(AMIGO INVISIBLE-Gamefilia) Señor Innen, pásese por caja a recoger su regalo

 
 
Historias para no dormir: Sin Tregua.
“¿Cómo coño ha pasado todo esto?”
“¡Corre, no es momento de hacer preguntas!”
“Joder, no pueden oler peor…”
“Si te cogen, no creo que te importe como huelen”
Los tres misteriosos humanos huían de una horda de seres ávidos de su carne. Algunas personas decían que eran los muertos que se alzaban de sus tumbas puesto que no había sitio en el infierno para sus almas. Otros, que era un castigo divino impuesto por la codicia del hombre y sus aires de grandeza mostrados en el profundo desprecio a todo lo que no fuese de su especie. Incluso se llegó a oír que era parte de un proyecto del gobierno que se había ido de las manos. Pero poco importaba el que… esa gente había muerto devorada por aquellos seres. Aquellos Zombis.
“Me estoy empezando a cansar” Dijo uno de ellos apretándose el hígado. El tan odiado flato le estaba atacando el hígado y le hacía perder fuelle. Sus dos compañeros le cogieron por los hombros y siguieron caminando. No le podían dejar allí pero perdían velocidad al cogerlo…
“¡Vosotros, venid aquí!” Gritó una figura de negro desde la puerta de una iglesia. En medio de esta, un campo de cruces hacía ver la localización de un pequeño cementerio auxiliar lleno de cruces de madera roídas por el duro clima de la zona.
Ambos corrieron sin descanso con su compañero a cuestas para entrar en la iglesia. Sin embargo, ocurrió algo inesperado que marcaría la muerte del compañero al que el hígado amenazaba con explotar: Un agarre de su pantalón vaquero se enganchó en una cruz de las clavadas y el tirón obligó a sus dos compañeros a soltarlo. Intentaron volver, pero cuando giraron la cabeza comprendieron que su compañero estaba muerto.
Zombis. Miles… casi no se veía a lo lejos el acabar de esa horda, y no eran de los lentos como en las películas. A pesar de oler como mil infiernos, a pesar de que muchos casi no tenían piel, eran increíblemente ágiles y veloces. Corrieron a la iglesia donde no estaba al figura de negro, y cuando llegaron a la puerta dejaron de oír los gritos de socorro de su compañero, y mirando hacia atrás antes de cerrar la puerta, pudieron ver como gritaba de dolor mientras sus extremidades eran lanzadas a la zombificada muchedumbre.
Tras cerrar corrieron rápidamente a buscar algo con lo que atrancar la puerta, pero un ruido les sobresaltó: la puerta era de metal, pero se cerró apalancándose como por arte de Magia con 4 gruesas barras de hierro.
“Esto no me gusta… ¿Hay alguien ahí?” Gritó una mujer. Bajo la tenue luz que entraba por las claraboyas se podía ver una mujer atractiva y morena, bastante alta. Trabajaba como modelo cuando el día del incidente en el que todo el mundo comenzó a ser devorado por una horda proveniente de ninguna parte atacó. En aquel momento agradecía que su entrenador personal le hubiese metido tanta caña en la cinta de caminar. Pensar en él le empañó los ojos, y es que el día del ataque hacía un par de minutos habían descubierto que estaba embarazada cuando los zombis entraron en la casa. El la cogió rápidamente y la lanzó por la ventana ya que al lado estaba su coche. Pero él no pudo escapar, y murió bajo la horda. Su último grito fue “¡Correeee!”
“Seguro que hay alguien, pero no creo que nos este esperando para algo bueno”. Dijo un hombre corpulento cogiendo un banco y arrancado una pata del mismo. Era un camionero curtido en más de mil viajes, famoso por ser él mismo quien se ocupaba de descargar su mercancía fuese cual fuese. En unos 6 meses pensaba usar sus ahorros para crear su propia empresa de transporte, algo que poco le importaba ya…
De repente comenzó a oírse un ruido muy gutural, y un centenar de ojos rojos se dirigieron a ellos a toda velocidad
“Dios mío, ratas podridas” Dijo la chica “A ese sótano” Si ese sótano estaba cerrado, estaban muertos…
Pero el camionero en la penumbra tropezó con un banco. Consiguió levantarse, y llegó a la escalera que descendía a la puerta donde la morena esperaba cuando esta emitió un alarido de terror, mientras él notaba que él pierna derecha le flaqueaba. La miró y pudo ver con asombro como una maraña de ratas cual pirañas le estaban dejando la susodicha pierna en hueso puro. Pero era curioso, porque no había sentido el dolor… hasta que miró: fue lo mas horrible que sintió y el último. El shock hizo que se desplomase, pero la morena no pudo verlo porque había cerrado la puerta…
‘Joder’ Pensó ‘Miedo tengo de darme la vuelta’
En respuesta a su pensamiento, un “Hola, señorita: dese la vuelta, por favor” la sorprendió y le hizo rezar, pese a que no creía en Dios o algún otro ente divino.
La morena temblorosa miró hacia atrás, y lo que vio la pilló descolocada. El cura que les había llamado a la Iglesia no era tal, sino un hombre trajeado de negro, en ese momento rodeado por 10 soldados con armas automáticas. Ambos estaban firmes con el arma apuntando al techo.
 
