Ecos, Capítulo final: Algo por lo que vivir

 
 
A Montse se le cayó el alma a los pies. Hacía unas horas pensaba que ya nada podría sorprenderla, pero se equivocaba. La persona que tenía delante no solo era la última sobre la faz de la tierra de la que hubiese desconfiado, sino que confió mucho en ella tras sus años de servicio en el cuerpo.
“¿Por qué conocía tan bien a Juan, capitán?” Pudo decir Montse con un hilo de voz. El capitán de asuntos internos, un hombre serio a la vez que buena persona y gran superior, que una vez luchó junto a Silvia y ella contra todo lo que supusiese una amenaza a la seguridad la miraba de frente sin ningún tipo de emoción. Estaba claro que el mundo en dos días había querido enseñarle a Montse una dura lección. Nunca confíes en nadie del todo.
Cogió su pistola, Quitó el seguro mientras amartillaba el arma y apuntaba al cristal antibala. Sabía que no podría herirle pero no sabía que mas hacer. Se sentía indefensa.
Estaba muerto. Juan estaba muerto. Lo vio con sus propios ojos. Nunca pensó que un sentimiento llamado traición pudiese ser presenciado por sus ojos, no solo de buenos a malos, sino entre dos cabrones. Aunque pensándolo mejor ¿Quién había sido mas traidor de ellos dos?” Uno había creado horrores, horrores de los que casi había sido imposible escapar con vida y que aún no habían acabado. El otro había acabado con el dueño de ese horror, pero parecía conocerlo, y la experiencia de Montse mas su intuición le decían que no estaba allí precisamente por arrepentimiento. Y ella era forzada a ver como la traicionaban de nuevo, sin nada que hacer para evitarlo.
Para su trabajo, a usar un arma es a lo menos que les enseñan. Los de asuntos internos se pasan la vida reciclando hojas, leyendo casos y suspendiendo actividades o personal que no ha hecho bien su trabajo o están podridos por la corrupción. Hacía dos días mató a la 1º persona de su vida y al apretar el gatillo, hubiese jurado que parte de mi su alma moría junto con la persona que cayó abatida por la bala procedente de su pistola de 9 milímetros.
Pero lo tenía claro: si le hubiesen dado a elegir, hubiese matado sin pestañear a los dos traidores, uno de los cuales había salido por la puerta, una puerta que presagiaba el fin de todo si Montse llegaba a cruzarla.
“Montse, Montse, Montse” Dijo la fría voz del capitán “Siempre has sido una ingenua. Para con los delincuentes has tenido siempre un olfato que personalmente envidio. Pero nunca te atreviste a sospechar de tus amigos, o de mí, lo cual me alivia. Sabes que tengo que matarte”
“¿Por qu酔
“El dinero, Montse. El dinero. Muchos matan por poder. Otros por derechos o ideales. Pero lo único que cambia de manos, se mantiene intacto y mueve al mundo, es el dinero” El capitán hizo una pausa. Estaba firme, con la pistola bajada, al contrario de Montse que no dejaba de apuntarle, lo cual no parecía importarle “Ahora mismo uno de los jefazos de Iran conversa arriba con el Secretario de defensa de los EEUU ¿Qué irónico verdad? Se tiran los trastos pero a la hora del negocio de matar, puedes ser amigo de tu propio enemigo. Es un negocio muy bueno. Juan pensaba seguir en el negocio, pero él no entiende, que la avaricia rompe el saco” Hizo una pausa y miró el cuerpo de Juan “El caso es que pienso vender todo el ejército a los señores de arriba y con el dinero que consiga retirarme a vivir la buena vida.”
Montse comenzaba a recuperar su autodominio. La furia que sentía en el interior crecía a cada letra que decía ese hombre. Dejó de temblar y vio al capitán como una diana con premio. Comenzó con la mirada a buscar una puerta, pero no le haría falta por algo que pasó a continuación…
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“Que comience el festival de granadas” Dijo Sergio en voz baja. Comenzó a quitar el seguro de las mismas y a lanzarlas dentro del hangar, junto con dos minas claymore que tenía. Solo reservó una de las 6 que llevaba consigo por si las moscas. De repente todo comenzó a explotar y Sergio no poerdío tiempo mientras las detonaciones del Dragunov se sucedían. En menos de 30 segundos, más de 60 objetivos cayeron abatidos por las balas, quedando en pie un general brasileño con dos escoltas que se parapetaron y el que parecía ser Secretario de defensa de los EEUU con las manos en la cabeza en el suelo.
Sergio buscó cobertura tras un helicóptero escorado por acción de una granada.
“Raquel, deja a un lado la puta venganza ¡Dispárale si lo tienes a tiro, quiero volver a mi casa ya!”
Pero Raquel iba de camino al hangar, con la beretta en las manos. Lo hubiese podido matar de un solo tiro, como a un conejo indefenso contra el cazador. Pero no quería eso. Quería dispararle y verlo morir. No le importaba que como se decía en las historias la venganza no sirviese de nada. Ella quería ver morir al cabrón que le jodió la vida.
