Algunos pluriempleos cinematográficos. El cineasta multitarea.

Si algo envidio del mundo en general y de las mujeres en particular es la capacidad de hacer varias cosas a la vez. E incluso de hacerlas bien. Joder, juro que me cuesta horrores compaginar cosas como ver la televisión mientras plancho: Mis camisas blancas con nuevo estampado casero lo confirman. Incluso ver una película y beber algo suponen niveles de concentración épicos… de una temporada a esta parte me atraganto continuamente. Por supuesto, esto me hace sentirme superior en la escala evolutiva que, por ejemplo, un presentador cualquiera de Intereconomía.
En cambio, los cineastas, que están hechos de otra pasta (dicen que los toreros también, pero por suerte los toros les pillan y demuestran que son de sucia carne) son capaces de hacer de forma simultánea dos cosas como actuar y dirigir. Incluso hay algunos que pueden encargarse de la fotografía e incluso de la música de su propio cine. Esos ya como para darles de comer aparte porque deben venir como cerca, de Ganímedes. Al menos cuando lo hacen bien. Si pensáis que esto es algo un tanto chungo, podéis ver Primer, de Shane Carruth, y el tío hacía hasta los cafeses en el rodaje. Hasta hacía de puerta corredera y abanicaba al resto de actores cuando se sofocaban.

En todo este contexto de autopluriempleados me voy a referir tan solo a los que se dirigen a si mismos en vivo: ni a los que hacen cameos al más puro estilo Hitchcock o como Spielberg en una de las de Austin Powers, ni a los que dirigen a unos y dejan que otros les dirijan a ellos, como Antonio Banderas, que prefiere dirigir a su señora o como el mismísmo David Cronemberg, que tiene algunos papelillos muy molones. Todo esto supone que el grupo al que me voy a referir es al de los cineastas que se dirigen a si mismos. Incluso concretando más, cineastas que se dirigen a si mismos y he visto alguna de sus películas. Por muy buena actriz y directora que sea Jodie Foster (o no), no he visto ninguna de sus películas como directora… es un terreno escabroso entrar en lo que no se conoce, porque las opiniones son todavía más sesgadas si eso es posible.

Así, con el grupo de gente que nos queda, que son la mayoría, para referirnos a ellos podemos dividirlos de mil millones de formas: por su nivel actuando, por lo que nos gusten, por lo egocéntricos que parezcan o por la largura de su cabello si nos viene en gana.

De todas formas, cada estilo tiene sus propias personas haciendo esto, muchas veces por falta de presupuesto, pero otras tantas veces es por exceso de ego de ese que nos lleva a suponer que uno mismo es quien nació para interpretar ese papel. Los grandes ejemplos en este aspecto son dos cineastas, uno clásico ya y otro contemporáneo, que parece que han pensado que Shakespeare escribió para ellos. El uno, el gran Orson Welles, y el otro, Kenneth Brannagh, y aunque el segundo está a años luz del primero, tampoco es moco de pavo. Joyas como Mucho Ruido y pocas nueces o Hamlet, no pueden ser olvidadas, aunque no tengan nada que hacer contra Macbeth o Campanadas a medianoche. Ellos son el centro, pero con estilo.

Hay otros que prefieren hacerse los papeles a medida ellos mismos. Si hablan de lo que quieren hablar desde su propia perspectiva, ¿por qué no ser ellos mismos quienes lo plasmen? Así encontramos al pesado de Woody Allen haciendo de Woddy Allen en una veitena de películas en las que es un neoyorquino con problemas de autoestima y muchos traumas sexuales no resueltos. Todas jodidamente iguales. Con el mismo personaje central. Y los mismos secundarios con diferentes caras. Aunque bueno, a veces involuciona y gira sobre sus propias canas y hace que otros actores hagan de Woddy Allen. El día que sea capaz de hacer una película completamente ajena a el, quiza comprenda porqué es considerado un cineasta genial. Y ojo, que admito que el tío tiene calidad, al fin y al cabo, películas como Un final made in Hollywood, Septiembre o Desmontando a Harry no están al alcance de cualquiera, pero películas como Otra mujer o Melinda y Melinda, adalides del aburrimiento, pues como que dejan en entredicho toda la calidad del cabezón obsesivo.

