Ecos, Capítulo 2: Voces del Ayer

Parecía increíble y Montse no lo acababa de creer. No sentía tristeza, rabia o compasión… sentía como la frase “El pasado siempre te acaba alcanzando de nuevo”, se hacia realidad. Y el muy cabrón había sido oportuno. Justo el día que podía considerarse que había olvidado el pasado, este tocaba a su puerta y le decía “Hola, venía a saludarte, para que sepas que yo no olvido”. Pero Montse sentía curiosidad. Había observado la foto y a 1º vista el hombre de delante tenía pinta de esconder algún secreto macabro. No tenía nada que ver con el que conoció, de aspecto amable y sonrisa “casi” perfecta (Ella solía decirle eso a él, puesto que la sonrisa de Sam Neil la volvía loca).

“Montse, despierte” Dijo Adrián con un chasquido de dedos delante de su cara. Esta se espabiló y salió de su ensimismamiento “¿Sabe donde ha estado este hombre?”

“No”

“¿Seguro?” Dijo Adrian

“¿Usted cree que si no lo estuviese, diría que no?” Dijo Montse fulminándolo con la mirada.

“Montse, cariño, hay algo que debes saber…” Comenzó Silvia, pero Adrián levantó la mano con un ademán de que no dijese nada. Le gustase a Silvia o no (Y se intuía que no le hacía gracia que la mandasen a callar) Adrian era inspector y ella teniente, así que Adrián tenía mas rango y mas mala leche si quería.

“Teniente, necesito saber lo que usted sabe de él, del último día en el que presuntamente lo vió” Dijo Adrián en un tono en el que no admitía réplica, pero Montse no estaba por la labor de acatar ordenes, aunque fuesen corteses.

“¿Cómo que presuntamente? Serás cabrón… ¿Ahora se duda de una agente que ha estado al servicio…?”

“Joder, ¡Callate de una puta vez, coño y deja los putos victimismos!” Dijo Adrián dando un puñetazo sonoro en la mesilla de noche. Se hizo un silencio sepulcral y entendieron porque el inspector con tan solo su carácter había conseguido estar donde estaba. “Te lo voy a explicar mas claro, a ver si lo entiendes: En 48 horas, nos investigarán a todos hasta el DNI aunque no tengamos nada que ver. Los de la interpol pueden ser muy cabrones si se lo proponen, lo sé de muy buena tinta. Y a los 2 que envían son de lo mejor en investigación y respuesta armada, así que no es un asunto que piensen archivar. Y tú, que eres la última que vio con vida a Juan, así que vas a conocer lo que significa las palabras ‘Acoso de cojones’ con lo que necesito saber lo que sabes.”

Montse se había quedado en blanco y comprendió que si quería ayudar a todos y a sí misma, debía ser franca lo antes posible. Sacrificar su orgullo y sentimientos no le parecía un precio a pagar tan elevado “Recuerdo que el último día que nos vimos, estábamos juntos en un mirador al que solíamos ir por la tarde antes de que anocheciese. El estaba como siempre, abrazado a mí y besándome el cuello, y yo contemplaba la puesta de sol, feliz. Cuando llegamos a casa nos acostamos, y después…” Montse no dijo nada. “Bueno, después de, el se me abrazó, y me dijo que me quería. Dormimos y cuando me desperté, no estaba. En su armario no había nada suyo, y todas sus cosas, fotos,… habían desaparecido. No me dejó ni una nota, nada. Fue como si nunca hubiese existido”

Montse entonces soltó una lágrima que le recorrió toda la mejilla. Recordar cosas como esas, duelen. El amor, duele. Cuando entregas tu vida a alguien, crees que todo tendrá un final feliz y das el todo por el todo con tal de salir adelante te sientes la persona mas feliz del mundo, pero cuando eso se acaba y la otra persona te da el portazo de la manera que sea, sientes que nada de lo que has hecho o por lo que has luchado tiene sentido, son como huellas que se pierden en la arena. Y Montse se sentía así ahora mismo, perdida, sin saber que rumbo iba a tomar su vida.

