Hellboy II: El ejército dorado >>> Lo mismo, más bonito y más desustanciado

¿Has visto la primera parte? Ponle efectos especiales más currados y quítale un poco de argumento, ponle más acción y quítale un poco de originalidad y tienes exactamente lo mismo. Hellboy es el copón bendito y reparte a diestro y siniestro, y si alguien le puede toser, es porque se va a llevar una somanta de palos como no la ha visto nunca, con su mano de las pajas del infierno. Así a ojo, lo único que realmente diferencia una de otra es que en esta secuela, el personaje de Hellboy no se pasa la película repitiendo ¡Que cagarro!

Así, en esta ocasión volvemos a tener una lucha entre las fuerzas del bien y del mal en la tierra, por parte de aquellos entes especiales que están a este lado de la línea y que demuestran, de una forma extraña el libre albedrío que hace que nadie nazca siendo, sino que la formación y las compañías son algo importante. Así Hellboy, ese demonio rojo que ama a los gatos y a los puros por encima de todas las cosas, alineado al lado de los menos malos, lidera de alguna forma esta lucha contra los seres demoniacos malignos. No será el cerebro, no será el que consiga el presupuesto, ni tan siquiera el que lleva los cafeses (calentitos, claro), pero es la cabeza visible de ese grupo, quién se lleva las escasas alabanzas y todos los marrones por el trabajo realizado.

La historia que cuenta la película es la historia de cómo en eras pasadas, una gran batalla entre los moradores primigenios de la tierra combaten contra los despiadados humanos (inhumanos humanos…) por la avaricia y las ansias de poder de estos. Llegados a un punto, los seres primigenios, parte del mundo natural y mágico acaban creando un ejército de setenta veces siete (es algo tan bíblico, que da miedo) soldados mecánicos que tan solo saben cumplir órdenes, que no sufren, que no se cansan y que no sienten piedad, que se controla con una corona con antena Wifi. Así, una vez creados y lanzados a la lucha, el rey de estos entes primeros se arrepiente por el daño que está haciendo y divide en tres la corona tras encerrar al ejército; una parte para los humanos y dos para ellos mismos. ¿Problema? El príncipe quiere expulsar a los humanos del mundo y aniquilarlos así que no descansará hasta conseguirlo, pasando por encima de quien sea. Incluido su señor padre.

Así llegamos al día de hoy, donde el príncipe Nuada decide que es el momento de volver a despertar al ejército dorado y exterminar a los humanos para volver a ser, el mundo de los primigenios quienes gobiernen la tierra con mano diligente sobre el planeta, sin venganzas, sin avaricias. Es curioso que suene tan bien, pero requiera del exterminio de una especie de una forma bastante cruel. Contradicción, necesidad… ¿Quién sabe?

Pero no cuenta con que Hellboy tiene dura la mollera y los humanos le caen simpáticos. Menos que los gatos, y menos que Selma Blair, pero bueno, no somos una especie que le toque demasiado las narices. Al menos no lo suficiente como para enfadarle, al fin y al cabo, está (o estaba… no lo se, que el comic me la trae un 20% más floja de lo que me la traía el manga de Ghost in the shell… (Homenaje a mi mismo)) a gustico entre nosotros.

Eso si, toda esta historia funciona solo a Guillermo del Toro, director de esta película, que es quien dota de personalidad a la mayoría de los personajes, porque por si misma, sería todo bastante flojo y sin sustancia, pero gracias a ese guión suyo, y su propia mano en la dirección, todo acaba en algo extraño, bello y aceptablemente entretenido. Lo dicho, los personajes tienen bastante carisma, más allá de los puramente principales. Todos los secundarios son alguien con quien sentirse identificados de forma potencial, a pesar de sus capacidades especiales. Tantos amigos como enemigos. Incluso el pesado de Manning, el jefe de la división secreta, que también tiene su rollete, más allá de ser un mero personaje para hacer la gracia de turno.

Por suerte las actuaciones acompañan, dentro de lo aceptable, desde Ron Perlman hasta Luke Goss, que no son solo caracterizaciones. Hay un poco de buen trabajo debajo del maquillaje y el photoshop. Por supuesto, es Hellboy quien lleva la voz cantante todo el tiempo, el mejor personaje es suyo y tiene un par de escenas brutales (Véase por ejemplo la escena en la que se emborracha con Abe, el anfibio, y canturrean y se dicen lo que se quieren), siempre con la socarronería que le caracteriza. La verdad es que todos están muy bien delimitados.

En lo técnico es una película brillante. Los efectos, en general, perfectamente integrados casi todo el tiempo, hacen casi creíbles a las criaturas maravillosas imposibles con tan solo maquillaje, con unas representaciones espectaculares, coherentes… unos seres de la oscuridad fascinantes, con ese sello del Toro que se pudo ver en El laberinto del fauno o incluso en la infame Blade II. También en los diálogos se ve ese humor tan suyo, tan negro que le caracteriza y por supuesto, después del cameo de la primera, esta segunda parte también viene con cameo de Santiago Segura (Para quien la haya visto y no recuerde haberlo visto, sale en la escena de la galería de subastas, con un perro-patada (un perro ridículamente enano) en los brazos).

Así que tenemos entretenimiento muy bien decorado. Como Port Aventura. Todo muy bonito y para que no pierdas interés ni intensidad, cosa harto dificil por el género y el estilo, que gracias al temple del director, ese monstruo de la fantasía, ha sido capaz de que todo vaya a buen puerto. Una gozada para la vista y un relajo para la mente. Personajes con carisma y mala baba, acción trepidante en su justa medida y una serie de situaciones consecuentes con el propio devenir de la película. Sin giros, sin sorpresas, pero con distracción asegurada. Una más que digna secuela.

Tom Manning: Confisco todas las fotos, los vídeos grabados con movil. Me cuesta una fortuna y… luego aparecen en Youtube. Dios… ¡no soporto Youtube!

No es un país para viejos (No country for old men) >>> Es país para hienas y buitres (Buitreishons & hieneishons in da country)

Es fascinante cuando aparece una película de algún director con una cierta importancia en el mundo cinéfilo, o alguna adaptación que se las promete muy felices por algún tipo de innovación en cualquier aspecto, o con un sistema publicitario sin precedentes, a gran escala. Es fascinante que se diga de ese tipo de películas que solo es para seguidores o para puristas, y que será la gran incomprendida del año o incluso que será algo parecido a una vuelta a los orígenes de alguna forma. Y es especialmente fascinante que sea un grito general de crítica y público quienes dicen esto. Es una de las grandes contradicciones que se dan en el mundo del cine. ¿Cómo es posible que una película sea completamente ignorada cuando la ha visto todo el mundo y a todos ha encantado? Y mucho más allá, ¿no se dan cuenta de que todos dicen lo mismo echándose por tierra los unos a los otros por darse una contradicción tan global? Me encantan estas cosas. Esta es otra de las pequeñas cosas que hacen del cine algo mágico.

Con No es un país para viejos pasa todo eso. Los Coen, directores amados en buena parte del mundillo del cine, siempre controvertidos pero con su propio sello personal, consiguen aquí una explosión de ellos mismos con todos sus vicios y todas sus virtudes a la brava de tal forma que generalizando demasiado, a todo el mundo le parece que haciendo algo así el resultado es fenómeno, pero que no es para todos. Estaban en lo cierto; El resultado final es que resulta ser una película para casi todos.

