Ecos, Capítulo 4: Un disparo puede arreglar tu vida

Se cerraron las persianas, y se hizo el silencio. Si los estaban observando o no, no era lo importante.

Todos tenían cara de tener algo que decir, pero al igual que Montse sentían que se les acumulaban las preguntas, y que ninguna respuesta parecía lógica, o a veces, ni se les ocurría una respuesta.

“¿Asesinos? ¿Quiere decir que nos han raptado unos asesinos? ¿Solo para ver si somos o no suficientemente fuertes como para combatirlo?” Preguntaba Manuel “Solo sé que el idiota ese es gilipollas. Yo no dejaría que nadie ajeno a mis intereses supiese lo que estoy tramando, no sea que escapase”

“¿Y tu crees que nos dejará escapar? Alomejor ni son 4 salas, ni hay final. Alomejor estamos muertos ya, y no lo sabemos” Respondió Xabier “Solo sé que o avanzamos o esperamos aquí y nos morimos de hambre. Pero coincido contigo en que todos los ‘malos’ son rematadamente idiotas”

Miraron a Montse, que ya había cogido del suelo un trozo de escombro del doble del tamaño de su mano, y la esgrimía con cara de pocos amigos. Lo mismo hicieron sus compañeros, salvo esteban, que rompió su camisa y metió una piedra dentro, creado una especie de boleadora de mano. Montse dijo:

“Esta bien, vamos a entrar” De momento, no sabemos la capacidad del enemigo, ni nada parecido, así que nos pondremos en cuadrado, espalda con espalda. NADIE romperá la formación bajo ninguna cincunstancia ¿Entendido?”

“Si” Dijo un escueto Manuel

“¿Os enseñan esto en la policía?” Preguntó Esteban con curiosidad

“No, es lo que tiene jugar demasiado a la consola, pero menos da una piedra. Yo en realidad estoy especializada en resolver casos, y tengo muy poca experiencia de combate, por no decir nula” Dijo Montse, esperándose un sentimiento de decepción general, pero no lo supo porque ninguno contesto. Simplemente siguieron mirándola.

“Bien, la sala en la que vamos a entrar tiene antorchas, a 1º vista son de petróleo lo que significa que las vamos a necesitar. Yo y Xabier iremos delante, y Manuel y Esteban cubrirán la retaguardia. Xabier y yo cogeremos la luz. Vosotros 2 nos cubriréis las espaldas”

“De acuerdo” Dijeron casi a la vez. Montse vio que Manuel temblaba mucho. Quizá la situación le sobrepasase, pero en aquel momento tenía que confiar en los 3 y no dudar, porque eso podría significar la muerte.

Entraron en la sala. Más bien era una especie de laberinto con curvas, y una especie de descansos donde meter tumbas. Salvo que en vez de tumbas, no había nada. Cogieron las 2 antorchas y siguieron caminando.

“Auch, me he caído” Dijo Manuel “Xabier, no vayas tan… ¿Xabier?”

Había desaparecido. Montse se giró y donde hacía dos segundos estaba Xabier, no había nadie. “¿Dónde cojones est…?” Pero esteban cogió a Montse y le tapó la boca “No delates la posición” Susurró

“Pero si Xabier acaba de desaparecer, eso significa que nos han visto…”

¡BUM! Un cacho de cuerpo mutilado cayó delante de ellos… seguido de la cabeza cercenada de Xabier con la antorcha atravesándose la boca. A Montse no se le ocurrió gritar, porque aquella escena era algo peor, era de las que te dejaban blanco. Esteban cogió su antorcha enfocó al techo mientras gritaba: “¡Manuel, coge la antorcha de Xabier y apunta al suelo. Montse, cúbrenos. No os separéis!” En un momento estaban los 3 en fila india, cuando Esteban vio…

“Ahí… ventosas… se ve que se mueven por el techo” Dijo Esteban mas para si mismo que para los demás “… lo que me pregunto es como cojones se las ingenian para no hacer ruido ¿Y como vamos a salir de aquí si necesitamos a un químico?”

“Sigamos, y ya veremos… espera… ¿Qué es eso del suelo?” Dijo Manuel

“Sangre de Xabier…” Comenzó Montse, pero Manuel la interrumpió

“¿Qué coño? Es petróleo”

Montse iba a decir imposible, pero pensó que con todo lo que había pasado, era más que probable “Por eso cuidaron de no tirar la antorcha al suelo, porque nos tienen que matar ELLOS”

“Lo que implica que podrían haber mas trampas…” Dijo Esteban “Esto se complica por momentos”

 

“Chicos, tengo una idea” Dijo Montse “¿Como se os da escalar?”

“Mal” Respondió Manuel “¿Porqué?”

“Vamos a incendiar el suelo, e iremos por el techo. Tendremos iluminación, y a la vez podremos movernos con menos peligro que a oscuras”

Esteban cogió a Manuel y lo subió a uno de los agarres sin esperar respuesta. Entonces el se agarró al mismo y cogió otro de los mismos.