“Silvia, ahora puede hablar” Dijo Adrián sacándola otra vez de su ensimismamiento.

“Montse, hay algo que tenemos que decirte” Dijo Silvia con los ojos tristes, pero firmes.

“¿De que se trata?” Aunque Montse ya se imaginaba la respuesta.

“No te voy a mentir. Eres la principal sospechosa, así que ahora estas bajo vigilancia. El capitán ha desaparecido, y Adrían ha sido temporalmente destinado a asuntos internos. Que mejor que un inspector para putearnos” Dijo Silvia con la mirada atravesada mirándole.

“Nací inmune a las ironías así que no te molestes” Dijo Adrian con acritud “Continúa”.

“El caso, es que su primera órden recibida de sus superiores, ha sido ordenar una investigación contra ti y cesarte temporalmente. Tanto él como yo creemos que tú no eres culpable ni de coña, pero…”

“Alguien tiene que ser el cabeza de turco, para demostrar que hacemos algo aunque no tengamos ni puta idea” Dijo Montse “¿Me equivoco?”

Silvia asintió con la cabeza, y parecía como si cada asentimiento fuese una bofetada para ella misma.

“Entrégame tu placa y tu arma” Dijo Silvia “Y sabes que tienes que venir con nosotros a comisaría” Montse se levantó sin oponer resistencia, maldijo al destino, y pensó que nada podría ir a peor.

Se equivocaba. Los ecos del pasado eran los precursores de los mayores horrores a los que se tendría que enfrentar.


