GTO: Great teacher Onizuka >>> La educación… por un motero… japonés… de anime

 
Una sola cosa para comenzar: No apta para profanos. No apta incluso, muy probablemente para los que se estén iniciando. Puedo asegurar que hay capítulos que para gente no demasiado acostumbrada a estas cosas como yo por ejemplo (no ha sido necesario irme muy lejos) se hacen un poco cuesta arriba. Cosas de mangas o animes que nos (¡me!) cuestan comprender. Esas expresiones faciales, esas obsesiones, esas cosas que por diferencias culturales (supongo) resultan tan ridículas que rozan lo estúpido en esta parte del mundo. Pura falta de costumbre. O estupidez mía, claro. No hay mucha más opción. Y ojo, que digo que lo parecen, no que lo sean, que soy consciente de que esto es la percepción de quien desconoce.

Tenemos entre manos una serie de algo más de una cuarentena de episodios sobre uno de los jefes de una banda de moteros, antes temida, ahora más bien calmada, que decide cambiar de vida y hacerse profesor de instituto. El motivo para llevar a cabo el cambio, no puede ser más noble: estar cerca de chicas jóvenes y bueno… lo que pueda, cosa muy típica de este tipo de series japonesas.

Tras conseguir una entrevista en un colegio privado llamado El bosque sagrado y no dar una buena primera impresión, la directora Sakurai lee más allá de lo aparente y decide darle una oportunidad, a pesar de que supone una confrontación directa con el subdirector Uchiyamada, quien opina de el que solo es un delincuente con ínfulas. Lo que desconoce es hacia que cosa van dirigidas todas esas ínfulas. De cualqueir modo, la directora tiene el arma definitva siempre cargada en su cajón: una carta de renuncia que entregará a Onizuka la primera vez que haga lo que no debe. Y esto es toda una prueba de fuego para Eikichi, que tendrá que andar templado para no pasar más allá de lo que Sakurai entiende por buena acción.

Una vez contratado, le dan para tutelar a la clase más conflictiva de todo el colegio, y en seguida decide combinar ese honroso objetivo docente que tenía con el de ayudar a aquellos alumnos suyos, a aquellos tutelados que pidiéndole ayuda o no tengan problemas más o menos graves.

Pero hay algo peor en ellos, y es que como conjunto, odian toda autoridad docente, por una serie de situaciones previas que se irán desvelando a lo largo de la trama, y que no ayudan precisamente a Onizuka. Eso, juntado a que en su clase hay expertos en informática, la chica más inteligente de Japón y alguna que otra cosilla interesante más, hacen de la clase 2-4 un bonito caos que quiere aniquilar al nuevo profesor, Eikichi Onizuka de 22 años de edad (Algo que repite una o dos… cientas veces a lo largo de la serie).

Así cada alumno será un problema de la más diversa índole, suicidas, víctimas de bulling (No confundir con el restaurante de Ferrán Adriá), adolescentes que ridiculizan a los propios profesores, etc. Y cada profesor, un mundo contra el que luchar, y excepto la directora y Fuyutsuki, una joven profesora que ingresó en el instituto a la vez que Onizuka sensei, el resto se encontrará más o menos con el: el de gimnasia, el de inglés, el de química… y todos con un liderazgo no escrito a cargo del subdirector, que envidioso aunque dedicado, se dedicará a odiar a Eikichi por encima de todas las cosas.

Poco a poco, el motero salido con más empuje que dedos de frente, procura hacerse con la situación aunque sea a la brava, y con su cabezonería será capaz de salvar a sus alumnos de huestes infernales de fans, de secuestros express, de perder el honor de su familia y otras tantas cosas que a todo alumno de instituto le pasan a diario. Que conste que no le estoy pidiendo ningún tipo de realismo a un producto de este tipo, no confundamos términos. Es más, dentro del tipo de serie que es, es tremendamente consciente de si misma, cumpliendo con los objetivos de coherencia que se exigen de esta.

Lo que tiene realmente bueno es la personalidad tan marcadamente diferente de la gente. No se hasta que punto es algo común en los animes, porque no soy muy ducho, pero en este caso me ha resultado muy agradable. Es cierto que todos tienen sus semejanzas, pero coño, son parte de una misma obra y están imbuidos en una situación geográfica, cultural y demás parafernalia social. Es lo normal. A lo que me refiero es más allá. Me refiero al descubrimiento de las personalidades de cada uno, que claro, muchos corresponden a estereotipos brutales, pero no por ello carece de valor la diferenciación sutil que separa a muchos de ellos, al fin y al cabo todos son jóvenes de una misma edad en un mismo lugar. Las coincidencias deben darse.

Poco a poco Onizuka deberá hacerse el hueco en la vida de sus alumnos, primero porque ha venido para quedarse y segundo, por sus santos huevos. Su personalidad, arrolladora y obsesiva, en principio con el rollo de dejar de ser virgen y arrimarse a las jovenzanas para ver si suena la flauta (la de Onizuka) y ya después en los problemas que sus alumnos tienen. Esto, sin perder de vista su objetivo último, de arrejuntarse a tantas pechugonas como pueda. Y sin enseñar nada, claro.

Todo esto se queda en una serie entretenida para novatos animeros como yo o no demasiado fans de estas cosas y probablemente joya maravillosa para el resto del mundo, con eso, personalidades arrolladoras y situaciones desconcertantes, pero siempre con un buen humor suficientemente aceptable como para que no sea algo aburrido. Tanto Onizuka como el resto de personajes desbordan coherencia en cada uno de sus actos y entre chorrada y chorrada, te deja un pequeño poso del que al final está haciendo una reflexión sobre la educación. Curioso, simpático y violento a partes iguales, tenemos en Great Teacher Onizuka una serie que en el peor de los casos se deja ver.

Eikichi Onizuka: Por tu voluptuosidad, ¡un brindis!