Beowulf, la leyenda >>> Techno-trance y volteretas en la tercera edad: caso práctico

 

El eterno problema de las interpretaciones libres: ¿Hasta que punto es una versión, y desde que punto se pierde toda la esencia? Es obvio que aquí no queda ni pizca del poema épico que es Beowulf, pero tampoco creo que sea esa la intención del film… ni mucho menos.

Aquí, los responsables han hecho lo que les ha apetecido, dándole una vuelta de tuerca a un poema épico medieval, entre otras cosas porque es tremendamente complejo hacer una obra en verso adaptada. ¿Cuantas películas pueden permitirse el lujo de estar en verso y quedar bien? ¿Mucho ruido y pocas nueces? ¿El perro del hortelano? Pues ya que en Beowulf es eliminado el factor verso, ¿por qué no hacerlo más atractivo añadiendo algún láser y técnicas ninja? Cosas de artista moderno… cosas de alma de artista y de darle a lo propio, aunque sea ajeno, un imbuimiento de si mismo. O de DjTiësto (porque División Barcelona no lo ha conocido nadie de por aquí, ¿no?), no importa demasiado… Además: ¿no sería maravillosa una versión del Cantar del mío Cid en prosa del barrio con banda sonora de Paco Pil? Pues Beowulf igual; absolutamente recomendable. Si no más.

Claro… ya veo el problema: que si no es que no esté en verso, que si quizá es la estética, un tanto cyberpunk de bazar chinorri o la banda sonora Kraftwerk style. ¿Que problema hay? Volveré a preguntarlo ¿Que puto problema hay? La música es electrónica, como otras tantas obras modernas, y la estética es como les ha salido de su genitalidad1. Cada film tiene sus formas, su estilo, sus colores; nadie les protesta a Tim Burton o a Terry Gilliam, cuando ambos tienen visiones peculiares de la realidad. Pues Graham Baker igual, creando su estilo Medievopunk con música Coliseum. Maravilloso. Un auténtico visionario. Si se apellidase Nolan, culmen de lo moderno, la gente cagaría pepitas de oro por la calidad de Beowulf. Pero es un tio desconocido,que tiene su propia visión del rollo épico, y la gente se lo carga. Lo chungo es que cosas mucho más ponzoñosas, se abren hueco entre los clásicos de culto. Esta no. ¿Culpa de Lambert? ¿De Baker? ¿Será el café? ¡Pero si se ven tetas gratuitas! ¡que más quiere la gente! Si no salen, porque no salen, y si salen, porque nunca son suficientes. ¡Inconcebible!

Que no es por ser pesado, pero Christopher Lambert, aquí cumple más que sobrado. Aunque pase gran parte del metraje mirando como a quien pide una pizza sin anochas y se la llevan con anchoas, hace lo que tiene que hacer: dejar sitio a los dobles (que son negros, morenos, bajitos y con bigotón2) y soltando frases lapidarias, como un John McClane cualqueira, fuera de su tiempo y su espacio. Es resto, poco que decir: salen tetas, y Rhona Mitra con escotazos. Esto debería ser razón suficiente para el 90% de la población mundial. Para el resto, incluso veremos que todos o casi todos cumplen. Menos el malo, que es como el dentista ese que recomienda chicles con azucar, que jode la estadística. Y en esta película, es un jambo disfrazado de monstruo, al que le han puesto un efecto raro, como que ondea (Comparable al malo de Krull), que sinceramente, si cada vez que aparece le metiesen una cortinilla de estrella, pues como que estaría más conseguido.

Concluyendo y ciñéndome a la película propiamente, si uno se atreve a darle una oportunidad, intentando (solo se necesita intentarlo) quitar tantos prejuicios al respecto como se pueda, entretiene y divierte. En serio; palabrita del niño Juanjico. Claro, que si nos ponemos quisquillosos y nos quejamos de los detalles, pues no hacemos nada: que si ese es un doble, que si no enseñan pechuga, que si rasca mamá…

Y así no se puede ver una película.

