En busca de la felicidad

Ending Theme – Nobou Uematsu (Final Fantasy X)



Felicidad. Curiosa palabra. ¿Quién sabe su significado? Seguro que muchos ya están despegando sus labios con la sincera intención de elaborar una definición acorde a sus sentimientos.

Podríamos hacer numerosas perífrasis que nos llevasen a un mismo concepto, cargada de diferencias, pero al fin y al cabo, con una misma base de sustentación. Aquello que nos hace sentir vivos, sonreír, despertarte cada día y sentir la embriagadora fragancia de la vida que nos invita a crear nuevas esperanzas, sentimientos y objetivos. Seguro que todas ellas son bonitas definiciones, pero ahora bien, a decir verdad, no sabemos a ciencia cierta lo que significa.

Un hombre se despierta una mañana en su casa. Una reconfortante y nacarada luz ámbar atraviesa los cristales de su hogar, hilvanada en numerosos haces que logran abrirse paso a través de las cortinas. La calidez del nuevo día ilumina su rostro, forzando con su caricia a la apertura de sus párpados.

Lentamente, y con una sonrisa en los labios, desliza las blancas y sedosas sábanas hacia un lado y se incorpora. Comienza otra mañana, otro momento de paz en su apacible morada. Aún con dificultades para abrir los ojos ante la deslumbrante marea de luz, se desentumece mientras  se calza y comienza a andar hacia el porche de la casa.

Un leve chirrío, la puerta cede y una agradable brisa mece su pelo cual madre durmiendo a su pequeño. Todo es perfecto. El anaranjado sol asciende cada vez más rápido sobre las colinas que rodean el valle, las cuales ensombrecen levemente el gran lago que se halla bajo la casa. Una pequeña barca de madera sujeta a un poste se mueve al son de las leves olas que el viento produce. Todo el ambiente se empapa de los colores cobrizos que producen los destellos del agua y las otoñales hojas del bosque a su alrededor.

Nada ensombrece la felicidad de éste hombre, nada preocupa su mente, nada empaña su alma. No tiene problemas, ni preocupaciones, ni obligaciones. Nada que le impida conseguir sus objetivos. No tiene que rendir cuentas a nadie, es libre, con todo lo que necesita. No hay por qué luchar, nada que vencer, nada que perder. La única preocupación es disfrutar. Una y otra vez, disfrutar de la paz, de la tranquilidad, de la indiferencia. No tiene objetivos, no los necesita, ya no tiene nada por conseguir. No tiene esperanzas, no las necesita, no tiene nada que desear. No tiene sueños, no los necesita, no tiene nada que amar. Lo tiene todo, y no tiene nada.

Nada que conseguir, nada por lo que luchar, nada que esperar, que sentir, que amar. No tiene sueños, no tiene vida. Sólo cuenta con la propia felicidad que su mente ha impuesto. Tiene todo, pero no tiene nada. Nada que tema perder, nada que busque ganar, nadie por quién luchar, a quién amar, por quién vivir. Su felicidad se centra en la hibernación de sus esperanzas.

Otro hombre se despierta una mañana, despegando los párpados ante el frío contacto de multitud de gotas heladas sobre su rostro. Con un escalofrío producido por el roce de sus húmedas ropas contra su piel, comienza a incorporarse.

Está sentado en un banco frente a una calle peatonal empedrada. El grisáceo ambiente se cierne amenazante sobre la monocroma estampa y desdibuja las tristes figuras que transitan encogidas por la calle. Las luces de las farolas no son capaces de vencer la batalla contra las infinitas gotas de agua que se amontonan contra sus vidrios.

Otro día comienza, tan triste y oscuro como siempre. El olor a alcohol barato cubre sus ropas y le atormenta la mente. El dolor de cabeza se ha hecho simbiótico, no recordando ya un sólo día en que sus pensamientos fuesen claros. Pero eso es a su vez un consuelo. No recordar su mísera vida. No recordar su hogar, su trabajo, su familia. Eran muchas cosas las que había perdido, y muy pocas las ganadas. Es más sencilla la ignorancia, más permisiva, dolorosa pero cicatrizante. No merece la pena recordar el sufrimiento.

Tuvo muchos sueños, muchas esperanzas, mucha vida por vivir, pero había perdido más de lo que su corazón podía soportar sin romperse en mil añicos, que ahora el alcohol ahogaba en un mar de tristeza que asolaba cada rincón de su atormentada alma.