“Me llamo Innen”
 
La mujer no dijo nada. Esperó a que siguiese hablando, pero el hombre trajeado solo la miraba. O eso suponía que hacían sus ojos bajo las gafas de sol. Pero el que se hacía llamar Innen no hacía nada.
“¿Qué es lo que quiere?” Dijo finalmente la mujer. El hombre no contestó. Al rato, intentó andar pero los hombres armados se llevaron las manos al hombro y apuntaron. Fue lo último que vio tras caer inconsciente.
Comenzó a abrir los ojos… no sabía cuanto había pasado, pero podía ser mucho. Sentía un dolor en la cabeza, y pudo levantar la cabeza y ver sangre seca en su pecho, fruto del golpe con el que la habían anestesiado por la vía rápida. Se encontraba atada en una mesa horizontal, cuando entró el hombre trajeado, y la soltó. Lo primero que intentó ella fue darle una torta, pero él con una agilidad asombrosa le paró el brazo y se lo dobló sin llegar a partírselo.
“Vuelva a hacer algo parecido y daré el trato por finalizado sin habérselo dicho” La soltó. Ella comenzó a acariciarse el brazo, aún dolido. “Sígame. Si hace alguna gilipollez, la arrojo fuera”
Un pasillo lúgubre los seguía a modo de extraño anfitrión. En cada celda había un zombi. De repente en una de ellas se oyó un cuerpo cayendo y dando con sus huesos en el suelo. El zombi comenzó a devorarlo. Solo entonces ella comenzó percatarse de que la situación nunca se le había ido de las manos. Simplemente nunca había estado bajo su control.
 
Llegaron a una sala despacho muy pulcra y con muy buen olor. Innen se sentó y con un gesto le “invitó” a sentarse. Ella sabía que de no hacerlo y desafiarle no acabaría bien parada. Tenía miedo de acabar devorada, tenía mucho miedo. En aquellos momentos recordaba el sacrificio de su novio por ella, pero ella no pensaba sacrificarse por ningún ideal estúpido o por orgullo. Quería vivir para por lo menos criar al hijo que llevaba en el vientre, el único testimonio de un amor que tristemente falleció por culpa del ataque. La voz de Innen la sacó de su ensimismamiento.
“Le propongo un trato. Verá, no le interesa saber de donde o porque viene esta invasión. Tampoco le interesa saber quien soy yo o que es lo que voy a perseguir con esto. Solo debe decir si o no a lo que le voy a proponer.”
Hizo una pausa. Se quitó las gafas, y la mujer hubiese preferido que no lo hiciese, comenzó a temblar sin poder evitarlo.
“Este país, es solo el principio” Paró y siguió “Queremos seguir extendiendo esta plaga por el mundo. Si quiere ayudarnos, vivirá. Si dice que no, o dice algo diferente a sí, pasará a ser pasto de la horda, como ha visto mas atrás en el pasillo, pero a usted no la anestesiaré”.
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Llegó a la costa del país vecino en un yate. La recogieron a sabiendas de donde venía y la trataron como a una superviviente, cuando ella sabía que merecía la muerte.
Todo, por su hijo. Quería que su hijo viviese. Todo lo que tenía que hacer era tocar el agua de los suministros del país al que se dirigía. En aquella instalación hacía semanas la habían tratado en el laboratorio y le habían dicho que los zombis no la atacarían, que sería una “portadora”. Del mismo modo si no cumplía con su tarea  o si se rebelaba el virus la mataría. Innen la escoltó hasta su muelle privado donde la despidió con la sonrisa más acojonante que ella recordaba haber visto en un ser humano, aunque dudaba que Innen lo fuese.
Y todo lo hacía, por su hijo.
 

No fué difícil elegir un regalo, puesto que a Innen le gstan los zombis, lo retro, los juegos indie y un poco de todo como sabemos los que visitamos su blog.

 
También me gustó un comentario en el que se sorprendió de que yo me hubiese leído 300 frase célebres, lo que me hizo sospechar que le gusta leer. Así que cree esta pequeña historia en la que hace de ¿Malo o Bueno? Eso queda al pensamiento de vosotros y de él. Si, es algo macabra pero no creeríais que una invasión zombie sería un paseo por el monte ¿No?
 
¡Felicidades Innen, espero que te guste! ^^ ¡Y feliz navidad a todos!