Un top cualquiera >>> 10 películas de 2003 para un mangurrián cualquiera

Me gustan las listas. Y como me gustan, pues las hago. Debe ser por contraposición… como uno es un poco tonto… pues le gustan las listas. Es una lógica tan aplastante que casi da miedo.

Me gusta el cine. Y como me gusta, pues lo veo. Debe ser por contraposición… como uno es un poco ton… Y como procuro ver bastante, de todos los estilos y de todos las épocas, pues es fácil que pueda hacer tops aceptablemente resultones, que dejen buen sabor de boca.

A la pregunta ¿Por qué cojones el 2003? Pues es obvio: Porque es el año en que Dolly, Keiko y Copito de nieve nos dejaron. Y si algo tan jodido pasó en el mismo año, pues seguro que en algún otro ámbito tuvo que ser un buen año.

En este caso el cine fue uno de esos ámbitos positivos. Aparecieron un puñado de grandes películas de varios tipos y formas, cada una a su propio estilo (como corresponde… era una obviedad de esas que mola poner), y oiga, pues una lista se merece.

Hablo ya de que algunas grandes películas de toda esta primera década del siglo tuentiguan se van a quedar en el tintero, pero pasa lo mismo que pasa siempre: un top diez da para diez, no para quince ni para treinta y cinco, así que a mi pesar, películas como American Splendor, Janis y John, La vida de David Gale o Kill Bill: vol. 1, se quedan en las mismísimas puertas de este olimpo tan desagradable y elitista.

Otras tantas, exitazos muchas de ellas, pues se quedan fuera, pero por mucho. Unas más que otras, pero todas con la lejanía suficiente para no inquietar a la clase alta. Así se pierden títulos como Mystic river, Dogville o Buscando a Nemo (Entre otros tantísimos).

Así ya, llega propiamente la lista con la que nadie con dos dedicos de frente debería estar de acuerdo.

Puesto Nº 10: Master and commander: Al otro lado del mundo

 

A veces pasa que empiezas a ver una película con quintal y medio de prejuicios, por supuesto negativos, pero aún así, uno quiere quitarse esa espinita y, joder, verla. Aunque sea para despotricar como hacen los demás. De pronto la acabas de ver y solo puedes decir algo parecido a ¡JO-DER! ¡Debería haberla visto hace mucho tiempo! ¡Cacho peliculón!

Pues eso. Aventuraca naval, con Crowe a la cabeza del reparto, dedicándose a repartir1 lecciones de navegación. Y de combate naval, y de tozudez muchas veces innecesaria, pero bueno, si no, no habría historia, y al fin y al cabo, no hubiesen tenido ninguna historia que contar. Porque la historia de unos que van en barco, casi les hunden y vuelven a puerto sin que les pase nada, pues llama menos, que quieres que te diga.

En definitiva, peaso película se marcan todos, y en mi caso, fuera de todo pronóstico.

 
 

Un cierre cojonudo a una trilogía brutal. Manteniendo el nivel de las anteriores y con momentos tan memorables como las anteriores. Combates prodigiosos, desenlace esperado y los personajes cumpliendo tan bien como en las previas, con Aragorn a la cabeza partiendo la pana. Épico es poco.

Otra gran aventura para este año, de las que te dejan con la baba colgando. Con toda la trilogía, y gracias a que en final no la lía, Jackson se ha hecho un hueco en la historia del cine. En mi opinión, merecidísimo.

Puesto Nº 8: Lost in translation

Película controvertida de esas que aparecen varias cada año. Muy probablemente, la más controvertida del año. La amas, la odias o la amas y la odias, pero desde luego, indiferente es muy difícil que te deje.

Dicen que peca de lenta, de sobreactuada e incluso de pretenciosa a su directora por hacer algo así, pero donde otros ven eso, yo veo una historia maravillosa entre dos personas desubicadas que han encontrado la forma de seguir cuerdos. Quizá a costa de otras cosas, pero como dice alguien muy cercano a mí: Chocolate y merendar no se puede.

Bill Murray da una auténtica lección sobre lo que puede hacer un actor, y tiene incluso más valor, por ser alguien que estuvo mucho tiempo encasillado en papeles de comedia. Gracias a Coppola por volverlo a relanzar.

Puesto Nº 7: Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera

Y verano, y otoño… ¡y así hasta que os canséis!

Si de Lost in translation se decía que era lenta, de esta deben decir que es una foto fija de más de hora y media. Es cierto que es una película pausada, pero es el ritmo que exige una historia como esta. Una cámara como en las películas de Bourne no tiene ningún sentido; no es mejor ni peor, simplemente estaría fuera de lugar.