De camino a comisaría, Montse continuaba esposada en el asiento de atrás. Adrián iba en el asiento de atrás con ella, y Silvia conducía sin quitar ojo de la carretera. Era bastante triste que no la hubiesen liberado al menos en el coche, o que el inspector la vigilase como temiendo que se escapase. Eso le hacía ver a Montse que era realmente sospechosa y que no se trataba de ninguna cabeza de turco. La iban a interrogar, y posiblemente ahondasen en un pasado que ella no quería recordar.
Pensó en las películas de policías de Hollywood, en las que el héroe era encarcelado injustamente, sacaba un bazooka de debajo de la celda, huía, se cargaba a medio hampa mundial y se escapaba con la chica asqueado de la corrupción policial. Que bonita utopía. En la realidad aquello no era así. No había bazookas en las celdas, ni nada con lo que hacerte un túnel a la libertad. No era tan fácil escapar de una comisaría donde todos los policías están al tanto de los presos en el edificio, no era fácil infiltrarte en una mansión y liarte tu solo a tiros con 200 hombres armados (Muchos ex-militares) con gran entrenamiento, y que vivían por el dinero y el poder. Los señores del hampa solían contratar los servicios de 6 guardaespaldas profesionales que sabían como extorsionar hasta a la misma policía. De hecho, las grandes señores del mal, por así llamarlos, sobornaban a todos los cuerpos, y de vez en cuando les decían donde hacer una detención para quitarse a molestos socios de encima, y dar la imagen de que la policía hacía algo. Triste era decirlo, pero el 90% de la policía mundial esta corrupta. Y de los no-corruptos, un 5% desaparece al año.
Por no hablar, del hecho de matar. Salvo que salves a una persona de la muerte, no importará que mates a Saddam Hussein. Si lo matas, te conviertes en un asesino independientemente de los crímenes del que ha sido ajusticiado. Mucha gente cree que con diálogo se soluciona todo, hasta que ven una pistola encañonando en el mejor de los casos, a su boca y en el peor, a su familia… o a su pareja. Si acabases con un malo, la rubia tonta de turno no se iría contigo, te denunciaría por asesino. Es triste decirlo, pero la realidad es un asco. Tiene momentos buenos, y quien realmente los sabe apreciar y disfrutar de lo que tiene y agradecerlo disfruta de la vida, pero ver como ni tu mejor amiga y compañera de servicio te defendía o decía algo, incitaba a pensar que la vida era un asco, o que tu compañera es una zorra. Ver como el fantasma de un pasado que quieres olvidar reaparece y lo hace para hacerte la puñeta en vez de para traerte de nuevo la felicidad que un día se llevó, da asco.
Llegaron al edificio, y la llevaron a la sala de interrogatorios A. En realidad, esto era poco sabido incluso por los mismos agentes de las comisarías. Existen muchas salas de interrogatorio sin cámaras o grabaciones, donde los mejores expertos en interrogar, sacan información a terroristas, delincuentes organizados… Montse nunca había tenido acceso a ver una en directo, pero sabía que el inspector que la llevaba del brazo había sido uno de los hombres que mas frecuentaban esas salas… por fortuna, ella iba a una con cámara, lo que aseguraba un trato decente.
“Su nombre es Montse, de rango Teniente, destinada a asuntos internos” Dijo Adrián sin alterar la voz “Tiene 24 años, esta licenciada con honores en el cuerpo de policía y jamás ha disparado su arma contra una persona, ¿Verdad?”
“Correcto” Dijo Montse sin alterarse.
“Comencemos. Esta aquí porque es sospechosa de cómplice de asesinato” Adrián prosiguió mirándola a los ojos. Rezumaban pasión, pero no de la buena precisamente “El año pasado, concretamente el 3 de Octubre de 2006, interpuso una denuncia por la desaparición de Juan R ¿Es correcta esta información?”
“Si” Dijo Montse escuetamente. Si la iban a tratar como sospechoso, sería lo mas tocapelotas posible.
