Ciudad portuaria >>> El amor en la Suecia profunda en unos tiempos bastante difíciles

A finales de los años cuarenta Europa intenta recomponerse, y aunque Suecia no es ni de lejos parte del grupo de naciones europeas que salieron malparadas (más allá de su mucha o poca intervención en el conflicto), está metida en la recesión mundial que aquello supuso. Son tiempos difíciles y todos tenían que apechugar para ganarse el pan. Los ciudadanos, que aprendieron a ser felices con lo que tenían, luchaban contra corriente para levantarse (como conjunto) para volver a ser lo que eran: un puñado de países gustosos de mirarse el ombliguillo. Entre que eso pasa y no, pues a pelear por vivir tan bien como sea posible, tan rápido como sea posible.

Ciudad portuaria es una de las primeras películas de Ingmar Bergman, un señor sueco que se dedicó a hacer cine y teatro muchos años de su vida hasta convertirse para muchos en todo un referente en el cine mundial en la segunda mitad del siglo XX. También para mí lo está siendo: Me enfrenté en su día a Persona (bajo amenaza de muerte del alcalde Emperador cósmico de La ciudad olvidada) y quedé prendado. Con el tiempo me enfrenté a otras, y la sensación de estar viendo joyas del cine iba aumentando, y llegados a un punto, decidí ver tantas películas de Bergman como fuese posible, y para seguir un mínimo orden y no dejar películas en el tintero, me propuse empezar desde sus principios cinéfilos. En ello estoy, y este es el quinto film suyo que tengo el placer de ver desde que empecé con este… ¿ciclo? Bergman, pero claro, son más las que llevo si cuento las de fuera del ciclo. Si hoy colgase un top 10 de cine sueco, veríais que siete de las diez son suyas. Cosas de fanboy. Eso si, tengo en alta estima el cine sueco: el poco que he visto que no es de Bergman me resulta tremendamente atractivo.

En todas estas primeras películas, y también en Ciudad portuaria, se empiezan a ver lo que serán algunas obsesiones del director, y poco a poco se van viendo las formas que tiene de maestro del cine. En esta ocasión, también habla sobre una historia de amor difícil. No es imposible, porque siempre está esa esperanza en las películas de Bergman, pero si es complicado, por una o por ambas partes. En este caso tenemos la relación amorosa entre Berit y Gösta, donde ella, Berit, es una joven maltratada por esa bellísima persona que es su madre desde que es joven por culpa de sus propias obsesiones y miedos, lo que hace que Berit crezca un tanto trastornada y Gösta, un joven marinero que lleva una vida en la mar salada y decide hacer un parón en esa vida que lleva y quedarse en tierra firme al menos una temporada.

Nada más tocar chufa y pisar tierra, aparece Berit en el puerto, y para sorpresa de los que están ahí, se tira al agua en un intento un poco extraño de quitarse la vida. Gösta será quien la rescate y la ponga a salvo, y tras este momento, no vuelven a verse hasta que de manera fortuita se encuentran en una sala de baile. Allí se forja la relación y los problemas, y el resto… para el que la vea.

Así tenemos a dos personalidades muy marcadas, una, Gösta, que busca estabilizarse y dar tanto como pueda de si mismo hasta las últimas consecuencias y otra, Berit, miedosa y recelosa de que realmente algo tan bueno pueda darse y por ello, dificultando el asunto mucho. Así tenemos a alguien que oculta su pasado y parte de su presente y a otro, cristalino como un vaso de agua (limpia, claro). A Berit, con una moral bastante relajada (una pelandrusca de cuidado, para que nos entendamos) y a Gösta, persona entera, coherente, consecuente, sin traumas y rubiales. La sociedad sueca, casi como tercera gran protagonista es la que la gran mayoría del tiempo lleva las riendas de los acaeceres de los protagonistas principales. El pasado tormentoso (que en cierto modo eligió ella) les perseguirá más allá de donde pensó que podía ocurrir, todo potenciado por una madre de Berit, posesiva, obsesionada con muchas cosas y con ganas de mantener su estatus y las formas de puertas para afuera, aunque salgan todos perjudicados menos ella. Lo que decía antes: una gran mujer.

La evolución que muestran los personajes es impresionante, y por encima de todo, coherente. Bergman suelta todo su arte para que las cosas no parezca que ocurren sin razón alguna. Incluso si algo se escapa, muy probablemente no es porque no está hilado, sino porque un despiste, en según que pasajes de sus películas, puede resultar fatal. Tanto Berit, esa sueca que se sale del tópico de las películas de Alfredo Landa y Juanjo Menéndez como Gösta, el sueco de ninguna parte, están perfectamente definidos.

Como se aprecia hasta el momento, creo, aunque no se haya comentado abiertamente, el guión es el mejor que ha hecho hasta el momento, y aunque no es tan rebuscado (por decir algo bastante exagerado) como el de Música en la oscuridad, los puntos obvios que tienen en común llevan a la normal comparación, y esta (Ciudad portuaria) sale mejor parada.

La fotografía va mejorando. Toda esa labor que aúna fotografía y dirección en las películas de Ingmar Bergman, cada vez se nota más. El estilo y el buen hacer se va plasmando película a película hasta llegar a su etapa de éxitos internacionales.

Por todo esto, Ciudad portuaria, lo que supone es otra película dentro del aprendizaje de Bergman, donde ya se ven las primeras pinceladas de lo que acabará siendo su filmografía con títulos mayores, con otra historia sobre amores difíciles por las diferencias que separan a ambas partes de la pareja. Aquí tenemos a una mujer insegura por todo su tenebroso pasado y a un hombre deseoso de darlo todo de si, y contado de una forma sencilla pero muy clara, con una progresión muy bonita de los personajes. Intensa en la historia y en el desarrollo, siempre con la coherencia que desprende Bergman, la película resulta un punto más alto en la por entonces, escasa carrera del director.

Algún día haré una entrada hablando de lo fascinantes que me resultan los suecos… Cosas de fanboy.

Gösta a Berit: La vida no es tan difícil como la gente piensa. Ya verás. Un día, la suerte estará de nuestro lado y te enseñaré a decir que me amas.