Es un día más. La lluvia cae sin tregua. El monótono repiqueteo de las gotas sobre los charcos levanta un murmullo que atenúa su alma. Su mente no responde. Se niega a hacerlo. Sólo intenta convertir en lo más llevadera posible su mísera existencia, sin apenas afrontar la realidad, observando sumisa el constante pasar de la gente. Todo lo que contempla refleja el estado de su alma, devolviéndole una mirada acusadora que le recuerda su propia condena. Su alma está presa de su mente, que materializa su desgracia ante sus ojos una y otra vez. Y ante tal imagen de nuevo la oscura calle se ríe de su terrible estado, hundiéndose aún más en su decadencia y comenzando un ciclo autodestructivo que no está dispuesto a detener.

La felicidad es algo que perdió hace mucho tiempo, y se plantea si llegó a atisbarla a lo largo de su vida. Si la llegó a mirar cara a cara, ésta se ocultó bajo una máscara traicionera, y ya no hay esperanzas de recuperarla. Su vida ya no es más que el comienzo de su futura muerte.

Ambos hombres sufren en su interior. Uno quizá no lo sepa, el otro ya ni siquiera siente el dolor. Ninguno de los dos posee la felicidad. Tampoco es un bien que se pueda adquirir. La felicidad es una forma de vida, una filosofía a adoptar, pero para poder adoptarla primero necesitas saber que la buscas, o tener la fuerza para afrontar su búsqueda. Pero cada uno de nosotros debe hallar su propio camino.

El primer hombre abre los ojos. Llueve. Sus ropas se le pegan de forma desagradable a la piel. Un escalofrío recorre su cuerpo. Está confuso. Sus ojos se mueven rápidamente, en busca de algo conocido. Con cautela, se incorpora, observando la oscura calle que le rodea. No hay rastro de ese hermoso valle en el que vivía. Está sólo, sentado en un banco, observando cómo la gente camina bajo la lluvia, cómo ésta golpea los cristales de las tiendas, cómo su vida ha desaparecido ante sus ojos.

Todo parece en blanco y negro, monótono, triste. Se levanta y comienza a caminar. Ahora que lo ha perdido todo, su vida ya no tiene sentido. Observa el ambiente, intentando pensar. Necesita un camino, una señal, una luz que guía sus pasos hacia la esperanza. Su mirada se posa en una farola, contemplando la incansable lucha de la luz por atravesar las gotas de agua que atenazan sus paredes. Una batalla de antemano perdida, pero que se niegan a dejar de luchar.

Debajo se encuentra la figura de una mujer. Sujeta un paraguas negro, y su ropaje no aporta ni una sola mota de color. Pero el intenso azul de sus ojos se pierden en el cielo en una mirada de esperanza. Parece nerviosa, haciendo dibujos con el zapato en la húmeda acera. Un silbido rompe el monótono repiqueteo de la lluvia en el ambiente. A lo lejos una silueta hace señas a la mujer, la cual inmediatamente recupera la mirada y sonríe. Sin perder ni un segundo se lanza corriendo a los brazos de la sombra.

Nuestro hombre sonríe. Casi puede sentir la emoción del momento en sus propias carnes. Algo le incita a mirar en su bolsillo. Encuentra una fotografía rota, con muchos años, amarillenta, que muestra el rostro de una mujer joven, hermosa, a la cual había conocido no hace mucho, pero que había dejado pasar. Su objetivo en aquel momento fue centrarse en su trabajo, sin atender a nada más. Sin embargo, la foto parecía de hace décadas. Una imagen horrible pasó por su mente, y el reflejo en un oscuro cristal enfrente suya confirmó tal pensamiento: el tiempo había transcurrido, su pelo estaba cubierto de canas, y su piel arrugada. Había dejado pasar su vida, sin acordarse de cómo. Y no había luchado por nada. No había perseguido sus verdaderos sueños. Sólo había buscado vivir en la comodidad de la autocomplacencia, ajustando sus metas a aquello a lo que tenía fácil acceso.

De nuevo un sonido reclama su atención. Son risas, las risas de unos niños que juegan al otro lado de la calle en un charco. No les importa mancharse. Chapotean y salpican con sus botas, riendo y disfrutando. Valoraban ese pequeño momento, no sufrían por el futuro. Simplemente disfrutaban de lo que se cruzaba en sus vidas. Él ya había perdido esos instantes de disfrute. Cada acción aparentemente insignificante podía haber cambiado su vida, pero no les había prestado atención, y ahora que había perdido su hogar, apenas lo único que tenía, se daba cuenta de lo sólo que estaba.