“Pero esta persona hacía mas de 4 días que desapareció ¿Por qué tardó tanto en poner la denuncia?”
“¿No estudió usted para policía también, o ha entrado por enchufe?” Dijo una irónica Montse.
“Limítese a contestar por favor” Dijo Adrián sin alterarse.
“Porque no se pueden poner denuncias si no pasan 48 horas después de la desaparición”
“Pero en el informe pone que al momento de presentar la denuncia y según declaraciones suyas, hacía ya casi 5 días que había desaparecido. ¿Por qué esperó tanto?”
“Porque ese señor era psicólogo. En ocasiones se iba varios días a conferencias y no volvía, pero me avisaba. Esta vez no lo hizo así que supuse que le salió algo urgente y no me pudo avisar. Esperé pero no sirvió de nada, y me dio mala espina”
“¿Siendo usted investigadora de asuntos internos no se dio cuenta de que algo olía a podrido? Mal me siento sabiendo que tenemos profesionales tan “expertos” como usted” Montse sabía lo que quería Adrián. Quería que ella se exaltase, que gritase, cualquier gesto fuera de lugar que la inculpase. Tendría que esforzarse mucho más para conseguirlo.
“Como le he dicho, no sabía nada, y prefiero ser cautelosa a ser una paranóica” Donde las dan, las toman, pensó Montse
“Ya veo… ¿Sabe a donde iba de conferencia?”
“No me lo decía”
“No se lo decía…” Adrián se levantó y comenzó a dar vueltas en círculo sin pasar del medio de la mesa “¿Quiere decir que no había confianza entre ustedes? Me cuesta creerlo cuando compartían puestas de sol juntos en los miradores”
Eso fue un golpe bajo. Montse nunca había insistido a Juan sobre conocer sus destinos. Ambos se respetaban, y el trabajo lo llevaban muy estrictamente bajo secreto. Montse nunca le contó nada sobre lo que investigaba, pero en unos instantes se preguntaría si Adrían leía las mentes.
“Responda, por favor”
“Respetábamos los trabajos de cada uno. El no me preguntaba sobre lo mío y yo tampoco sobre lo suyo”
“A no ser que usted sea de las que sueltan las cosas sin darse cuenta. De momento veo que no es capaz de distinguir a los enemigos de sus amigos. Veo que no confían en usted, hasta Silvia que nos esta oyendo en este momento duda de usted y de sus verdaderos motivos. Los que atacaron a esas personas conocen bien los interiores y el funcionamiento de la policía, y usted parece ser lo bastante crédula para contar las cosas a cualquiera que sea lo suficientemente hábil”
“Inspector ¿Por qué no va al grano? Yo sé que usted esta intentando que me cabree para tener una prueba contra mí, y usted sabe que lo sé. ¿Por qué no me encarcela ya directamente? Si diga lo que diga, le voy a parecer insuficiente. Se lo voy a repetir bien claro. No le dije nunca nada de mi trabajo, no soy una jodida paranoide, y no conspiro para tomar la ciudad. Ahora, o me encarcela, o me deja llamar a un abogado, o me suelta. Pero no pienso responder a mas preguntas estúpidas.”
La llevaron al sótano donde estaban los calabozos. Paso el tiempo y nadie fue a visitarla. Ni tan siquiera Silvia. Era triste estar allí, rodeada de borrachos y delincuentes menores, y no tener a nadie que te cogiese la mano y te diese 4 palabras de ánimo. ¿Habría sido verdad lo que dijo Adrián sobre Silvia? Montse no sabía que creer, o si debía creer. Miró el reloj de pared. Las 9 de la mañana. Hacía más de 20 horas que no dormía, pero era lo que menos le apetecía en ese momento. Sabía que hasta que no encontrasen una pista o sospechoso relevante, la iban a exprimir hasta hacerla culpable. Y pensaba con terror en la posibilidad de visitar una de las salas sin cámara…
De repente, se oyeron aullidos en el piso de arriba, acompañadas de gritos. Montse estaba a punto de comprender que una celda con borrachos y delincuentes menores era en aquellos momentos, no era el sitio mas seguro sobre la tierra.


