Ghost in the shell >>> Aquellos cyborgs que bebían San Miguel

No soy demasiado amigo del cine de animación en general. Vamos, que ni me gusta ni me disgusta. Si por alguna de aquellas se cruzan nuestros caminos pues bien, pero si no, pues también bien. Y la animación japonesa pues como que me da un poco igual. No me parece técnicamente mejor ni nada por el estilo. Aún así, no voy a poner en duda que hay maravillas dentro del cine de animación en general, y del anime japonés en particular, hasta tal punto que la mayoría de aquellas a las que podría llamar mis películas favoritas de animación, son en su mayoría japonesas, aunque también debo decir que la culpa de eso la tiene ese maestro de la animación que es Hayao Miyazaki y esos geniales cierres que tiene la serie de anime Evangelion.

A partir de ahí, y con el poco camino que llevo andado por los andurriales de la animación japonesa, que como digo, ni levanta mis odios ni tampoco mis simpatías, entra, sin esperármelo en absoluto, una película como Ghost in the shell, de Mamoru Oshii, allá por mediados de los años noventa, con un cierto mito detrás de los amantes de este tipo de películas, comparándola a películas como Akira, que aunque anterior también supuso un antes y un después tanto en la historia como en la técnica (hablo de oídas y de recuerdos, así que me lo puedo estar inventando muy fácilmente).

Ghost in the shell es la historia de la Mayor Motoko Kusanagi, una cyborg a la que le han insuflado un espíritu de forma artificial y un cerebro humano, que resulta ser quien está a cargo de una sección gubernamental dedicada al espionaje, conocida como sección 9. Allí, llegado un momento, deben localizar y eliminar, Kusanagi y sus compañeros, al Titiritero (por lo visto es una mala traducción, y debería haber sido el Maestro de marionetas o algo así). Como complemento, o al menos como agencia de información, está la sección 6, encargada de investigaciones y cuestiones similares, también dependiente del gobierno, y aunque en teoría deben estar ligadas, la sección 9 tiene una mayor autoridad, cuestión que les llevará a estar en continuo conflicto, como una guerra fría: se ayudan cuando es necesario, pero con reticencias.

Con ello tenemos a tres individuos, Kusanagi, Batou, un humano con gran cantidad de modificaciones mecánicas en su cuerpo, hasta tal punto que tiene más de robot que de humano y a Togusa, un hombre casi completamente humano, tan solo modificado en algo que llaman, ampliación de memoria.

Así, en el mundo conviven esos cyborgs, los humanos y los que están mezclados en mayor o menor medida sin ser fácil reconocer a unos de otros: Todos tienen un aspecto lo suficientemente similar como para parecer iguales y las características mínimas diferentes, para identificarse unos a otros. La única forma de saber quien es qué, es abriéndolo y comprobando si se desangra o llena el suelo de aceite. Como un grupo normal cualquiera de individuos humanos.

Todos conviven en un mundo muy similar al que ya se mostró en Akira, con un mundo muy industrializado y mecanizado, con megalópolis brutales y todo mecanizado y tecnologizado. A pesar de ello, los suburbios son algo tan habitual como los rascacielos enormes, llenos de suciedad, de vagabundos, como si quien más alto vive, mejor ciudadano es. Terrible. Que en comparación a otros retratos sociales similares, aquí la vida a pie de calle es algo habitual, mostrando incluso signos de esperanza por el cambio, pero no por ello da una menor sensación de vértigo.

Entonces tenemos a la élite de la sección 9 buscando a la desesperada al Titiritero, que es el hacker más prestigioso del mundo, que puede hackear cerebros con capacidades aumentadas en incluso cyborgs completos, tengan la seguridad informática que lleven implementada.

Así fluye la historia, con una animación muy cuidada, con unos fondos repletos de detalles, con bastante acción muy bien llevada, utilizando toda la lógica de las situaciones y la tecnología de la que se dispone exprimiéndola tanto como pueden sin acabar resultando situaciones ridículas o mal forzadas.

Centrándonos en las escenas de acción, tenemos un estilo muy similar al de Akira (o yo lo recuerdo como tal), tanto en el combate cuerpo a cuerpo como en el combate con armas de fuego de diferentes tipos. A lo largo de todo el metraje, las diferentes escenas de acción son siempre inquietantes, pero fáciles de seguir: no son una maraña de dibujos imposibles de comprender sin saber quien pega a quien o quien dispara a quien.

 

Tiene además, como cuestión muy importante, un trasfondo filosófico interesante, que más que la búsqueda de respuestas, busca la instauración de preguntas en el individuo, todas ellas relacionadas, directa o indirectamente con el propio concepto de yo, de la identidad del individuo. Al fin y al cabo, Kusanagi es un espíritu con cuerpo de robot (un ghost in the shell) y se están dedicando a buscar a un individuo que puede ser casi quien quiera, pirateando su espíritu. ¿Dónde estaría entonces el límite entre el humano y el cyborg? Ale. La película lo plantea, ahora cada espectador que reflexione, si cree que es menester, y saque sus propias conclusiones.

Para cerrar un poco todo esto: Historia sobre robots del futuro utilizados en beneficio humano con algo parecido a la capacidad de sentir como un humano es capaz de evolucionar hasta tal punto que lo único que lo diferencia de un humano es que no puede morir ni reproducirse como un humano. Ambas serían posibles de diferentes medios a los de los seres humanos. Y todo con el pretexto de la búsqueda y captura del más famoso y eficiente de los hackers informáticos, conocido a nivel mundial como el Titiritero (o maestro de marionetas). Motoko Kusanagi será la cabeza visible en esta búsqueda, pero parece que indirectamente hay algo más en ella que la hace más importante de lo que ella misma piensa. Intensa, violenta, bonita y muy dada a la reflexión en varios asuntos interesantes.

Los futuros cercanos cada vez están más… cercanos. (¡Mierda de redundancias!)

Batou: Los humanos pirateados son patéticos. Y éste pobre bastardo está bien pirateado.