Ahora se daba cuenta. Durante toda su vida se había esforzado por llevar a cabo su trabajo a la perfección, buscando poder hacer desaparecer con eso sus preocupaciones. Se convenció de que con eso no quería nada más. Se contentó con lo material, olvidándose de vivir, de sus sueños, de sus esperanzas. Una vez cumplido su objetivo, sintió la felicidad, una vacía felicidad que llenaba todo su alma, la cual no era más que un cascarón vacío que había perdido toda su vida. Y mientras es consciente de su miseria, observa como la oscura y muerta calle rebosa de vida en cada una de las personas que por allí caminan hacia su futuro.

Por fin es consciente de su vida. EL primer hombre reanuda su camino, buscando también su destino, comenzando a vivir con un claro objetivo, con problemas, pero con la felicidad visualizada en su mente. Y de esta forma por primera vez se sintió feliz, adquiriendo fuerzas de la oculta belleza de una calle que nuestro otro hombre no supo apreciar.

El segundo hombre se despierta en una cama blanda y cálida. Por primera vez en mucho tiempo no nota húmedas sus ropas. Se incorpora mientras visualiza el espacio que se expande a su alrededor. Es una hermosa casa, inundada de la luz del amanecer que penetra por las ventanas. Es reconfortante. Con gran esfuerzo deja atrás la comodidad de su lecho y comienza a deambular por la casa.

Todo es muy limpio, luminoso, colorido. No hay nada que le recuerde al mísero entorno que le rodeaba día tras día desde hace meses. Nada que le atormente la mente. Nada que le devuelva miradas de desprecio. Todo en esa casa es perfecto.

A su izquierda puede ver una chimenea. Como el resto del hogar, está muy limpia, incluso de adornos. Apenas unas flores y esculturas caras. Objetos materiales. No puede encontrar ningún recuerdo.

Continúa con su recorrido. A través de la ventana observa el hermoso lago, puro, resplandeciente, rebosante de movimiento. Tenía vida. Algo que él había perdido hace mucho tiempo. Quería algo así, una casa con esas vistas. Quería poder navegar en ese barco que se mece en el lago. Tenía algo por lo que luchar. Algo hermoso que conseguir.

Pero todo era demasiado artificial. Quería llenar la casa con recuerdos, memorias, vivencias. Quería tener una historia que contar, una familia con al que vivir, una vida que comenzar. Quería ser feliz.

De nuevo regresó a la chimenea. Sobre ella había un espejo. Ahí vio su rostro reflejado. Era joven. Aún le quedaban muchos años por delante, mucho tiempo que aprovechar, mucho por vivir. Debía comenzar a recorre un nuevo camino, retomar aquel que había perdido y emprender una nueva bifurcación. Nunca es tarde hasta que lo es. Por primera vez en tantos años su mente se aclara, rememora sus errores y busca lograr sus objetivos con la experiencia adquirida, sintiéndose feliz ante esta nueva oportunidad.

El primer hombre abre los ojos, de nuevo en el cálido abrigo de sus sedosas sábanas, en la protección de su hogar, o de su prisión por tantos años. Se levantó, y ante el espejo encontró el rostro del hombre joven que él recordaba, ahora pero sus ojos resplandecían. Su alma estaba deseosa de vivir. Estaba decidido a recorrer su propio camino hacia la felicidad.

El segundo hombre abre los ojos, de nuevo estremecido por la fría lluvia que golpea rítmicamente su cuerpo. El frío aire que entra en sus pulmones aclara su mente. Las luces de los coches quedan a merced del encharcado suelo, que desprende brillos de colores que otorgan de vivacidad al entorno. La lluvia continúa como siempre, incansable, pero esta vez bañando su cuerpo, purificando su alma con su música. La calle estaba llena de vida, y era el momento de unirse a ellos para recorrer su camino hacia la felicidad.


Este escrito que podéis leer es cuanto menos extraño. Lo encontré un día según iba caminando por la calle. Un destello producido por el sol sobre una cara pluma que había encima de un banco aún húmedo por la recién escampada lluvia llamó mi atención. Estaba encima de unas hojas, con la tinta corrida por el agua. Me pareció hermosa la escena, y decidí cogerlos. En ellos estaba el texto que aquí os traigo. Seguramente lo escribiría alguien que buscaba descargar sus sentimientos sobre el papel, o quizá pensaba que eso ayudaría a alguien que estuviese pasando también por un mal momento.