La historia de un momento breve y puntual en la vida de Lynwelin Moss es lo que cuenta la película. El momento, allá por el año 1980, en el que mientras está cazando antílopes por la Texas profunda, de pronto descubre que en medio del secarral aquel ha habido un auténtico ajusticiamiento por drogas. Muertos por todas partes. Y el dinero se lo ha llevado un moribundo, que el propio Lynwelin encontrará cuando ya es tarde para el. Dos millones de dólares para la saca.

Los mecanismos de los dueños del dinero están en marcha, y van a por Lynwellin con la artillería pesada. Mandan al tío más perturbado que pueden, un tal Anton Chigurh, que no dudará en acabar con cualquiera que… viva en su radio de acción, armado con su pistola de matar reses y una cara de borrajas importante. Menudo cabrón.

Todo para enseñarnos una historia sobre una carrera de ratones y gatos, donde el ratón, a la primera que pueda intentará acabar con el gato, narrado de una forma intencionadamente realista dentro de lo realista que algo así puede ser. Digamos que los Coen han intentado hacer, a partir de sus movidas mentales peculiares y particulares, es una historia compleja recubierta de credibilidad, de forma que aunque los personajes puedan ser un tanto estrambóticas y las situaciones un poco de lo mismo, todo parezca que pueda ocurrir y lo hacen con pausa, con el detenimiento que se usa para ver toda clase de detalles. Para conocer el mundo que rodea a los protagonistas.

La verdad es que tanto Josh Brolin haciendo de Lynwellin, como Javier Bardem como Anton están enormes. El uno haciendo muy bien de hombre que busca su supervivencia y la de los suyos y el otro de asesino psicópata que busca a quien se ha llevado el dinero. Da auténtico miedo. Y auténtico repelús. Todo el peso recae sobre ellos, el resto son apósitos para que haya una coherencia de conjunto, pero haciendo que personajes como el de Tommy Lee Jones, haciendo de Sheriff a punto de jubilarse, carezcan de todo sentido, hasta tal punto que precisamente este, sobra por completo; le dan una importancia y un peso narrativo que realmente no tiene, pero que esperas que tenga, claro. El resto, que salen poco, pues menos todavía. Carson Wells (Woody Harrelson) por ejemplo, solo hace como nexo entre una serie de cosas, pero no tiene un peso específico ni te lo venden como fundamental, y del resto ya ni hablamos. Casi peleles.

No es país para viejos, para alguien más bien poco fan de estos señores, se convierte en una película más que correcta, incluso interesante, pero excesiva. Vendría a ser como Fargo (película que me disgusta) pero bien hecha, menos pretenciosa y con más presupuesto. Vamos, que con tanto cambio, casi se parece más a, por ejemplo, Titanic… Pero bueno, que creo que se entiende lo que pretendo decir. Así, que como opinión personal que resuma toda una visión de la película, se podría decir que me parece mejor que la mayoría de sus películas pero no soy capaz de ver ese peliculón que tantos ven.

La fotografía, ya habitual a este tipo de películas ambientadas en Texas o México, con unos tonos amarillentos, son lo que predomina, notándose muy bien el cambio según en el establecimiento en que se encuentran o incluso las localidades. La verdad es que en todo eso han sido bastante detallistas. La película está bien controlada en ese aspecto. Cada cosa está ahí, con mimo para que el conjunto de la filmación sea algo consecuente consigo misma.

Y el final. Vaya gran cagada. No porque el final como tal sea malo, sino por ese alargamiento absolutamente innecesario del final. Cuando ya tienes todo el desenlace (sorprendente, por otra parte) la película continúa, hasta que se aburrieron, supongo. Sobra, en serio, y mucho. Eso si, lo que vendría a ser el desenlace es sorprendente, pero falto de sustancia visual.

Concluyendo: Película del tipo que suelen hacer los hermanos Coen, pero con más virtudes que vicios, y con una parsimonia bastante adecuada. Brolin y Bardem son los que llevan el peso y bordan sus respectivos papeles. El resto, un poco como apósitos; sobran y les dan una importancia ficticia, porque realmente resultan acabar siendo personajes vacíos que no pintan nada y no contribuyen a la narración. ¿Quizá lo arreglen en alguna versión extendida? Aunque así fuese, sería muy cutre. Pero el conjunto es más que válido, quedándose en una buena película, sin más sustancia. Nada maravilloso, pero recomendable de cualquier modo.

Anton: ¿Eso es lo que quiere saber? ¿Si tengo algún problema con lo que sea?

Un top cualquiera >>> 10 películas de acción para un rufián cualquiera

Amo el cine de acción. Siempre lo he amado y me encantan las películas con una base de tiros y mamporros. No lo puedo evitar. Desde que veo cine en general, todas las películas de acción tienen algo especial, entretenido, divertido, intenso que desde siempre ha llamado mi atención. Es cierto que me gustan más aquellas películas que tienen algo más de sustancia, y que aunque haya visto mucho de este cine, hay muy poco al que pueda considerar bueno y que me atreviese a recomendar, pero siempre hay joyas. En cada género hay maravillas, aunque no sea nuestro gran género. Incluso yo tengo mis películas favoritas de terror, género que realmente no me agrada nada.

Así que aquí vienen las que a día de hoy, son mis diez películas favoritas de este género, la acción:

Puesto Nº 10: La caza del octubre rojo (John McTiernan, 1990)

La última película en entrar a esta lista. Es una película realmente buena, combinando de una forma impecable a la acción con la intriga. La tensión a la que se mantiene al espectador es perfecta y la ambientación en los momentos de mayor tensión, rodada de forma magistral para dar una sensación importante de agobio. Así, en esta historia de submarinos soviéticos y analistas americanos en la que un submarino de extrañas intenciones se acerca a la costa americana, y con un Sean Connery impasible, duro y calculador, da como resultado una película brillante.

Puesto Nº 9: Los siete samurais (Akira Kurosawa, 1954)

 
 
Kurosawa, maestro de maestros en esto del cine es famoso tanto por sus dramas intensos como por sus películas de acción muy sustanciosas, y precisamente esta Los siete samurais es una de sus obras claves. Una película sobre un grupo variopinto y extraño de samurais que se unen para proteger a un pueblo desfavorecido, aun sabiendo que no hay nada que hacer. Crudo retrato de una época y muchas escenas para el recuerdo. Bella y dura a partes iguales, sello personal de Kurosawa.

Puesto Nº 8: Leon (El profesional) (Luc Besson, 1994)

Una historia diferente, una historia del amor entre amigos que de pronto surge entre un asesino a sueldo solitario y una niña maltratada. Ambos necesitan confiar en alguien, y encontrarse es la clave. La película tiene momentos preciosos, más allá de las escabechinas que haya, propias del más puro cine de acción, y Natalie Portman, muy jovencita hace un papelón impresionante, que ayudado al buen hacer de Jean Reno, gran actor entre los grandes y Gary Oldman, otro grande, ayuda a que esto acabe siendo la gran película que es.

Puesto Nº 7: Harry el sucio (Don Siegel, 1971)

Si alguna vez me encuentro con un policía como Harry Callahan y me pide el DNI, juro que le doy ¡hasta los calzones! Un tío realmente duro, y de los que saben a que lado de la línea tienen que estar, aunque tenga unos métodos algo peculiares para hacer que se cumpla la ley. Falible, rudo y con sentimientos (aunque muy dentro), tendrá que luchar para localizar a Scorpio, un francotirador fantasma cuyos motivos para matar a la gente son un tanto ambiguos.

Clint Eastwood, demuestra por todo lo alto, otra vez, que no solo es carne de western.

