Ecos, Capítulo 5: Nido de víboras

 
 
“Aquí no hay nada” Dijo Raquel. Sergio oyó su voz por la radio que llevaba en la oreja, a modo de headset. Él tampoco encontraba nada, y a la vez, no perdía de vista el aparato GPS modificado que llevaba en la muñeca, que rastreaba la señal de los dos sospechosos. Y ambos estaban donde se suponía que tenían que estar. Para mas inri, el tampoco encontraba nada que indicase que había un refugio subterráneo. Por no haber, no había ni madrigueras de conejos.
“Silvia” Dijo Sergio por la radio “¿Encuentras algo?”
“No. Este sitio esta muerto” Dijo escuetamente “Solo me falta un trozo de tierra por analizar, pero a menos que sepan encogerse, dudo que se encuentren ahí”
“Analízalo de todas formas, alomejor nos llevamos una sorpresa ¿Adrián, estas ahí?”
“Si, le recibo alto y claro” Adrián le trataba de usted no por respeto o porque estuviesen por encima de ellos. Adrián llamaba de usted a toda persona que le cayese como el culo. Adrián nunca había sido como lo era ahora. Antes era una persona amigable, que gustaba de salir con los amigos a tomar unas birras, disfrutaba de sus momentos a solas con música de Metallica y solía entusiasmarse con juegos de ordenador en los que salvar al mundo, ya fuese de una invasión o de un ataque demoníaco, fuese el incentivo mayor. Le gustaba disfrutar de todo, le gustaba hacer lo que quería.
Nunca estuvo casado. Tuvo una novia que le dejó al entrar en la policía, ya que tenía miedo de que algo le pasase (A ella). Él supo sobrellevar la situación, ya que era de un carácter muy fuerte, y por muy grande que fuese el golpe siempre había sabido recuperarse. Pero los años en la comisaría habían nublado la parte blanca de su alma, esa que aún nos hace creer que todo va a salir bien aunque sepamos que nunca podrá ser así. Tras años de corrupción, asesinatos, de ver los peores crímenes que la mente humana puede cometer… violaciones a menores, torturas, maltratos… Adrián había perdido la esperanza. ¿De que servía vivir, si no veías un atisbo de luz blanca en el mundo? ¿Puede una gota de agua mantenerse pura en 10 litros de grasa? Acaba consumiéndose por mucho que luche contra ella. Pero tampoco había aceptado aquello. Adrián se limitaba a existir, sin la esperanza de que algo o alguien le devolviese aquella inocencia que perdió cuando vio los límites de la cordura del ser humano. Y es por eso que se enfadó cuando Sergio le dijo que su departamento y la comisaría estaba corrupta. Era cierto. Nunca había sabido en quien confiar. Y para colmo la mancha sobre Montse, había tirado por tierra la confianza que depositaba en el departamento que se suponía vigilante de sus cagadas…
“…Adrián… ¡Estoy diciendo que si has encontrado algo!” Dijo Sergio levantando la voz “¿Me recibes?”
“Si, te recibo alto y… ¿Qué haces?” Dijo un Adrián sorprendido
“Adrian, ¿Pasa algo? ¿Adrián? Joder, ha apagado su headset. ¡Raque…!” no tuvo tiempo de acabar la frase, Raquel había cogido el Jeep y se había acercado hasta él “Sube coño, a veces eres lento de cojones”
“Vete a la mierda” Respondió Sergio, medio en broma, medio serio. Lo de serio era por la extraña jugada de Adrian “Dale caña, o esta en peligro, o nos la esta jugando. Dile a Silvia que se reúna con nosotros, que aún se encuentra en su campo”
Por desgracia para Adrián, era lo 1º. Un arma apuntaba entre sus cejas. Adrián no quería morir. Aborrecía la vida, pero no hasta el punto de querer irse. Aunque si había llegado su hora, lo aceptaría de buen grado.