En cualquier caso, me ha parecido interesante compartirlo con vosotros. Mi aportación ha sido poneros una canción que creo que os ayudará a empatizar con lo aquí escrito y algunas partes que tuve que reconstruir porque la tinta era ilegible.
Suena muy ficticio, pero a veces la vida te sorprende, ¿no creéis?

Un saludo.

Anime Zone: Jigoku Shoujo [Menu and covers]

¡Buenas a todos! Hoy inauguro una nueva sección: Anime Zone. En ella hablaré de todo lo que tenga que ver con el anime. Y nada mejor para empezar que con una colaboración de Ayane Shinigami, cuyo blog, Kaze ni Monogatari, merece mucho la pena para todo aquél que coleccione anime. ¿Por qué? En esta entrada hallaréis la respuesta.

Aquí os traigo menús y covers realizados por ella misma, de gran calidad, para qué podáis grabar los capítulos de Jigoku Shoujo de vuestros fansubs favorito en un DVD. El menú está en flash, y os permite acceder a cada uno de los capítulos sin cambiarles el formato, lo que te da la posibilidad de grabar una temporada entera sin problemas, al contrario de lo que sucede cuando grabas un DVD específicamente para reproductores, que apenas de caben 4. Esto os lo explicará más detalladamente ella.

Por favor, si tenéis cualquier problema con la el menú, comentad en la entrada original de la autora, ya que si no no se enterará de él y le será imposible arreglarlo.

Sin más, os dejo con la entrada. Muchas gracias Ayane Shinigami por confiar en este blog para contribuir con tus creaciones y recomendaros a todos tanto su blog como está gran serie. 

Existe un rumor de que hay una página web en la que se vengan de la persona que quieras y que dicha web solo está disponible a las 12 de la noche. Es el “correo del infierno” o “jigoku tsushin” y detrás de ella está Enma Ai, la chica del infierno que es quién lleva a cabo la venganza.

Pero todo tiene un precio, si se hace el trato con Jigoku shoujo la persona dest

inataria de la venganza será enviada directamente al infierno, pero al morir, el alma del

vengador irá también al infierno.

La serie consta principalmente de historias cortas en las que seva mostra

ndo la angustia de los personajes que los lleva hasta el punto de ponerse en contacto con Enma Ai y de aceptar el trato.


El proceso por el cual se obtiene la venganza comienza con entrar en la página web a medianoche. La página es sencilla, un “Nos vengamos por ti” escrito sobre un espacio para escribir el nombre y la tecla “Enviar”. Una vez enviado, el solicitante recibe un mensaje con fondo rojo al móvil con el mensaje de “Petición aceptada, Jigoku Shoujo” y al poco se le aparece para darle un muñeco con una cinta roja atada al cuello que es la que sella el pacto una vez soltada.

Es un menú para PC hecho en flash para grabar los capítulos de anime. Es tan solo un autorun que te abre directamente los capítulos que tengas metidos en el DVD, pero de una forma bonita y que te evita tener que pasarlos por un programa de edición de DVD.

Para grabar el anime hay básicamente dos formas, o crear un DVD de video para reproductores de mesa, o grabarlos como archivos sueltos en un DVD. La desventaja de estos últimos es que no pueden leerse en un reproductor de mesa salvo que estén en un formato que lea el reproductor como es el caso del avi.  El mp4 es ya más raro que lo reproduzcan.

En cambio, las ventajas que tiene es que por ejemplo, al guardar los archivos en su formato original, si alguno está mal solo tienes que cambiarlo y grabarlo otra vez sin tener que volver a descargar los capítulos uno a uno.

La información para utilizarlo y grabar el DVD está en el propio archivo rar, en un léeme.

Las descargas están en un rar e incluyen las tres temporadas tanto de los menús como de las carátulas. Dentro hay un leeme con toda la información necesaria para grabar los menus. Las carátulas también vienen en un rar que incluye: carátula de tamaño normal, una un poco más fina y la galleta.

Espero que os gusten y si tenéis cualquier duda o lo que sea, podéis comentármelo en este enlace.



Diseño: Watercolor

Os presento el nuevo diseño que lucirá Broken Tears: Watercolor.

