Un top cualquiera >>> 10 películas musicales para un degenerado cualquiera

Me encantan los musicales. No lo puedo evitar: Eso de que de pronto en medio de una avenida abarrotada de gente, todo el mundo, a la vez, conozca una coreografía que baila alrededor de un completo desconocido que le canta al amor, lo siento si parece una cosa ñoña, pero me puede. Que claro, es algo que se piensa en frío y es estúpido, pero visto dentro del cine, de la magia del cine, es (o suele ser) bello. Tampoco tengo demasiadas razones para alabar un género como éste, pero ya veis; aquí un machote hecho y derecho, tenso porque quiere saber si Totó conseguirá salir de Oz, o si Chayanne o Fred Astaire se llevarán a la chica, o incluso para saber quien es más maligna, si Sharpay o el Dr. Frank-n-Furter. Además, de todos es sabido que cuando las series degenran lo suficiente como para que se conviertan en grandes series, tienen capítulos musicales. Véanse, por ejemplo, Buffy o Xena.

Advierto desde ya que los tops (porque amenazo con que vendrán bastantes más) serán entradas vivas. Si aparece una película que merece desbancar a otras de las listas, así será, y las entradas se verán modificadas. He dicho.

Hay cosas inexplicables, pero maravillosas al mismo tiempo, y el gusto y disfrute por mi parte, de los musicales, tiene mucho de eso.

Puesto Nº 10: Dirty Dancing

Baby, una mojigata adolescente que vive en su burbuja del dinero de papá se va de veraneos familiares y conoce a Johnny (¡Dale Patrick Swayze!), un guapetón y fornido profesor de baile que mueve las caderas ritmo que pa´qué y eso motiva a todo el despertar hormonal de Baby. Diferentes edades, diferentes estratos sociales, ¿qué más se necesita para tener situaciones dramáticas? Pero ya se sabe que la música amansa las fieras, y a ritmo de movimientos pélvicos todo tiene mejor arreglo. El final, precioso; Ese baile final es un cierre maravilloso para esa historia de amor veraniego adolescente con la lagrimilla asomando si es necesario.

Puesto Nº 9: The Rocky Horror Picture Show

El delirio hecho película. Una pareja de novios se pierde en la espesura de un monte una noche lluviosa y encuentran refugio en el castillo del Dr. Frank-n-Furter (Tim Curry), científico loco que viene del planeta Transexual de la galaxia Transilvania. Allí, el Doctor, a ritmo de Glam, les muestra sus maléficos planes creando un efebo llamado Rocky (como Frankenstein, pero en rubio) del que Janet (la moza que se pierde, interpretada por Susan Sarandon) se enamora perdidamente. Es tan exagerada, y a día de hoy tan maravillosamente kitsch, que es normal que algo así sea hoy película de culto.

Puesto Nº 8: Grease (Brillantina)

¿Hay pareja más mítica en el mundo de los musicales que John Travolta y Olivia Newton-John? Quizá, pero no estaban tan bien peinados, seguro. Danny, el macarra más macarra del lugar ha pasado un romance de verano con Sandy, una niña bien. Y deben volver al instituto, donde sin saberlo, coinciden, y donde Danny se vuelve el macarra engreído que no supo ser en verano mientras ella, sin intención de resignarse, decide darle una lección que nunca podrá olvidar, ni Danny, ni yo.

Y hay tenemos a un Travolta que se pasa el rato dando paquetazos al aire con frenesí a ritmo de rock´n´roll mientras se peina el tupé, y a Newton-John mutando de beata a golfa sin pasar por la casilla de salida. Todo por conquistar al más chungo del instituto, que no tiene más intereses en la vida que ganar carreras de la muerte por canales.

 
Puesto Nº7: Cantando bajo la lluvia

Una historia de cine dentro del cine y sobre el cine. Don Lockwood, estrella de cine mudo en pleno esplendor de su carrera, conoce a Cathy Sheldon, que es una actriz que está comenzando. Lo que viene a ser que Genne Kelly conoce a Debbie Reynolds. Noviazgo, flirteo y equívocos típicos del cine clásico de Hollywood. Las coreografías son magistrales y las músicas ideales. Para muestra, esa canción que nadie se conoce con el mismo título que la película. Imperecedera. La gran ventaja de esta sobre otras películas similares de la época (que fueron muchas) es que la parte cómica es muy destacable.

