Nada

Artículo dedicado al buen amigo Desmodius

La luna entró chorreando a través de la ventana, que como ojo ciclópeo albergaba imagenes largamente olvidadas en el sucio charco del tiempo. Vida de sanciones criminales. Canciones mudas escuchadas por entes circunspectos recordados por eones virtuales llenos de vitalidad moribunda. Nadie yace bajo tierra. Solo almas obtusas entretenidas tejiendo tramas incorpóreas. Vacios veloces introducidos en botellas de plástico blando por el sol que quemaba a los miserables y a los idiotas. La tierra y sus límites antes de llegar al bosque. "¿Quién vive allí?" preguntaban los perezosos al viento que gemía al atravesar las hojas de los altos árboles. "Nadie. Solo los espectros de tiempos idos".
 
Trinos desgarrados en el interior de una cantina, velaban los cadáveres de héroes caídos en ambos bandos. Soledad acompañada. Compañeros solitarios. Nada más. Nadie viene a calmar su sed aunque respira el fuego de la ignominia que se ha levantado desde los lúgubres sótanos del Seol. Dos, tres, cuatro veces cien han sido los rozagantes jinetes que cortan los miembros y ocultan las semillas de las áridas montañas. Babas se deslizan por las comisuras y las mentes mueren poco a poco. La nada llega y nos arrebata las memorias plagadas de insectos zumbantes que liban el nectar de las flores que flotan en pantanos.
 
Flacos y largos dedos acarician los curtidos rostros somnolientos mientras rasgan violentamente el aire de las habitaciones sin ventanas. Reventando vidas. Volteando esperanzas en las ciénagas abandonadas de arbustos marchitos. Voces ausentes inundan las atmósferas nocturnas. Tonadas de muerte provenientes de instrumentos calcáreos circundan los rincones y fluyen por arterias endurecidas de cuerpos inertes. Cuartos negros y fríos donde ya nadie habita. Nadie, excepto los espectros de tiempos idos.

Lo que acaban de leer ganó el primer premio de literatura de una universidad local. Los jueces pensaron que era una narración exquisita e inovadora, etc, etc. Hubo quien pensó que era un texto sofisticado y profundo.

La realidades es que lo que hice fue acomodar varias palabras en tiritas de papel. Las tiritas las coloqué en una tómbola como las que se emplean en las rifas. Mientras iba sacando las tiritas, creaba un párrafo en base a la palabra escrita en ella. Y voilá: Literatura Instantánea.