Como véis, está basado en acuarela. Me gustaría saber qué opináis, si os gusta o si algo lo véis mal. Aún está sujeto a retoques, pero será básicamente esta temática para todo el diseño.

Además de la encuesta os agradecería que comentáseis lo que os parece.

Gracias

Entre la niebla

“El día amanecía envuelto en una espesa nieblablanquecina que cubría completamente el ambiente. Las cristalinas ydiminutas gotas de aguas se adherían por toda superficie y refulgíancomo diamantes bajo los apelmazados rayos de luz que lograbansobrevivir al persistente manto blanco que abrazaba la ciudad.

Aparté la vista de la ventana y me dispuse a abandonar el cobijo delreconfortante calor del hogar hacia ese triste ambiente. Era lunes, díade instituto, y la rutina volvía a su ser, únicamente coartada por elclima de este atípico día.

Al abrir la puerta, una oleada de aire helado golpeó mi rostro,hiriéndome cada una de las pequeñas gotas de agua helada. Apreté confuerza los párpados y me coloqué la capucha para  protegerme de latempestad que azotaba la ciudad, dispuesto a internarme en ella. Nohabía nadie en las calles, salvo unas cuantas sombras embutidas en susabrigos, siluetas que aparecían desdibujadas en la distancia. Todoparecía irreal, monocromado, salvo las luces rojas de los vehículos queapenas se atrevían a desafiar la niebla.

Seguí avanzando por la calle, oteando en el horizonte la parada deautobús. A lo lejos comencé a vislumbrar su estructura, acechando a losescasos viandantes que pasaban cerca de ella. No parecía haber nadie.

Con un último esfuerzo logré llegar a su cobijo, pudiendo al finbajarme la capucha y respirar hondo. Al otro lado había una únicapersona, una chica joven. Parecía ser también estudiante, pero nuncaantes la había visto. Su pelo, largo y liso, acariciaba sus hombros yse deslizaba sigilosamente sobre su espalda. Bajo la espesa nieblaparecía completamente blanco, pero su tersa piel desmentía su edad.Estaba embutida en su abrigo, con su mirada puesta en el suelo. Loúnico que se distinguía eran sus ojos. Parecía distante.

El tiempo pasaba lento, como si estuviese disputando una batalla deantemano perdida contra el clima. Empecé a repiquetear con mis dedossobre el frío metal grisáceo de la parada, perdido en mis pensamientos.Fue en ese momento cuando sus ojos se cruzaron con los míos. Eran de unincreíble azul eléctrico, los cuales aportaban la única nota de coloral ambiente, rivalizando con las dispersas luces rojizas del tráfico.Fueron apenas unos segundos, pero su mirada se quedó grabada en misretinas. Sus ojos reflejaban con fidelidad su alma. Mostraban tristeza,pero a la vez gran madurez y amarga felicidad. Eran sentimientosopuestos, pero que en ella parecían tener una profunda compenetración.

Ella volvió su mirada, pero yo no pude apartar la vista de donde apenasunos segundos antes habían estado sus ojos. Intentaba comprender esaextraña mezcla de sentimientos, ese abismo incomprensible tan biencomprendido sólo por ella. Sin embargo, algo en ella me invitaba adescubrir el significado oculto de su alma, de su mente. Parecía unmisterio que sólo yo pudiera resolver.

Volví a quedarme absorto en mis pensamientos, sin apenas atisbar larealidad. No veía lo que pasaba a mi alrededor, sólo sus ojos. Fue elchirrido de las puertas del autobús cerrándose lo que me hizo recobrarla consciencia. Miré a mi derecha, y ella ya no estaba. Mi vista siguióinquisitiva la trayectoria del autobús, que ya se alejaba calle arriba,con ella a bordo. Pero no era el autobús del instituto.

El resto de la mañana la pasé ensimismado, recordando sus ojos una yotra vez. No podía concentrarme, nada más acudía a mi mente. Terminaronlas clases y yo aún no había tomado apenas conciencia de su inicio. Medespedí prematuramente y me dispuse a partir de nuevo hacia mi casa.

La niebla no había cedido, pero el viento parecía haberse aplacadoparcialmente. Miré hacia afuera en el vestíbulo, y allí estaba ella.Abrí la puerta y contemplé desde las escaleras como comenzaba a subiral autobús. Por alguna razón ella echó la vista atrás y me vio. Denuevo nuestras miradas se cruzaron durante un tiempo que parecióeterno. De sus ojos mi mirada pasó a sus labios, los cuales mededicaron una leve y fugaz sonrisa. Y de nuevo me quedé sólo,contemplando la partida del autobús.