Puesto Nº 6: Convoy (Sam Peckinpah, 1978)

Nadie puede parar a unos camioneros que se ponen en pie de guerra contra un sheriff que utiliza malas artes contra algunos de ellos. Se unen, se organizan y se manifiestan, en un convoy que acabará teniendo mucha más trascendencia de la que en principio parecía que pudiese tener, y con un Kris Kristofferson a la cabeza que hace de su camión un sayo.

Debo reconocer que fue una gran sorpresa toparme con esta película, porque es una auténtica maravilla, con toda la belleza de las grandes road-movies.

Puesto Nº 5: Rambo: Acorralado (Ted Kotchef, 1982)

Los desgraciados que lucharon por nada no tienen sitio en el mundo, y John Rambo, uno de ellos intenta hacerse un hueco, y visitando a algún hermano de armas, lo confunden por vagabundo y lo tratan como tal, de forma que viejos recuerdos le asaltan y reacciona como haría en otros tiempos. La policía del lugar ayuda intentando darle caza como si se tratase de un animal rabioso, y Rambo es violento, ointeligente, y entre árboles se siente como en casa, así que poco hay que hacer.

Puesto Nº 4: Corre, Lola, Corre (Tom Twyker, 1998)

Esta si que es una de esas películas de acción que se salen de los corsés, con una historia original, muy intensa. Bueno, son tres veces la misma historia de forma que en función de las vías a tomar, hay unas consecuencias u otras. Es una reflexión interesante sobre los actos cometidos a un ritmo verdaderamente frenético. Alemanes haciendo buen cine: cada vez se ve más.
Puesto Nº 3: Sanjuro (Akira Kurosawa, 1962)

Una auténtica joya del cine, otra vez de Kurosawa. Otra película maravillosa, y muy cerca de su gran película (Vivir), y en esta ocasión otra vez con un drama, desgarrador, pero con mucha acción, en la que el gran Toshiro Mifune hace de pordiosero que llega a una ciudad corrupta justo en el momento que se intenta combatir esta lacra. Sanjuro, como luchador avanzado será quien dirija y lleve el peso de la lucha, que será sin cuartel.

Puesto Nº 2: Kung Pow: A puñetazo limpio (Steve Oederkerk, 2002)

Yo no marco las delimitaciones entre estilos, y aunque yo la catalogaría más como comedia que como película de acción, pero bueno.

Película divertidísima, a modo de remake extraño de una película hongkonesa de los años setenta, donde utilizando imágenes de aquella película, con medios digitales se introducen nuevos personajes, se añaden escenas, se reordenan las escenas y por supuesto se le da un doblaje nuevo a todo. El resultado es un delirio de película, un deshueve constante. Con acción, mucha acción… también delirante.

Puesto Nº 1: La jungla de cristal (John McTiernan, 1988)

 
 
Y como empieza esta lista, acaba, con una película de John McTiernan. En este caso tenemos a la, con diferencia, mejor película de acción que servidor ha tenido la oportunidad de ver… y la he visto muchas veces. Esa historia de John McClane, el policía descalzo que tiene que enfrentarse a enemigos carismáticos y megalómanos, con la única ayuda moral de un policía que no puede hacer nada por ayudarle, más que apoyarle por radio. Una película perfectamente consecuente y aunque exagerada, nada excesiva. Me emociono cada vez que la veo.
 
Además, tiene uno de los malos más carismáticos que he visto nunca. ¡Te queremos Hans Gruber!
 
 
Hasta aquí este top. La verdad es que para sonar solo a tiros y golpes, la acción da mucho de si, y esto sirve como muestra. Es cierto, que como siempre, quedan muchas en el tintero, unas porque una lista de diez supone dejar fuera a muchas que me entusiasman y otras simplemente por puro desconocimiento; ¡Si solo he visto una película de Bruce Lee! De todas formas dejo fuera, con pena, a muchas, como La roca, como El sustituto, como Transporter o como Tango y Cash. Una pena… Quizá para un top 100.

Freeze frame >>> La paranoia del que tiene motivos para ello

 

A veces leer por casualidad una sinopsis de una película puede llevar a que alguien como yo vea una película. Como un resumen de una película llamó mi atención y me impactó es la historia de por qué la he visto. Una historia con intriga, que parece oscura de una forma un tanto metafórica, centrada en un individuo asocial, en un presente extraño, cercano, que parece que está en el único sitio que no le corresponde, y a saber que le llevó a una situación tan penosa. Se olía un poco de acción, otro poco de suspense y calidad a raudales. Muchas expectativas, y muy altas. Normalmente es el camino a las grandes decepciones.

Por suerte, este tipo de normas a veces se rompen. Seguir confiando en el producto en cuestión es un punto importante para no estar amargado viendo una película. Se perdería parte de la magia. Incluso puede parecer ponzoña, o la mejor de las delicias, que el gusto, después del visionado puede ser completamente diferente. O mantenerse intacto. Por supuesto partiendo de la base de que no hay una cerrazón, y se llegue a la conclusión prematura de que una película concreta no puede ser buena, o ser el copón santo sin necesidad de haberla visto. Errores. Demasiado comunes. Errores típicos no solo en fanboys mitómanos como yo.

Aquí, en Freeze Frame, tenemos una historia inquietante, uno de esos thrillers oscuros, de pocos personajes pero bastante complejos, con intriga a mansalva.

Esta es la historia de Sean Veil (Lee Evans), un individuo que hace años fue acusado del asesinato de dos niñas y de la madre, crimen por el que acabó siendo declarado inocente por los métodos poco lícitos de la acusación para conseguir pruebas y confesiones. Desde entonces lleva una vida de ermitaño maniático y paranoico: Se graba veinticuatro horas al día con tantas cámaras como puede para que nadie pueda acusarle de otros crímenes. Está obsesionado hasta el punto que su vida gira en torno a ser grabado. Tiene un archivo enorme con todas las cintas que tiene en las que sale… él. Un túnel con las cintas apiladas, cada día, cada hora de su vida en los últimos años, años en los que no ha querido que lo vuelvan a mal acusar por la obsesión que tienen otros contra él. En este caso, el psicólogo forense Saul Seger (Ian McNeice) y el detective Émeric (Sean McGinley), que guardan un interesante secreto conjunto. Además, ellos se encargan de que el caso no pase y esté siempre en primer plano, para que nadie se olvide de que van a por Sean.

Llegado un día en que Seger presenta su último libro sobre la que es su especialidad, Veil decide ir a esa presentación, y allí, enfadado, sigue mostrando la que es su batalla personal, la de demostrar su inocencia entonces. Allí conocerá a Katie Carter, una periodista que tiene un interés especial en este caso.

Así, la cosa va evolucionando. Veil no puede quedarse quieto. Su paranoia, justificada o no le empuja, primero a querer esclarecer todo, por ver un pequeño rayo de luz al que aferrarse, y después simplemente a sobrevivir. Las cosas se complican de una forma inesperada, viéndose venir, pero de una forma inexorable, todo contado a un ritmo realmente bueno.

Las actuaciones, no especialmente sobresalientes pero correctas dejan paso al actor que interpreta el papel principal que realmente fascina. No destaca pro su calidad, pero esa gestualidad exagerada para otros papeles y más que aceptable para un papel de paranoico molón como este, le van que ni pintadas. Y más para una persona que todo lo que ha hecho a lo largo de su carrera ha sido humor, sobretodo en base a sketches y actuaciones en vivo. Es sorprendente el cambio de registro y el buen ojo que tuvo quién quiera que fuese quien pensó en el o decidió cogerle para encarnar a Sean. El resto, como ya digo bien. Ninguno destaca ni por bueno ni por malo. En todo caso por tener el personaje más oscuro o más cabrón, pero eso es otra historia.