“Debí suponerlo” Dijo Adrián, cuando la figura que tenía delante se quitó la capucha “¿Cómo se me pasó por alto todo?” No tembló ni se movió un ápice. Sabía que lo haría, que el gatillo de esa pistola iba a ser pulsado. Pero no le importaba. Solo importaba irse, en paz. Lamentaba no haber ayudado más. Lamentaba no haber vigilado su espalda… lamentaba tantas cosas… pero había hecho lo correcto. Se iría a la tumba sabiendo que había hecho lo correcto. Que había contribuido a hacer del mundo un lugar mejor. Y recordó una frase que le dijo su padre, cuando una vez hablaban de “Batman”, de porque el héroe no cogía el dinero y se iba de la ciudad, o compraba cosas para vivir bien. El padre le dijo “porque mientras una persona intente cambiar el mundo, algo será diferente. Y todo irá a mejor”. Y le sonrió mientras le daba un abrazo.
Quizá fue esa la razón por la que Adrián nunca había renunciado a seguir adelante. Sonrió con el recuerdo, mientras un fogonazo sucedía enfrente de sus ojos, arrebatándole su vida.
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Montse entró por la grieta que causó la explosión, seguida de Esteban. Todo estaba blanco e impoluto, e iluminado con bastante fuerza por lámparas fluorescentes. A cada par de pasos había una especie de puertas, pero nada para abrirlas… quizá solo era decoración. De repente una puerta se abrió y salieron dos personas con barba, de unos 40 años de edad. Montse no lo pensó y fríamente levantó el arma y disparó dos veces. Cayeron fulminados antes de que dijesen nada. Pusieron los dos cuerpos en la puerta por si alguien la cerraba.
“Pensaba que matar te destrozaría” Dijo Esteban
“Y lo hace. A cada bala que disparo, y a cada persona que mato, siento que muero un poco más. Pero ahora mismo no es momento para remilgos. Todo cabrón que trabaje con Juan merece morir”
“¿Pero no deberías inculcar la ética moral, el deber de no matar y todo lo que hacen los polis?” Preguntó Esteban contrariado
“Al carajo la moral, o mato, o me matan” Dicho esto, Montse examinó la habitación donde había entrado. Los cuerpos que hace unos minutos estuvieron a punto de quitarles la vida yacían en una especie de ataúdes de plástico… ¡PAM! Uno de ellos comenzó a golpear los ataúdes donde se encontraban, mirando a los 2 como si tuviesen hambre… era una sensación pavorosa. Pero el cristal era en apariencia robusto y no había problemas. Se acercó a los portátiles que estaban sobre la mesa…
“No haga nada, activaría la alarma” Montse se giró apuntando a la fuente del ruido, y encontrándose con un señor calvo, bastante rechoncho y con cara de ser el abuelo de Heidi 10 años mas joven, pero lejos de cómica, la situación no podía ser mas tensa. El hombre que le habló estaba relajado a pesar del arma que le apuntaba, y Montse a pesar de no sentir ningún miedo, no podía estar mas tensa. “Esos portátiles están activados por reconocimiento de retina, huella y voz. Si no se introducen a la vez antes de 10 segundos, los asesinos de esta sala serán liberados de sus ataúdes y matarán a todo lo que se encuentre en ellas, sea quien sea”
“¿Qué hay ahí? ¿Quién tiene acceso?” Preguntó Montse sujetando más fuertemente el arma.
“Señorita, soy un científico. Baje el arma. De haber querido matarla lo hubiese hecho, dando la alarma antes de entrar aquí”
“¿Y porque no lo ha hecho?”
“Cuantas preguntas, Montse. Estoy aquí contra mi voluntad, como todos los científicos de esta base. Todos nosotros tenemos de rehén lo que mas preciamos en el mundo, forzados a trabajar hasta conseguir desarrollar los planes de Juan”
“¿Qué son…?” Preguntó Montse.