Sergio intuyó lo que iba a hacer Raquel. Sacó la granada que le quedaba y la lanzó al parapeto. De repente tres voces en brasileño comenzaron a gritar de pánico y dos salieron de su parapeto hacia el helicóptero donde se encontraba Sergio. Una explosión llenó los alrededores del cráter de restos humanos: uno de los escoltas se había tirado sobre la grabada según parecía para proteger a su jefe. Sergio salió de su escondite esgrimiendo el arma, pero cuando tocó el gatillo sucedió algo que no tenía previsto: un click sordo.
“Su madre, ¿Encasquillada? ¡Si hoy mismo la engrasé!” Pensó Sergio
El escolta que faltaba se dirigió lentamente a Sergio sin sacar arma de ningún tipo, pese a que llevaba y que sabía que Sergio tenía dos mas visibles. El brasileño comenzó a correr en dirección a un helicóptero que quedaba intacto, pero Raquel salió al paso con la pistola. Sergio y el escolta comenzaron su lucha cuerpo a cuerpo. Ambos se manejaban bien y tenían una fuerza similar.
Raquel bajó la pistola y la enfundó. El Brasileño sacó a la misma vez que su adversario un cuchillo de combate, y sonrió.
“Este fue el cuchillo que acabó con su sufrimiento, cerda. También será el que acabe contigo” Raquel simplemente atacó. Un tajo directo a la garganta. Este lo paró con su cuchillo, cosa con lo que Raquel contaba, y por lo que movió la pierna izquierda atrás y asestó una patada con la derecha para no perder el equilibrio por un posible empujón. El otro paró ese golpe, pero ella también contaba con ello, y con que con el pie cogido intentase hacerle perder el equilibrio – y por ende bajase la guardia- El brasileño movió en pie para dejarla semiagachada de espaldas. Tenía el pie derecho bien agarrado, pero no el izquierdo… Raquel levantó dicho pie y le asestó una patada frontal en toda la cara. El brasileño cayó hacia atrás soltando el cuchillo con la nariz soltando sangre. Raquel se incorporó con su cuchillo , se acercó al cuerpo indefenso que la miraba con horror y clavó su cuchillo en el estómago. El brasileño aulló de dolor.
“Salúdale de mi parte cuando lo veas. Dile que aún le quiero” Dijo Raquel sin ningún atisbo de emoción. Dicho esto, se levantó y fue al encuentro de Sergio, que había conseguido inmovilizar al escolta, y lo tenía junto con el subsecretario de defensa vigilado. De repente oyeron un disparo procedente de uno de los dos huecos provocados por las minas claymore. El disparo casi no se podía oír por los gritos de dolor del contrincante de Raquel.
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Una explosión resquebrajó el cristal, dando lugar a un hueco. Arriba había un tiroteo de mil demonios, pero eso no le interesaba a Montse. El cristal cayó, y al capitán no le dio tiempo a levantar su arma, aunque era increíblemente rápido no fue suficiente. Ella había estado esperando una oportunidad y esta había tocado a su puerta. Era curioso, si no hubiese matado a nadie, estaría muerta ya que en frio era casi imposible disparar. Ahora que su alma estaba muerta por aquellos a los que se llevó a la tumba, matar era tan sencillo como pestañear. Apretó el gatillo.
A aquella distancia, solo quedó un esbozo de lo que fue la cabeza del capitán. Montse entró por los resquebrajos. Arriba por el hueco había cesado el tiroteo, pero a ella solo le importaba comprobar que el capitán y Juan estaban muertos. Cuando se agachó a comprobar como estaba el capitán y vió que no tenía cabeza, se fijó en que el arma que portaba era de muy pequeño calibre, lo que James Bond llamaría un "arma de señorita" y justo entonces, oyó un arma amartillándose.
“Ha sido un error, no comprobar mi muerte primero cariño”. Miró hacia Juan, que la encañonaba con un arma diminuta. La frente tenía un agujero grande de bala, pero no parecía haber acabado con su vida. Levantó el arma. A aquella distancia cualquier arma podía ser letal.
“Vas a venir a la tumba conmigo”
Sonó un disparo.
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“Esta base nos pertenece”
“De eso nada, subsecretario”. La interpol le ha “rescatado” de este secuestro y usted haría bien en estar agradecido. De lo contrario su cuerpo podría desaparecer en la pila de cadáveres que se están quemando.
“¿Me esta amenazando?”
“Claro que sí” Dijo Sergio “A usted le conviene fingir que aquí no ha pasado nada y que le hemos rescatado, porque sinceramente dudo que EEUU sea tan hija de puta como para aprobar que se haga toda la mierda que he visto. Y si desaparece aquí, desaparece, porque muy poca gente sabrá donde se encuentra, y cuando vean esta isla bajo el control de la interpol, no se pararán a pensar que sus restos podrían estar enterrados por aqu텔
El subsecretario se calló. Miró la pila de cadáveres que soldados del brazo armado de la interpol tiraban a la montaña. Habían matado a todos los asesinos y también quemaban a los abatidos del hangar.