Impresionante esa pequeña historia paralela, con una cierta importancia, pero que pasa bastante inadvertida sobre el colegueo y la corrupción policial, ambas diferenciadas como concepto, pero ligadas muchas veces. El otro detective, Mountjoy (Colin Salmon) es el encargado de darle vida propia y personalidad a esas cualidades un tanto censurables.

Algo curioso y poco habitual es que una película te muestre por donde van a ir los giros de guión, pero que realmente sirva como excusa para despistar y que al final, aunque el giro comience por los derroteros marcados, acabe en un giro bastante diferenciado y que podías haber visto venir. Ese juego de despiste, en Freeze frame está realmente bien hecho.

Por otro lado, el uso y abuso de las tomas de las cámaras que le están grabando, hace que se pierda parte de la intensidad del film, al fin y al cabo ese tipo de tomas en una película donde en todas partes hay cámaras, es más bien un recurso fácil y no precisamente bueno. Que no se trata de no usarlo, sino de no abusar de ello. Esa falsa impresión de cutrez hace que todo pierda, porque todo el tiempo está ahí.

Con todo esto tenemos un thriller intenso sobre un tipo acusado de un asesinato que dice no haber cometido, encorrido por los individuos que en su día quisieron encerrarle, se recoge sobre si mismo en una obsesión violenta como la paranoia que le lleva a grabarse veinticuatro horas al día con la hora puesta para tener constancia de que hace y donde está a cada momento. La historia, cada vez más oscura y con los personajes más oscuros, va convirtiéndose en un intenso tira y afloja de Sean Veil contra el mundo para demostrar la inocencia que desde el comienzo afirma tener, respecto a aquellos que le inculparon y algunos otros que quieren atribuirle. Realmente interesante y curiosa, con una historia original y novedosa, con unos giros bastante interesantes, que te dan pie a saber en general el desarrollo, pero para nada los detalles, interesantes, y muy importantes.

Sean: Es lo que hace el asesino en serie; conservar los recuerdos. Lo dice en sus propios libros.

El callejón de los milagros >>> La amarga realidad no tan lejos y no hace tanto

Historias realistas con factores comunes y que de alguna forma pueden entrecruzarse. Eso es lo que da El callejón de los milagros. El tipo de historia acusada de efectista, de buscar la lagrimilla de quien la ve y decorado a base de escenas sentidas buscando que el espectador pueda sentirse mal por no hacer nada por los protagonistas. Para nada. Por suerte, El callejón de los milagros no es todo eso. Es cierto que es una bofetada de realidad, pero no efectista. Efectiva, en todo caso, pero HOYGAN, esta película, tal como está contada y por las cosas que cuenta, se merece eso y más.

Resumamos los hechos: Hace como quince años es algún lugar no demasiado privilegiado en medio de México D.F., allí en medio, vidas anónimas viven cuando pueden permitirse el lujo de no tan solo sobrevivir. Que es lo habitual. Así tenemos tres historias bien diferenciadas que engloban otras tantas. Tres historias en el mismo barrio, en la misma calle y cada una mostrando unos miedos, unas inquietudes, unas formas de ser, pero de forma que todos vemos lo mismo de todos, incluso de los que no cuentan la historia y quizá parecen menos relevantes.

Así tenemos una gran historia entrelazada, gracias a tres historias concretas. Por una parte tenemos a Don Ru, un hombre hecho y derecho, casado, con hijos, pero aburrido de su vida, de forma que de pronto, un día, se da cuenta de que a él lo que le gustan son los chicos jóvenes. Es el propietario de un bar por el que pasa prácticamente todos los vecinos de la zona, un lugar respetado, como al propio Don Ru, un lugar donde pasar el tiempo en que hay poco que hacer. Pero como suele pasar con estas cosas, el propio interesado es el último en darse cuenta de lo que realmente pasa. Así, mientras vive un idilio no reconocido (un amor platónico, como dirá Ubaldo, el poeta del barrio) con un joven dependiente y a escondidas un poco mal llevadas, su matrimonio hace aguas por todas partes y su familia en general se va partiendo, especialmente Chava, su único hijo varón, que solo quiere tocarse las narices y no hacer nada más que no sea estar con Abel, su mejor amigo. Aquí, en esta historia vemos lo malo que es no querer aceptar lo que es un secreto a voces, y por supuesto no querer aceptar las consecuencias de los propios actos, que suelen ser muchos y muchas veces indirectos. Así su hijo Chava, le da una paliza al joven amante y debe huir a Estados Unidos.

La segunda gran historia a seguir es la de Alma. Interpretada por una joven Salma Hayek, resulta ser una chica inquieta, consciente de su juventud y su belleza, pero casta hasta la fecha. Los valores religiosos los tiene grabados a fuego aunque no los exprese como tales. Hija de una echadora de cartas no demasiado profesional (Doña Cata), aprovecha su juventud para pasarlo bien, y aprovecha, aunque quizá no tan premeditadamente como quisiera, su belleza y juventud en llamar la atención a tantos hombres como pueda, aunque ninguno se lleva nada. Entonces aparece en escena Abel, un joven del barrio que le tira abiertamente los trastos. Abel es un chico formal, que trabaja en una peluquería del barrio y que tiene aspiraciones de mejora: no quiere quedarse en ese barrio por el fin de los tiempos. Pero por la inconsciencia y poca reflexión de su amigo Chava, huye a Estados Unidos para forjarse un mejor futuro, volver con dinero y casarse con ella… que no saberse estarse quieta.

Una última historia a seguir es la de Susanita, casera de Doña Cata, vecina de Don Ru. Es una solterona de las destinadas a no catar varón, que después de que Doña Cata, a cambio de un mes de alquiler, le eche las cartas, le predice que va a tener una relación pasional y puramente sexual con un joven, que resultará, por una serie de casualidades, Güicho, empleado de Rutilio (Don Ru), con quien acabará casándose, olvidando así a Chava, de quién estaba enamorada en secreto.

La cuarta parte, llamada El regreso es la serie de historias, que tiempo después vuelven a reunirse y como van concluyendo todas, de forma más o menos trágica. No olvidemos que es un dramón, así que no supone mucho spoiler.

Así, esta historia de historias, entrelazadas, nos dejan ver la vida del barrio, con el jefe de los pordioseros, el librero, el dentista y el anticuario, mano a mano, echando las tardes en la cantina de Don Ru jugando al dominó, a la mujer del carnicero, de armas tomar, a Jose Luis, un hombre misterioso que parece que sigue a Alma con un coche caro y que fuma tabaco de importación, a Eusebia, mujer de Rutilio, despechada por los extraños quehaceres de macho machista de puertas para adentro de su marido, y de puertas afuera, sus tejemanejes homosexuales con varones jóvenes, y a otros tantos, todos buscando su sitio en el mundo. En ese mundo que tan difícilmente se puede dejar. Un retrato fiel. Un cachete en los sentimientos. Y todo con una fotografía buena, sencilla, que cumple y un guión cuidado, que tiene una cosa que es por completo problema mío: hay expresiones que tenía que comprender por contexto. Claro, el español de México es distinto y hay expresiones, palabras y demás que en principio se pueden sacar, pero que en mi caso lo hacía por puro contexto. De cualquier forma, esa naturalidad en las formas es todo un punto a favor en las actuaciones.

Eso si, un fallo imperdonable para un film serio: ¡Por favor! ¡Cuidadín con los micrófonos asomando por el alto de las tomas! En serio, que es el tipo de cosa que resta credibilidad, y en este caso apenas pasa una sola vez, pero es demasiado aparente, creo yo. Por suerte, es un detalle (imperdonable, pero un detalle) que no resta al conjunto. Es demasiado bueno.