Esta historia de una vida, repletita de metáforas muy interesantes y fácilmente interpretables, que te lleva por derroteros extraños e interesantes, tiene en Kim Ki-duk al director de orquesta. Su batuta en guión, dirección e incluso actuación plantean un cuento complejo pero apasionante.

Una pena que el cine coreano parezca que solo sea terreno gafapasta o algo peor2.

Puesto Nº 6: Love actually

Nada de Amor actualmente o alguna pichinada así: Realmente amor. Cosas que pasan con los idiomas, que las cosas parecen tan obvias que la cagas de buenas a primeras.

Love actually no es ni mucho menos una patochada romántica al uso. Ni de coña. Love actually se acerca a una visión realista en muchos casos de muchos tipos de amor, con diferentes conclusiones entre ellos. Y aunque hay muchas situaciones que rozan, por sus circunstancias, lo exagerado, también es cierto que la magia del cine permite cosas así. Si se extrapolan a la vida razonablemente cotidiana, son todo situaciones factibles.

Una de las grandes bazas de este film, es el hecho de ser una película coral: Un montón de personajes, todos muy fáciles de seguir en sus respectivas situaciones, cada una con su tipo de amor. En definitiva, esta película no solo habla del amor de pareja, y mucho menos del amor correspondido.

Además, siempre se pueden coger buenas ideas de esta película para situaciones diarias. Ya lo dice Bill Nighy en el papelón que se marca: ¡Niños! No compréis drogas. ¡Convertíos en estrellas del pop! ¡Os las darán gratis!

Puesto Nº 5: La mejor juventud

Seis horas de belleza hecha cine. Un repaso a la historia reciente de Italia a través de la historia de una familia concreta. Cuarenta años de Italia en seis horas. Muy bien contadas, así que es un gran resumen en poco tiempo. ¿A que ya no parece tan malo?

Pues eso, que Luigi LoCascio (un actor muy conocido allí pero nada conocido aquí) se echa a la espalda el peso interpretativo y da un recital importante. Es cierto que todo el juego de maquillajes ayuda para ver cómo cambia físicamente… cuarenta años no pasan en balde, y contando que es una película sin efectos especiales, pues se lo tienen que currar a la antigua usanza.

Un auténtico reflejo de la realidad, llevado con un pulso tremendamente acertado y un ambiente que lleva al ansia por continuar sabiendo.

Puesto Nº 4: Oldboy (Old Boy)

El gran mérito de esta película es llegar a convencerme de que tiene calidad de sobra a pesar de lo sumamente desagradable que es en unas cuantas escenas. Es MUY violenta (y cuando digo muy violenta, quiero decir extremadamente violenta), pero aún así, es una película magnífica.

Por supuesto, no es tan solo lo que aparenta ser, hay mucha chicha detrás, y además, chicha de la interesante, con una puesta en escena peculiar, que va más allá de los convencionalismos de género en el cine. Es otra de esas muestras que confirman que el cine no solo está vivo, sino que todavía está naciendo.

Park Chan-Wook, el director, está obsesionado con todo lo que supone venganza, y Oldboy es la muestra de ello. También Sympathy for Lady Vengeance, que pertenece a su Trilogía de la venganza lo es. Tan dura o más. Pero Oldboy la supera, quizá porque aunque la estética prime, en Sympathy for Lady vengeance, es pura obsesión.

Puesto Nº 3: Memories of murder (Crónica de un asesino en serie)

Excepto Japón y Hong Kong, en Asia, hasta hace unos pocos años apenas había thrillers. De pronto,  algunos otros países, como India o Corea del sur, empezaron a hacer cine de suspense, y a un nivel, como mínimo aceptable.

Con Memories of murder tenemos la tercera surcoreana de la lista, y la mejor de las tres. No por mucha diferencia, ya que las calidades de todas estas películas de la lista son razonablemente parejas, pero gana a sus compatriotas. Incluso gana el bronce del año.

Resumiéndolo mucho, es como Zodiac, pero en bueno. Es la historia de un criminal que es buscado por buenos policías, de diferentes caracteres. Es una historia de lucha contra uno mismo diferenciando lo que uno cree que está bien con lo que realmente está bien. Es la historia de quien quiere hacer su trabajo, y depende de demasiados factores externos como para poder desempeñarlo de una forma correcta. En resumidas cuentas, es una historia de gente que busca sobreponerse a una desesperación impuesta.

Puesto Nº 2: 21 gramos (21 grams)

Siento devoción por Benicio Del Toro. A día de hoy, de entre todos los actores y actrices que he visto, el mejor vivo. Y no tengo dudas. Que ha hecho cosas mediocres, pues sí, pero que le vamos a hacer, todos la cagamos de vez en cuando, y alguien tan expuesto, pues suele caer también.

