lejos, extrapolarlo a la Alemania moderna y exagerarlo sacando los pies del tiesto hasta cotas insospechadas. El resultado es maravilloso. Molan, y no lo pueden evitar. Asín son ellos.

La ola es la historia de un instituto, donde un profesor con ideas atípicas, se propone hacer entender a sus alumnos como es el funcionamiento de una autocracia a base de cuestiones prácticas: Poca teoría, mucha práctica, y así, ir viendo como se forman estos tipos de gobiernos. Lo normal de un instituto. ¿Y que pasa? Pues que esto va afectando a todos los alumnos de esa clase en mayor o menor medida, cada uno a su forma y siempre en función de sus propios pensamientos e ideales.

Todo en una semana. Una muestra de cómo algo con una cierta importancia y una cierta relevancia, se puede ir de madre sin tan siquiera darse cuenta sus propios integrantes. Una semana intensa que va haciendo que alumnos y profesor vayan cambiando su forma de ser un montón de individuos, a ser un conjunto cerrado. Y lo que es peor, peligroso y cerril.

Esta claro que un conjunto de jóvenes variopintos en un ambiente común como es un instituto, además es un interesante lugar donde un caldo de cultivo de este tipo puede tomar el poso suficiente como para ser, no realidad, pero si más fácilmente realizable.

Un instituto público, religiones variadas, muchos colores de piel,  situaciones sociales y económicas variopintas… y de pronto entra la política (una virtual, a pequeña escala) y les dice a todos esos individuos que son parte de un todo y que dentro de ese todo todos son iguales. De pronto los problemas individuales se esfuman y lo que hay que cuidar es al conjunto de la minisociedad recién creada. A cambio, por supuesto, algunas libertades son recortadas (bonito eufemismo de eliminadas sin remordimiento de conciencia), pero ¡puf! La gran mayoría de los problemas se han esfumado en el pasado. Incluso aunque todo esto surja de cero y evolucione en tan solo una semana hasta la degeneración más absoluta, envuelta de credibilidad. Y aquí está lo importante: Que todo pase en tan poco tiempo, que los personajes sean estereotipos más claros y aún así, resulte verosímil es lo mejor que puede hacer un director de cine embarcado en un proyecto de estas características. Esta claro que Dennis Gansel, director superconocido, en este caso ha sido capaz de tomar todos los ingredientes, y hacer algo en condiciones. Una suerte, porque desde luego no era fácil.

Quiero hacer hincapié en lo de los personajes tópicos, y quiero hacerlo, para que se vea como esto puede ser algo positivo. En el aula tenemos a deportistas, a hijos de inmigrantes, a góticos, a gente popular, a hippys (o hippies, como prefiráis), a marginados, a chungos, a gente con personalidad, a gente sin ella, a gente sin ideales propios, a matones… Nadie queda fuera para que pueda servir como metáfora ampliándola a territorios un poco más grandes que un aula.

Claro, en un minimundo así, una autocracia, bien vendida, como hacen los políticos suena atractiva y regala los oídos. Te cuentas solo la parte que quieres oír. Lo bonito. Después, el grupo actúa y toma algo parecido a lo que serían las riendas del asunto. No adelanto nada fundamental si digo que en La ola pasa eso; el profesor, a modo de experimento propone esto partiendo de una pregunta base: ¿Sería posible que una situación autocrática volviese a instaurarse en el presente en un lugar como Alemania? Los alumnos contestan con hechos. La base es cosa de Rainer Wegner, interpretado por Jürgen Vogel, haciendo de profesor, y los alumnos, interpretando a la masa, se encargan del resto.