Así, lo que tenemos es una película que muestra una realidad concreta en un sitio concreto y en un lugar concreto, pero miserias hay en todas partes, así que se puede extrapolar a demasiados lugares y a demasiadas épocas. Miserias personales, de la gente de la calle, de los currantes, nada de altos mandos y cuestiones políticas. Aquí cuenta tan solo lo puramente social, y estos personajes muestran como funciona la sociedad y sus entresijos aparentemente más banales. Así, claro, parece vacía, está llena de vida y de esperanza.

Eusebia: Ni incorpóreo ni que narices Ubaldo. Eso se llama putería, aquí y en China. ¡Putería!

Sacrificio >>> El cumpleaños que nadie nunca quiso tener

Hacía bastante tiempo que no me enfrentaba a una película tan densa como esta. Si no recuerdo mal, la última fue otra de Andrei Tarkovsky, Stalker, que me dejó completamente aplacado y conmocionado. La diferencia fundamental entre las sensaciones de una y de otra es que aquella me obnubiló por la historia y por su belleza y ésta, Sacrificio, peca por los excesos y los abusos de esos tics del director.

Hoy precisamente (El hoy en términos de la película) es el cumpleaños de Alexander, un hombre adulto, culto, escritor, crítico, actor retirado y periodista de profesión. Allí, en su casa, sus más allegados, y sus criados (que se puede permitir por su desahogada situación económica) se disponen a celebrar este evento. Además de su núcleo familiar, un par de amigos, que son el médico y el cartero. En total, ocho personas en la casa. Una casa en el campo. Una casa grande al lado del mar, alejada de la civilización.

Resulta que en el transcurso de la velada, con la presentación de los personajes y sus caracteres bien definidos sucede el gran desencadenante: se ha declarado una catástrofe nuclear a nivel mundial. El fin del mundo es inminente. Los aviones empiezan a sobrevolar la zona a baja altura y se corta toda comunicación vía telefónica y televisiva con el resto del mundo. Casi parece que en la misma habitación los unos desean aislarse de los otros.

Todo para acabar en el único sacrificio que de verdad puede hacer alguien en nombre de todo lo que ama, más allá de restricciones, tabúes, limitaciones y miradas perversas. Alexander se lleva la contraria a si mismo con un sacrificio tan grande y tan complejo que nada, ara nadie, volverá a ser ni parecido. En todo caso, todo parecido será algo puramente casual y por supuesto externo.

En este trasfondo, Tarkovsky saca todo su arte, ese que no puede evitar, con todas sus obsesiones temáticas y estéticas y hace la que para muchos es su mejor obra. Y desgraciadamente, la última. En este homenaje declarado a Ingmar Bergman, con la completa libertad que la Unión Soviética le privaba saca ese lado salvaje de quién quiere liberarse de todo aquello que lleva dentro y de alguna forma está frustrado. El resultado es una película violenta, cruda, ruda que te enfrenta cara a cara a unas problemáticas existentes en el mundo que el pudo ver y que rondaban durante toda una vida por la mente del director, siendo muchas de ellas en torno a la religiosidad en la sociedad1. Y profunda. Llega y llena de muchas sensaciones cada imagen, cada metáfora utilizada, cada detalle. Tarkovsky es el tipo de director que calcula al milímetro cada cosa que aparece en cámara. Probablemente incluso lo que esté fuera. Todo tiene un sentido, aunque quienes lo vemos no seamos capaces de apreciarlo.

Llegado el momento en que el anuncio apocalíptico llega, surge la gran evolución de los personajes, sin esconder nada de lo que realmente son. Han ocultado parte de su ser en su vida y ahora, con la debacle, han explotado de forma que aunque en todos, más o menos, dejaban entrever quienes son, trataban de ocultarlo. Algunos con mayor fortuna que otros. La esposa no esconde que nunca quiso a Alexander, la hija muestra todo su despertar sexual, el doctor se arrima a Adelaida, la esposa, el niño desconoce el alcance de la problemática, pero no es tonto precisamente, Maria se va a casa conforme acaba un trabajo que no le llena pero que debe hacer y la otra sirvienta cuida del niño como si fuese suyo. Los personajes que quedan, Otto (el cartero) y Alexander tienen buena parte de la parte más descriptiva de la película: En ellos recae el gran peso, y no porque los demás personajes no sean parte de ella o sean superficiales, sino porque ellos son los canalizadores de la acción, uno como provocador y anunciador (Otto) y el otro porque es quién hace de la historia algo importante. En Alexander se produce la gran conversión que aunque le pese tendrá que llevar hasta las últimas consecuencias, y aunque tenga reticencias al principio, se resignará y hará aquello que está convencido que es lo que tiene que hacer aunque realmente destroce todos y cada uno de sus principios. Todas y cada una de las creencias que ha ido fermentando dentro de si a lo largo de una larga y en principio satisfactoria vida. Otto se lo ha indicado y Maria, la extraña Maria tendrá mucho que ver en todo esto. Mucho más de lo que de primeras te da el director a entender sobre ella.

A destacar, y de manera notable, la interpretación de Erland Josephson en el papel principal, interpretando a Alexander. Este actor, habitual en la filmografía bergmaniana, borda un papel complicado hasta el extremo con una serie de escenas impresionantes, entre las que destaca la escena del rezo y la conversación con Maria en casa de ésta. Todos los elogios hacia esta interpretación son pocos, porque la fuerza y los sentimientos que es capaz de transmitir, muchas veces tan solo con la mirada es algo al alcance de muy pocos. Incluso es capaz de transmitir cosas muy distintas en una misma escena y con la misma fuerza.

Para cerrar un poco todo esto y como resumen, tenemos en Sacrificio al Andrei Tarkovsky más denso. Aquí se unen todas esas cosas que le han ido preocupando a lo largo de su vida, y en este homenaje a Bergman los plasma desde un punto de vista muy al estilo de director sueco (eso lo convierte en un gran homenaje) pero dejando toda la sustancia soviética del propio Tarkovsky. A pesar de todo esto, que puede sonar como maravilloso para gente que como yo, adora a estos autores en concreto, creo que es su mayor defecto, pues todo ese exceso de densidad narrativa hace que no fluya con tanta naturalidad como debiera. Decir de esto que entorpece sería toda una temeridad, pero desde luego no ayuda nada.

Otto: Todos los regalos requieren su pequeño sacrificio, que es lo que les da valor.

Me doy perfecta cuenta de que toda la entrada se puede coger con palillos en cuanto a las cosas que cuento, tanto si habéis visto la película como si no, pero es así porque si empezaba a contar toda la enjundia filosófica y teológica de la película no tendría suficiente espacio y coño… me quedaría solo. Prefiero que quede un tanto cojo todo a empezar y tener que cortar por donde no debo o dejar cosas a medio explicar. Pero bueno, que si alguien tiene real interés en discutir o saber, que me envíe un mensajillo personal y vemos como podemos discutir el asunto, y si hay un poco de paciencia (a saber cuanta… es cuestión de ganas) pretendo hacer algún tipo de entrada especial (o entradas) sobre este director y sobre toda la sustancia que hay en sus películas, o al menos una parte. Pero esto ya se verá en el futuro.