“Hacerse rico vendiendo al mejor postor un ejército de asesinos sin conciencia, sádicos, y perversos” Lo que esta en ese portátil se lo daré, por el disco duro, pero le resumiré brevemente en que consiste todo esto: Torturas, desde psicológicas hasta físicas, ingeniería genética, experimentos… todo se hace aquí, en la base de Juan. Se cogen indigentes, gente a la que nadie echa de menos. Mas bien al revés, si alguien los matase, la sociedad se manifestaría, pero en su hipocresía infinita pensarían “por fin, los despojos no me ensuciarán mas las escalera de entrada”… y se les trae aquí. Se les quema la piel, se les tortura, se les machaca día y noche… al final acaban desquiciados, locos, sin razón de vivir. Trasteando un poco con productos químicos y con la genética conseguimos que potencien los músculos y puedan sacar fuerza superior a la normal de forma inconsciente. Luego, se les adoctrina. En caso de que se subleven, llevan implantado un dispositivo que se alimenta de la bioelectricidad del cuerpo, y que los mata instantáneamente” Dijo el científico, mientras cogía el disco duro del portátil y se lo daba a Montse.
“Y no se da asco al hacer…”
“Tienen a mi hija de 5 años” Dijo el científico, cortando a Montse por lo sano “Y si no hago lo que dicen, la convertirán. ¿Sería usted capaz de dejar que eso pase?” Montse no dijo nada. ¿Qué opciones podía tener una persona como ese señor, contra un desquiciado con su hija? “Váyanse. Juan se fue con sus compradores cuando vieron la explosión, pensando que todos habían fallecido. Al final de este pasillo hay un hangar, y un hidroavión con autonomía suficiente como para llegar a Rusia, si se lo proponen. Escapen, comiencen una nueva vida”
“¿Y usted?”
“Seguiré aquí, trabajando” Dijo el científico “mientras mi hija no este a salvo, no me podré ir de aquí”
“¿Y no hay una salida normal?” Preguntó Esteban “Una que podamos coger abriendo la puerta”
“Si, en dirección opuesta a la del hangar, pero esta guardada por 5 guardias armados y entrenados para disparar a lo que sea, salvo que Juan haya avisado.
“Esteban no esperó y se fue corriendo. Montse supuso que le daba miedo volar, pero le daba igual. Había visto muchas cosas en ese momento, como para ponerse a cuidar de los demás. Por muy bueno que estuviese Esteban, era mayorcito. Y ella tenía en mente otra idea”
“¿Dónde esta Juan?”
“Seguro…”
“Si”
“Hija mía, la venganza no es reconfortante…”
“En este momento, he matado a 3 personas. No me importa una mas. Posiblemente no me haga sentir bien, o sí. Me da igual. Quiero ver muerto, con los huevos arrancados y los ojos colgados en dos puntas de lápiz. Ese hijo de la gran puta se va a arrepentir del día en que nació, sí o sí”
“Groenlandia. En cada hidroavión hay combustible de sobra para llegar, pero no para volver. Para ello, es necesario aprovisionarse allí de nuevo. Las cartas de navegación dicen de forma sencilla la ruta de acceso al complejo. Accede por ella y no intentes ir por arriba. Por debajo la seguridad es mínima. Por arriba es un infierno”
“No sé pilotar un avión”
“Juan mandó simplificar los controles de manera que sea mas fácil que pilotar un coche, para que cualquiera de sus hombres pudiese escapar con las pruebas en caso de emergencia”.
“¿Seguro que se quiere queda aquí?” Dijo montse.
“Si” Dijo el hombre “Si mi hija esta muerta, mi vida no tiene sentido haga lo que haga. Y si esta viva, debo seguir procurando que siga en ese estado. ¿Sabe lo curioso? Saqué el doctorado en química, con la esperanza de ganar prestigio, ayudar y ante todo sentirme realizado. Y conocí a una mujer hermosa, que me dio una niña y 10 años de felicidad, y ese tiempo fue el más feliz de mi vida. Sin embargo, me fue infiel”
Montse sentía que debía callar, solo escuchar. Ese hombre no estaba pasando uno de sus mejores momentos y ella podía ser la única persona en mucho tiempo con la que podría desahogarse.
“No la culpé. Dejé que se fuese, pero me dejó el regalo que es mi hija. Y meses mas tarde, apareció el loco y me secuestró” Daba la impresión de que ya había llorado bastante pro ese hecho. “Mucha suerte, y que Dios le acompañe”
Montse asintió, y sin mediar palabra salió de la habitación en dirección al hangar. No oyó como un disparo retumbaba en el pasillo, justo en la dirección en la que había ido Esteban.