 

Película francesa sobre una historia de amor de dos jovenes enamorados y que por azares del destino, el debe abandonar la ciudad dos añazos, tiempo en el que no da señales de vida y en el que ella, aunque apenada, decide rehacer su vida. El problema es que acaban volviendo a coincidir muchos años después, y el poso que quedó en ellos queda como imborrable.

Toda una historia de amor de las de estar con el moquillo colgando y el pañuelo en la mano. Triste, muy triste, y dura, muy dura, pero no por ello deja de ser una bonita y atípica historia de amor y desamor en una película que no deja de tener música en un solo momento y donde no hay ni una sola palabra hablada. Todo cantado.

Puesto Nº5: Baila Conmigo

Chayanne es un crack. Me da mucho igual toda su vertiente de cantante, pero en esta película el tío es el puñetero amo. Resulta que es un inmigrante cubano que consigue llegar a Houston, y va en busca de su padre, a quién no conoce, y siguiendo pistas llega a Kris Kristofferson, que tiene una academia de baile. Total, que el tío es un bailongo de cuidado y se arrima a Ruby (Vanessa Williams), una profesional de los bailes latinos, y entre uno y otro se pasan el rato moviéndose a ritmo de salsas y similares. Una película original y muy llevadera que se lleva la palma de no ser capaz de saber por qué puñetas me gusta. Pero me gusta. Y mucho.

 

Tenacious D es un grupo que existe en la vida real, formado por Jack Black y Kyle Gass, y esta película es la historia real de cómo se formó el grupo. Real es poco… es como si hubiesen grabado en directo la historia en cuestión, como un documental, pero sin leonas ni gacelas. Es tan real que hasta han plasmado la vez que hablaron con el demonio o que se colaron en el museo de la historia del rock. Todo para hacer una interesante sátira sobre toda la mitología que circunda a las estrellas del rock. Maravilloso el cameo de Tim Robbins y execrable el tío al que se le ocurrió traducir el título así.

 
 

Música negra americana por un tubo. De lo mejor de su tiempo. Aretha Franklin, Ray Charles, James Brown y otros tantos hitos de la música hacen sus cameos con estos hermanos, que se dedican a armar follón allí por donde pasan. John Belushi y Dan Akroyd se convierten en los hermanos Blues, y con mucho humor, se pasan la película intentando que el orfanato donde fueron criados no sea derruido. Una aventura épica a lomos de un coche comprado en una subasta de la policía con dos hermanos locos de atar.

 

Una de las historias más tristes que se han parido nunca, y a ritmo de concierto. Hedwig es una transexual que va siguiendo a quién ahora triunfa por su culpa, ya que aprendió todo lo que sabe sobre música de ella. Y Tommy Gnosis, abandonó a Hedwig, y ambos, tocando los mismos temas (uno apropiándose de lo que no le corresponde y la otra, pues con sus propios temas) van de gira americana. La música, triste y melancólica pero esperanzada siempre, va contando su historia, sus deseos, sus anhelos… preciosa e intensa. Pensando en Hedwig and the angry inch se me humedecen los ojos…

 
 

Y aquí la joya de la corona. Esa película que veo con una gran sonrisa cada vez que puedo, a ritmo de rock psicodélico. Lo peor que tiene esta, es que sabes como va a acabar… pero más allá de la historia que cuenta y de sus connotaciones obvias y religiosas (con las que me identifico más bien poco, y quien dice más bien poco dice nada), es una buena historia y con buena música, y además, joder, el papel principal en la versión española está interpretada por un grande de la música como es Camilo Sesto. ¡Que torrente de voz! Un auténtico goce de película donde el bajo presupuesto funciona de una forma bestial, haciendo una versión libre de una versión libre de una historia escrita.
 
Hasta aquí, mis películas musicales preferidas. Se han quedado muchas en la recámara, incluso algunas a las que les tengo especial cariño, como High School Musical, Cabaret, Jesucristo cazavampiros, Flashdance o La viuda alegre, pero es lo que hay, y si quiero un top 10, pues me limito a ello. Una pena. De todas formas, no puedo dejar esta entrada sin una de los grandes momentos musicales de mi vida. Con ustedes, Steve Martin en La pequeña tienda de los horrores: