Financiando delincuentes

Una de las pocas citas semanales con la TV que puedo afrontar sin tener la sensación de que me están minando el cerebro de basura inservible es la del programa "Callejeros", de cuatro (un formato muy de moda últimamente en otras cadenas, por otra parte). Anoche, pues, acudí a un encuentro que generalmente no suele decepcionarme, y efectivamente el de ayer no fue una excepción. Todo lo contrario, suscitó en mí una interesante reflexión sobre el tema que trataron: la piratería y las imitaciones (aplicadas al mundo de la moda y el diseño textil).

De todo el programa, me quedé con dos ideas fundamentales vertidas no por los reporteros o por el propio programa (quienes generalmente suelen abordar los temas con bastante imparcialidad -al margen de los motivos por los que se puedan hacer los reportajes-), sino por varios de los entrevistados, ideas que eran: (1.) comprar imitaciones ilegales perjudica la imagen y la reputación de los clientes de las grandes firmas, y (2.) además ayuda a financiar actividades ilegales de todo tipo.

Respecto a lo primero, pese a que no creo estar en estos momentos en disposición de debatirlo sin caer en una cierta hipocresía (después de todo yo formo parte de una sociedad consumista), sí que me parece cuanto menos curioso. Es decir, como forma de intentar convencer a una clase de poder adquisitivo medio de que no compre un bolso falsificado, o una camiseta de imitación, o unas zapatillas falsas, se le está diciendo que su delito reside en no permitir que un grupo selecto de personas de mayor poder económico establezcan como forma de distinción social la ropa que visten. En otras palabras, se intenta postergar la abolición de un sistema por el que una clase social puede decir a otra: "mírame, esta ropa representa lo que tú no puedes conseguir porque eres un pobre desgraciado que tiene que trabajar". Es evidente que en el mundo aún existen los clasicismos y las jerarquías sociales, pero nunca hubiera imaginado que el último recurso del que se iban a valer las firmas de ropa para pedir que no se compren productos falsificados sería el de decir que éstas atentan contra el "derecho" de destacar socialmente.

Yo no estoy demasiado al tanto de los pormenores de estos mundos de la moda y las imitaciones, pero sí que creo una cosa: la lucha contra lo falso debe llevarse sólo hasta donde concierne a aquello que pejudica la propiedad intelectual. Es decir, veo bien que se vele porque una serie de ideas, creaciones e imágenes de marca estén protegidas, pero nadie puede arrastrar en el camino otros intereses de dudosa legitimidad. Aquellos que en el mundo de la música, por ejemplo, se benefician hasta el punto de que de un CD de 20€ llegue al propio artista 1, no tienen cabida en el derecho a reclamar que se respeten las ideas de los mismos. De la misma forma, ya otra vez en el mundo de la moda, no acabo de encontrar totalmente la parte negativa a que una señora "normal" tenga acceso a algo por lo que normalmente se paga muy por encima de su valor de fabricación y donde no creo que esté tan claro que dicho precio venga justificado por una buena idea creativa.

 

Pero la idea más interesante es la segunda: "no compréis imitaciones porque estáis pagando a delincuentes de todo tipo". Claro, yo me pongo en el papel de la señora de antes, que llega a su casa con su bolso de Channel de 20€ y ve a un señor diciendo en la tele: "recordemos que se demostró que el 11M fue financiado mediante la venta de este tipo de imitaciones", y desde luego esa noche la conciencia no me deja dormir. Lo que no se le ha dicho a esa mujer es que dicha información es completamente sesgada e incompleta, aislada de otros factores que pueden demostrar que, si bien lo que ha hecho puede estar mal, también lo están otras actividades por lo general vistas con mejor ojo.

Digo esto porque seguro que muchos de vosotros habéis tenido ocasión de mirar la etiqueta de vuestras zapatillas de deporte o de vuestra ropa en general y de haber visto el sello "made in Indonesia" o "made in Vietnam". Es de sobra conocida por la mayoría la forma en la que algunas grandes multinacionales mundiales nos hacen llegar productos con dicho distintivo tras una larga cadena de explotación, de vejación a los derechos humanos, de mano de obra barata para la fabricación de productos por los que, al final, acabaremos pagando un precio exacerbadamente superior al que costó producirlo. Esta información nunca se nos ofrece por aquellos que defienden la compra de productos originales, muy rara vez. Siempre podrás ver que cuando se tratan las cuestiones de piratería se nos invita a comprar productos originales, incidiéndosenos en que hacer lo contrario es ilegal y promueve lo ilegal, ¿pero quién nos informa alguna vez de que tras la fabricación de productos originales se encuentran prácticas tanto o más ilegales como las que esconden sus imitaciones?.

Realmente prefiero pensar que esto suele ocurrir por simple desconocimiento o sencillamente por asimilación de ciertas ideas con las que se nos bombardea constantemente, porque me niego a pensar que determinadas personas nos estén poniendo a terroristas en una mano y a explotadores en otra y no estén diciendo que una cosa es menos mala que la otra.

 

En cualquier caso, si me preguntáis por la solución, yo reconozco que no siempre he podido o querido evitar comprar marcas conocidas, pero sí que es cierto que por lo general me resbala bastante: ropa barata de firmas desconocidas, y voy igualmente vestido.