Ecos, Capítulo 6: Una Fría Revelación

 
 
“Silvia, ¿Dónde coño estas?” Decía Sergio a gritos por el Altavoz
“En la entrada a la base, no encontré nada en mi parcela de tierra y decidí ir a la parte de Adrian” Respondió su voz “Le acaban de pegar un tiro en la frente”
Sergio y Raquel se miraron. Ambos pensaban lo mismo.
“¿Viste a quien le disparó?”
“Vi la silueta, pero estaba muy lejos. Desapareció por un hueco en la tierra, voy a seguirle”
“Sergio” Dijo Raquel tras cortar la radio “Agárrate” Y dicho esto puso el todoterreno a la máxima velocidad que el vehículo daba.
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Montse aún no se creía lo que estaba haciendo, ni el giro que había dado su vida. Se había preguntado muchas veces si habría sido capaz de matar a alguien, fuese cual fuese la circunstancia. Siempre había creído que no, que por muy peligrosa que fuese la situación, se podía solucionar hablando, o como mucho incapacitando a su agresor. Unas horas atrás, había obtenido la respuesta.
No supo ni como lo hizo. Parecía que hubiesen tomado el control de ella por un momento. Levantó el arma, apuntó a la criatura y apretó el gatillo. No sintió subida de adrenalina, ni remordimientos de conciencia, ni nada. Y eso la aterrorizaba ¿Qué pasaba si ella en realidad era una asesina? ¿Qué pasaba si estaba creada para matar, si tenía un don para ello? Se aterrorizaba porque no sentía nada por haber apretado el gatillo. Y no dejaba de pensar que quizá no sería la última vez en ese día en el que tenía que apretar el gatillo, y eso no la terminaba de consolar. ¿Era necesario matar a Juan? Entregarlo a la justicia quedaba descartado porque no sabía los contactos de este en la misma, pero quizá matarlo llegase a un extremo que ella no deseaba. Pero a veces se acordaba de sus compañeros hacía unas horas, muertos (Esperaba que Esteban estuviese bien) y le entraban ganas de matar dolorosamente a Juan. Al final decidió aparcar esos pensamientos para lidiar con ellos cuando todo hubiese acabado, pero si tenía que matar a Juan no dudaría en pulsar el gatillo, eso si, antes de hacerlo se aseguraría de saber quien era el infiltrado en la Unidad.
El rojo atardecer dio paso a una negra oscuridad, acompañado por un cielo lleno de nubes, pero para nada parecía que fuese a llover o a caer tormenta “Menos mal” dijo Montse para sí misma “Si no ya me podía ir preparando para experimentar lo que siente un pollo a la barbacoa”. Tenía algo de sueño, pero se negaba a dormir y confiar en el piloto automático… aunque acabó venciendo. Ella no era una soldado, era una teniente destinada a resolver casos, no a combatir. Decidió que si el automático fallaba y se estrellaba, al menos moriría en paz y todos los temores que le asaltaban se irían al cuerno con ella.
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Tres avionetas. Según el científico al que acababan de interrogar faltaban tres avionetas rumbo a Groenlandia.
Raquel y Sergio habían encontrado el escondrijo de aquella misteriosa facción. Llamaron a la interpol y estos a la base militar más cercana, los cuales enviaron un destacamento de soldados y dos efectivos de las COEs, uno de los cuerpos especiales más duros del mundo. Entraron a saco en la guarida, solo para enterarse de que aquella instalación tenía más valor que todos los edificios gubernamentales juntos. Y en la entrada, 4 cadáveres de guardias con un tiro cada uno entre ceja y ceja “¿Silvia?” Pensó Raquel para si misma. Pero siguieron.
Sergio llevaba un G36K con silenciador, en cada pierna un MP5 y en el cinturón una SOCOM. Raquel llevaba un rifle Dragunov y una pistola Beretta silenciada. Ambos aparte de investigación sabían defenderse bastante bien. No en vano, los compañeros llamaban a Sergio en la unidad “Holocausto” y a Raquel “Suspiro”. Aunque los soldados que les ayudaban en en el asalto no se quedaban atrás.
El sónar de tierra había indicado dos pisos, más de 10 cuerpos con vida y unos 50 cuerpos sin vida. Entraron, Sergio y Raquel se dirigieron a las salas marcadas con más objetivos, mientras que los COE tenían la misión de recoger cualquier tipo de documento en silencio por si había que Salir pitando de allí. Unos soldados aprovecharían para colocar en los cimientos explosivos y volarlo todo por los aires si fuese necesario. Raquel y Sergio acordaron mediante gestos el dividirse en dos grupos, dirigiéndose Raquel al piso inferior, donde había dos blancos.
El grupo de Sergio se apostillo frente a una puerta, y este y un teniente se colocaron a los lados de las puertas, pero antes de entrar se oían voces…
“¿Le has dicho donde esta el jefe? Contesta maldito viejo, u ordeno que le vuelen la cabeza a tu hija… o aún peor, que le hagan cosas muy malas” Se oyeron risas, que confirmaban al sónar. 6 Blancos en aquella habitación. Sergio levantó una mano con tres dedos, bajó uno, otro, y agarró el fusil justo cuando los de demoliciones activaban la carga puesta en la puerta. Sergio no esperó y entró con el fusil en modo de ráfaga apuntando al cráneo de uno de los guardas. Apretó el gatillo y la cabeza de este se convirtió en pulpa. El teniente también disparó con su Cetme al blanco más cercano a su posición, con resultados satisfactorios para él y nefastos para su oponente. Uno de los soldados al entrar chocó con un resto de la puerta y disparó tropezando, lo que alcanzó en el hombro a uno de los objetivos. Este cayó al suelo profiriendo alaridos, pero el Teniente alzó la mano, ordenando no disparar, se acercó corriendo a este, levantó la culta del cetme y amartilló la muñeca donde estaba el arma del objetivo y con una rapidez asomborsa le encañonó el cuello.