En 21 gramos deslumbran todos: Sean Penn, Naomi Watts, Melissa Leo… y por supuesto el señor Del Toro. Pero claro, no solo es mérito suyo, también hay un director detrás y un guión respaldando, que también tienen calidad de la buena.

Esta historia de personajes que se entrecruzan es fabulosa. Un pequeño prodigio del cine donde todo sale como debería salir: redondo.

Es prodigioso como Gonzalez Iñárritu ha sido capaz de, con un montaje confuso, mostrarte esas vidas sin pérdida posible. Con un poco de atención se puede seguir sin demasiado problema. Tampoco hay que hacer un máster3.

Mucha tela que cortar.

Puesto Nº 1: La liga de los hombres extraordinarios

La película número uno del año dos mil tres: La liga de los hombres extraordinarios.

Admito que si la película la tomas al pie de la letra, es una patada en la boca del estómago a la literatura, pero esa patada ya la recibió por parte del comic, que aunque no es eximente, si puede moderar algo la situación. Y es que poner a Allan Quatermain, al Doctor Jekill y al capitán Nemo en el mismo relato, pues es arriesgado. Pero bueno, hay muchas películas que toman elementos literarios y los destrozan, y normalmente no tiene tantos detractores. Yo podría haber sido el primero, pero con este tipo de películas hay que desvincularse un poco del nombre que tienen los personajes, y olvidar que tienen su par en el mundo real (dentro de lo real que puede ser un mundo de ficción). Como ejemplo que me parece obvio de toda esta situación podría poner a indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, que como aventura está bien, pero se jode el invento de Indiana Jones, porque el protagonista se llama Indiana Jones. Si se hubiese llamado Pablito Ramírez4, no hubiese pasado nada.

En la liga de los hombres extraordinarios tenemos una de las grandes aventuras que ha dado el nuevo siglo, donde una serie de personajes con capacidades especiales tienen que luchar contra ellos mismos elevados al cubo. Escenas de acción maravillosas, diálogos interesantes y desternillantes en algunas ocasiones y joder, un Sean Connery en plena forma.

Pedir más es tontería.

Acabado el top, y en forma de pequeña reflexión al respecto, lo que más me sorprende a mi mismo de mi propia lista es la presencia de tres películas coreanas entre las 10 mejores, y dos de ellas incluso en el top 5. No soy especialmente amante del cine asiático en general ni coreano en particular, pero bueno. Es lo que hay. E incluso sorprende más sabiendo que Zatoichi (japonesa), fue de las últimas en dejarnos para dar paso a nuevas joyas.

Y ya que hablo de ella, la utilizo como despedida.

¡Qué grande es Kitano, joder!

P.D.: Muchísimas gracias a Zerael por el cartelillo ese molón que preside la entrada, y por recomendarme un peliculón como Memories of murder. 
 

1– El repartidor que reparte. Que ocurrente, ¿eh? Soy la puta juerga a este lado del Tajo…

2– Coreano en particular, pero aquí cabe cualquier cine fuera de los circuitos estándares y fuera de grupos amantes de ese cine particular por razones externas al propio cine.

3– Del universo.

4– O Juanjico Lawless, por decir algún nombre al azar.

Pacific Blue >>> No solo testosterona y pedales

 

Las series son para mi un pequeñomundo inexplorado al que de forma puntual me acerco, descubriendovariedad de cosas: Desde joyas maravillosas con las que deleitarmehasta engendros tenebrosos despedazados en capítulos. Hay de todo,como en botica.

Confieso que a mi me crió latelevisión, desde los primeros ochenta hasta la mitad de losnoventa. Si lo ponían en televisión y estaba en casa, es muyprobable que lo estuviese viendo. Y lo digo yo que en principio solotenía dos tutores privados (TVE1 y TVE2), y conocí el aperturismopúblico con la hueste de canales. Eso supuso que tenía mucho másdonde elegir y que veía lo que en cada momento más llamaba miatención. Las series, por el mero hecho de estar ahí un día yotro, tendían a llamar mi atención: mismas batcaras a las mismasbathoras. Lo peor de todo aquel batiburrillo de datos televisivos, esque no me quedaba con ninguno. Era un ver sin captar. Un deglutir sinpaladear. 

Y en eso, que en mitad de los años deesplendor de los 2 unlimited y de los Maquina total, ya con una miajade conocimiento (exactamente el mismo que sigo conservando hoy), fueel momento de ir repudiando progresivamente a la señora televisión.Mi gusto se empezaba a orientar hacia cosas concretas, normalmenterelacionadas con aquello fácil de ver y que asegurasenentretenimiento a pesar de los cortes publicitarios.