 


 
1 No tengo claro hasta que punto es sensación mía o parte de la realidad, pero debe tenerse en cuenta (leer esto lo exige) que Tarkovsky, el director no es religioso con toda la propiedad de la palabra, es más bien místico. La diferencia fundamental, y sin entrar mucho en ello, es que cree en algo más allá, pero sin delimitar demasiado. Y además se afirmaría en ello. De esta forma, para él, lo importante sería creer en algo, sin importar demasiado el qué. De todas formas, esto ya lo comentaría en futuribles entradas al respecto y es perfectamente cuestionable. (VOLVER)

El imaginario del Doctor Paranassus >>> La posibilidad de elegir: ese invento infernal

Una historia mil veces vista, por todos conocida, desde el tamiz que es la mente de Terry Gilliam, supone una gran historia. A mí al menos me lo parece. Director de películas bastante diferentes entre si en cuanto temática, pero siempre con ese mundo interior propio tan bien plasmado. Admirado por quien aquí escribe desde bien crío por aquella maravilla conocida como Las aventuras del barón Münchausen (que claro, hasta que no me convertí en un cinéfilo autosuficiente, no supe ni de quien era ni nada de nada) poco a poco fui descubriendo a un gran director con obras maravillosas. Es cierto que tiene alguna cosa más bien normalita y otras que rozan la mediocridad, pero desde luego, sus buenas películas son impresionantes. Bastante superiores a la media.

En esta última modorrada de Gilliam tenemos al Terry Gilliam bueno, al que desborda fantasía, y también tenemos al Terry Gilliam desgraciado, ese que se pone a hacer una película y le crecen los enanos. Si alguien tiene interés en ver una pequeña muestra de lo que me refiero con esto, que procure ver un documental sobre el rodaje de una película sobre Don Quijote, llamado Lost in La Mancha. Alucinante. En este caso, la muerte de uno de sus actores principales, Heath Ledger, en pleno rodaje es lo que hizo que los cambios se sucedieran aquí y allá. Por suerte, el bueno de Terry, fue capaz de improvisar y de lograr algo no solo válido, sino algo bello.

En El imaginario del Doctor Parnassus tenemos la historia de una barraca de feria en los tiempos modernos con cuatro habitantes en ella. Su espectáculo cada vez tiene menos seguidores y menos gente interesada, por lo que el dinero escasea. El Doctor Parnassus es alguien muy especial, hasta tal punto que ha tenido la oportunidad de hacer tratos y apuestas con el mismísimo demonio en varias ocasiones, y ahora, justo ahora, ha vuelto para cobrarse la última apuesta de Parnassus hizo con el señor Nick, justo cuando aparece un desmemoriado a quien Parnassus y compañía acogerán como uno más.

Impresionante Tom Waits haciendo de Mr. Nick. Es cierto que es el mismo papel que hace siempre, pero Gilliam tuvo muy buen ojo a la hora de contar con el, con ese bigotillo inconfundible, su sombrero y esa cara de “no tienes ni puta gracia” tan característica. El resto del elenco principal bien también: Un Doctor Parnassus creíble, en sus penas y en sus glorias, interpretado con un Chrisopher Plummer muy creíble a pesar de lo inverosímil de las historias, un Heath Ledger muy potente, en su línea, como benefactor estrafalario, sentido, verosímil, y del que se siente bastante que no pudiese acabar la película porque estaba realmente muy bien enfocado el personaje. Los apaños, esos actores que hacen el papel de Ledger en diferentes puntos de la película, le dan un punto muy original a la película, y mientras que podía haber resultado completamente ridículo, acaba estando muy bien llevado, sin la brusquedad que se le puede presuponer. En este aspecto, Colin Farrell es quién realmente (a mi entender) es capaz de captar la esencia de Tony, el personaje en cuestión. Sin ser un actor especialmente bueno, aquí se introduce muy bien en el camino que estaba llevando Ledger, sin caer en la exageración gratuita en la que cae, por ejemplo, Jude Law. Johnny Deep (Juanito Profundo para los amigos), por su parte hace un papel estándar, de los que el sabe hacer, un poco cayendo hacia la gestualidad exagerada, asemejando un poco este pequeño papel con el de Jack Sparrow, pero con menos maquillaje.

El resto de personajes relevantes, con Valentina a la cabeza están correctos. Quizá destaque Percy, como enano que siempre tiene las palabras adecuadas, que siempre tiene razón, valiente, aguerrido y feliz. Siempre feliz, por dura que se presente la situación. Valentina hace un buen papel como hija de Parnassus, como niña que quiere tener una vida normal fuera de los extravagantes poderes de su padre. Anton, es posible que tenga la más floja de todas las actuaciones, queda un poco inestable esa actuación mediocre en medio, pero bueno, tampoco resta al conjunto.

La historia es bella y barroca: el carromato, los vestidos, los mundos oníricos en los que se introducen los distintos personajes. Todo está lleno de detalles en los que la gran mayoría de nosotros no repararía, pero que Gilliam se toma la molestia de tener pensados. Así el conjunto, aunque exagerado en ocasiones, es tan completo.

Fantástico el uso de las metáforas y otros recursos estilísticos, sencillas y mordaces que hay a lo largo de todo el metraje, culminados en dos seguidos protagonizados por dos monjitas: Sin decir apenas nada, ¡resumen tanto! Esto es algo que ha hecho desde que comenzó a hacer películas más allá de los Monthy Phyton y que realmente sabe hacer bien. Además, esa conjunción de diferentes mitologías religiosas que junta en la película imbuye a todo, un gran aura de misticismo.

Así tenemos una serie de personajes bien llevados en una historia repetida hasta la saciedad, pero narrada de una forma particular más allá de lo que es el más puro imaginario del director, con una parte fantástica muy bella y nada cargante y un desarrollo, tanto de la historia como de los propios personajes ideal. Merece la pena destacar como se solventa la gran problemática que hubo filmando esta película, de una forma original y en absoluto forzada, que sirve para dar más fuerza incluso al relato. Tan solo Law se sale un poco de esta ristra de elogios, que para compensar se llevará un perfecto Waits, que con el cigarro calado se dedicará a tentar con tantas maravillas y tantos prodigios como pueda a los engañadizos mortales.

Impagable la escena de los policías bailando.

Con todo esto, parece que sea todo una postura muy de fan fatal, y aunque sea fan declarado del cine de Terry Gilliam, el día que toque (si llega) explicar mi visión sobre Tideland, no va a salir precisamente muy bien parado, por ejemplo.

Mr. Nick: ¡Mierda! ¡He ganado!
 
P.D.: Mis disculpas por los fotogramas. Son un poco pobres, pero elegir algo en condiciones con lo poco que ronda por la web ha sido dificil. 

El decálogo más cutre de toda la costa oeste: Declaración de intenciones

Resumiéndolo mucho, esta entrada es ese lugar donde poco a poco (es una entrada que irá aumentando en tamaño con el tiempo) va a quedar plasmado lo que pretendo de este blog y que en un momento dado puede suponer alguna desavenencia en cuanto a la forma de mis textos. Está claro que lo que escribo no pretendo que sea una realidad tajante. Es más, admito, asumo y deseo que sea así, que cada cosa aquí escrita es una opinión. Por eso, aquí va a quedar plasmado, a modo de Preguntas Frecuentes, algunas situaciones que pueden darse y lo que con ello pretendo. Así, tan solo con remitir aquí, será más que suficiente. Confío en que nadie se de por aludido porque esto no va por nadie: son cuestiones que van surgiendo o que creo que pueden surgir, y prefiero que desde el principio no haya malentendidos.


Situación primera:
HOYGAN, es que eso que dices ahí yo lo entiendo de otra forma y la mía es más mejor.

Me parece cojonudo que lo entiendas de otra forma, zagal. Yo expongo en este blog mis impresiones sobre lo que quiero. No son más o menos ciertas (normalmente) que cualquier otra visión factible. ¿Quieres un cacahuete por tener otra visión? Tío, relax, que la tuya, muy probablemente sea la correcta, pero seguramente no es la única aunque para ti tenga todo el sentido del mundo. Además, si no hay algún argumento aceptable, pasaré de ti, y si lo argumentas, si es necesario, discutiremos el asunto a ver si llegamos a alguna conclusión.


