Violenta Lucha Por El Poder Absoluto

Una reina gobierna un Gran Reino, solo comparable a los grandes imperios de la antigüedad. Miles de súbditos le rinden pleitesía y a un solo movimiento, ellos harán lo que sea por complacerla. Ellos la aman y ella los ama y cuida. Es generosa y desciende de grandes matriarcados que han pervivido desde hace miles de años. Su Imperio es el más grande que se conoce en la Tierra. Sus súbditos le proveen de todo lo necesario para que ella siga rigiendo sus dominios.

Pero hay problemas. Una pretendiente al trono hace planes para destronar a la reina gobernante. El plan es sencillo. Debe entrar al palacio engañando a los guardias reales, penetrar la cámara real, pelear a muerte con su rival y tomar su identidad, ya que está segura que ella es más merecedora del trono que la venerable anciana que lo ocupa.

Y una mañana, cuando el sol apenas asoma, entra en acción. Engaña facilmente a los guardias. Entra a la alcoba real y sin misericordia ataca a la soberana. La reina, aunque ya anciana posee poderosos agarres, pero esto no es suficiente contra una adversaria más joven, esbelta y de movimientos más gráciles.

El desenlace ya estaba escrito. La usurpadora vence a la reina y cuando ya no hay esperanza de volver a levantarse, la gobernante es dejada a morir sola. La más joven se levanta victoriosa y sale de los aposentos reales con la identidad robada a la reina que ya ha muerto. Los generales y comandantes de su nuevo ejército aceptan a su nueva reina y le juran lealtad.

La reina soberana de grandes legiones, de majestuosos ejércitos, ha muerto. ¡Larga vida a la Reina!

¿Donde sucedió esto?

Sucedió en cualquier jardín donde haya hormigas. La pugna por el poder es cosa de todos los días.