“O te callas, o te callo”
El individuo se calló a pesar del dolor que tenía que estar sufriendo, pero no era fácil ignorar aquellas piedras que tenía el teniente por ojos.
Al final no tuvieron que volar nada, aunque lo acabarían haciendo. Rastrearon la emisora con la que el matón había estado hablando mientras amenazaba al científico, y los dos operativos de las COE fueron a la localización rescatando a la hija de un profesor forzado a trabajar contra su voluntad. Este les dijo que una policía y un tío fornido habían estado allí. Mientras que el fornido había huido hacia la salida, la chica se había ido para Groenlandia, lugar donde estaba el artífice de todo aquel tinglado. Pero faltaban 3 avionetas.
“Si en una fue Juan, y en otra fue Montse…” Dijo Sergio mirando al techo…
“Silvia, contesta” Dijo Raquel por el comunicador. Solo se oía estática. “Creo que esta casi confirmado, Sergio”
“Si, y me parece que somos idiotas de no haberlo visto antes”.
Ambos se dirigían al exterior, cuando el científico señaló a un cuerpo de los de la entrada, como el fornido que había estado con la policía. Este se hallaba acribillado a balazos, posiblemente de las armas de los guardas de la salida, ajusticiados por alguien a su vez. También encontraron cadáveres chamuscados en una especie de túneles anexos al complejo. Cuando toda la inteligencia, planos, mapas… fue recopilado, detonaron el sitio.
Raquel y Sergio fueron a la base aérea más cercana junto con los soldados. La intervención había sido un éxito. Ahora los militares forenses tendrían que currar analizando a aquellos misteriosos asesinos mutados, y ofrecer al profesor y a su hija trabajo en el ejército, ya que tamaña inteligencia no podía ser desaprovechada. Eso ya no era competencia de los dos agentes de la Interpol, que pidieron un avión de transporte hasta Groenlandia.
“La cosa va así: la base esta rodeada por alambre electrificado. Los zombis esos son inmunes a la electricidad así que atacarán a la más mínima señal de peligro. Podemos tenderles una trampa. Minamos este lateral que da a la montaña, y entonces tú les disparas. Se dirigirán a donde han oído la detonación. Sigues abatiéndolos y cuando lleguen, PUM.”
“Y si no, granadas y disparos a matar. En nuestras mochilas llevamos munición como para aguantar en Irak un par de días” Concluyó Raquel “Cuando enviemos la señal de que hemos tomado la superficie, ustedes” Dijo dirigiéndose a los dos escuadrones, uno de ellos recién asignado a las órdenes de ellos “vendrán y nos cargaremos esa base a explosivos, mientras limpiamos la mierda que haya quedado por matar. Les recuerdo, que en las fotos del informe que se les ha dado están dos fotos, de dos mujeres de Asuntos internos de la policía. Esta prohibido abrir fuego contra ellas, a no ser que estas disparen primero. Y huelga decir que quien hable de esto fuera de esta sala, será amonestado permanentemente del ejército, pasando antes dos semanas en el calabozo ¿Alguna pregunta?”.
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Montse despertó de su sueño por un pitido del indicador del avión: se estaba acercando a su destino. Comprobó la pistola que tenía y los dos cargadores de su cinturón. Todo en órden. Asimismo tenía preparada la ropa de abrigo…
“Avioneta CS-4056, identifíquese”
“Permiso para aterrizar en la base, vengo de la base Alpha” Dijo Montse por radio. Agradecíaa haberse estudiado la información que estaba en los papeles de la avioneta.
“Esa base no responde. No tenemos ningún registro de que dijesen que iban a enviar a alguien”
“Las comunicaciones se han estropeado, y traigo por escrito una noticia bastante importante de última hora”
“Aterrice, pero no haga nada tonto o volaremos la avioneta”
Montse hizo la maniobra de aterrizaje un poco antes del hueco, y vió a tres personas. Una con un rifle, la otra en una cabina y la 3º al mando de una amotralladora pesada M60 montada. Se agachó, y esperó a que la avioneta atracase con la inercia. Inmediatamente entró un hombre apuntando con el rifle. Montse se hallaba contra la puerta y el hombre no pudo verla. Cogió un cuchillo y se lo clavó de abajo arriba en la Ingle. El atacante solo se dobló sobre si mismo y cayó profiriendo gemidos. Los de fuera llamaban a voces a su compañero y Montse sabía que no quedaba tiempo antes de que acribillasen el aparato. Haciendo memoria disparó a la posición del de la M60. Cuatro tiros disparados, pero uno dio en el blanco. El otro fue a pulsar la alarma, pero tendría que salir de la cabina para hacerlo, y por lo que se podía ver, el cristal era antibalas. Montse no salió de la Avioneta pero vigilaba a ver que hacía el de la cabina.
“Venga, jodido mamón. Tarde o temprano tendrás que salir” Pensó Montse mientras recordaba que al cargador de su pistola le quedaban 8 balas.
 
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