La Muerte -Destino al que vamos TODOS

En uno de los libros de mi facultad venía esta nota:

"los humanos estamos tan acostumbrados a la vida
que le tememos a la muerte".

Pero yo agrego: "en ocasiones los humanos tomamos la vida por sentada y nos tomamos riesgos innecesarios y no es sino hasta que vemos a la Parca a los ojos que comenzamos a valorarla".
 
Antenoche, después de llegar del trabajo me llegó la noticia que uno de mis excompañeros y colega falleció. Fuí a su funeral ya tarde y, al verlo en el féretro, de pronto se agolparon en mi mente los recuerdos mis momentos con él y los demás miembros de la banda.
 
Hoy no es más que una sombra de su anterior ser. En vida siempre fue una persona sencilla, dispuesto a ayudar a quien lo necesitara. A diferencia de mi, nunca gustaba de bromear, ni hacer chistes a costa de los demás. Eramos muy diferentes. El era muy inteligente y emprendedor y hasta le llegue a tener un poco de envidia. Como es costumbre del destino, hijo de la fregada, un día nos separó y todos seguimos vidas separadas. Ni una llamada para juntarnos y tenía que ser en un funeral cuando todos nos reunimos y solo fue para despedir a un amigo.
 
Dicen que cuando una persona fallece, en realidad nunca se va. Su esencia queda en este mundo aún y cuando su alma se haya trasladado a otro plano de existencia. Quizá es verdad. Ramiro, que era su nombre, dejó en cada uno de sus amigos algo que perdurará. A mí me dejó el gusto por las obras de Wagner y siempre se lo voy a agradecer. Y mientras veía su cuerpo de cuyas células ya se había desprendido de su alma, me di cuenta que como dice la canción Si das un poco de amor, en un futuro todo retornará a ti y serás recordado por todas las cosas que dijiste e hiciste Y eso fue lo que hicimos toda la madrugada. Recordar lo que el nos dijo una vez y  lo que todos hicimos en conjunto. Las risas, los juegos, el asombro por lo nuevo, el acoso juguetón a las chicas. Pero hoy… silencio.
 
Después del entierro, me di cuenta que no lloré como mis otros amigos y amigas, ex compañeros de facultad. Mucho me sorprendió cuando la viuda de Ramiro, cuando me acerqué a darle mi pésame por la pérdida de su esposo y al darle mi nombre, me comentará "¡Ah, sí! Gerardo… Ramiro siempre me comentaba que quería hablarle para volverse a juntar. Me imagino que se refería a usted." "Pudiera ser", le dije "aunque pudiera haber otros Gerardos deambulando por ahí". Y me preguntó algo que me dejó con la certeza de que yo era el refrerido, "¿No fué a usted al que una vez se le cayó un cráneo de la osteoteca (el lugar en la facultad donde te prestaban huesos para estudiarlos en la materia de Anatomía) y se le quebró en varias partes?". "Sí, ese soy yo." Ella dijo: "Sí, mire… la semana pasada anduvo con la idea de hablarle por teléfono para volverse a juntar, pero nunca encontró el número". Contesté.
 
Me entristeció mucho pensar que yo estuve en su mente casi en sus últimos momentos. Tan lleno de vida, de aspiraciones y proyectos. Y hoy, ya no podrá ser. Tomé el camión para la casa y fui a dejar a mi hija a la escuela. Regresé de nuevo a la casa para dormir un poco y mientras dormitaba seguía pensando en que él ya no estaba entre los vivos. Ni una sola fotografía de los tiempos en que queríamos comernos el mundo. En los tiempos en que disfrutabamos de la vida en pleno. Los tiempos en que nos consolábamos por haber reprobado anatomía por segunda vez. En los tiempos en que llorábamos la pérdida de la que considerabamos en ese momento nuestro gran amor. Y no fue sino hasta que reviví esos recuerdos que aparecieron mis lágrimas. Fue en ese momento que comencé a pensar acerca de mi propia fragilidad Lo más terrible es llegar a una edad en que de pronto ves a tus camaradas ir cayendo uno por uno y me puse a pensar qué es lo que yo voy a dejar cuando me vaya de esta vida.
 
Pensando en esto, comencé a escribir los once puntos optimizadores de conducta para efectuar antes de partir.
 
1.- Nunca des la vida por comprada. Siempre recuerda que en esta vida estamos de paso
2.- Siempre ayuda a quien lo necesita. A veces, hay personas calladas que en silencio gritan por tu ayuda. Solo es cuestión de saber escucharlas.
3.- Apoya a alguien, aunque sea escuchando sus problemas. Escuchar sirve más de las veces como hombro de apoyo.
4.- Siempre sonríe a alguien. Nunca menosprecies el valor de una sonrisa amable.
5.- Nunca te enfades por estupideces
6.- Siempre sé agradecido. Agradece un gesto que te den o la sencilla ayuda que alguien te brinde. A veces el hecho de que alguien te recoja algo que se te cayó es digno de agradecerse.
7.- Cuida tu vida y la de los tuyos.
8.- Sé feliz con lo que logras y agradece por lo que tienes.
9.- Nunca olvides quién eres
10.-Aprende a perdonar.
11.-Un último consejo. Vive plenamente en este planeta que nos prestaron para vivir. Nuestro mundo no solo es el de la tecnología, la diversión y el trabajo.
Dirígete de vez en cuando afuera y haz comunión con la naturaleza. No solo hay belleza en los interruptores, las pantallas y el baudio. Escucha también a los árboles, siente el poder del viento en tu rostro y vibra con la fuerte corriente del agua del río. Hazlo, pues ese también es el mundo en que vives un tiempo prestado.