No entendía lo que me pasaba. Apenas la había visto, entremezclada conla niebla, pero no podía olvidar sus ojos azules. Eran un espejocargado de sentimientos, que ahora me inundaban y bullíandescontrolados por mis entrañas. Cerraba los ojos y volvía a verlaallí, en la parada, protegiéndose del frío, deslizándose suavemente sucabello blanco en la niebla, mientras yo escrutaba en sus ojos unapalabra que describiese su alma. No la encontraba.

Al día siguiente continuaba la misma niebla. Todo parecía repetirse. Micorazón latía sin control, esperando encontrar de nuevo a aquella chicaque tenía atrapado mi corazón. La busqué entre la niebla, y allíestaba, de nuevo en el mismo sito, en la parada. El autobús llegó, yella subió sus escaleras, dedicándome de nuevo una de susdesconcertantes y profundas miradas. Corrí hacia el autobús, pero nollegué a tiempo. Me quedé sólo una vez más, sin comprender missentimientos.

Llegó mi autobús, pero lo dejé escapar. Pasaron otros dos, que tampococogí. Me quedé allí sentado el resto del día, viendo sus ojos en cadaventana, en cada espejo, en cada gota de agua.

Los dos días siguientes ella no apareció. Esperé en la parada, sinsaber si realmente la había visto o era todo una ilusión producida porla niebla. La semana continuó inexorable, y yo me sentía cada vez másperdido. El viernes me decidí a cogí su autobús sin saber por qué. Algome atraía hacia ella. Mi corazón lloraba amargamente su ausencia.

En el autobús no había mucha gente, apenas cinco pasajeros. Todosparecían distantes. Me acerqué a una mujer morena en la tercera fila yla pregunté por esa chica. La describí sus ojos, su pelo, su sonrisa.La mujer dijo que siempre iba en ese autobús una chica joven de unosdiecisiete años que coincidía con la descripción, llamada Amy, caminodel hospital. El corazón me dio un vuelco. Por un lado exultante dehaberla encontrado, de saber que era real, pero aterrado de la razónpor la que iba todos los días en busca de ese amargo destino.

En la siguiente parada me bajé, en el hospital. Pregunté por ella enrecepción, y me enviaron al área de cardiología. Allí estaba ella,tumbada, igual de hermosa que como la recordaba, o imaginaba. Su pelorubio enmarcaba las delicadas facciones de su rostro, el cual mostrabala misma expresión misteriosa y serena que la primera vez que la vi.Sus párpados escondían sus increíbles ojos azules, pero no esa miradallena de dulce tristeza, amarga felicidad, paz desesperanzada. Acariciésu mano con ternura, pero ella no reaccionaba. Susurré su nombre concariño, pero no respondía. Un escalofrío comenzó a recorrer cada uno delos poros de mi piel.

Una mano me agarró con suavidad el brazo y me hizo recobrar la razón.Me di la vuelta y encontré a una enfermera que me preguntaba concompasión si era familiar suyo. Podía ver la angustia en su cara. No mehacía falta que me dijese nada para averiguar la verdad. Amy estaba enun coma inducido a expensas de un trasplante al corazón y le quedabapoco tiempo. Lo que nunca pude llegar a imaginar es que llevaba así másde un mes.

En ese momento el mundo se cayó completamente para mí. No podíacomprender nada. Ella estaba a punto de morir, pero para mí realmentenunca había vivido. Pero yo la había sentido tanto… ¿Lo había soñado?No, estaba despierto. ¿Lo había imaginado? No, era real. Ella me habíabuscado de verdad, ella había estado conmigo, me había regalado susmiradas cargadas de sentimiento, su sonrisa cargada de emoción. Todoera real, una irreal realidad, pero real.

Quiero que esta carta le llegue a Amy. Ella me buscó… Tú me buscaste,me pediste ayuda, o quizá fui yo quien te busqué a tí, y me diste lavida. Nunca me he sentido tan vivo. Ahora, más que nunca tengo unarazón para vivir, pero también para morir: darte la vida.

Este corazón ya no me pertenece a mí. Es tuyo, para siempre. Tú me hashecho sentir la vida, y es el momento de que tú la consigas.”