“Rápido, úsame de escalera y agarra una de las ventosas” Dijo Esteban. Montse no se lo pensó dos veces, ya que era su idea y con la antorcha en horizontal, subió por Esteban para agarrarse a uno de los apoyos. Entonces tiró la antorcha al suelo, y ardió. Las llamas no llegaban al techo, pero podían ver… y lo que Montse vio, le heló la sangre.

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“Raquel, no encuentro manera alguna de ver a donde coño se han llevado a Montse” Dijo Sergio “Tampoco veo alguna razón por la que Adrián o Silvia pudiesen ser culpables”. Pero tengo suposiciones.

“Dispara”

“Ha habido otras desapariciones en estos dos días. Concretamente 7 personas han desaparecido en extrañas circunstancias. Gente que no tiene enemigos, y con gran aptitud para algo en concreto. Lo que me extraña es que este es el único sitio de este país en el que se han producido secuestros en las mismas condiciones…”

“Y te lleva a pensar que están en algún sitio de la ciudad”

“Exacto, y me inclino a pensar que están en las afueras. Podemos usar el nuevo cacharro que nos han pasado los de Delta Electronics, que detecta objetos electrónicos grandes operativos bajo tierra”

“Pero sabes que Adrián o Silvia pueden ser traidores. Incluso los 2. ¿Propones fiarnos temporalmente de ellos, y que nos ayuden”

“4 manos ayudan mejor que dos” Dijo Sergio encogiéndose de hombros.

“Entiendo…” Dijo Raquel frotándose la barbilla “Llámales y diles que se vienen con nosotros. Hay 3 descampados en la ciudad, así que tú y yo nos ocuparemos del norte, Adrián del que esta al Noroeste, y Silvia del que esta al sur. Desde que alguien encuentre algo nos lo tendrá que notificar”

Tras 10 minutos recogiendo el equipo, cada uno de los 3 jeeps policiales se dirigía a una de las localizaciones. Raquel y Sergio habían trazado un plan. Era muy poco probable que Montse siguiese viva, pero tenían que moverse lo más rápido posible. Si ellos no encontraban ningún indicio de base secreta o similar, quedaría en manos de los otros dos. Y si alguno escapaba o mentía lo tendrían fichado, aunque no creía que fuesen tan idiotas. Tampoco mencionaron nada a Adrian y Silvia sobre el dispositivo GPS que llevaba cada uno en su estómago tras el almuerzo que les habían preparado, y es que no hay que fiarse ni de los buenos, pensó Sergio.
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“¡Corred!¡ Moveos rápido, coño!” Gritaba un Esteban que presenciaba el mismísimo infierno. Estaba él, seguido de Montse y Manuel cogiendo agarraderas y ventosas del techo, huyendo en dirección opuesta a la que habían entrado. Manuel se empezaba a quedar atrás, lo que hizo que Montse intentase ayudarle, pero Esteban la retuvo y gritó en dirección a Manuel “¡DATE PRISA JODER, LOS TIENES AL LADO!” De nada sirvió, el enjambre de personas raquíticas pálidas que poblaba el techo detrás de ellos llegó a Manuel. Uno de los pálidos hizo retroceder su brazo y atravesó el pecho de Manuel, de cuya boca comenzó a manar sangre. Solo pudo decir “Corred”. Sacando fuerzas de no se sabe donde, cogió a 3 de los pálidos y se lanzó al fuego y ocurrió algo inesperado: explotaron los 3 cuerpos de los misteriosos asesinos, haciendo que las paredes y parte del techo se desplomasen.
Esteban y Montse tuvieron la suerte de caer en un sitio al que no había llegado el petróleo, pero no tuvieron tiempo de analizar la situación. De repente 2 personas de traje armadas con una pistola salieron del hueco que se hizo en la pared, del que provenía una extraña luz blanca. Parte del fuego causado por el petróleo se mantenía, pero en donde estaban Esteban y Montse solo había oscuridad. Rápidamente y sin decir nada ambos se metieron en uno de los muchos nichos que habían en la pared. Cuando los hombres de traje se acercaron a ellos, estuvieron perdidos. Montse, que algo asía de incapacitar a sujetos hostiles, y aprovechando que estaba en un nicho bajo, le puso la zancadilla. Sin esperar que cayese, salió rodando de su escondrijo, y puso la mano detrás de la cabeza del hombre trajeado, escachándole el rostro de un golpe contra el suelo. Sin perder tiempo cogió la pistola que estaba en la mano del tío que había incapacitado y apuntó contra el otro enemigo, pero esteban ya lo había desarmado y se encontraba con otra pistola en la mano.
Vieron que medio ser de los pálidos estaba aplastado por el desprendimiento de la explosión, pero de cintura para arriba se arrastraba. Llegó al pie de Montse, y lastimosamente trataba de aferrarse a él. Montse levantó la pistola en dirección a su cabeza y apretó el gatillo. La criatura perdió la poca vida que le quedaba, y murió.
“Un disparo puede salvarte la vida. Que ironía” Dijo Esteban
“QuizᔠDijo Montse con lágrimas en los ojos, apretando con fuerza el arma “Pero arruina la vida de otro”

 

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