De aquí a la eternidad >>> Un clásico que se queda a medio camino

Está claro que los clásicos cinematográficos lo son por algo. Cualquiera no puede entrar en tal casi sagrada élite, y menos en la más reducida de estas, que es aquella en que se aclama con una sola voz de cinéfilos y profanos la propiedad de ser clásico de una película concreta. Véanse ejemplos como El padrino, película que a todos entusiasma y que en buena parte de las listas se encuentra como la gran película de todos los tiempos. O Ciudadano Kane con iguales resultados. (Que si, que resulta que no te gustan ninguna de las dos o peor… que te dejaron indiferente. Pero entras al saco, ya eres parte de la estadística.)

Así tenemos De aquí a la eternidad, una película bélica del año 1953, que sitúa su acción allí por Hawaii (que no Bombay, por lo que no son dos paraísos) inmediatamente antes de todo el ataque brutal de Japón a Pearl Harbor en un momento histórico que nadie conoce y que no tuvo mayores repercusiones históricas. Apenas.

En ella tenemos dos historias de faldas, relacionadas por el ejército y el destacamento al que ambos caballeros están asignados. Así tenemos al soldado Prewitt encarnado por Montgomery Clift y al sargento Warden, interpretado por un inconmensurable Burt Lancaster, uno superior inmediato del otro y que se verán las caras con amores improbables.

Así, la otra parte del problema son los personajes de Deborah Kerr (la señora Karen Holmes) para Warden y Donna Reed (la señora de compañía Alma Burke aka Lorene) para Prewitt. Y para redondearlo, tenemos a tres personajes fundamentales para que todo tenga un cierto hilo conductor, como son el capitán Holmes (Phillip Obert), “Fatso” Hudson (Ernest Borgnine) y el completamente innecesario e interpretado de una manera magistralmente horrible, Angelo Maggio interpretado por el muy carismático y peor actor, Flan SinNata (que por cierto, por esta interpretación se llevo un moñaco dorado).

Tenemos la vida en un cuartel de la armada de los Estados Unidos de América en Hawaii, a la que acaba de llegar el soldado Prewitt, un virtuoso de la corneta, que quiere cumplir como soldado de verdad. El capitán a quien ha sido asignado es Holmes, un hombre obsesionado con el boxeo y con el campeonato del ejército sobre esto. El propio Holmes pidió que Prewitt militase en sus filas por ser boxeador tiempo atrás, y de buen nivel. Lo que pasa es que Prewitt no quiere, lo que le llevará a enemistarse con la gran mayoría de su escuadrilla, en una lucha de resistencia, a ver quien aguanta más. En su primer día de permiso, en un local de alterne light (solo se habla con las chicas) conoce a Lorene, la que pretende que sea la mujer de su vida, pero Lorene, aunque enamorada, desea vivir unos ideales mucho más altos que la de casarse con alguien que puede morir cualquier día.

Por otra parte está la historia de Warden, que un día, como quien no quiere la cosa, se enamora de Karen Holmes, la esposa desatendida de su jefe, el capitán. Warden, un hombre duro, no enamoradizo, pero si bravo y decidido, se decide a ocupar el lugar que no satisface su jefe, a costa de muchas cosas, y jugándosetoda su reputación, su trabajo, y su vida en general. Se juega incluso un consejo de guerra. No es moco de pavo. Pero el fornido sargento luchará contra viento y marea por lograr que la fría Karen, con un pasado como gran pelandrusca, se rinda a sus botas militares.

Si a esto lo juntamos con la vida del tuercebotas de Maggio, buen amigo de Prewitt, pero más pendiente de correrse una buena juerga que de hacer una sola de las cosas que le exige su oficio, que acaba metiéndose en líos con el jefe de la cárcel militar, Hudson, pues ya estamos apañados. Tres dramones por el precio de uno.

Con todo presentado, lo cierto es que no tengo la menor duda de que estamos delante de una gran película, pero no me parece que sea esa joya imperecedera que se dice de ella. Por el contrario yo veo una muy buena película, con momentos realmente prodigiosos, como la famosa escena de Burt Lancaster y Debora Kerr revolcándose, bien mojados en la arena de la playa o toda la escena del desembarco, con el desconcierto castrense general y una primera defensa como mejor pudieron. En el resto, hay pasajes que no pintan mucho, personajes que sobran y muchas de las actuaciones poco fundamentales, no solo mediocres, sino que directamente pueden ser tachadas de malas actuaciones. Como si estuviesen desganados. Una auténtica pena.

Una pena también que en una película que buscaba ser un reflejo de la vida militar, ese aspecto haya quedado tan flojo. Se ven mucho más la vida del militar en sus horas de asueto, que cuando está trabajando, y en el mejor de los casos, lo que aparecen son escenas sobre los momentos en que putean a Prewitt por no querer boxear o cuando están jugando al billar pasando las horas muertas. Muy descuidado en ese aspecto a mi humilde entender.

Visto todo este contraste entre lo bueno y lo malo de la película, pero con un predominio claro de lo bueno, y con unas actuaciones principales envidiables, el tono dramático se mantiene todo el tiempo. Desde luego no hay tiempo para la chanza, todo es dramático, e inclouso cuando ves que las cosas van bien para ellos, se presiente que los buenos tiempos acaban. Incluso Frank Sinatra, que intenta dar el toque cómico en un principio, se carga toda la intención con lo malo de sus dotes interpretativas. Una pena, porque ciertamente, esta película llevaba camino de convertirse en algo para la posteridad cinematográfica y por pretenciosidad, creo yo, se queda en buena película sobre la vida y obras de unos pocos militares en Hawaii. Inconmensurable Burt Lancaster y buen Montgomery Clift, que no es capaz de superar la gran actuación que hizo en La heredera, pero que hace, sin duda, un gran papel.

Karen Holmes: Solo soy una fracasada. Si es que me comprende… y no dudo que me ha comprendido.