Situación segunda:
HOYGAN, en tu crónica veo que no te has leído los treinta y cinco libros de la saga, ni has visto las precuelas ni la versión vietnamita previa de la película, además de desconocer por completo toda la situación personal en la infancia del autor.

Si tú has visto las treinta películas, treinta veces cada una, has leído los libros, tienes de fondo en el móvil a la protagonista y tienes los calzoncillos del merchandising original me parece fabuloso. Si además has fundado el club de fans y la web lasagamásmolonadeluniverso.com me parece genial, pero si yo hablo sobre las impresiones que me ha causado comerme una puñetera hamburguesa en la hamburguesería de debajo de mi casa, me da completamente igual la historia del nacimiento del Burguer King. Si algún día, por alguna de aquellas, me apetece conocer esa historia y además, contarlo en el blog, entonces, y solo entonces, ven, y dime donde fallo, que en serio, eso no me molestaría.

 

Situación tercera:

HOYGAN. No has entendido nada de lo explicas porque tal como lo cuentas es completamente banal. No has sido capaz de captar la propuesta existencialista del autor en esta película (libro, disco, mueble, impresora, papel higiénico… es igual) que te hace capaz de retroceder en el tiempo y entender el período de la posguerra en el mundo con un aire a veces caótico y a veces de conformismo. Bla, bla… (Palabras vacías de contenido)

Coño. ¿Qué no lo he comprendido? Eso lo dices tú, colega. Vamos, que quizá no, pero es chungo juzgar una entrada de estas características simplemente porque no entro en ello o porque apenas es nombrado, y menos si hay varias interpretaciones no muy descabelladas. Si no entro en un análisis reflexivo de las cosas es porque considero que ese no es su sitio. Los análisis, que hasta ahora han sido de películas, se centran en impresiones bastante generales: una sinopsis, la dirección, los actores y personajes… cositas así y en que grado me han parecido correctos o no, pero que puede ser aplicado a cualquier ámbito. Para reflexiones más profundas, concretas y filosóficas, si creo que lo merece, lo haré en una entrada propia. Vamos, que si quiero escribir sobre sartenes en una entrada lo haré, y si luego quiero hacer una reflexión sobre la sartén como método opresor desde la yuxtaposición marxista posmoderna, lo haré en otra entrada bien diferenciada. Resumiéndolo mucho, si que sé, pero no me sale de los huevos.


Situación cuarta:

HOYGAN, que tus opiniones sobre según que cosas no se parecen en nada a las mías, así que no intentes convertirlo en algo real.

No lo hago. Mis cosas son mías y de nadie más. Incluso aunque compartamos opinión, los matices nos van a diferenciar. Y siempre hay matices. Así que si explico cuales son a mi parecer las mejores versiones que se han hecho de, por ejemplo, las canciones de Raphael, será siempre desde mi visión. Seguro que existen muchas más canciones que versionen a Raphael de las que conozco, y seguro que hay algo parecido a una lista oficial con las mejores versiones que se han hecho sobre Raphael, pero esta la he hecho yo con mimo, con la limitación que me pone no conocerlas todas y joder, con el uso de mi gusto personal, que no tiene que coincidir con el de nadie concreto, sin por ello ser, ni mejor ni peor. Pensaba que esto estaba claro y que estaba patente a lo largo de las entradas y en un bonito recuadro lateral con letras en negrita, pero vamos, que otra advertencia, más oficial incluso nunca está de más.


Alemania, año cero >>> Ser niño en el peor lugar, en el peor momento

Llevaba haciendo películas sobre la segunda guerra mundial desde que todavía estaba en activo la segunda guerra mundial. Rosellini, con la huevada bien puesta se pone a observar a su alrededor, y se decide a plasmar con tanta dureza como pueda lo que para el es el día a día y los terribles acontecimientos que acaban de acaecer, de la forma tan objetiva (dentro de los límites que la misma palabra plantea) como es posible, pero haciendo de ciertos individuos, la personalización de todo un colectivo, de toda una ciudad… de toda una nación. Con este planteamiento, al fin, en el mismo año 1945, año del fin de la contienda, filma Roma, ciudad abierta, donde narra la vida de los italianos desde la visión de la gente que vive en un barrio destruido y pobre que tiene a la Gestapo pisándole los talones porque entre ellos, hay un traidor. En esta ocasión, en Alemania, año cero, lo que tenemos es una situación en la que la guerra ya ha acabado y toda Europa necesita volver a ponerse en pie porque está en completas ruinas.

En medio de este percal tenemos a Edmund, un niño de 12 años que no tiene edad para trabajar y que vive con su hermana mayor, su padre enfermo y su hermano, no registrado en el censo por miedo a represalias por haber estado en el ejército cuando la guerra y haber perdido. Edmund se convierte de forma automática en cabeza de familia. Mientras malviven en una de las pocas casas que quedan en pie por obligación gubernamental (a los propietarios a acoger gente concreta y a los inquilinos a vivir en aquellos lugares), tienen que sobrevivir todos como mejor viven, y en el departamento de la familia de Edmund es él, el único que puede y quiere hacer algo para sobrevivir y hacer que sobrevivan los suyos. Todo con la inocencia de un niño y la madurez del que sabe que tiene que levantar un continente sobre sus espaldas.

Pero todo el mundo se mira el ombligo y nadie quiere colaborar con los demás, de forma que nadie es consciente que en conjunto podrían llegar, quizá no al principio, pero si, sin demasiados esfuerzos a mantenerse los unos a los otros. Prefieren tener dos migas que llevarse a la boca que acabar haciéndose su propio pan. Edmund lo ve y lo sufre. Desconozco hasta que punto lo entiende realmente, pero desde luego lo siente. Y así vemos a personajes como el del profesor, de convicciones nazis, que debe esconderlas por puro afán superviviente, y del que insinúan (igual que del resto de nazis declarados en la película) que tiene unas apetencias un tanto depravadas e ilegales.

Maravilloso ese retrato de la gente que busca solo su propio bien sin conseguirlo normalmente, y como los funcionarios, los pocos que pueden vivir bien en ese tiempo se esfuerzan en ayudar aunque sea con minucias a todos los desamparados en una ciudad (¡una puñetera capital de nación!) sin apenas edificios habitables en pie, y con la gente más preocupada en comer más que en reconstruir. Nada achacable por otra parte porque lo primero es tener el buche lleno. El resto solo puede llegar si se cumple esta condición.

Y como tercer gran grupo en la ciudad están las fuerzas de pacificación internacionales, que pacifican poco y se aprovechan, en el mejor de los casos de que a las jovenzanas del lugar no les falte de nada, ni una cama en la cobijarse. Muy honorables las fuerzas norteamericanas y francesas allí en los locales de copas que todavía están en pie. Para pimplar si, para reconstruir, mejor mañana.

A la hora de filmar esta película se nota el tiempo que tiene (es del año 1948) y los medios utilizados, además de que los actores profesionales no son, y aún así, Roberto Rosellini es capaz de transmitir muchísimo con cada plano. Sabes que piensan los personajes, con una cierta independencia a como lo expresan, y ahí, por ejemplo, está la magia del cine. Y con magia y todo, su gran fallo es ese puntito que les falta a los actores sobretodo para hacer algo redondo. Está claro que de donde no hay, pues es difícil sacar, y aunque Rosellini saca de sus actores un rendimiento excepcional, desgraciadamente no es suficiente. Además, en este caso si que veo la obra maestra aunque no pueda compartirlo. Para mí esto es algo que pesa demasiado en el cómputo general del film. Eso si, lo escueto de la propia película es más que necesario para expresar todo eso y más, sin abusar de planos abiertamente grotescos o imágenes de tan solo la ciudad destruida hasta los cimientos.