Los principales son, el deportista, Marco, que tiene curiosidad por saber que va a pasar, un tío de altos ideales que se verá metido sin querer y sin darse cuenta en una vorágine extraña, tenemos a Karo, una chica bastante popular, educada en valores de la libertad más absoluta y que se opone de manera frontal a este ejercicio, a Tim, ese chico bastante pusilánime que nadie quiere en su grupo de amigos aunque se esfuerza por pertenecer a algún grupo, a Sinnan, hijo de inmigrantes turcos, perfectamente integrado como uno más, pero que quiere algo más, a Bomber, el chico que solo es capaz de arreglar sus problemas a mamporros y a Kevin, el chico problemático de vida fácil que siente una interesante afinidad hacia las ideas más radicales. Este es el grupo principal. El resto, más o menos secundarios. Tienen más importancia como conjunto, porque aunque algunos si tienen sus líneas de diálogos y su tiempo en pantalla, son los matices que hacen que el resto resulten correctos y claro, toda la acción tenga lógica.

Una buena historia muy bien contada, hasta el punto que da miedo. Unas actuaciones creíbles, especialmente la del señor profesor, que no solo cumple como introductor de la problemática, sino que también es el hilo conductor de todo el meollo, y un ritmo perfecto a la hora de contar como se van sucediendo las cosas. No hay parones, no hay acelerones, y el ritmo directamente es el adecuado. Además, es una película que lleva durante todo el tiempo una reflexión interesante sobre lo que puede ser el futuro desde el punto de vista político y que asusta un poco pensar que la mitad (o la mitad de la mitad) de lo que se plantea en una película como La ola pueda llegar a darse en occidente ahora, en pleno siglo XXI. Es una interesante advertencia, una reflexión importante y una colleja a quienes corresponde, además de ser una bella película en cuanto a las formas y bastante duras en cuanto al fondo.

Profesor Wieland: En la semana de proyectos, se trata de presentar a los alumnos las ventajas de la democracia. La preparación de cócteles molotov es cosa de la clase de química.

La noche del cazador >>> Un predicador trastornado anda suelto

Un poco de cine clásico no hace daño, y después de todas las entradas que llevo dedicadas a películas modernas, ya era hora de entrase a este blog un poco de cine clásico. Que conste que si no ha llegado antes un momento así es por pura casualidad, porque tengo temporadas en las que veo mucho más cine más bien viejuno que nuevuno, y la única razón para ello es que las películas las veo en estricto orden de consecución: La que antes consigo, antes veo. Y aunque cada norma tiene sus excepciones, como ver estrenos o ver películas estando acompañado, se puede decir que es lo habitual.

La historia de La noche del cazador es sencilla: Un tipo que está como una chota, que se siente predicador y que cree que habla con dios (No es algo recíproco. Él le habla a dios y está convencido de que puede escucharle aunque nunca recibe respuesta. Todos sabemos que maleducados hay en todas partes, incluso en el paraíso), acaba en una celda junto a un tipo sentenciado a la horca que ha robado diez mil napos americanos de los años 50 (para que hagáis vuestras cábalas sobre el pastuzo que sería hoy) y que intuye que los escondió en su casa. En cuanto sale de allí, el tal Harry Powell, chalado convicto y convencido se va de cabeza a por la pasta, sin remordimientos de conciencia y pasando sobre quien haga falta y con los medios que sean necesarios para ello. El tipo acaba sabiendo (no desvelo nada) que los que tienen esa información son los hijos y para qué más: terminan siendo su obsesión. Otra más a la saca.

Destacan dos nombres sobre el resto: Robert Mitchum y Charles Lautghton. El señor Laughton, director de esta película y, posiblemente, el mejor actor clásico junto a Welles (los tengo elevados en mi olimpo particular), que se esfuerza en hacer una gran película, y que tiene todas las papeletas para serlo, por los factores, por los medios técnicos, por los actores… por todo, y al final, a pesar de la fuerza que consigue plasmar en la película, está falta de algo. Quizá flojea la historia o quizá se depende demasiado de las interpretaciones. Incluso es posible que esto, junto a la intensidad narrativa impresa, todo esto junto no sea capaz de cuajar. A saber. Por suerte esta cualidad extraña no terminar de ser lo que debería haber sido (según un servidor), no destruye la película, y otras tantas cosas, que la compensan, hacen que remonte el vuelo con facilidad. Lo único que implica realmente con una cierta importancia, es que a pesar de ser una gran película (Recalcando lo de GRAN), no llega a la categoría de obra maestra. Por poquico, o por no haber sido capaz de verla con los ojos correctos.

