Pacific Blue >>> No solo testosterona y pedales

 

Las series son para mi un pequeñomundo inexplorado al que de forma puntual me acerco, descubriendovariedad de cosas: Desde joyas maravillosas con las que deleitarmehasta engendros tenebrosos despedazados en capítulos. Hay de todo,como en botica.

Confieso que a mi me crió latelevisión, desde los primeros ochenta hasta la mitad de losnoventa. Si lo ponían en televisión y estaba en casa, es muyprobable que lo estuviese viendo. Y lo digo yo que en principio solotenía dos tutores privados (TVE1 y TVE2), y conocí el aperturismopúblico con la hueste de canales. Eso supuso que tenía mucho másdonde elegir y que veía lo que en cada momento más llamaba miatención. Las series, por el mero hecho de estar ahí un día yotro, tendían a llamar mi atención: mismas batcaras a las mismasbathoras. Lo peor de todo aquel batiburrillo de datos televisivos, esque no me quedaba con ninguno. Era un ver sin captar. Un deglutir sinpaladear. 

Y en eso, que en mitad de los años deesplendor de los 2 unlimited y de los Maquina total, ya con una miajade conocimiento (exactamente el mismo que sigo conservando hoy), fueel momento de ir repudiando progresivamente a la señora televisión.Mi gusto se empezaba a orientar hacia cosas concretas, normalmenterelacionadas con aquello fácil de ver y que asegurasenentretenimiento a pesar de los cortes publicitarios.

Entre toda aquella amalgama detelevisión, hubo un puñado de series que llegaron a engancharme,como pudieron ser Xena, la princesa guerrera, Sliders: salto alinfinito, Las aventuras de Brisco County Jr. o Edición anterior,recordadas todas con gran cariño. Pero la posibilidad de elecciónera elevada, y allí había sitio de sobra para mucha serie que pasósin pena ni gloria (Thunder in paradise o Misión en el tiempo), ymuchísimas que hicieron que mi concepción sobre las bonanzas de latelevisión cambiase. Ejemplos son Clarissa lo explica todo, Rex: unpolicía diferente, Cosas de hermanas o Tocados por un ángel. Porsupuesto, me refiero a series descubiertas por mi en aquella época.En ningún caso hablo del momento de su creación aunque la mayoríade las veces son hechos coincidentes.

Entre todo este mogollón donde lofácil es despotricar o ensalzar desde la memoria, que siempre mientepasado el tiempo, el objeto de la entrada es una serie de las que medejaron bastante indiferente pero que poco a poco, reposición areposición, le he acabado cogiendo cariñicos: Pacific Blue.

La sinopsis es rebuscadísima delcagarse. Es un grupo especial de policía que se tiene que dedicar amantener el orden en su zona. Original como los Werter´s.

Lo que hace especial a esta pequeñabrigada es que ninguno de sus miembros (y miembras) tiene glándulassudoríparas. Que vayan en bicicleta a todas partes es completamentesecundario, aunque parte integrante de ello, pero lo que realmente espara alucinar es que se peguen unas cabalgadas que ni el mismísimoCipollini, persiguiendo ¡y alcanzando! a gente corriendo en el mejorde los casos, y a gente en coche en el peor de los mismos, y lospolicías estos, ni pierden fuelle, ni sudan, ni se despeinan.

 

Supongo que de todo lo anterior sepuede deducir lo que viene ahora, pero quiero dejarlo más que claro:No considero que una serie como Pacific Blue sea el culmen de latelevisión y que me gusta por sus guiones preciosistas o porque sufotografía sea digna de ganar un Oscar. Ni tan siquiera porque creaque su elenco actoral sea el culmen de la interpretación, o elsúmmum de la belleza. Lo realmente atrapante de una serie así,después de los años del pavo, es la capacidad que tiene desorprender con pequeñas cosas. Chorradas vacías para algunos yotros tantos ni las verán ni las quieren ver. Pero dentro de eseaspecto de bastante bajo presupuesto que se acerca en ocasiones a unacierta falta de calidad general, un ambiente para nada pretencioso,con personajes que no destacan por estruendosos, que no buscan llamarla atención con sus personalidades arrolladoras y su carisma +7.Esto se agradece porque a pesar de ese rollete ese de que si no secansan, que si tal, que si cual, se esconden historias, que comomínimo, dan la impresión de seguir una cierta lógica. Porsupuesto, fuera de esta consideración quedan las escenas de acción,donde un tío en bici alcanza a una furgoneta en marcha que se vasaltando las normas de circulación. Eso, que de primeras puedeparecer algo estúpido o cutre (o estúpido y cutre), puede ser tansolo una forma de acelerar la conclusión. Sería una gilipollezhacer que CADA persecución de CADA capítulo durase lo que duraríauna carrera de esas características. Se acelera el tiempo para queel dramatismo de la historia no se pierda en futilidades.

Y además mola un cojón que la mayoríade los criminales acaben encerrados en callejones sin salida o que depronto aparezca el camión de la basura o una abuela con andador yles obligue a detenerse. No será original, pero desde luego, si esdisfrutable.

Total, que una serie nada presuntuosallegó a la televisión, con un formato quizá mejorable, por tratarde unos policías en bicicleta, pero que no buscan convertirse enpersonajes exageradamente estereotipados. Se agradece algo así,aunque también es cierto, que tanto gimnasio y tanta silicona muchasveces se encuentra frontalmente con la idea de que esos individuospuedan ser personas aceptablemente mundanas. Quizá estuviesenbuscando eso cuando idearon la serie. Vamos, que no es una seriesobre tetas y culos. Solo.

Por cierto. Dos puntos más a su favor:

Puntazo extra 1: El lugar dondetrabajan es en Santa Mónica, lugar de trabajo de los mismísimosMitch Buchannon y C. J. Parker, solo que estos al otro lado de lalínea de playa.

Puntazo extra 2: Uno de los policíasde la dos últimas temporadas es el mismísimo Mario López, bienconocido como A. C. Slater, de Salvados por la campana. ¡Yeah!

P.D.: Hubiese pillado alguna capturillade pantalla molona para esta entrada, pero he tenido problemas con eldividí grabador.