El Mito de Dédalo y Dahlia

Los griegos, en sus mitos, han dado expresión a un conjunto riquísimo y complejo de concepciones sobre el hombre, la vida y la sociedad.  Esos mitos, convertidos posteriormente en relatos edificantes, las más de las veces, no son creación de un único individuo. Son la construcción de todo un pueblo que, durante generaciones y a través de los siglos han amalgamado los eventos dándoles la forma con las que los conocemos actualmente. Esos pueblos poseían una psicología, deseos y miedos ancestrales que reencontramos en los sucesos y personajes mitológicos. Los griegos expresaban a través de sus mitos lo que estaba bien y mal, lo que para ellos era justo o injusto. Y sus niños debían aprenderlo de memoria, porque tenían una función educativa.

La cuestión es cómo es que se relaciona el mito de Dédalo e Ícaro con los sucesos que ocurrieron en Silent Hill y que desembocaron en la propia destrucción de Dahlia. Veamos. Dédalo representa la inteligencia creativa, es el genio volcado siempre en nuevos proyectos. Por esta misma razón, el Rey de Creta, Minos, le encarga la construcción de un laberinto. Minos es considerado la encarnación mitológica de la justicia.

En el laberinto, conocido por nosotros muy adecuadamente el Laberinto de Creta, se encontraba prisionero una criatura mitad hombre y mitad toro llamado Minotauro. Este ser comparte la naturaleza animal y humana además de poseer una fuerza descomunal. No frena sus instintos ni sus impulsos. No tiene dominio sobre su poder ni sus deseos. El Minotauro es la representación mitológica del humano no guiado por la razón.: somos nosotros cuando el raciocinio no interviene para gobernar el instinto y los sentimientos. La inteligencia de Dédalo sirve para controlar la naturaleza bestial del hombre. Este es el significado de la primera parte del mito.

Dédalo ayudó a Ariadne y Teseo a violar el laberinto, pero es una parte del relato mitológico donde no nos detendremos. Lo importante es que Dédalo no respeta el cometido, el deber, de la razón humana: controlar nuestro componente animal. Es por esta misma razón que Minos lo castiga encerrándolo, junto con su hijo Ícaro, en el laberinto que él mismo diseñó y construyó. Pero la inteligencia, la energía creativa, puede superar cualquier obstáculo y Dédalo ni se entristece ni se acongoja: al poco tiempo encuentra una manera de salir del laberinto. Con unas plumas pegadas con cera construye un par de alas (las alas del ingenio, si queremos verlo de ese modo, con las que podemos escapar de nuestra herencia animal) para él y un par para su hijo. Ambos emprenden vuelo hacia su libertad.

Dédalo advierte a su hijo que no se eleve demasiado so pena de que el sol derrita la cera y lo precipite a tierra. El final es ya conocido por todos por lo que no vamos a discutirlo aquí.

Los griegos han expresado con esta historia el tabú de la inteligencia y el poder: no es cierto que ambos carezcan de límites; los tienen yo no deben sobrepasarse, so pena de la autodestrucción. Demasiado poder hace daño y la historia nos lo ha demostrado. El poder absoluto corrompe y carcome la esencia del ser humano. Debe existir un límite más allá del cual la razón humana debe ponderar cuánto poder somos capaces de manejar. Donde sea una ventaja y no un obstáculo. Y no solo el mito de Dédalo nos enseña esto. En nuestra cultura, la condena a la pretensión humana de querer el poder sin limitaciones se expresa de muchas formas. Al mismo tiempo, son muchas las historias y relatos novelados que nos enseñan la moraleja de no jugar con el poder. Dahlia debió sanar de su delirio de omnipotencia, de la ilusión de poder y de querer lograr todo y realizar sus planes perversos. Por esa razón, en ambos finales importantes Dahlia debe morir. Recibió su castigo por querer rebelarse ante una fuerza que era mayor que ella. Una fuerza descomunal como el demonio final no podía dejar competencia en el Nuevo Orden de las Cosas que iban a manifestarse de no haber vencido Harry.

Referencia
Basado en un texto de Pino Aprile citando a un profesor de Filosofía