El otro gran nombre es Robert Mitchum. En este film encarna a Harry Powell, un predicador que se comunica con su dios y que según el, le manda señales que van conduciendo su vida. El rezo es su vida y su interpretación de la palabra divina, su obra. Y así va pasando la vida, de un lado para otro, sin rumbo y con sus dedos tatuados. Uniendo los dedos (excepto el pulgar) de la mano izquierda se lee HATE y en los de la derecha, LOVE, por una película muy bíblica que se monta el solo y que representa un par de veces a lo largo del metraje. Pues bien, el señor Mitchum, interpretando a este caótico malvado disfrazado de predicador, da un recital de interpretación. El personaje da auténtico pavor, sin importar si está enfadado con su navaja en la mano, si está rezando, tarareando su canción (es algo que hace varias veces) o si simplemente está intentando hacer creer a los demás que es un buen tipo. Acojonante el tío. Sin duda, de las mejores interpretaciones de la historia. Se que son palabras mayores y que puede sonar a sentencia prepotente, pero de verdad, hay que verlo. Incluso más allá de que la película en general guste o no, la interpretación de Mitchum aquí es parte de la antología del cine.

Del resto de la película se pueden seguir destacando más cosas. Tenemos al personaje de la señora Cooper, interpretado por una Lillian Gish fantástica también, haciendo el papel que hace Mitchum, pero al otro lado. Ella es otra fanática religiosa, pero con principios y con cordura, por lo que los dos, uno contrapuesto al otro muestran las dos partes del fanatismo, aunque no te quieran vender lo de Rachel Cooper como fanatismo, sino como fe. También están los niños, que son el hilo conductor del film, sobre todo John, el hijo, que es quien tiene que esforzarse por alejarse a si mismo y a su hermana del malvado predicador. Y el dinero, claro, porque una promesa hecha a tu padre herido perseguido por la policía es sagrado. Pearl, la hermana de John, por otra parte, es un personaje más bien soso. Es una niña más pequeña que John y por lo tanto su papel es muy limitado. Sin apenas líneas de diálogo, digamos de ella que cumple. Pero coño, contemos que no podía ser nada mejor: Comprobándolo, tenía cuatro años cuando apareció aquí, así que si no es mejor, era porque no era posible. Si hubiese sido una película española actual, seguro que hubiesen puesto a Maribel Verdú. (Si, es un tópico estúpido, pero ¿a que mola?)

Y el final. ¡Que final, señoras y señores! Menudo colofón. El duelo entre Cooper y Powell es colosal. Desde el momento en que comparten plano se ve que algo grande va a pasar. Y pasa. Después de todas las intrigas, y con la ayuda de una bonita metáfora animal, el final se convierte en el desenlace más adecuado, incluso mejora la mejor de las opciones que yo personalmente podría haberme esperado.

Por todo esto tenemos una gran película, que no llega a la obra menestra que tantos dicen, pero que es realmente buena, con una de las mejores actuaciones interpretadas nunca a cargo de Robert Mitchum, con una historia sólida, sencilla, pero quizá un poco coja y con una fuerza visual grande. Muy recomendable para todos, y más para los amigos del cine clásico, del cine negro y de la intriga. Incluso a quiene odian los niños, John les resultará como mínimo, aceptable. Pearl es otro cantar, pero bueno, donde no hay mata no hay patata.

¡Y que desenlace oiga!

Harry Powell: Yo no vengo en son de paz, sino en son de guerra.