El final tiene mucho de desalentador, no porque en general las cosas no sufran un cambio más o menos amplio hacia lo que en un caso así podría denominarse, pero para Edmund, que las cosas vayan a mejor no es lo más importante y que aquellos a quien quiere no sean capaces de verlo, afecta, y más, con miedo a repetirme, a un joven individuo de doce años. Puede ser que no comprenda en toda su extensión lo que ocurre en el mundo ni lo que ocurre a su alrededor, pero entiende perfectamente cuales son sus sentimientos. La hermana, el hermano, el padre, el casero… los otros niños, quien fue su profesor, los ladrones: si todo el mundo se empeña en que las cosas deberían ser de una determinada manera, ¿Por qué nadie hace nada?, se pregunta el bueno de Edmund.

Así tenemos una película dura, pero realista, que expresa en forma de ficción algo que toda Europa esta sufriendo en sus propias carnes en esos precisos instantes. Edmund personifica los deseos, los anhelos, las ganas y la fuerza de esta parte del mundo y como las cosas, a pesar del esfuerzo, inevitablemente se vuelven en su contra. Bonita y desgarradora, Roberto Rosellini hace de Alemania, año cero, todo un alegato a muchas cosas que no incluye en ningún caso ninguna defensa a las guerras recién pasadas.

Karl: Un soldado puede perder todo, menos el valor.

Arma letal 4 >>> La buddy movie que es capaz de sacar algo desde la nada

Sin pretender que sea una verdad universal, si es cierto que el dicho aquel que reza que las segundas partes nunca fueron buenas tiene un trecho largo de verdad de la buena. Cuando las sagas, con sus secuelas (eso que ahora llaman franquicias como si Star Wars fuera filial de Telepizza) empiezan a acumular números detrás, normalmente, a mayor número, menor calidad. Es algo habitual. Una pena que así sea, pero es lo normal. También es verdad que no es tampoco algo cierto todas las veces: hay sagas que tienen altibajos, loopings y pichorradas varias, como el Dragón Kahn. En Arma letal, lo que pasa es poco más o menos esto; empiezas muy arriba, vas bajando, te hundes en un abismo brutal y de pronto resurges. La gran ventaja de esto es que después de la gran decepción (el batacazo de la tercera), dejas que todo termine con un buen sabor de boca.

En esta entrega tenemos de nuevo a Martin Riggs y Roger Murtaugh (Mel Gibson y Danny Glover) como compañeros de policía. Un día, relajados, pescando, un barco enorme procedente de china casi arroya la barcaza nueva de Roger justo en el momento en que se oyen disparos. Esto pone en alerta a los dos policías que acaban encontrándose con un barco repletito de chinos ilegales que pretenden utilizar unos mafiosos como esclavos. Y eso está muy feo.

Cosas que pasan. Resulta que una familia de esos inmigrantes, acaba viviendo en la casa particular del sargento Murtaugh, y cuando ya hay cariñitos entre los nuevos y los viejos habitantes, resulta que la mafia decide que los quiere recuperar, y no precisamente por las buenas. La mafia, con Jet Li a la cabeza (dura) son los enemigos a batir. Esto supone que, aunque en principio todo iba a ser tarea del departamento gubernamental (o local, que de funcionariado americano, nada de nada) y ahora parte del departamento de homicidios, con los protagonistas a la cabeza, se ha mosqueado.

Y así tenemos una película dividida entre la acción y la comedia, con los dos policías como protagonistas principales, y con un pequeño grupo de secundarios detrás cerrando el asunto. Con esto tenemos a un Mel Gibson haciendo el papel que domina tan bien como Martin Riggs, sargento de policía que está un poco loco (memorables sus escenas en películas anteriores comiendo las galletitas del perro) y a quien ya desde el principio cogió el tino, y aunque más mayor, sigue con ese punto a su favor de haber hecho suyo el papel y saber desarrollarlo como debe. Tenemos como segundo a bordo a Danny Glover, interpretando a Roger Murtaugh, el otro sargento a punto (desde el comienzo de la saga está a punto…) de jubilarse, temeroso de que ocurra algo malo, pero valiente siempre en el momento decisivo. Son dos personalidades muy diferentes, que saben ser complementarias. Vamos, la esencia de películas de colegas se cumple de sobra en todas las películas de Arma letal, con independencia de la propia calidad de las películas.

Para los secundarios hay un poco de todo: por una parte Joe Pesci, que lleva en Arma letal desde la segunda parte ya empieza a cansar su papel como tipo frenético al que nadie quiere pero con muy buena disposición y una boca muy grande. Rene Russo, como novia de Riggs, que pasa completamente desapercibida y Chris Rock, que hace de Buttler, un detective bastante novato de policía. Rock es, en buena parte (y aunque haya quien no pueda creerlo), el artífice de que el resultado final sea más que aceptable. Toda su vena cómica sale aquí, sin usar ese histrionismo al que está acostumbrado. Saca solo la buena artillería. Y bueno, el gran malo de esta entrega, Jet Li (con un nombre que no me atrevo a transcribir), que se dedica a poner cara de malo y dar patadas a mansalva, pero que en último término, es lo que tenía que hacer. Su momento más reseñable es una lucha final muy trabajada, contra los señores Gibson y Glover. El peor parado es sin duda, Pesci, que con una par de escenas completamente prescindibles (como la del teléfono móvil, junto a Rock) es un personaje muy sobado ya en la segunda y tercera entregas.

En general, la película es entretenida. El director, Richard Donner (Kebab) hace de todas sus películas un producto de puro entretenimiento, y en ello es un maestro. Como tantos otros, tiene sus altibajos, pero tiene tendencia a hacer cine de entretenimiento que tiende a cumplir. Que cuando no ha hecho este tipo de films, ha sido porque ha hecho películas ya míticas para según que generaciones, y tan variopintas como Los goonies o La profecía. En Arma letal 4 (que confiemos en que es la última) hace películas del primer tipo sin ningún problema. Jugando sobre seguro, sin complicarse y sin despeinarse demasiado. Ha sabido captar del guión todo el jugo que ha podido y volver a darle a esta cuarta oportunidad a sus sargentos preferidos, entre gracietas bastante buenas en general y alguna escena de acción intensa, empezando con la propia escena inicial en la que los protagonistas de vuelven a presentar. Escena que por cierto, parece que va a tener algún tipo de repercusión en la película y cae directamente en agua de borrajas; la trama real es algo completamente distinto.

Así tenemos una pequeña sorpresa. Cuando parecía que todo iba a peor, Arma letal 4 hace que toda la saga tenga un cierre muy digno. Con un punto muy importante de comedia al mejor nivel de las primeras y una acción interesante, Mel Gibson y Danny Glover, a las órdenes de Richard Donner sacan partido a algo que estaba muy acabado años después de que pareciese que realmente se acabó y dan, con su trabajo, una película entretenida, poco pretenciosa y muy simpática, que incluso pudo haber sido algo más, si no se hubiesen empeñado en meter con calzador cada personaje que salió en secuelas anteriores.

¿Secuela anterior no suena a contradicción?

Buttler: Tienes derecho a un abogado. Si no puedes costearte ningún abogado, te proporcionaremos el puto abogado más tonto de la tierra.