Amy cerró los ojos, dejando que las lágrimas resbalasen por susmejillas. El médico le había contado que hubo un accidente, unatropello por un autobús a un chico de instituto, de 17 años, donante,del que habían cogido el corazón. Más tarde llegó la mujer morena conuna carta que había encontrado en la parada.

Amy agarró con fuerza la carta y se la llevó al corazón.


Hasta aquí el relato. Espero que os haya gustado. Ahora voy a hablaroun poco de esta sección. Todos los relatos que escribo son fruto dediversas inspiraciones, y me gustaría hablaros un poco de qué es lo queme ha hecho escribir cada uno de ellos. Así que inauguro estsección queincorporaré a cada relato que realice.

¿Cómo se me ocurrió el relato?
La noche anterior había estado viendo la película de Silent Hill,y me gustaba el ambiente, con mucha niebla, hermoso, pero a la vezmisterioso y aterrador. Bueno, este relato de aterrador poco, pero sique conserva el ambiente surrealista y misterioso que caracteriza almundo creado por Konami en la saga de videojuegos.

Pero otra de las grandes partes de Silent Hill que contribuye acaracterizar tan bien semejante ambiente es la música. Akira Yamaoka,compositor de la saga, ha realizado un gran trabajo a lo largo de todoslos videojuegos, incluida la película. Promise, Theme of Laura,Forest… son muchas las canciones instrumentales que me parecensimplemente excelentes y concuerdan a la perfección con dicho ambiente.Pero fue precisamente una canción diferente la que me inspiró, una delas cantadas por Mary Elizabeth McGlynn (que aporta su magnífica voz acanciones como Room of and angel, I want to love y otras tantas muchas)la que me hizo escribir este relato.

Se trata de You’re Not Here. Es del Silent Hill 3, pero yo laconocí por los créditos finales de la película, y me encantó. Me lapuse una y otra vez, y me recordaba ese ambiente. Por ello decidí hacerun relato así. Pero no de terror, si no extraño, misterioso, de unamujer que, unida a ese surrealista entorno, marca la mente de ese chicoy le enamora sin siquiera haberla visto completamente. Y el final, ¿quéfinal sería? ¿El bueno, el malo o el UFO?

Créditos de Siletn Hill The Movie

You’re Not Here – Silent Hill 3 (Heather)

Este vídeo me resulta muy divertido. Está realizado con vídeos deljuego, utilizando escenas en las que habla Heather para que parezca quecanta, como si se tratase de un vídeo musical promocional. Lasincronización labial es espectacular. Mirad.

Yo necesito la música para escribir, y en este caso esta me ayudómucho. Para mí los relatos son como el cine. Cuando pienso en alguno lohago con música puesta y a modo de trailer, creando un ambienteespecial con las canciones. Y es que la música es uno de losprincipales métodos de expresar emociones y sentimientos. En el cine,una escena triste quizá no te encogería de tal forma el corazón si nofuese por los lastimosos acordes musicales que la acompañan. Y en laliteratura, para mí, es igual.

Leed el relato, escuchad la música y comentad ^^

Inauguración

Bienvenidos a Broken Tears, mi nuevo blogs.

Aquí encontraréis, sobre todo, relatos fantásticos creados por mi insondable mente. Eso no se si es bueno, o es malo. Vosotros lo descubriréis con la experiencia.

También publicaré diversas entradas que tengan que ver con la música, un poco de todo tipo. ¿Qué sería de la literatura sin música? Literatura + música = cine.  Para mí un buen relato debe ser cinematográfico. Surge producto de la imaginación con la ayuda de la música y los sentimientos cual trailer en la mente y de ahí al papel ordenador. Bueno, ya iréis viendo.

Y hablando de cine, también me gusta, pero sólo el bueno 🙂 Alguna que otra entrada caerá del tema.

En cuanto a los videojuegos, se da por supuesto que me encantan y que hablaré de ellos.

Otro tema que tendrá mucha cabida en el blog será el anime. En mi anterior blog, La Orden de los Caballeros Negros, cuando era Lelouch_Geass, al final no publiqué nada sobre anime, pese a basarse todo el diseño en Code Geass. Así que es el momento de hacer una entrada al respecto de dicha serie y otras muchas de igual calidad.

El resto de cosas que haga se irán viendo sobre la marcha. Sólo puedo deciros que estéis atentos y disfrutéis de vuestro paso por Broken Tears.