La ola >>> Grabé tu nombre en mi barca, me hice por ti marinero…

Cada vez me gusta más el cine alemán. Es más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo. Incluso añadiría algo más, cada vez me gusta más el cine alemán contemporáneo basado en hechos reales. A mi entender son unos maestros en coger historias razonablemente pasadas y que ocurrieron más o menos lejos, extrapolarlo a la Alemania moderna y exagerarlo sacando los pies del tiesto hasta cotas insospechadas. El resultado es maravilloso. Molan, y no lo pueden evitar. Asín son ellos.

La ola es la historia de un instituto, donde un profesor con ideas atípicas, se propone hacer entender a sus alumnos como es el funcionamiento de una autocracia a base de cuestiones prácticas: Poca teoría, mucha práctica, y así, ir viendo como se forman estos tipos de gobiernos. Lo normal de un instituto. ¿Y que pasa? Pues que esto va afectando a todos los alumnos de esa clase en mayor o menor medida, cada uno a su forma y siempre en función de sus propios pensamientos e ideales.

Todo en una semana. Una muestra de cómo algo con una cierta importancia y una cierta relevancia, se puede ir de madre sin tan siquiera darse cuenta sus propios integrantes. Una semana intensa que va haciendo que alumnos y profesor vayan cambiando su forma de ser un montón de individuos, a ser un conjunto cerrado. Y lo que es peor, peligroso y cerril.

Esta claro que un conjunto de jóvenes variopintos en un ambiente común como es un instituto, además es un interesante lugar donde un caldo de cultivo de este tipo puede tomar el poso suficiente como para ser, no realidad, pero si más fácilmente realizable.

Un instituto público, religiones variadas, muchos colores de piel,  situaciones sociales y económicas variopintas… y de pronto entra la política (una virtual, a pequeña escala) y les dice a todos esos individuos que son parte de un todo y que dentro de ese todo todos son iguales. De pronto los problemas individuales se esfuman y lo que hay que cuidar es al conjunto de la minisociedad recién creada. A cambio, por supuesto, algunas libertades son recortadas (bonito eufemismo de eliminadas sin remordimiento de conciencia), pero ¡puf! La gran mayoría de los problemas se han esfumado en el pasado. Incluso aunque todo esto surja de cero y evolucione en tan solo una semana hasta la degeneración más absoluta, envuelta de credibilidad. Y aquí está lo importante: Que todo pase en tan poco tiempo, que los personajes sean estereotipos más claros y aún así, resulte verosímil es lo mejor que puede hacer un director de cine embarcado en un proyecto de estas características. Esta claro que Dennis Gansel, director superconocido, en este caso ha sido capaz de tomar todos los ingredientes, y hacer algo en condiciones. Una suerte, porque desde luego no era fácil.

Quiero hacer hincapié en lo de los personajes tópicos, y quiero hacerlo, para que se vea como esto puede ser algo positivo. En el aula tenemos a deportistas, a hijos de inmigrantes, a góticos, a gente popular, a hippys (o hippies, como prefiráis), a marginados, a chungos, a gente con personalidad, a gente sin ella, a gente sin ideales propios, a matones… Nadie queda fuera para que pueda servir como metáfora ampliándola a territorios un poco más grandes que un aula.

Claro, en un minimundo así, una autocracia, bien vendida, como hacen los políticos suena atractiva y regala los oídos. Te cuentas solo la parte que quieres oír. Lo bonito. Después, el grupo actúa y toma algo parecido a lo que serían las riendas del asunto. No adelanto nada fundamental si digo que en La ola pasa eso; el profesor, a modo de experimento propone esto partiendo de una pregunta base: ¿Sería posible que una situación autocrática volviese a instaurarse en el presente en un lugar como Alemania? Los alumnos contestan con hechos. La base es cosa de Rainer Wegner, interpretado por Jürgen Vogel, haciendo de profesor, y los alumnos, interpretando a la masa, se encargan del resto.

Los principales son, el deportista, Marco, que tiene curiosidad por saber que va a pasar, un tío de altos ideales que se verá metido sin querer y sin darse cuenta en una vorágine extraña, tenemos a Karo, una chica bastante popular, educada en valores de la libertad más absoluta y que se opone de manera frontal a este ejercicio, a Tim, ese chico bastante pusilánime que nadie quiere en su grupo de amigos aunque se esfuerza por pertenecer a algún grupo, a Sinnan, hijo de inmigrantes turcos, perfectamente integrado como uno más, pero que quiere algo más, a Bomber, el chico que solo es capaz de arreglar sus problemas a mamporros y a Kevin, el chico problemático de vida fácil que siente una interesante afinidad hacia las ideas más radicales. Este es el grupo principal. El resto, más o menos secundarios. Tienen más importancia como conjunto, porque aunque algunos si tienen sus líneas de diálogos y su tiempo en pantalla, son los matices que hacen que el resto resulten correctos y claro, toda la acción tenga lógica.

Una buena historia muy bien contada, hasta el punto que da miedo. Unas actuaciones creíbles, especialmente la del señor profesor, que no solo cumple como introductor de la problemática, sino que también es el hilo conductor de todo el meollo, y un ritmo perfecto a la hora de contar como se van sucediendo las cosas. No hay parones, no hay acelerones, y el ritmo directamente es el adecuado. Además, es una película que lleva durante todo el tiempo una reflexión interesante sobre lo que puede ser el futuro desde el punto de vista político y que asusta un poco pensar que la mitad (o la mitad de la mitad) de lo que se plantea en una película como La ola pueda llegar a darse en occidente ahora, en pleno siglo XXI. Es una interesante advertencia, una reflexión importante y una colleja a quienes corresponde, además de ser una bella película en cuanto a las formas y bastante duras en cuanto al fondo.

Profesor Wieland: En la semana de proyectos, se trata de presentar a los alumnos las ventajas de la democracia. La preparación de cócteles molotov es cosa de la clase de química.