Por supuesto, dentro de los que se hacen papeles a medida, están los que los adaptan para que coincidan personaje y actor. Aquí entraría gente de la talla de Clint Eastwood en la piel de William Munny, de Santiago Segura y su Torrente, o de Patrick MacGoohan y su Nº6, donde todos se caracterizan por tener papeles que van como anillo al dedo, sin hacer precisamente de si mismos en la vida fuera de la pantalla. Todos estos hacen de su personaje un medio de expresión adaptado a sus propias necesidades. Como directores, y muchas veces como guionistas, lo van perfilando para que se adapte a sus capacidades. Y si no que se lo digan a Truffaut en La habitación verde, o a Mel Brooks en… cualquiera. Que aunque encasillado en la comedia burda y absurda (véanse Las locas, locas aventuras de Robin Hood o Drácula, un muerto muy contento y feliz), es capaz de hacer papelones de impresión. Todo un maestro. Y por supuesto no podemos, bajo pena de excomunión, dejarnos a los grandes del cine mudo (y parte del sonoro). Esos dos grandes que hicieron tanto bien fuera del cine gracias al cine. Olvidarnos de Buster «Cara de piedra» Keaton y de Charles Chaplin nos enviaría directamente al infienno. El maquinista de la general y Candilejas son unos buenos ejemplos.

 
También pelmas como Roberto Benigni, que solo sabe hacer de bufón sobreactuado en el mejor de los casos, son capaces de vez en cuando de hacer a estos bufones entrañables. Llevar a su terreno sus ponzoñas mentales a un nivel superior, como en La vida es bella, o tirarlas por tierra, como en El tigre y la nieve. Aunque la ventaja de Benigni es que no tiene el dilema de Spike Lee, ese tipo que para su suerte nació negro y así puede salir en sus propias películas. Malcolm X y Haz lo que debas son buenas muestras de ello. Si no hubiese nacido así ¿quién habría salido entonces? Estoy convencido de que cada noche le cuesta dormir pensando en ello. Lo peor de todo es que la única película suya que he visto donde no está obsesionado con los colores de la gente, es con diferencia su mejor película. La última noche es un maravilloso placer. Malcolm X un dolor de muelas.
Incluso puede decirse que todos los estilos tienen a gente asín; hemos hablado de algunos dramas, de comedias, de westerns y de lo que haga falta. Los musicales pueden escribir en letras de oro algunos de sus representantes. El mismísimo Gene Kelly codirigió Cantando bajo la lluvia. Jim Sherman tuo un papel interesante dentro de su propia The rocky horror picture show, y John Cameron Mitchell cogió las riendas de Hedwig and the angry inch interpretando el papel de la mismísima Hedwig. También el cine de acción, con la reciente Los mercenarios con Sly cortando el bacalao nos enseña todo esto, pero mirando poco a poco al pasado, vemos a otros directores-actores de acción, como los honkoneses Sammo Hung Kam-Bo (Los supercamorristas) y Stephen Chow (Shaolin soccer) o los otros americanos Steven Seagal y su En tierra peligrosa y Steve Oederkerk con su magistral Kung Pow: A puñetazo limpio. Aunque claro, Takeshi Kitano y su Zatoichi (por ejemplo) tampoco se queda atrás.

Y bueno, a estas alturas solo quisiera no dejar en el tintero nombres que se alguna manera u otra me han impactado, como puede ser el gran director Jean Renoir, haciendo una interpretación magistral en la mediocre La regla del juego, o como puede ser Nacho Vigalondo, que a la contra, hace una interpretación mediocre en una gran película como es Los cronocrímenes. Pero bueno, nombres ilustres como el gran Fernando Fernan Gomez (recomiendo fervorosamente La venganza de don Mendo a aquellos a quienes os guste el teatro), el ególatra de Quentin Tarantino (elegid la que queráis que no sea Jackie Brown), que se dedica a salir en sus películas y en las de su colega Robert Rodriguez, o los Kevin: Costner (El mensajero del futuro), Spacey (Beyond the sea) y Smith (Jay y bob el silencioso contraatacan). Terry Gilliam necesariamente sale en algunas de sus películas. Al fin y al cabo era parte integrante de los Monthy Python, el antisemita de Mel Gibson se necesitó a si mismo para hacer Braveheart y Syney Pollack, ese gran cineasta, se utilizó en un pequeño pero carismático papel en Tootsie, con Dustin Hoffman a la cabeza del reparto.

Quería dejar para el final al mejor: Magnús Scheving. Quizá por el nombre no os diga nada, pero es el mismísimo Sportacus, de LazyTown. Creador, director y brincador principal. Un buen partido.

Si. Sin duda podía haber sido peor la gracieta sobre el partido. Si me lo curro, lo consigo.

Para acabar decir que esta entrada en mi mente tenía mucha mejor pinta que una mera enumeración de actores/directores. Pretendía hacer algo parecido a un análisis o una opinión personal o alguna cagarruta más molona, pero al final ha quedado esto. No es lo que esperaba, pero tampoco me quejo, al fin y al cabo así ha salido por si mismo: lo he dejado fluir.

P.D.: Por si queda alguna duda de las fotillos, son, en orden, Orson Welles en Campanadas a medianoche, Roman Polanski en El quimérico inquilino, Clint Eastwood en Sin perdón y Stephen Chow en Shaolin soccer.

P.D.2:Hola.