Así, no.


1 Lo que viene siendo la huevada

2 En serio, sucede. Y cuando lo consigues ver,Aeris resucita.

Ojos de serpiente >> La redención del menos aparente

 

Un policía de esos que se deja untar, de esos que solo son capaces de mirarse el ombligo e ignorar lo que a su alrededor ocurre, de los que si no estás con ellos, te llevas un balazo por tocarle las bowlings. Así es el agente Santoro. Un tío duro de los que te levantan las muelas solo porque se ha tomado un whisky de más. Un tío duro de los de verdad, pero en el lado erróneo de la línea. Aunque claro, todos creemos estar en el buen lado de la línea.

Pero su conciencia, esa que le dice que no es tan malo coger pasta bajo mano, porque así te puedes costear un par de vicios al más puro estilo Berlusconi, aumentar tu reputación en las calles y tu patrimonio en los barrios, a veces flaquea. O quizá sea otra forma de mirarse el ombligo y deleitarse en él. Y para él.

La situación empieza a ganarle terreno. Se asusta. Pero la pose debe mantenerse. Santoro debe seguir siendo Santoro, cueste lo que cueste. Comportarse como si el whisky corriese por sus venas como cada noche, solo que sin whisky. Aunque sabe que la noche no será diferente a otras.  Llegará.

Inopinadamente, una conspiración se hila ante sus ojos, de tal forma que por ser quien es no se le esconde demasiado. Pero coño, es policía. La conciencia le habla. Se vuelve a debatir entre lo que juró ser y aquello en lo que se ha convertido. Entre el policía novato que no sabía nada de las calles y el pavo hortera, armado, drogado y hormonado que conoce las calles como si las hubiese modelado él mismo. Es Santoro el grande. El temido. El querido.

A partir de ahí, como si de una jungla superpoblada de cristal se tratase, Cage comienza su camino hacia el renacer moral. Y lo consigue en hora y media y sin rezos. Solo con mala baba reorientada y rabia a mansalva. Un auténtico campeón  purgando sus pecados.

En conjunto la película es un thriller de esos que se acercan peligrosamente al cine negro1, en un mundo oscuro donde todo el mundo es potencialmente malo. Todo el mundo lucha contra todos para poder recrearse en ellos mismos, que al fin y al cabo son lo único importante. Vender a tu abuela por  poder apostar una vez más a los caballos es el pan de cada día. Y recuperarla, un sentimiento estúpido.

Nicolas Kim Coppola2 por fin tiene un papel que le va como anillo al dedo. Debe ser inexpresivo, porque es el tío más duro de Atlantic City. Y el empezar a actuar como debe no implica que deba cambiar la pose. Es parte intrínseca de él e inherente a sí mismo.

Toda la atmósfera es densa… cuesta entrar en un mundo tan oscuro, tan tenebroso, a pesar de toda la iluminación artificial de la ciudad. Sinise hace de villano de los buenos, de los hijos de puta con carisma aunque no sepas demasiado bien que esperar de ellos. Toda una gran contrapartida al amigo Cage.

Aún así, tampoco vamos a engañar a nadie, el conjunto es completamente mejorable, pero las sensaciones son únicas y maravillosas. Ojos de serpiente es una gozada todo el tiempo. Un empezar a disfrutar y no parar, con un De Palma en estado de gracia que se marca un peliculón interesantísimo. Una película fuera de su tiempo, con muchos matices, que pierden valor por ser detalles de mil cosas antes vistas, a pesar de que la nueva mezcla tiene su propia envergadura.

Una pena que la cara de compungido de Cage le haya creado tantos enemigos, porque la verdad es que aquí lo borda. Es la cara de Santoro. Santoro es Cage.

1 Un cinéfilo medio decente, compraría unacizalla y me esperaría en la puerta de casa para amputar mis partesnobles por afirmar algo así de una película de Brian De Palma y/ode Nicolas Cage.

2 El señor ese que viene a ser Nicolas “Bisoñés”Cage.