“Disparad, coño” Gritaba la voz de Adrián.

“Señor, no vemos un carajo… ¿Cómo narices vamos a…?” Se oyó un sonido como cuando se corta un trozo de carne, seguido de una especie de inspiración que presagiaba la muerte…
“Silvia, señores, ¡Nos replegamos a la armería! Seguid las luces de emergencia” Gritó Adrián.
De repente, dos linternas cruzaron lo mas negro de la oscuridad. Una era bajita, y llevaba una glock de 9 mm en cada mano. Su compañero medía mas de 1’80 y llevaba un rifle de asalto G36K. Sin decir nada comenzaron a disparar a todos lados, según parecía, y el alto gritó a su compañera:
“¡Vale, baja por las escaleras y restablece la puta luz!”
“La compañera no espero a que acabase la frase. Al parecer se sabían las localizaciones exactas de la comisaría, solo quedaba preguntar ¿Era amigos, o enemigos?” Adrían y Silvia prefirieron no salir de sus parapetos hasta que no supiesen la respuesta. Quedaron a la espera de vigilar que lo que fuese que les estuviese atacando, no lo hiciese.
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Mientras, en la celda, Montse aguardaba debajo de la cama de su celda. Se oían pasos lentos, pero nada comparado con lo lento que en esos momentos le latía el corazón. No estaba segura de querer ver que había sido lo suficientemente fuerte como para pasar de las mismas instancias de la policía, donde muchos de los agentes eran expertos tiradores, a los calabozos, la parte mas vigilada siempre en cualquier recinto de la ley. Pero no tuvo que asomarse.
Una mano blanca y famélica, pero fuerte, se coló debajo de la cama y la cogió en peso. El dueño de esa mano era la imagen mas aterradora que Montse había visto en su vida, no porque fuese feo, sino por su estado. Tenía un cuerpo blanco y desnudo, y se podían contar las costillas que tenía o hacer música con ellas. Carecía de algún órgano o pelo que pudiese determinar su sexo. Sus ojos carecían de vida, y al hablar, con una voz cercana a un infierno aullando, vio que la mitad de los dientes estaban ennegrecidos.
“Tu… el… vendrás conmigo”
Montse, le dio una patada en donde tendría las partes a su vez que le asestaba un puñetazo en la cara. El ser no se inmutó, sino que cogió, le dio la vuelta en el aire y con las 2 manos y una agilidad increíble la apresó de manos y pies. Se oyó otra explosión y la pared que daba a la calle de la celda desapareció. Fuera habían al menos 20 criaturas mas como la que la sujetaban, en fila hacia un furgón de color gris como si se tratase de una escolta macabra que la llevaba hasta la boca de la muerte. Montse gritó pidiendo socorro, pero nadie se lo prestó. En cambio, cayó en el furgón y alguien le tapó la cara con un pañuelo. Montse sintió ganas de llorar mientras todo se volvía borroso… es triste, que en un solo día te crean una asesina, que tu propia compañera dude de ti, de no tener un jodido amigo o amiga que te haga una visita… pero lo peor de todo, era acabar ese día sin saber que coño le iba a pasar.
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Mientras en la comisaría, la misteriosa mujer de las dos glocks había restablecido la luz (O eso intuía Adrián al ver que esta inundaba sus retinas. Saltó desde su escritorio, para disparar a las amenazas que osasen hacerle frente, pero lo que vio, hubiese revuelto el estómago a cualquier persona que no trabajase en homicidios.
Las paredes de la comisaría estaban llenas de sangre. Casi todos los agentes se hallaban con cachos de garganta ausentes de sus cuerpos y un torrente de sangre emanando de sus orificios. A otros les faltaban sus genitales, a otros les habían perforado la arteria de la pierna… parecía que los asesinos se aseguraban de que la víctima quedase incapacitada a la vez de causarle una tremenda agonía antes de morir. Algunos cuerpos seguían sufriendo espasmos. Silvia tampoco se inmutó, debido a que ajenamente a la opinión pública, había casos que nunca salían a la luz por lo brutales que eran, y lo que estaban viendo ahora, se había visto en otros casos supervisados con la excepción de que esta vez las víctimas eran compañeros de armas.
A su vez, habían unos cuerpos blancos y deformes en el suelo, con pinta de haber pasado por una licuadora y tras eso, haber sido recompuestos. Supuso que serían sus atacantes misteriosos, que yacían abatidos por un arma de gran calibre y dos glock. Sus “salvadores” se encontraban ante ellos.
“Agente Raquel de la interpol, y este es el agente especial Sergio de la interpol, especialista en asaltos armados. Soy experta en investigación y de entrada les digo que están todos los supervivientes bajo sospecha”
Adrián se adelantó con cara de pocos amigos “Nos atacan, matan a la mitad de nuestros compañeros ¿Y tiene usted los ovarios de decirme que estamos bajo sospecha?”
“Capitán, me la suda enormemente sus sentimientos, y me paso por el culo lo que tenga que decir al respecto. Aquí ahora este oso y yo somos los que llevamos la voz cantante, y como no acaten lo que se les dice, me aseguraré de que Sergio los lleve a la sala de interrogatorios ‘especial’ ¿Le ha quedado claro?”
Adrián asintió. Raquel parecía demasiado profesional y Sergio a tenor de que parecía un tío amigable, no debía serlo bastante si se le tenía de enemigo. Era enorme y por lo que había visto, de una agilidad y versatilidad impresionante. Además, no era momento para bravuconadas. Era irónico que ahora estuviese en el lugar en el que estaba Montse…
Lo que no sabía Adrián es que Montse en unas horas preferiría ser interrogada en la sala especial, que enfrentarse al horror que un destino macabro le tenía preparado.