“Diríjase al avión aquel inmediatamente. Se le llevará a la embajada de EEUU en España y desde ahí podrá hacer lo que quiera, y estará escoltado en todo momento por dos de nuestros mejores hombres hasta que entre en el edificio”
“Esto no ha acabado” Dijo mirando a Sergio con una mirada fría.
“Mas le vale que sí. Mas le vale seguir invirtiendo en armas del futuro, que en asesinos. Porque la próxima vez, quizá no sea tan benevolente con su vida. Usted es libre de hacer lo que quiera. Yo también. No lo olvide”
Sergio se dio la vuelta y fue a donde estaba Raquel. Ella se dio la vuelta y le abrazó.
“¿Cómo estas?”
“Bien” Sergio podía notar lágrimas en los ojos, pero no era por la venganza. Eso lo sabía. Era por el motivo que había originado la venganza. Sergio no dijo nada más, y se quedó abrazándola. Las palabras sobraban.
La interpol había tomado posesión de la isla y del hangar. Habían modificado los papeles y parte de su presupuesto se dedicaría a reformar aquel antro, para que el brazo armado tuviese sus propias instalaciones, y así poder estar cerca de cualquier lugar de Europa. En cuanto al hecho de que el capitán fuese el traidor, era algo que Sergio y Raquel sospecharon desde un principio. El hecho de su misteriosa desaparición, unida a que Silvia y Adrián eran los únicos de aquella comisaría con un expediente limpio, hacía que todo cantase demasiado.
“Gracias. Me has salvado la vida”
“Que menos, que salvar a mi amiga. Aunque he de reconocer que no lo has hecho nada mal” Dijo una Silvia sonriente a Montse. En el momento en el que Juan iba a disparar, Silvia había entrado en la habitación y había salvado el día de Montse matando al exnovio de la misma. Montse tuvo un momento de terror porque pensó que el disparo era el de Juan, pero cuando voló su cabeza supo que tenía un ángel de la guarda vigilándole. Silvia había ido tras ella con otra avioneta y le había sido fácil subir a su posición, puesto que Montse había acabado con la resistencia de la entrada.
Montse sonrió, y se dirigió con su amiga al avión que las llevaría de vuelta a España. Pero antes, caminaron hacia los dos agentes que involuntaria o voluntariamente habían ayudado a acabar con la pesadilla.
“Disculpen” Raquel y Sergio se separaron un poco, y de manera que no se viese, Sergio ayudó a secar las lágrimas de Raquel.
“¿Si?” Dijo Sergio.
“Gracias” Acertó a decir Montse
“No, gracias a vosotras” Dijo Raquel sonriendo
“¡Que coño! dejémonos de gracias, somos los putos amos” Dijo Silvia. Los cuatro rieron.
“Antes de que os vayáis, un consejo: permaneced atentas al teléfono. Quizá recibáis una llamada de la interpol pronto” Dijo Raquel en tono enigmático. Las dos asintieron, y se dieron la vuelta en dirección al avión.
“Mas que la llamada me interesa saber… ¿Serán novios?” Dijo Silvia.
“Pero que cotilla eres” Dijo Montse bajito con una risita “Yo creo que no, mas bien creo que son excelentes amigos”
“Eso lo dices por celos… para mí que te interesa él, o ella” Dijo Silvia riendo.
“A mí lo que me interesa ahora es llegar a mi casa, darme una ducha y salir contigo a tomar un café” Dijo Montse, sintiéndose feliz de solo pensarlo. Quizá el mundo no se había acabado con todo lo que había pasado. Quizá la vida seguiría adelante.
“Lo apunto”
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Epílogo:

“Hoy comenzáis vuestro entrenamiento para entrar en la BAI. Durante un año seré vuestro señor y Dios, y como oiga un solo quejido liáis el petate y os volvéis a casita ¿ENTENDIDO?”
“¡SI, SEÑOR!” Gritaron una hilera de 10 policías al unísono. Entre ellos estaban Montse y Silvia.
“Venga, 20 vueltas por fuera de la base”. Estaban en la base de Groenlandia, 5 meses después del final de la muerte de Juan. Recibieron una llamada de la Interpol tal y como Raquel les dijo. Esta y Sergio las habían recomendado para el brazo armado. Ellas aceptaron. Montse se había dado cuenta de que no todo era tan sencillo como cesar a un agente. Las verdaderas corrupciones alcanzaban más altura de la que ella podía ver en un despacho. Sabía que la corrupción, las mentiras o la traición no desaparecerían nunca porque era algo inherente al ser humano. Pero desde donde estaba, podría combatirla mejor.
Hay batallas en la vida en la que no es necesario ganar. Simplemente se necesita combatir, y resistir. Darse cuenta de ello, es una de las razones por las que merece la pena vivir.