Entre toda aquella amalgama detelevisión, hubo un puñado de series que llegaron a engancharme,como pudieron ser Xena, la princesa guerrera, Sliders: salto alinfinito, Las aventuras de Brisco County Jr. o Edición anterior,recordadas todas con gran cariño. Pero la posibilidad de elecciónera elevada, y allí había sitio de sobra para mucha serie que pasósin pena ni gloria (Thunder in paradise o Misión en el tiempo), ymuchísimas que hicieron que mi concepción sobre las bonanzas de latelevisión cambiase. Ejemplos son Clarissa lo explica todo, Rex: unpolicía diferente, Cosas de hermanas o Tocados por un ángel. Porsupuesto, me refiero a series descubiertas por mi en aquella época.En ningún caso hablo del momento de su creación aunque la mayoríade las veces son hechos coincidentes.

Entre todo este mogollón donde lofácil es despotricar o ensalzar desde la memoria, que siempre mientepasado el tiempo, el objeto de la entrada es una serie de las que medejaron bastante indiferente pero que poco a poco, reposición areposición, le he acabado cogiendo cariñicos: Pacific Blue.

La sinopsis es rebuscadísima delcagarse. Es un grupo especial de policía que se tiene que dedicar amantener el orden en su zona. Original como los Werter´s.

Lo que hace especial a esta pequeñabrigada es que ninguno de sus miembros (y miembras) tiene glándulassudoríparas. Que vayan en bicicleta a todas partes es completamentesecundario, aunque parte integrante de ello, pero lo que realmente espara alucinar es que se peguen unas cabalgadas que ni el mismísimoCipollini, persiguiendo ¡y alcanzando! a gente corriendo en el mejorde los casos, y a gente en coche en el peor de los mismos, y lospolicías estos, ni pierden fuelle, ni sudan, ni se despeinan.

 

Supongo que de todo lo anterior sepuede deducir lo que viene ahora, pero quiero dejarlo más que claro:No considero que una serie como Pacific Blue sea el culmen de latelevisión y que me gusta por sus guiones preciosistas o porque sufotografía sea digna de ganar un Oscar. Ni tan siquiera porque creaque su elenco actoral sea el culmen de la interpretación, o elsúmmum de la belleza. Lo realmente atrapante de una serie así,después de los años del pavo, es la capacidad que tiene desorprender con pequeñas cosas. Chorradas vacías para algunos yotros tantos ni las verán ni las quieren ver. Pero dentro de eseaspecto de bastante bajo presupuesto que se acerca en ocasiones a unacierta falta de calidad general, un ambiente para nada pretencioso,con personajes que no destacan por estruendosos, que no buscan llamarla atención con sus personalidades arrolladoras y su carisma +7.Esto se agradece porque a pesar de ese rollete ese de que si no secansan, que si tal, que si cual, se esconden historias, que comomínimo, dan la impresión de seguir una cierta lógica. Porsupuesto, fuera de esta consideración quedan las escenas de acción,donde un tío en bici alcanza a una furgoneta en marcha que se vasaltando las normas de circulación. Eso, que de primeras puedeparecer algo estúpido o cutre (o estúpido y cutre), puede ser tansolo una forma de acelerar la conclusión. Sería una gilipollezhacer que CADA persecución de CADA capítulo durase lo que duraríauna carrera de esas características. Se acelera el tiempo para queel dramatismo de la historia no se pierda en futilidades.

Y además mola un cojón que la mayoríade los criminales acaben encerrados en callejones sin salida o que depronto aparezca el camión de la basura o una abuela con andador yles obligue a detenerse. No será original, pero desde luego, si esdisfrutable.

Total, que una serie nada presuntuosallegó a la televisión, con un formato quizá mejorable, por tratarde unos policías en bicicleta, pero que no buscan convertirse enpersonajes exageradamente estereotipados. Se agradece algo así,aunque también es cierto, que tanto gimnasio y tanta silicona muchasveces se encuentra frontalmente con la idea de que esos individuospuedan ser personas aceptablemente mundanas. Quizá estuviesenbuscando eso cuando idearon la serie. Vamos, que no es una seriesobre tetas y culos. Solo.

Por cierto. Dos puntos más a su favor:

Puntazo extra 1: El lugar dondetrabajan es en Santa Mónica, lugar de trabajo de los mismísimosMitch Buchannon y C. J. Parker, solo que estos al otro lado de lalínea de playa.

Puntazo extra 2: Uno de los policíasde la dos últimas temporadas es el mismísimo Mario López, bienconocido como A. C. Slater, de Salvados por la campana. ¡Yeah!

P.D.: Hubiese pillado alguna capturillade pantalla molona para esta entrada, pero he tenido problemas con eldividí grabador.